Del Blog C.L.A.M.O.R.
Una colaboración de Anónimo:
Blog imperdible sobre las guerras de independencia hispanoamericanas
El Otro Bicentenario
Hecho en la Argentina.
En la Argentina ya desde el año pasado se viene hablando hasta el hartazgo del Bicentenario y es esperable que sigamos en ello, al menos hasta el 2016. En Bolivia comenzaron un año antes (bicentenario de la revolución de Chuquisaca) y en Perú sigan hasta el 2024 (bicentenario de la batalla de Ayacucho). En América Central y el Caribe, es posible que los festejos se extiendan por un siglo.
¿Qué es lo que estamos festejando desde instancias oficiales? ¿Qué es lo que sabemos de lo ocurrido hace dos siglos en América?
¿Sabemos que en los ejércitos “independentistas” y “realistas” hubo casi la misma proporción de criollos y europeos? ¿o, mejor aún, que si incluimos a indios, negros, mestizos, pardos, mulatos, etc., la proporción fue mayor entre las tropas de quienes pelearon por Dios, la Patria y el Rey?
¿Qué “causa” fue más popular? ¿Qué papel jugaron las potencias europeas en todo esto?
¿Sabemos qué hacía la flota británica en el Río de la Plata durante los sucesos de mayo de 1810? ¿Sabemos que a Liniers y sus compañeros contrarrevolucionarios los fusilaron mercenarios ingleses? ¿Por qué San Martín, Zapiola, Alvear y otros oficiales europeos vinieron a Buenos Aires en un buque británico? ¿Por qué en las batallas de San Martín siempre hubo “observadores” ingleses?
¿Sabemos que Miranda vino justamente desde Gran Bretaña a “liberar” Venezuela? ¿Por qué Bolívar se refugió en Jamaica, una colonia británica? ¿A qué potencia europea quiso Bolívar regalar América Central a cambio de ayuda militar? ¿Por qué no se nos cuenta que Bolívar ordenó el primer genocidio de la historia contemporánea con las poblaciones indígenas y criollas de la región de Pasto?
¿Por qué “casualmente” los caudillos y las guerrillas realistas son para la “historia oficial” forajidos, bandoleros, cuatreros, ladrones, asesinos y un larguísimo etcétera de insultos? ¿Qué objetividad hay en ello?
¿Sabemos que la revolución en México fue liderada por sacerdotes apóstatas, sanguinarios e idólatras? ¿Por qué no se nos cuenta del asesinato sistemático de españoles europeos en la Nueva España con el fin, nunca logrado, de obtener el apoyo de la población indígena que, hasta la traición de Iturbide, fue siempre “realista”? ¿Sabíamos que gracias a la “independencia”, México perdió las dos terceras partes de su territorio a manos de los norteamericanos y tuvo que soportar casi un siglo de guerra civil intermitente?
Hay “otro” bicentenario y es bueno que nos preguntemos acerca de él. El objetivo de esta bitácora estará cumplido si, al menos, los hispanoamericanos nos cuestionamos la historia oficial y, entonces, reconozcamos nuestro pasado común —300 años de Imperio— y, así, avizoremos nuestras posibilidades futuras.
El 26 de agosto de 1810 fueron fusilados (“arcabuceados”) don Santiago de Liniers y Brémond, héroe de la reconquista y defensa de Buenos Aires y ex virrey del Río de la Plata, don Juan Gutiérrez de la Concha, también héroe de las invasiones inglesas y gobernador intendente de Córdoba del Tucumán, el asesor Victorino Rodríguez, el jefe de milicias coronel don Santiago Alejo de Allende y el oficial real Joaquín Moreno. El obispo de Córdoba, don Antonio Rodríguez de Orellana, y su secretario, fray Pedro de Alcántara Giménez, se salvaron del terrible fin de los otros, pero fueron maltratados y desterrados.
Concha había dicho proféticamente en una reunión previa: “Mi resolución es derramar hasta la última gota de mi sangre por defender al rey don Fernando VII, los derechos de la nación y la autoridad que está a mi cargo.” Por su parte, Liniers dejó claro a su suegro en una carta: “¿Cómo siendo yo general, un oficial quien en treinta y seis años he acreditado mi fidelidad y amor al Soberano, quisiera Usted que en el último tercio de mi vida me cubriese de ignominia quedando indiferente en una causa que es la de mi Rey; que por esta infidencia dejase a mis hijos un nombre, hasta el presente intachable, con nota de traidor?”
Los restos mortales de los legitimistas asesinados fueron conducidos en secreto hasta Cruz Alta y sepultados en una zanja. Cuando los soldados se habían ido, el teniente cura de la iglesia de la localidad mandó desenterrarlos y darles sepultura más digna, agregando una cruz en su cabecera con el anagrama LRCMA, para que sus familias pudiesen algún día recoger a los cadáveres.
A los pocos días, apareció en un árbol de Cruz Alta una inscripción con letras grandes que decía CLAMOR, formadas con las iniciales de los apellidos de los ilustres reos: Concha, Liniers, Allende, Moreno, Orellana (que no fue ejecutado) y Rodríguez.
Dice el diccionario,
clamor.
(Del lat. clamor, -ōris).
1. m. Grito o voz que se profiere con vigor y esfuerzo.
2. m. Grito vehemente de una multitud. U. t. en sent. fig.
3. m. Voz lastimosa que indica aflicción o pasión de ánimo.
4. m. Toque de campanas por los difuntos.
5. m. Hues. Barranco o arroyo formado por la lluvia violenta.
6. m. ant. Voz o fama pública.
Desde aquí expresamos el CLAMOR de todos aquéllos que murieron defendiendo la religión católica, la patria y el rey legítimo, y que hoy yacen olvidados.