Crée usted de que Cuba estaría mejor como:

miércoles, 8 de diciembre de 2010

LA MASONERÍA ESPAÑOLA Y LA CRISIS COLONIAL DEL 98 (Parte II). Por José Antonio Ferrer Benimeli

(Continuación)

Lo más significativo de la masonería filipina es que después del 98 y de la singular “independencia” de las islas o dependencia de los Estados Unidos, fueron muchas las logias de Filipinas que prefirieron seguir unidas a Madrid y a la masonería española. Logias que fueron incorporándose en 1900, 1907, 1921 y 1922 al Grande Oriente Español que llegó a crear en 1922 la Gran Logia Regional de las Islas Filipinas. Entre 1889 y 1924 fueron no menos de 60 los organismos masónicos que desde Filipinas siguieron fieles a España.

Otro tanto habría que decir de Puerto Rico, pues aunque su “independencia” fue radicalmente diferente a la de Cuba y Filipinas, la masonería española allí implantada que alcanzó más de 90 logias y organizaciones masónicas dependientes de España antes del 98, después de pasar a soberanía norteamericana alguna de estas logias previeron continuar en la masonería española formando parte de la Gran Logia Regional de Puerto Rico, constituida ya en 1911.

La génesis de la masonería española en Puerto Rico es muy similar a la de Cuba y Filipinas, pues hasta la revolución de 1868 no se puede hablar de una instalación estable. Masonería que se identificó con la dominación española frente a otra corriente masónica de signo diferente emprendida desde la isla de Cuba, y que, a su vez, lo había sido desde Estados Unidos, a través de la Gran Logia de Colón que acabó denominándose Gran Logia de la Isla de Cuba, con sede en La Habana.

Catorce logias de Puerto Rico terminaron siendo sus satélites en Puerto Rico, constituyendo la Gran Logia Soberana de Libres y Aceptados Masones de Puerto Rico; obediencia masónica que no tardó en enfrentarse a las organizaciones masónicas de obediencia española.
Y al igual que en Cuba y Filipinas, las dos masonerías adoptaron posturas radicalmente diferentes frente a la independencia. Las masonerías autóctonas, apoyadas por Estados Unidos, favorecieron el autonomismo, y las dependientes de Madrid defendieron el españolismo. De ahí que tras las respectivas independencias estas últimas logias prefi- rieran seguir vinculadas a España.

A este propósito resulta interesante lo que en el Boletín Oficial del Gran Oriente Español, en su número 114, de 10 de noviembre de 1900 se decía:
El Gran Oriente Español, que tanto trabajó masónica y profanamente en favor de la integridad de la Patria, y muy especialmente contra toda tendencia separatista, y que cada día lamenta más la pérdida de nuestras antiguas posesiones de América y de Oceanía, ve con gran satisfacción la fidelidad que a la masonería española guardan los masones de aquellas que fueron nuestras provincias, cuya mayoría continúa perteneciendo a nuestra federación, y engrandeciendo así nuestra orden. Si contra nuestros propósitos y contra los suyos, hoy resultamos extranjeros, bueno es que sigamos siendo hermanos en Masonería.1

Ante esta actitud que, tal vez, resulte extraña a más de uno, de que una parte importante de la masonería de las colonias ya independizadas prefiriera seguir perteneciendo a la masonería de España, se impone aclarar otro aspecto y es el de la actitud de la masonería española frente al problema colonial, antes de que Cuba, Puerto Rico y Filipi- nas se separaran de España, o si se prefiere, antes de que los Estados Unidos se apropiaran de ellas; algo que hoy día ,- lejos ya de viejas y estériles polémicas -, está mucho mejor conocido.

Es cierto que algunos masones fueron miembros destacados en el movimiento independentista tanto de Cuba como de Puerto Rico y Filipinas, si bien esta actitud fue debida más a un compromiso individual o personal que a un propósito señalado por la masonería peninsular.

Como contrapartida hay que destacar en las tres colonias la gran participación de masones, de las masonerías autóctonas, en el movimiento emancipador, e incluso en los primeros cargos de los gobiernos “autónomos” del 98.

En cualquier caso esto nos llevaría a plantear si existió una clara influencia de la concepción masónica en su vertiente filosófica-educativa de corte liberal ,- asimilista en el caso de la masonería española, autonomista o independentista en el de las masonerías autóctonas -, influencia que pudo servir para ampliar y conformar conciencias nacionales en torno a las “nuevas” patrias.

Pero, a pesar de la participación directa o indirecta en esta labor de algunos des- tacados representantes, como Martí y Rizal, su labor no debe sobrevalorarse en el balance final de la lucha emancipadora, como se hizo en cierta prensa del momento y se sigue manteniendo en algunos círculos historiográficos.

Baste recordar lo que ya en 1897 publicaba La Lectura Dominical, órgano del Apostolado de la Prensa, en su número del 9 de mayo. Bajo el epígrafe “Lo que España debe a la Masonería”, aparte de otras muchas revoluciones como la de 1820, 1848, 1854, 1868, 1873..., se citan expresamente “las tres guerras separatistas de Cuba”, y “la insurrección tagala”, como obra de la masonería.2

En las ediciones antisectarias, dirigidas por el presbítero Juan Tusquets, apareció en 1938 un libro de Primitivo Ibáñez, titulado La Masonería y la pérdida de las colonias3 en el que se sintetizan todos los tópicos y falsedades que sobre la materia se pueden decir. Este libro, síntesis de la antihistoria, todavía mereció en 1981 los elogios más destacados de Ricardo de la Cierva, quien abogaba desde Ya nada menos que por su reedición en un truculento y desvariado informe titulado “Vuelve la masonería. ¡Abajo máscaras!”.4

Cuarenta años antes, en noviembre de 1942, Fabregues había publicado algo semejante en un curioso artículo titulado “La FrancMasonería y la pérdida del imperio colonial español”, en la revista antimasónica francesa Los documentos masónicos, dirigida por el colaboracionista del entorno de Petain, Bernad Fay.5

Un par de años antes el general Francisco Franco Bahamonde, en el preámbulo de la ley de 1 de marzo de 1940 sobre represión de la masonería y del comunismo, volvía a culpar a la masonería de la pérdida del imperio colonial español.6

Y unos años más tarde volvería a hacerlo, en 1952, con el pseudónimo de J. Boor, en un libro titulado Masonería.7 En el Prólogo justifica el libro como necesaria defensa de la patria frente a una organización apenas investigada pero que es acusada, entre otras muchas cosas, “de haber llevado la guerra a nuestras colonias” convirtiendo nuestro siglo XIX “en un rosario sin fin de revoluciones y contiendas civiles”.
La acusación de que la masonería propició con sus doctrinas y hechos la segregación de las colonias del dominio español, ha pasado a engrosar la “leyenda negra ” antimasónica como algo que se da por hecho y no necesita justificación.

En este sentido son muchos los que se han dejado llevar del tópico, como Mañé y Flaquer, Casas y del Atrio, Pastells, Mauricio, Cruz de la Espada, Polo y Peyrolón, Creus y Corominas, Pacheco Quintero, Comín Colomer, Patricio Maguirre, Ponte Dominguez...,8 aparte de los ya citados Teodosio, Ibáñez, De la Cierva, Fabregues, y Franco Bahamonde.

Más recientemente podríamos citar, a título de ejemplo, a Ortiz de Andrés9 quien utiliza y manipula claramente a Hugh Thomas como testimonio de autoridad de algo que en modo alguno dice.10

Por su parte el profesor Lalinde Abadía no duda en acusar a la masonería de Puerto Rico,- sin matizar entre unas y otras masonerías -, de ser la autora, como en tantos otros territorios americanos, “de la actividad revolucionaria que condujo a la independencia o que, al menos, creó el clima que la permitió”.11

Casi un siglo antes, Camilo García de Polavieja, Capitán General de Cuba en los años 1890-92, tampoco supo diferenciar correctamente sobre qué masonería y qué masones luchaban por la independencia cubana. Esto es, al menos, lo que se deduce de sus propias palabras:
No han sido extrañas tampoco a la descomposición del partido español las logias masónicas, que aquí siempre tuvieron, tienen y tendrán carácter e influencia política... Los masones españoles siempre han ignorado cuánto en terreno político intrigan y trabajan las logias; mas éstas los educan y dirigen por modo tal, que de buena fe y con recta intención son elementos de perturbación, cuando no de oposición.12
En la documentación y revistas masónicas de la época se constata que en el último tercio del siglo XIX los diferentes Grandes Orientes españoles coinciden en señalar una doble y enfrentada masonería colonial.

Por un lado la nativa (cubana, puertorriqueña o filipina) que pretendía,- apoyada por los Estados Unidos -, conseguir la independencia nacional, y por otro la masonería española o metropolitana, defensora de la integridad del territorio por encima, incluso, de los fundamentos masónicos de la fraternidad.

En este sentido es muy claro el Boletín Oficial del Gran Oriente Español, del 15 de mayo de 1892, en un escrito dirigido precisamente a los talleres y masones de la Federación residentes en Puerto Rico. Allí se reconoce que la masonería antillana se divide en dos: “una que pretende por todos los medios borrar su carácter nacional; y otra que todo lo sacrifica al nobilísimo dictado de la Masonería española”.
Y añadían que la masonería antillana que no formaba parte del Gran Oriente Español o del Grande Oriente Nacional de España tendía a separar, en tanto que la de estos dos Orientes tenderá a unir, pues la causa que defendían era “además de masónica, nacional”. Nacionalismo que abarca “la tierra española, peninsular, americana o filipina”, dirá el mismo escrito oficial, firmado por el Gran Maestre Miguel Morayta y demás miembros del Consejo de la Orden, para quienes “el lema principal de los masones regulares es Masonería, y el que sigue, Patria”.13

Un par de meses antes, en abril de 1892, la logia Borinquen no 81, de Mayagüe, de la Federación del Gran Oriente Español, era la que había acusado de forma directa a la masonería autóctona en su informe al Gran Consejo:
Existe aquí una masonería irregular, titulada de Puerto Rico, que no es otra cosa que una hija bastarda de la de “Colón” con todo su filibusterismo. Esta masonería no practica más nada de la Orden General, que la beneficencia; en lo demás es puramente una asociación separatista; ya sabemos para qué uso ejerce la beneficencia, pues si no le valiera para ocultar sus aviesos fines, estamos seguros de que tampoco la ejercería.14

De esta visión nacional de la masonería española, opuesta a todo movimiento segregacionista, aunque no exenta de exigencias reformistas que sanearan la política y administración colonial, se separó,- dentro de la masonería española -, la Gran Logia Sim- bólica Regional Catalano-Balear, por su carácter federalista recogido en sus Estatutos y Constituciones de 188615 y que fue la única obediencia metropolitana que, consecuente con lo que pedía para Cataluña, defendió postulados favorables a la independencia de las colonias de ultramar, si bien la Gran Logia Independiente de Sevilla y el Grande Oriente Nacional de España, de Alfredo Vega, Vizconde de Ros, también reconocieron y apoyaron, - al menos durante algún tiempo -, a la Gran Logia de Colón en su independencia masónica, aunque no en la política.16

Se puede decir, pues, que las masonerías españolas en general, tanto las metropolitanas, como las antillanas y filipinas, compartieron el mismo ideal patriótico de unidad nacional. Basta recorrer la documentación masónica del momento o las revistas que los diferentes Grandes Orientes publicaban por entonces para uso interno, y por lo tanto carentes de cualquier veleidad propagandística.

Así, cuando el Gran Consejo Regional de la Isla de Cuba del Gran Oriente Espa- ñol acudió al registro de sociedades, en cumplimiento de la ley de asociaciones de 188717 lo hizo dejando constancia de que uno de los fines de esta agrupación era sostener y defender la integridad territorial de la Nación en todos sus ámbitos.18

En este mismo sentido se expresaría unos años después, el 15 de febrero de 1891, el Boletín Oficial del Grande Oriente Nacional de España, órgano de otra de las masone- rías españolas instauradas en las Antillas. Refiriéndose al Capítulo Departamental de la Isla de Cuba, se alude” aquel hermoso trozo de la Nación Española“ donde tan necesaria era la masonería “para estrechar los lazos que nos unen por comunes intereses, hermanan- do la más amplia libertad con el orden, fuente de toda prosperidad y con el respeto a los legítimos poderes, único medio de llegar por el común esfuerzo a épocas de ventura y bienestar”.19

(Continuará)

LA MASONERÍA ESPAÑOLA Y LA CRISIS COLONIAL DEL 98 ( Parte I ). Por José Antonio Ferrer Benimeli

Si bien la implantación y organización de la masonería en España es tardía respecto al resto de Europa, pues se remonta a la revolución de 1868 y subsiguiente Constitución del 69 que reconocía la libertad de reunión y asociación, sin embargo, en apenas los treinta años que separan 1868 de 1898, considerados la edad de oro de la masonería española, ésta creó entre la metrópoli y las colonias más de 2.000 logias y otros organismos masónicos (capítulos, cámaras y triángulos especialmente), lo que en líneas generales supondría no menos de 40.000 afiliados, si bien la elevada conflictividad interna hizo que un alto porcentaje de masones militaran en diferentes logias, lo que complica el cálculo estadístico correcto.

Por su importancia geográfica habría que destacar Andalucía, Madrid, Cataluña, Cuba, el Levante y Sudeste mediterráneo, Galicia... Se trata de una masonería con implantación especialmente significativa en la periferia peninsular, es decir en las zonas más liberales, republicanas y al mismo tiempo más desarrolladas; así como en el Archipiélago Canario, Cuba, Puerto Rico y Filipinas donde el comercio marítimo era esencial. Pero la masonería se extendió no solamente en las grandes ciudades, empezando por la capital Madrid, sino también en gran cantidad de núcleos urbanos, muy alejados de la importancia de Barcelona, Valencia, Cartagena, Sevilla, Cádiz, La Habana o Manila, de gran implantación masónica. El caso de Andalucía es bastante sintomático, donde encontramos logias en numerosos pueblos.

Por profesiones predominan los empleados y funcionarios, militares y marinos, artesanos, profesiones liberales, comerciantes e industriales, sin olvidar, aunque en número muy inferior a los obreros y propietarios. El orden de importancia varía según regiones y épocas. Respecto a la presencia de las mujeres en las logias es bastante minoritaria, si bien más importante y avanzada en el tiempo que en la mayor parte de Europa.

Gran número de los que experimentaron la atracción hacia la masonería pertenecen al elenco de quienes, constituyendo una pequeña parte de la historia de España, no han pasado al panteón de hombres ilustres. Sin embargo otros, como Sagasta, Ruiz Zorrilla, Romero Ortiz, Manuel Becerra, Tomás Bretón, Santiago Ramón y Cajal, Rosario de Acu- ña, Ma Angeles López de Ayala, Miguel Morayta, José Rizal y José Martí, por citar solo algunos más significativos, sí tuvieron la veleidad o el sincero convencimiento de militar, al menos durante algun tiempo o años, en una organización que decía defender la libertad política, religiosa y educacional, los derechos humanos de blancos y negros, la justicia, la fraternidad entre clases sociales, razas y pueblos, la igualdad entre peninsulares y los pueblos de ultramar, o entre judíos, cristianos y musulmanes ,- especialmente en el norte de Africa -, la tolerancia frente al despotismo político, militar o religioso…

Una organización que abogaba por la abolición de la esclavitud y de todo privilegio; que deseaba la paz entre todos los hombres y todos los pueblos, pero que, al mismo tiempo, derivó en una gran multiplicidad de obediencias masónicas enfrentadas entre sí, en flagrante incumplimiento de la fraternidad masónica proclamada en estatutos y reglamentos.

En el terreno político-social, y como reacción ante los poderes constituidos, gran número de masones no ocultaron su simpatía por el republicanismo, el laicismo, el librepensamiento y el anticlericalismo. En consecuencia, una organización que albergaba sus propias contradicciones internas y externas siendo, quizá, demasiado avanzada ideológicamente para su tiempo.

Una organización a la que cierta historiografía ha cargado con tintas excesivamente negras, convirtiéndola en el macho cabrío culpable de todos los males pasados, presentes y futuros de España, y en especial del llamado “desastre ” del 98. Sin embargo la masonería no es ese mito maniqueo donde los unos sólo ven la maldad, intriga y contubernio, y los otros a la preclara responsable de todo lo bueno,- progresivamente hablando -, que ha sucedido en España durante los últimos tres siglos. En la historia de España la masonería es una organización mucho más anodina de lo que se cree, y, por supuesto, en el 98 colonial no tuvo el protagonismo que algunos polemistas le han querido adjudicar.

La masonería fue acusada de filibusterismo y de ser causante de la pérdida colonial. En consecuencia los responsables del Grande Oriente Español y del Gran Oriente Nacional de España ,- las dos obediencias masónicas más importantes y supervivientes de las más de una docena que en años anteriores compitieron entre sí -, fueron perseguidos por la justicia; sus archivos secuestrados por la policía, y la masonería optó por autodisolverse en espera de mejores días que llegarían con el comienzo de siglo y con la proclamación de inocencia por parte de las autoridades judiciales que no encontraron motivos reales de condena.

Hoy planea de nuevo el revisionismo del 98 cien años después de que la pérdida de las últimas colonias llevara a España a un estado general de pesimismo, desaliento y búsqueda de culpables. La nueva historiografía contemporánea ha abordado desde el Centro de Estudios Históricos de la Masonería Española (Universidad de Zaragoza) con serenidad y espíritu académico-científico un tema difícil por sus precedentes polémicas y difícil también porque no siempre se dispone de la documentación que uno desearía.

Sin embargo, tanto en Cuba como en Puerto Rico y en Filipinas, y al margen de problemas ideológico-prácticos derivados de la política, del conflicto colonial y del tradi- cional y mutuo enfrentamiento masónico-clerical, la nueva historia resulta clarificadora e innovadora en la secular polémica acusatoria contra la masonería como causa principal o importante de la pérdida de las últimas colonias, especialmente en el caso filipino.

Pues, si algo queda manifiesto es la exaltación patriótico-española, en algunos casos incluso patriotera, de las diferentes masonerías implantadas en Cuba, Filipinas y Puerto Rico desde la metrópoli. Masonerías que no sólo se mantuvieron alejadas de todo proceso revolucionario-independentista, sino que, además, se mostraron contrarias al mismo, a pesar de la presencia de destacados masones entre las principales figuras del movi- miento emancipador, como Martí y Rizal.

Masonería o masonerías españolas que, aunque tardíamente implantadas en Cuba, llegaron a contar con más de 200 logias en una época en la que la metrópoli, Madrid, sólo tenía 172 y Cataluña otras 177. De esta forma, Cuba, después de Andalucía que contaba con no menos de 435 logias, fue el foco masónico más importante de la masonería española.

Importancia que queda igualmente manifiesta en el número de miembros contabilizados que superan los 8.000 de los que en torno a 5.000, es decir el 70 por ciento, eran masones que dependían directamente de Madrid, o si se prefiere de España, y entre los que se constata una elevada participación de criollos.

También resulta, en este caso, curiosa la procedencia de los masones españoles afincados en Cuba entre los que sobresalen los asturianos, gallegos, catalanes y andaluces. Más importancia ofrece la composición socio-profesional de los masones cubano-españoles, coincidente en gran medida con lo que ocurría en la metrópoli respecto a la destacada presencia de profesiones liberales, funcionarios de la administración pública y artesanos.

Por lo que se refiere a Filipinas la masonería existente antes de 1873 fue algo puntual y carente de vinculación con la Península. La masonería llegó a las islas tarde y su implantación fue débil hasta 1892. Una parte del problema fueron los protagonismo personales de los propios masones, pero, otra muy importante, se debió a las características del territorio con más de 7.000 islas. A pesar de todo superan las 80 las logias y triángulos allí implantados desde España hasta 1898.

En el caso filipino fue también factor decisivo el mutuo enfrentamiento entre los masones y el clero regular verdadero detentador del poder en las islas. Simultáneamente un reducido grupo de jóvenes intelectuales filipinos, vinculados a la masonería española, imbuidos del nacionalismo europeo del último tercio del siglo XIX, emprendieron desde Barcelona y Madrid la batalla de modernizar las islas, para lo cual necesitaban obtener la representación en las Cortes que devolviera a Filipinas el estatuto de provincia en vez del de colonia. A esta demanda se unieron otras dos: supresión, o por lo menos, limitación del poder y privilegios del clero que fiscalizaba la vida de la colonia, especialmente en el campo institucional y en la educación, y una reforma de la administración y de la burocracia, para evitar arbitrariedades y abusos de poder.

En definitiva, clamaban por la asimilación con la península. Y es aquí donde el papel de José Rizal fue decisivo por su constante demanda de una política asimilista, unida a las duras críticas contra el clero regular. Y si bien jamás intervino en la insurrec- ción armada del Katipunan ,- movimiento totalmente ajeno a la masonería, si bien algunos de sus dirigentes habían militado un tiempo en la masonería -, acabaría siendo acusado de filibustero y de rebelión siendo fusilado el 30 de diciembre de 1896, fusilamiento que fue calificado por el conde Romanones de simple asesinato.

(Continuará)

Reflexiones de un viajero español llegando a La Habana en 1906. Por Nicolás Estévanez

(Reflexión sobre la guerra civil hispano-cubana)

Escrito por un español peninsular que regresa a Cuba en 1906, poco tiempo después de la independencia de Cuba de España. Su experiencia podría ser la de cualquier antepasado nuestro. J.R.M.

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Me ha sorprendido siempre una pregunta que me han dirigido repetidas veces <<¿te gusta el dulce?>> Porque lo que no me gusta ni creo que le guste a nadie , es lo amargo, ni lo agrio, ni lo desabrido. Es lo mismo que cuando me disparan la interrogación inconcebible: <<¿te gusta el calor?>> ¡Pues no ha de gustarme!. Lo que no me place ni me conviene es el frío. Por eso allá en la inhabitable Europa, entre escarchas y hielos, particularmente desde que comencé a sentir el peso de los años, pensaba frecuentemente en retirarme en Cuba para gozar de su ambiente bienhechor.

Y al cabo lo conseguí. Ojalá no tenga que desandar lo andado, como ya me ha sucedido otras veces. Pero cuantos contrasentidos se albergan en el corazón del hombre!. El día de mi llegada a Cuba-12 de Junio de 1906- fue de honda tristeza para mí. La satisfacción del cansancio peregrino que después de vagar por montes y desiertos pone sus pies doloridos en el mas apetitoso oasis; mi propia satisfacción al contemplar este oasis cubano, que ha sido tantas veces para mí la lejana visión del descanso y el sosiego; mis ansias realizadas, mis logradas esperanzas y mis anhelos cumplidos, quedan neutralizados por un sentimiento doloroso que se apodero de mí al entrar al puerto de La Habana. ¿Era un mal presentimiento? ¿Era una ilusión desvanecida? ¿Sería tal vez reminiscencia nostálgica, recuerdo amargo de tantos amigos muertos, añoranza de la juventud?. Sólo sé que hube de hacer esfuerzos para contener las lágrimas; no era decoroso que yo desembarcara llorando como una vieja. Al embocar el puerto, ví por primera vez flotando en las alturas del Morro, la bandera de Cuba independiente; la saludé con respeto, pero pensé en la otra, en la bandera mía, en el glorioso pabellón de España; glorioso todavía, que los crímenes cometidos a su sombra han desonrado a los perpetradores de los crímenes sin desonrar la bandera. Y es que también la han desonrado, a pesar de eso la adoro!. La patria ausente y vencida es más amada, por lo mismo que patria es sentimiento. El sentimiento y la idea son dos cosas bién distintas.

 La idea de patria puede ser discutida; para algunos, podrá ser la patria una convención artificiosa, un territorio circuído de fronteras, también convencionales y no inmutables; para mí es algo inmaterial superior a todo eso. No la personifican ni el Estado, ni sus instituciones pasajeras, ni el suelo mismo, sino el alma de la raza, el pensamiento, el recuerdo, la ilusión.


 Pasaron, felizmente, las luchas que ensangrentaron a Cuba en tiempos no lejanos; y yo deseo, con todas las ansias de mi espíritu, que cada día se estrechen más y más los lazos de paz y unión entre cubanos e hispanos; anhelo como nadie que para siempre se olviden los agravios mutuos y, por consiguiente, ruego que no se de intención política, ni se interprete como censura para nada ni nadie, a lo que ahora he de decir. Fue de lucha enconada entre españoles y cubanos la segunda mitad del siglo XIX. Pero los españoles -quizás también los cubanos- estábamos divididos. Todos los españoles queríamos la conservación de Cuba para España, y más que nadie la anhelaba yo; ¿Y que nos dividía?. Que los unos querían, solamente conservar el territorio, y los otros queríamos al mismo tiempo conservar el honor. Prevaleció la política de los primeros, y así perdimos honor y territorio. Mas no debemos desalentarnos, que los pueblos como los hombres se rehabilitan con el arrepentimiento, la confesión de sus yerros, la confianza en si mismos y la fé en el porvenir. Los españoles podemos hoy gritar ¡Viva Cuba!. Al vitorear a Cuba, podemos y debemos vitorear cien veces a nuestra querida España. Pero no a la España de la Inquisición y el retroceso, no a la España de hoy mismo en lo que tenga de medieval y atávico, sino a la venidera, a la España próspera, regenerada, rejuvenecida que ya se dibuja en lontananza, que yo preveo, que todos presentimos,  que surgirá sin duda… cuando nazca y viva una generación que la merezca. ¿Pero esto es hablar de mi llegada a Cuba?… Que me perdone si mas que a Cuba me refiero a España.

 No es descortesía, no es ingratitud; es un sentir que se desborda, un presentimiento de que España renacerá de sus ruinas, la envidia de que, cuando resurja y se purifique y se engrandezca, toda América lo celebrará. Toda América, sí. El Nuevo Mundo es prolongación de España en lo moral y en lo físico, en la leyenda y el arte, en la historia y en la geografía. Y más que en otra cualquiera región americana, vivirá España en la memoria y en el corazón de Cuba, penetrará su gloria en edades venideras, hasta donde llegue Cuba soberana. Pero los hijos de Cuba no deben contentarse con una soberanía precaria, nominal y discutida. Tocaremos este punto en capítulo especial. Desembarqué, ya lo he dicho, desalentado, triste, seriamente enfermo; dolorido el cuerpo y mas dolorida el alma; rodeado de buenos y cariñosos amigos, pero sin horizonte, que desde mi aposento del hotel no podia descubrir mi vieja Habana.

martes, 7 de diciembre de 2010

Muerte de Maceo y su hijo ilegítimo


Hoy siete de diciembre se conmemora una año mas de la muerte en combate del general Mambí Antonio Maceo un siete de Diciembre de 1896. No cabe dudas que fue un hombre valiente y con muchas huellas de heridas en su cuerpo, pero también fue un déspota. Todos los que lo conocían lo sabían, ponía a sus súbditos a lustrar sus botas antes de ir a pelear.

 Se sabe de sus encontronazos con José Martí, pues éste decía que una vez ganada la guerra había que hacer elecciones y convocar a un gobierno civil y Maceo decía que nó, que había que tener un gobierno militar y Martí respondía que entonces él no llevaba a cabo la revolución, "que a un pueblo no se gobierna como se manda a un campamento" y Gómez (que estaba de acuerdo con Maceo) tenía que mediar para calmar los ánimos. De ahí yo deduzco que con un gobierno militar encabezados por Maceo o Máximo Gómez, sería una dictadura donde muchas cabezas autónomas y españolas hubiesen rodado por el suelo. Martí hasta el final no confiaba mucho en su gente y por eso escribió el Manifiesto de Montecristi antes de comenzar la guerra y lo hizo firmar. En él recalca muchas veces que se debe respetar a los españoles y no comenzar venganzas. 

También se sabe que hubo una discusión muy grande entre Maceo y Martí por problemas de despirpafarro del dinero de la guerra que se había utilizado en parte para mantener a las familias de los mambises y Martí decía que eso era sólo para armas, etc. Maceo estuvo indiferente ante la muerte de Martí. A la caída de Antonio Maceo hubo tres días de Fiesta Nacional en Cuba donde se tiraron fuegos artificiales, las personas celebraron bebiendo y asando lechones, y gritando ¡Viva Cuba Española! se acercaba el fin de la guerra civil entre hermanos que había llevado a tantos muertos, el país devastado por la Tea Incendiaria de Gómez que había destruido la economía próspera de la Isla y al final llevó a Weyler a formar la reconcentración para parar los destrozos de Gómez y los mambises.

 El pueblo de Cuba estaba cansado. La Guerra Civil la ganaron los autonomistas y el 25 de noviembre de 1897 la Reina Madre decreta extender las Leyes de la Península para Cuba y Puerto Rico y se comienza un gobierno autónomo el 1 de Enero de 1898, se invitan a las tropas mambisas a participar de éste, algunos salen de la manígua y se únen. En poco tiempo el gobierno autónomo de la Isla progresó, hasta los negros ex-esclavos votaron y se les permitió que se agruparan en asociaciones para canalizar sus necesidades. La Isla progresó muy rápido, pero EEUU no iba a permitir una  Cuba autónoma y se lo dice al Gobierno español al cual le ofrece $300,000 por Cuba y España dice que Cuba no está en venta, para ellos era un territorio tan importante como Asturias, Galicia, etc. Máximo Gómez entregó Cuba a EEUU dándole el visto bueno para que atacaran la Isla y él con su pequeña tropa les ayudó, traicionando así la memoria de Martí y Maceo que decían que si algún día EEUU invadía a Cuba, ellos pelearían junto al ejercito español. Lo demás es bien conocido.

 También me llama mucho la atención cuando se hizo la encuesta para ver que sustituiría a la estatua de la Reina del Parque Central de La Habana, como Máximo Gómez no votara por Martí, ( Ver encuesta) en cambio lo hiciera por Jose de la Luz y Caballero, y de la larga lista, Maceo quedara en último lugar con 3 votos, cuando se sobrentiende que muchos de ellos lo conocieron. Martí solo obtuvo 16 votos de ciento cinco, ¿Por qué tan pocos?, es que acaso al no haberse endiosado su figura por parte de los historiadores, los que lo conocieron no lo veían como algo excepcional. Son sólo preguntas que me hago. J.R.M.

A continuación algo sobre el hijo ilegitimo de Maceo.

En los días de mayo de 1881 nacería el que se presume haya sido el único hijo del general Antonio, pues no faltan fuentes que especulan sobre posibles sucesores, a partir de su estancia posterior en la geografía costarricense.


Finalizando el siglo XIX, desde Nueva York, Tomás Estrada Palma aclara en una carta a su amigo, el general José Lacret Morlot, que Antonio Maceo (hijo) había nacido en Kingston, Jamaica, en 1881. Estrada Palma era de los pocos que tenía noticias de la existencia de un descendiente del Titán de Bronce. 

 La curiosidad de Lacret Morlot había sido motivada –con seguridad– a causa de un escrito que desmentía a unos individuos que, por esos días, se decían hijos de aquel gallardo de la Guerra de los Diez Años. Desde el periódico santiaguero El Cubano Libre (23 de octubre de 1899), el compañero de armas de Maceo, general Silverio Sánchez Figueras, había respondido para dilucidar el tema. 


Antonio Maceo Maryatt, el único hijo reconocido por el general Antonio Maceo Grajales, tenía para esa fecha 18 años de edad y se encontraba en los Estados Unidos. Después de ocurrido su nacimiento, fue bautizado por su padre con el mismo nombre. Había venido al mundo como resultado de una relación extramatrimonial del general Maceo con una nativa de Jamaica, donde se encontraba en su condición de exiliado. Terminada la lucha independentista, en 1878, había partido de Cuba con la esperanza de su reanudación posterior. 


En los días de mayo de 1881 nacería el que se presume haya sido el único hijo del general Antonio, pues no faltan fuentes que especulan sobre posibles sucesores, a partir de su estancia posterior en la geografía costarricense. María Cabrales, a pesar de saber de la existencia de ese hijo natural de su cónyuge, lo acompañó con amor y vehemencia hasta el fin de sus días.
Se dice que la Cabrales había quedado estéril luego de fecundar en dos ocasiones. Durante la Guerra de los Diez Años, ella marchó junto a su esposo a la manigua con una hija de meses a cuestas, llamada María de la Caridad. Para ese entonces se encontraba además en avanzado estado de gestación del que posteriormente se llamaría Antonio. Ambas criaturas murieron poco después.


Un año antes del nacimiento de su hijo jamaicano, el Titán de Bronce estaba pasando por una peculiar situación, la cual fue descrita así por el historiador José Luciano Franco: «Otras preocupaciones de índole sentimental, plenamente llenaban sus horas de incertidumbres dolorosas. Por un lado, su María, la compañera abnegada y valiente de los años más duros y crueles, estaba muy enferma. Las inquietantes emociones de los últimos meses habían minado fuertemente su fortaleza de acero. Por otro lado, Amelia Marryatt (sic) la madamita seductora de la calle Princesa, a quien visitaba diariamente en compañía de Justo Solórzano, amigo y confidente de aquellos amores, llevaba en las entrañas un hijo suyo. Maceo, carente de dinero, tenía que empeñar sus últimas prendas para cubrir los gastos inesperados. El Dr. Hernández era el médico que asistía a las dos, y, a veces, debía fungir a su manera, de cura de almas, para llevar aliento y reposo a dos personas igualmente queridas y respetadas que se enfrentaban a la cruda realidad de un destino adverso».2 


A fines de junio de 1881, por consejo de Máximo Gómez, partió Antonio Maceo con su hermano Marcos rumbo a Honduras. Su estancia en ese país duraría hasta 1884. Allí lo esperaban los patriotas cubanos y viejos amigos Tomás Estrada Palma y José Joaquín Palma. 


Maceo, aunque lejos de su hijito, no lo olvidó. Su ejercicio de padre preocupado y responsable pesó más en su elección. Por una parte hubo de valerse de la confianza de amigos muy cercanos para recibir y enviarle noticias, así como costear sus primeros años de educación
.


En respuesta a otras misivas suyas, el compatriota Eusebio Hernández le refiere el 16 de septiembre de 1881 desde Kingston: «María y la familia bien, también lo está el amiguito»; y poco después, el 19 de octubre, le informa en otra epístola: «María bien, y bien el chiquitín amigo, que hace poco tuvo un catarrito».3 

A través de un hermano del patriota Manuel de Jesús Calvar (Titá), quien se dedicaba al comercio en la región hondureña de Puntarenas, logra establecer el vínculo apropiado para enviarle sistemáticamente a Amelia Maryatt, la madre de su hijo, el importe necesario para cubrir la manutención del niño. 


De cualquier manera, este contacto no le duraría mucho, pues el referido amigo se retira de allí para residir en Kingston. En carta al general Antonio, con fecha del 31 de julio de 1882, Javier Calvar le brindaba los detalles: «La última remesa de dinero que le hice a Antoñito, fue por vía de N. York, porque no me fue posible conseguir aquí ninguna clase de oro conveniente para Jamaica».


Aun así no se cruza de brazos; el sostén de su hijo no podía esperar. Trata de encontrar a la persona apropiada para estos menesteres. Esta vez sería su viejo compañero de la Junta Revolucionaria Cubana de Kingston, José F. Pérez, propietario de una fábrica de tabacos en la capital jamaicana. A él le escribe: «Por un giro que hace nuestro amigo Don Juan Palma, recibirá V. veinte libras esterlinas que me hará el favor de entregar a Miss Amelia Marryatt (sic), madre de un chico que tengo en Kingston, a quien escribo con esta fecha. Esto es un asunto, no el más adecuado para V., pero como estoy seguro que V. mejor que otro podrá apreciar mi situación respecto de un hijo, no he dudado recomendar a V. el asunto que me ocupa, pues a la vez que forme un juicio desfavorable hará otro que disculpe en algo mi conducta».


En el período comprendido de 1884 a 1891, Maceo realiza múltiples y seguidos viajes por varios países del continente por cuestiones revolucionarias. En esos años visitó Estados Unidos, México, Panamá, Perú, Haití, Cuba y Jamaica. Finalmente, fija residencia en Costa Rica, donde luego de algunas trabas, consiguió unas tierras para fundar «La Mansión».


Durante sus continuas travesías estuvo cinco veces en tierras jamaicanas. No obstante sus propósitos y deberes patrióticos, visita y está muy al tanto de su hijo. En 1891 ambos se reúnen en Costa Rica, tras la misteriosa desaparición de la madre del chico, Amelia Maryatt. 4 


Bajo sus cuidados, el padre inmediatamente lo matricula como interno en un colegio de la ciudad costarricense de Cartago. A su «lado» permanece hasta el mismo 1895.


Envuelto Maceo en labores relacionadas con el Partido Revolucionario Cubano presiente que su partida a la guerra, que estallaría en febrero de 1895, sería en cualquier momento. No se perdonaría el viaje a Cuba sin antes despedirse de su amado hijo, quien proseguía internado en la escuela: «Pide, pues, permiso al Director, para abrazarte y para que lleves la paga de las mensualidades pendientes de arreglo. Tu padre que desea verte», le había escrito en 1893.


En el oriente cubano desembarcaría por Duaba, el 1 de abril de 1895. La lucha independentista se había reiniciado nuevamente. De inmediato, el deber se imponía. Siente no poder criar él mismo a su hijo; le inquieta mucho su preparación. 


Desde La Mejorana, el 23 de agosto, le indica en una misiva a su amigo Alejandro González, conocido por Gonzalito: «Con Manuel Arango, de Santiago de Cuba, le remito ($300) trescientos pesos, con los cuales, de acuerdo con Marcos, mi hermano, ayudarán V. y él a la educación de Antonio mi hijo, poniéndolo interno en un colegio o pagando personas que se encarguen de seguir su enseñanza en la forma que la tiene preparada, es decir, español e 

inglés que aprendía en Costa Rica». Tras producirse el fatídico combate del 7 de diciembre de 1896, en el que perderían la vida Maceo y su ayudante, el capitán Francisco Gómez Toro (Panchito), la delegación en Estados Unidos del Partido Revolucionario Cubano se ocupó de continuar sufragando los gastos del joven Antonio Maceo Maryatt, quien residía entonces en su país natal.

HACIA ESTADOS UNIDOS


En septiembre de 1899, producto de una gestión personal de Tomás Estrada Palma, quien se encontraba en Nueva York, el joven se trasladó a esa ciudad para matricular en la Escuela Superior de Ithaca, que dirigía el señor F. D. Boyuton. Fue necesario que empezase en la enseñanza media (High School), pues al parecer no había recibido buena preparación en sus años anteriores. 


Materias como álgebra avanzada, geometría, trigonometría e idioma francés resultaron materias difíciles de rebasar por el muchacho; particularmente la primera, pues como él mismo reconoce, hasta ese momento «no había hecho tanto en Álgebra».5 Allí permaneció por espacio de dos años aproximadamente y, poco después, ingresó en la llamada Universidad de Cornell, en la cual cursó sus estudios como ingeniero. 


Todo el importe por concepto de vestimenta, comida y hasta de una mesada fue abonado por Tomás Estrada Palma como tutor del muchacho. Ya «Tomasito» había dado testimonio de cuál sería su actitud para con éste, en confesión al general Lacret Morlot, poco después de hacerse cargo de su tutela: «Yo he pensado como Ud., que la circunstancia de no ser Antonio hijo legítimo del General no es motivo de ningún modo, para que dejemos de prestarle toda la ayuda posible de igual manera que lo haría su padre, estando vivo».6 



(Artículo completo aquí)

XX CUMBRE DE IBEROAMERICA: ¡INTELIGENCIA O ANALFABETISMO! (Segunda Parte)

Por Miguel Leal Cruz
Periodismo Histórico
Canarias-España

Alusivo a lo expuesto, y connotado con el “incidente Chávez- Rey”, publicamos en El Mundo-La Gaceta de Canarias, España, entre otros medios, con fecha 29 julio 2008, que: en la reunión de cinco presidentes latinos, y otros representantes progresistas neo-comunistas (o integrantes del Socialismo Siglo XXI), que tuvo lugar en Managua (Nicaragua), para celebrar el 29 aniversario de la revolución “sandinista”, con fecha 11 de julio 2008, se dio a conocer públicamente a todo el mundo, en especial a través de TeleSur (Caracas), que el líder venezolano Hugo Chávez, con visto bueno de Daniel Ortega de Nicaragua en declaración conjunta, al parecer acordada previamente (y no sin un tinte irónico previo) la buena intención del presidente venezolano que, por fin, se entrevistará con el Rey de España en próximo periplo por Europa este mes para superar aquel sonado incidente en Santiago de Chile, esperado encuentro que tuvo lugar en España, Palacio de Marivent (Palma de Mallorca), el 25 de julio de 2008, con amplia difusión mediática. Por aquí se dice, desde la alta Edad Media, aquello de: “…no quito ni pongo rey, pero…”

Es más que sabido que en la reunión de la XVII Cumbre Iberoamericana, celebrada en Santiago de Chile (11-11-2007), tuvo lugar el desencuentro de Hugo Chávez con el Rey de España, y a sabiendas que el asunto, ocurrido el año anterior, retomaba actualidad periodística en el citado “29 aniversario sandinista”, se dijo al respecto: Los protagonistas, en aquella Cumbre, fueron sólo tres o cuatro: Hugo Chávez, Evo Morales, Daniel Ortega y Carlos Lage, este por Cuba, en aquel momento (todos “voluntariosos” revolucionarios neo marxistas) y, desde otra óptica, nuestro Rey español como protagonista de lo anecdótico, sin desvirtuar a los demás…

En dicho momento, se publica: “lo del Rey de España en la Cumbre de Chile, instado (tal vez, obligado) por la conducta anti-española de Chávez con graves alusiones a autoridades políticas españolas, a pronunciar la breve pero famosa frase…, es una anécdota que, a más de oportuna, se antoja graciosa”. Lo prueba el encuentro entre ambos con intercambio de camisetas como en los grandes eventos deportivos, y en territorio español; un éxito más de la diplomacia entre países que nos debe alegrar a todos.

No obstante, desde el ángulo informativo-periodístico, es claro que la metodología política interna (e internacional) que ha usado Chávez últimamente, con inusitados insultos a otros Jefes de Estado, no es un modelo a copiar por otros gobernantes del mundo…, en cualquier ámbito geográfico. La frase del Rey español parece un “pecado venial” si comparamos con el contenido oratorio y comportamiento diplomático de Hugo, no sólo contra lo español, léase colonización, “caso Aznar…”, sino contra todo aquello que no le guste, incluidos otros jefes de Estado o de Gobierno (y en privado aun más): ya sea Álvaro Uribe, dirigentes de la OEA, de la ONU, o George W. Bush, al que, en el foro de la democracia mundial (Naciones Unidas), llamó (a este último) Satanás… En “Aló Presidente”, VTV, este “populista revolucionario” supera lo tolerable en deontología política…

En el mes de octubre de 2004, por arengas anti-europeas, seguidores de Hugo Chávez destruyeron una estatua de Cristóbal Colón en Caracas, actitud que implica un acto anti-cultural universal, como ya definimos en otro debate…

Tal como se ha dicho, una cultura superior “conquistadora” destruía la dominada, inclusive masacrando (o esclavizando) a la población vencida. Esto lo sabe cualquiera… Los asirios, un milenio antes de nuestra Era, actual Siria con Persia, hoy Norte de Irán, asesinaban a las poblaciones en masa como fórmula política y sistemática de dominio. Empalaban a los más destacados, y al resto de población a eliminar, colocaban en largas filas en las que eran exterminados por unos especialistas que los degollaban con certero tajo en el cuello... En nuestra América hispana no se llegó a esto..., creemos. Sí lo hacían los aztecas, incas, y otros, de forma aun más horripilante: según fuentes históricas, contrastadas incluso por Colón; los “caribes” (que origina semánticamente la palabra “caníbal”) en Cuba y La Española “se comían” a los muchos prisioneros (documentado) que, como Chávez sabrá, eran originarios de las costas de Venezuela emigrados a las Antillas Mayores, a través del cinturón geográfico que conforman las llamadas Menores… Pero, ¿y antes de la llegada de conquistadores europeos al Nuevo Continente? América, de norte a sur, sufrió la dominación salvaje de etnias procedentes de la mongólica de Asia central que a través del Estrecho de Bering, arribaron y colonizaron toda Norteamérica en torno a 20 mil años AC, con la destrucción total del entorno, incluso de la flora y fauna existente. Éstos no son otros que los indios americanos que encontró Cristóbal Colón en 1492, o el velero inglés Mayflower en 1620. Por tanto, estos no sólo destruirían a Colón, sino a dicho navío con sus 100 colonos en el interior antes de que tomaran posesión de la Roca de Plymouth (Virginia, US).

Asimismo, a Erik el Rojo, vikingo que, en torno al año 1000, visitó y también se estableció en la costa este de Norteamérica, un lugar que llamaron Vinland, poblamiento este tampoco descartable para cronologías milenarias desde el norte de Europa, a través de Escandinavia, Islandia, Groenlandia, Baffin, Labrador; ¿eran éstos los hombres barbados y con ojos azules procedentes del este, muy temidos, que se encuentran citados en los Códices aztecas, mayas (e incluso incas) antes de 1492…? Además, hay que recordar la probada crueldad de aztecas, mayas, incas, chibchas, araucanos o “caribes” (citados), con sus enemigos vencidos, incluso de su misma etnia. Esto no lo dice Hugo, ni Evo, tampoco Daniel Ortega,…, ni es negado por investigadores latinos desde el rigor científico o metodológico.

No son excesivos los tratados académicos al respecto, tal vez, por su mismo contenido, cruel y controvertido… Si bien, habría que hacer llegar alguno a Hugo, para reflexión tras proceso electoral de Gobernadores y alcaldes, ahora, en el mismo 5D.

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