Crée usted de que Cuba estaría mejor como:

lunes, 7 de febrero de 2011

Ballet Español de Cuba estrenó Emigrantes.


(Foto de JR)

( Esto es para que vean como sigue la huella española en Cuba )

Presentó su espectáculo Éxitos los días 17, 18 y 19 de septiembre, 2010 y estrenó Emigrantes del 24 al 26 de ese mismo mes.

Autor: Portal del Ballet Español de Cuba

El Ballet Español de Cuba (BEC), que dirige el primer bailarín y coreógrafo Eduardo Veitía, presentó su espectáculo Éxitos los días 17, 18 y 19 de septiembre en la sala García Lorca del Gran Teatro de La Habana.
La compañía llevó a escena los días 24, 25 y 26 de ese mes su más reciente estreno, Emigrantes, obra de la primera bailarina Irene Rodríguez, informa la agrupación danzaria.
Según el BEC, las presentaciones de los viernes y sábados, fueron previstas para las 8: 30 pm, mientras que los domingos se realizaron a las cinco de la tarde.
Anunciaron, además, que el 19, a las 10:00 a.m., hubo un concierto a cargo de los alumnos de su Unidad Artístico Docente, el cual cerró con Las bodas de Luis Alonso, en reconocimiento a Marta Eguzquiza Díaz, por sus 50 años de labor en la enseñanza de las danzas regionales españolas.
Con más de dos décadas de intenso quehacer, el colectivo cubano es apreciado en el ámbito nacional e internacional por su indagación técnico-coreográfica, devenida estilo propio dentro del quehacer del género.
Fundado en 1987, el BEC tiene más de 60 obras en su repertorio, entre las que destacan Sonata y FandangoLa Vida BreveLa Bella DurmienteAquel Brujo AmorLa Casa Alba Carmen.
(Noticia extraída de JR)

La Mejorana y la independencia cubana: un choque de ideas y liderazgo entre José Martí y Antonio Maceo. ( Parte III )


( Foto de Internet )

Por: ALINE HELO 
Universidad de Texas en Austin.

Continuación

También, Martí solamente se enfoca en el intercambio entre él y Maceo y comenta muy poco sobre el papel que Gómez desempeñó en el encuentro. Entre las anotaciones positivas, Martí relata que la población alrededor de La Mejorana quedó deleitada al ver a él y a Gómez y los admiraban. No obstante, inmediatamente introduce a Maceo como triunfante y un poco vanaglorioso: «con un caballo dorado, en traje de holanda gris: ya tiene plata la silla, airosa y con estrellas» 19• Al principio, «Maceo y Gómez hablan bajo, cerca de mi». Poco después, ellos le llaman: «que Maceo tiene otro pensamiento de gobierno: una junta de los generales con mando, por sus representantes,—y una Secretaría General:— la patria, pues, y todos los oficios de ella, que crea y anima al ejército, como secretaria del ejército» 20, Maceo, entonces, apoyaba la concentración de todos los poderes en el ejército durante la guerra; posición que contradecía la de Martí quien creía necesario aun en esta etapa un gobierno civil independiente del ejército.

 Fueron aun cuarto para continuar hablando, pero, según Martí, no pudo hacer cambiar de opinión a Maceo: «pero y se queda conmigo o se va con Gómez?»,  preguntó Maceo, quien continuó interrumpiendo a Martí, «como si fuese yo la continuación del gobierno leguleyo, y su representante». En otras palabras, Maceo vió en la propuesta de Martí una causa tangible de una repetición del fracaso de la Guerra de los Diez Años, en la cual las rivalidades internas del gobierno civil y sus preponderancias sobre la jefatura del ejército desempeñaron un papel principal. Martí inmediatamente agrega: «Lo veo herido —«lo quiero—me dice—menos de lo que lo que lo quería»por su (la de Maceo] reducción a Flor [Crombet] en el encargo de la expedición, y gasto de sus dineros».

 A este punto Martí relata que él sugirió continuar su debate con Maceo ante los delegados que iban a elegir el gobierno. Pero la discusión pasó al tema del modo de selección de los delegados. Maceo no aceptó que cada jefe de operación mandara un representante de su propia fuerza. En vez de eso, afirmó que él mismo mandaría a los cuatro representantes de Oriente: «dentro de 15 días estarán con Vds. —y serán gentes que no me las pueda enredar allá el doctor Martí» 22• En la mesa, servida abundantemente con gallina y lechón, volvieron al tema. «Me hiere, y me repugna», escribió Martí, «comprendo que he de sacudir el cargo, con que se me intenta marear, de defensor ciudadanesco de las trabas hostiles al movimiento militar. Mantengo rudo: el Ejército, libre, —y el país, como país y con toda su dignidad representado. Muestro mi descontento de semejante indiscreta y forzada conversación, a mesa abierta, en la prisa de Maceo por partir» 23

 En efecto, sin resolver el conflicto, Maceo terminó el almuerzo abruptamente, diciendo que «ha de andar seis horas. Allí, cerca, están sus fuerzas: pero no nos lleva a verlas: las fuerzas reunidas de Oriente». En lugar de eso, Maceo mandó a Martí y a Gómez «con la escolta mohína» a pasar la noche «a otro rancho fangoso, fuera de los campamentos, abierto a ataque …Y así, como echados, y con ideas tristes, dormimos»24. 

 Al siguiente día, no obstante, Mai-ti y Gómez encontraron accidentalmente una pequeña escuadra de rebeldes, y Maceo les invitó a revistar sus tropas. En una carta privada, Martí expresó su entusiasmo al ver a la caballería y a los tres mil soldados de Maceo25. El 12 de mayo, Martí escribió su última carta a un Maceo «lleno de triunfos y esperanza» a quien él admiró por ser capaz de mobilizar y organizar miles de hombres listos para pelear por Cuba en unas pocas semanas; hazaña que él y Gómez no lograron hacer en el area de Bayamo. Martí también insistió en la necesidad de divulgar rápidamente la revolución a toda la isla antes de que el ejército español pudiese reaccionar26. En el día antes de su muerte, en una carta inconclusa a un amigo, Martí discute de nuevo el tema del control civil versus el control militar durante la guerra, esta vez colocando énfasis en la autonomía del ejército: «La revolución desea plena libertad en el ejército, sin las trabas que antes le opuso una Cámara sin sanción real, o la suspicacia de una juventud celosa de su republicanismo, o los celos, y temores de excesiva prominencia futura, de un caudillo puntilloso o previsor; pero quiere la revolución a la vez sucinta y respetable representación republicana... Pero en cuanto a formas (del gobierno de la república], caben muchas ideas».

 Además agregó, proféticamente, «Sé desaparecer. Pero no desaparecería mi pensamiento, ni me agraria mi oscuridad»27.

 Como ya se había mencionado, Antonio Maceo solamente dejó cartas apartadas para reconstruir sus pensamientos sobre el encuentro en La Mejorana. En una carta a su esposa María Cabrales, escrita antes de su partida de Costa Rica, él explicó por qué no afrontó abiertamente a Crombet y opuso la decisión de Martí en cuanto a la dirección de la expedición a Cuba: «He pasado tantas amarguras, estoy pasando tantos disgustos y sinsabores, que tengo el alma llena de penas y tristezas, por los que tanta mezquindad abrigan en su corazón, disfrazados casi siempre con pulimento de bondad. Cómo engañan los hombres pocos leales a sus amigos! También contigo quiero guardar silencio; no deseo que sufras con la horrible tempestad que ha empezado a subirse en mi cabeza»

 No obstante, cuando desembarcó en Cuba, Maceo asumió el comando del ejército en Oriente. Con el general Martínez Campos, el español astuto que consiguió que el gobierno civil cubano aceptara el Pacto de Zanjón en 1877, de nuevo en el puesto como el capitán general de Cuba, Maceo inmediatamente proclamó una orden de sentenciar a la pena de muerte a cualquiera que entrase en negociación con España29. Maceo informó a Gómez de este decreto cuando Martí y él desembarcaron; algunos meses después, Maceo escribió que los dos aprobaron pero no sin «unas restricciones que me hacen sospechar algún disgusto de su parte; pero no me hablaron del mando que había asumido [en Oriente]» 30• En otra carta a su esposa, Maceo relató brevemente que para el 30 de abril «Tengo seis mil hombres bien armados y con mucho parque, mucho territorio dominado, mucha gente en sus propias casas, manejados civilmente. El 15 [de mayo] tendré doce mil hombres armados y conquistado mucho territorio»  No hizo mención alguna del encuentro en La Mejorana, y sólo mencionó a Martí en una breve carta que mandó el 31 de mayo a Bartolomé Masó, un veterano de la Guerra de los Diez Años y un hacendado rico de origen catalán, en la cual expresó la urgencia de que los dos se encontraran después de «la lamentable muerte de José Martí» ~

 Solamente en julio de 1895 Maceo alude a La Mejorana, en otra carta mandada a Masó la cual incluía la orden de Gómez de que ambos dejaran Oriente, Maceo para lanzar la invasión a occidente con los mejores jefes, y a Masó para ir a la provincia de Camagüey. Maceo se preocupó que como resultado «la dirección nacional del país» quedaría «acéfala» y Oriente sin líderes principales, lo que daría «lugar al desaliento general» y al «desenvolvimiento del bandidaje» y beneficiaría a España. Agregó: «Si bien es verdad que a la llegada del general Gómez y Martí, creí un lujo prematuro la formación del Gobierno, también lo es el que lo creo hoy de imperiosa necesidad como prestigio y conveniencia de la revolución ya desenvuelta; hecho que pide toda la gente de [Oriente]»33

 Solamente con un gobierno constituido podría la Junta en Nueva York argumentar a favor del reconocimiento de la beligerancia según la definición de las leyes internacionales. También, la revolución progresaba rápidamente y encontraba poca resistencia de España, y Maceo no veía evidencia de discordias similares a las de los años 1870 sino «unidad de pensamiento y de miras» entre los líderes en Cuba, lo cual le hizo creer que la victoria estaba cerca. Pero el gobierno, para ser viable, requería de «jefes aptos y buenos» para dirigir al ejército en los territorios ya liberados.  Maceo esperaba que el gobierno que iba a ser formado por los delegados de la Asamblea de Camagüey fuese «ligero», dirigido por un militar, Masó, y compuesto por sólo tres ministros—los de guerra, de interior, y de relaciones 36•

 Recientemente, el historiador Luis Toledo Sande ha citado esta carta de Maceo para concluir su examen de La Mejorana con un final feliz: tres meses después del encuentro, Maceo hubiese reconocido la rectitud de la posición de Martí, lo cual comprobaba la unidad de los puntos de vista de ambos hombres para la posteridad. No obstante, tal análisis no señala que justo antes de su muerte, Martí aparentemente le había concedido a Maceo que durante la guerra el ejército debería ser fuerte e independiente de un gobierno civil ~. 
 También ignora que el apoyo que Maceo dio para la formación de un gobierno civil no sobrevivió la elección de la Asamblea: de septiembre 1895 hasta su muerte Maceo abogó de nuevo por la supremacía del ejército durante la guerra. Además, la tésis de Toledo subestima el hecho de que, desde principios de la década de 1880, los dos líderes ya discordaban en cuanto al control civil versus el control militar durante la guerra.

 Sin duda. Martí y Maceo se respetaban, pero su relación nunca había sido fácil. Enrique Collazo, al escribir en 1900, reparó que la «enemistad de [Maceo] con Martí era antigua»,y que había empeorado por la decisión de Martí de encomendar la expedición de Costa Rica a Crombet. «Si Maceo admitía sin esfuerzo a Gómez como jefe superior,no sucedía lo mismo con respecto a Martí. Además, para con Maceo, Gómez era complaciente; 

 Martí por el contrario, era celoso de su autoridad». Toledo, al escribir casi un siglo después, especula que la perspectiva ambivalente de Maceo hacia Martí emerge tan temprano como 1879. Ya que la participación de Martí en la organización política de la Guerra Chiquita fue activa, Maceo lo pudo haber asociado con la decisión de Calixto García, motivada por consideraciones raciales, de impedirle que encabezara las operaciones en Oriente40, Aunque esta tésis no está documentada, existe evidencia de que Martí tendía a percibir a Maceo como el jefe militar de los negros y mulatos que favorecían la independencia, en lugar de verle como a uno de los líderes principales de la nación entera. Las cartas que Martí le escribió simultáneamente a Gómez y a Maceo en julio de 1882, son indicativas de este matiz. Martí las escribió para convencerles de la validez de su plan revolucionario. Al dirigirse a Gómez, Martí halló necesario empezar por introducirse y por demostrar su profundo aprecio por el general, para después explicar su programa político y militar41. Al dirigirse a Maceo, Martí escribió una carta más corta, dirigida al «soldado más bravo [y] cubano más tenaz» sin el cual una nueva revolución no era posible, dada «la especial y prominente manera a que le dan derecho sus merecimientos». El no se introdujo («Flor Crombet se lo dirá») y dijo repetidamente que no tenía tiempo para detallar su plan. En vez de eso, él escribió:

 «No tengo tiempo de decirle, General, como a mis ojos no está el problema cubano en la solución politica, sino en la social, y como ésta no puede lograrse sino con aquel amor y perdón mútuos [sic] de una y otra raza, y aquella prudencia siempre digna y siempre generosa de que sé que su altivo y noble corazón está animado. Para mi es un criminal el que promueva en Cuba odios, o se aproveche de los que existen, Y otro criminal él que pretenda sofocar las aspiraciones legítimas a la vida de una raza buena y prudente que ha sido ya bastante desgraciada». 

  (Continuará)

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domingo, 6 de febrero de 2011

La Mejorana y la independencia cubana: un choque de ideas y liderazgo entre José Martí y Antonio Maceo. ( Parte II )


(Foto de Internet)

Por ALINE HELO 
Universidad de Texas en Austin

Continuación

 Después de un breve resumen de la lucha por la independencia cubana hasta mayo de 1895, este artículo reconstruye el encuentro en La Mejorana desde la perspectiva de sus participantes, usando principalmente los diarios de Martí y de Gómez y la correspondencia de los tres protagonistas. Infelizmente, estas fuentes no son uniformes, pues solamente Martí da detalles de la reunión. La mención de Gómez es demasiado breve, y Maceo no dejó informe personal sino unas reflexiones en cartas escritas algunas semanas antes y después del encuentro. Como resultado, el punto de vista de Martí es sobre-representado en la documentación existente. En seguida, el articulo examina la relación entre Martí y Maceo, basándose en la correspondencia de los dos hombres, y analiza las ideas principales en las cuales ellos concordaron y discordaron, aprovechando esta oportunidad para subrayar las ideas revolucionarias de Maceo. Finalmente, el articulo estudia brevemente ciertos acontecimientos ocurridos en Cuba Libre entre La Mejorana y la muerte de Maceo en diciembre de 1896 y su impacto en la naciente república cubana.

 La Guerra de los Diez Años, la primera guerra de independencia cubana, empezó en 1868, medio siglo después que la mayor parte de Hispano-América, con la excepción de Puerto Rico, había ganado su independencia de España. Dos razones principales explican este retraso: en los años 1810, la economía azucarera de Cuba, basada en la esclavitud, disfrutaba de gran prosperidad; y la élite blanca cubana temía que cualquier desafío al colonialismo español pudiese incitar una revolución parecida a la haitiana, y a que la población libre de color sumada a la de los esclavos, excedía en número a la población blanca. En 1868, las condiciones habían cambiado: la economía azucarera pasaba por una crísis, y los blancos ahora eran más numerosos que los libres y los esclavos de ascendencia africana. La Guerra de los Diez Años fue llevada a cabo en la parte oriental de la isla por hacendados blancos cuya sobrevivencia económica estaba en verdadero peligro. Bajo presión popular, ellos declararon la emancipación de todos los esclavos en el territorio rebelde en 1869. No obstante, los hacendados cubanos de la región oeste y central se oponían a la abolición y limitaron la insurrección a Oriente y Camagüey. Además, la participación de la gente libre de color en el Ejército Libertador —no solamente en las tropas sino, de forma creciente, como jefes militares— preocupó continuamente a los líderes separatistas blancos, y fue ésta una de las razones principales por la cual estos últimos negociaron con España el Pacto de Zanjón que terminó la guerra en 1878.
 Aparecieron en plena luz las tensiones entre el sector popular multiracial y los conservadores blancos, dentro del movimiento de independencia, en marzo de 1878 cuando Antonio Maceo y otros rechazaron el pacto y emitieron la Protesta de Baraguá, llamando a los orientales a continuar la guerra contra la esclavitud y contra España7. Maceo y sus compañeros fracasaron en reunir las
fuerzas separatistas dentro y fuera de Cuba, y en 1880 muchos fueron forzados al exilio. El racismo, una vez mas, tuvo un papel principal en la derrota de la Guerra Chiquita, la cual se desató prematuramente en agosto de 1879 y terminó nueve meses después con la caída de las fuerzas rebeldes. El general blanco Calixto García impidió que Maceo encabezase su expedición y tomase el mando de Oriente a partir de la opinión de que el movimiento pudiese ser confundido con una «guerra de razas»8. Desorganizados todavía más por el servicio de espionaje español y por la represión, y careciendo del apoyo de los exiliados cubanos, los insurgentes orientales se rindieron al ejército español.

 En la década de 1880, España promulgó algunas reformas en Cuba para prevenir un nuevo levantamiento. La esclavitud fue completamente abolida en 1886, y fueron otorgados los derechos de igualdad a los negros y mulatos en 1893. No obstante, España continuó negándole la autonomía a Cuba.

 Mientras tanto, los lazos económicos entre Cuba y Estados Unidos aumentaron dramáticamente.

 Durante esos años, los separatistas cubanos se reorganizaron, dentro del país y también desde el exilio. En esta fase, el papel de Jose Martí fue central. Desde los Estados Unidos él creó el Partido Revolucionario Cubano que unió a todos los cubanos a favor de la independencia, sin distinción de clase o raza. El mobilizó a los tabaqueros en la florida, los cuales se convirtieron en un sector de gran apoyo al Ejército Libertador. Martí también hizo extensa labor de propaganda para asegurar a los blancos de la clase alta que Cuba independiente no se convertida en otro Haiti ~. Por su parte, Antonio Maceo y el general Máximo Gómez mobilizaron activamente, desde el exilio, a los veteranos de las guerras pasadas hacia una nueva insurrección. Uno de sus planes, que incluía expediciones simultáneamente lanzadas desde ultramar, fracasó en 1884. En 1890 Maceo fue autorizado por el gobernador español de regresar por algunos meses a Cuba, donde él revivió el espíritu de la revolución.

 Finalmente, un plan viable de insurrección fue organizado por Martí a principios de 1895. Con el consentimiento de los veteranos principales, el comando militar supremo del Ejército Libertador fue entregado al general Máximo Gómez. A finales de enero de 1895, Martí firmó una orden para un levantamiento general en Cuba. El periodista mulato Juan Gualberto Gómez, representante del PRC en La Habana y jefe de la federación cubana de sociedades de la raza de color, estaba a cargo de coordinar el movimiento en la isla. La última Guerra de Independencia empezó el 24 de febrero de 1895, pero la rebelión fue plenamente exitosa sólo en Oriente, la región con una significativa población de ascendencia africana y una tradición de lucha contra España y en la cual la influencia de Maceo era dominante‘~. Mientras tanto,José Martí se juntó con Máximo Gómez en Montecristi, en la República Dominicana, con el propósito de invadir a Cuba. La tarea de Maceo era de hacer lo mismo con otro grupo de exiliados desde Costa Rica. No obstante, ya que Maceo solicitó más fondos de los que Martí distribuyó, Martí pasó por alto la autoridad de Maceo y le encargó la expedición de Costa Rica al general Flor Crombet, también un mulato pero de menor calibre, lo cual lastimó profundamente a Maceo ‘~. Simultáneamente, Martí escribió el Manifesto de Montecristi, o el mensaje del PRC anunciándo al pueblo cubano una guerra justa contra el colonialismo español, que él y Máximo Gómez firmaron el 25 de marzo.

 El documento planteó la necesidad de un gobierno civil a principios de la guerra, a fin de asegurar el apoyo de la élite blanca cubana y de las naciones etranjeras a la causa de la independencia y prevenir una dominación negra y una dictadura militar ~. Después del desembarco el 10 de abril de 1895 de Antonio Maceo, su hermano José, Flor Crombet, y otros exiliados, la insurrección entró en una nueva fase. Mientras el grupo de Maceo procedía hacia el interior de la provincia de Oriente, jefes veteranos, grupos rebeldes, y reclutas nuevos se ponían bajo el mando de Maceo. En cuestión de un mes, lo que había comenzado por ser un movimiento disparejo se convirtió en un ejército insurgente de varios miles de hombres que carecían de armas y uniformes pero no de entusiasmo. José Martí y Máximo Gómez desembarcaron en La Playita en Oriente diez días después de Maceo. Su pequeño grupo labró poco a poco su camino hacia las tropas de Maceo. A fines de abril de 1895, Martí dio un paso más hacia la formación de un gobierno civil al llamar a los «representativos de todas las masas cubanas alzadas» aformar una asamblea para elegir el gobierno de la nueva república. Para su sorpresa, Gómez concordó con esa decisión 15 No obstante, Martí anticipó la resistencia de Maceo, y dos días antes de encontrarse con él en LaMejorana,le mandó una carta, firme pero afectuosa, que enfatizaba el menester de establecer una «propia autoridad» en Cuba Libre trabajando «con una sola mente» con el ejército militar contra el enemigo. Martí no fue muy explicito sobre la forma de este gobierno, a excepción de que debía ser «simple y eficaz, útil, amado, uno, respetable, viable... sín peligro de choque» con el ejército ~. Finalmente, el 5 de mayo, Martí y Gómez se encontraron con Maceo en su cuartel general en La Mejorana para discutir sobre estrategia militar. Martí murió el 19 de mayo de 1895 en una escararnuza contra tropas españolas, cuatro meses antes de que los delegados de Cuba Libre eligieran un gobierno civil.

 Bajo la anotación de «5 de mayo,» el encuentro en La Mejorana es relatado en el diario de Martí de una manera intensa pero incompleta. Algunos vacíos son voluntarios,ya que Martí evitó escribir cualquier información que pudiese beneficiar al enemigo‘~. Además, las páginas que corresponden al 6 de mayo, las cuales pudiesen haber contenido más información sobre el evento, han desaparecido del archivo de Máximo Gómez donde el documento fue encontrado 8

(Continuará)

Bibliografía:

sábado, 5 de febrero de 2011

La Mejorana y la independencia cubana: un choque de ideas y liderazgo entre José Martí y Antonio Maceo. ( Parte I )


(Fotos de Internet)

Por ALINE HELO 
Universidad de Texas en Austin

Resúmen
 Este artículo reconstruye el último encuentro entre el intelectual blanco José Martí y el general mulato Antonio Maceo en La Mejorana en mayo de 1895, al principio de la Guerra de Independencia de Cuba. En seguida, examina la relación entre Martí y Maceo, basándose en la correspondencia de los dos hombres, y analiza las ideas principales en las cuales ellos concordaron y discordaron. Muestra que, sin duda, Martí se destacaba entre los pensadores latinoamericanos blancos del siglo xix por sus posiciones sociales progresistas y anti-racistas y por su papel en la formación de la nación cubana. No obstante, Maceo incorporó el proyecto social de muchos negros y mulatos pobres y aseguró la participación de ellos en la guerra. Sus ideas se distinguen de las de Martí en varios temas, notablemente la preponderancia del control militar (y no civil) en la guerra y la prioridad de la igualdad social (no de los derechos civiles) en la futura república cubana.

 El discurso político cubano del siglo xx ha usado repetidamente la imágen unida de dos de los líderes más incontestables de la independencia de la nación —al intelectual blanco José Martí y al general mulato Antonio Maceo— para aclarar la supuesta realidad de la igualdad racial en Cuba.
Tal representación transforma a Martí como si fuese el «cerebro» —la ideología— de la guerra de independencia cubana —y a Maceo en su «brazo»— en su fuerza física. El uso de las dos figuras unidas ayuda a ilustrar, de varias maneras, el mito de la igualdad racial. Esconde las serias divergencias entre los dos líderes sobre temas de mayor importancia durante la guerra, como también las muchas ocasiones en que Maceo fue relegado a posiciones subordinadas por su raza.

 Convierte a Maceo en la verdadera encamación de la Cuba independiente, libre de prejuicios raciales: después de todo, el mito alega, el hecho de que él haya logrado convertirse en el general más famoso de Cuba Libre a pesar de su ascendencia parcial africana y de su educación formal limitada, es prueba de que el racismo había desaparecido2 Además, la imágen unida de Maceo y Martí no cuestiona las jerarquías convencionales porque ella reproduce estereotipos raciales bien establecidos que reconocen la resistencia y la capacidad física de luchar de las personas de ascendencia africana pero que limitan los más altos niveles de inteligencia y análisis a los blancos.

 Como resultado, los historiadores le han prestado una atención limitada a la ideología de Maceo y a las diferentes maneras en que Martí y Maceo imaginaron alcanzar la misma meta: la creación de una república democrática cubana. Los historiadores se han inclinado en describir la lucha de Cuba por su independencia como un movimiento unitario con un maestro incontestable, Martí, y un poderoso «Titán de Bronce», Maceo. Martí es recordado como el pensador cuyas ideas de unidad e igualdad hicieron posible la última guerra de independencia; después del fracaso de la Guerra de los Diez Años (1868-78), Maceo, como el estratégico perspicaz y el combatiente más valiente en las guerras anti-coloniales cubanas. Sin duda, Martí se destaca entre los pensado- res latinoamericanos blancos del siglo XIX por sus posiciones sociales progresistas y antiracistas y por su papel en la formación de la nación cubana. No obstante, Maceo incorporó el proyecto social de muchos negros y mulatos pobres y aseguró la participación de ellos en la guerra. Sus ideas se distinguen de las de Martí en varios temas, notablemente el proceso de la emancipación de los esclavos en la Guerra de los Diez Años, la preponderancia del control militar o del control civil en la guerra de independencia, y la prioridad de la igualdad social o de los derechos civiles en la futura república cubana.

 Un evento resume bien las diferencias entre los dos líderes: es la reunión entre Maceo, Martí y el general Máximo Gómez en el ingenio de La Mejorana, cerca de Santiago de Cuba, el 5 de mayo de 1895, en donde no lograron llegar a un acuerdo sobre temas muy importantes en cuanto a la lucha por la independencia. En las palabras del intelectual cubano Pedro Pablo Rodríguez, «La Mejorana fue un choque de concepciones y liderazgo», pero, interesantemente, un choque que no dividió al movimiento~. No es de sorprenderse entonces, que los historiadores hayan vacilado en reconocer esta última reunión divisiva entre Maceo y Martí, los dos líderes que más ejemplarmente simbolizan hoy la lucha cubana por la independencia4. La desgana de los historiadores en parte se comprende por la discreción de los propios participantes. Martí, Maceo, y Gómez no divulgaron sus divergencias en aquel momento, y, sin duda alguna, el hecho de que Martí haya muerto luego después, ayudó a prevenir a Maceo y a Gómez de hacer comentarios públicos que mostrarían la falta de unidad en las fuerzas separatistas.

 En este articulo, examino La Mejorana como el último episodio de un largo debate entre dos hombres completamente comprometidos con la independencia cubana quienes murieron sin ver el final de la dominación española, dejando así Cuba Libre huerfana de sus líderes más radicales. Sostengo que las diferencias ideológicas entre Maceo y Martí, demostradas en La Mejorana, ayudan a explicar —junto con el expansionismo norteamericano y los abusos de España— la intervención de los Estados Unidos en la guerra en 1898 y las debilidades subsiguientes de los primeros gobiernos independientes cubanos.

viernes, 4 de febrero de 2011

El guerrero himno olvidado de Carlos Manuel de Céspedes y las estrofas censuradas a Perucho Figueredo. Por Javier de Castromori


Quiero darles las gracias a Javier de Castromori por su colaboración sobre el tema del Himno Nacional cubano. J.R.M.

El mismo año en que Perucho Figueredo compuso nuestro actual Himno Nacional, el protagonista del Grito de Yara, lleno de ardor y exaltación patriótica, compuso, justo después de la toma e incendio de Bayamo, otro himno que tituló: Himno Republicano.

Quizás, el Padre de la Patria tuvo la esperanza de que sus versos se popularizaran, cosa que no sucedió. Y como verdadero “hit parade” el himno de Peruchín se difundió.

Himno Republicano (Para leerlo los invito a que visiten el Blog Memorandum Vitae y así verán tambien en que año se suprimieron las estrofas del Himno cubano La Bayamesa, para no herir a los españoles).

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