Crée usted de que Cuba estaría mejor como:

martes, 24 de noviembre de 2009

Dimes y diretes. Por Pedro Ramón Sánchez Peinado

Merced a mi participación a trompicones en el blog que llevo y en el de Cuba Española, me encuentro a veces con opiniones y comentarios en verdad y en ocasiones francamente hostiles. Y es que los españoles, con demasiada frecuencia, no relativizamos que, cuando nos referimos al gobierno, hablamos de España y a la inversa.

Es lo que normalmente se confunde con "cofundir la parte con el todo". Hoy quiero hablaros de ello y aclarar algunos términos en los que sin duda veo que hay lagunas tan grandes que más parecen el Atlántico. Cuando hace unos días me refería al penúltimo (y digo penúltimo porque a posteriori han pasado más cosas) altercado entre España e Inglaterra a cuenta del Peñón, quería referirme a una cuestión política y no al sentido general de España. Con el artículo me refería a la incompetencia en esa materia de nuestro gobierno elegido democráticamente, no que los españoles seamos unos meapilas, aunque en algunos aspectos así pudiera referirlo.

Si hablamos de un país que hunde sus raices en el Imperio Romano y que por si mismo conquistó un cuarto del globo terraqueo, manteniéndolo durante mas de cuatro siglos bajo su poder, defendiendolo más de una vez con un par de redaños a falta de otras armas y gestionándolo mal que bien para lograr que la cultura hispánica calara de forma efectiva en los lugares en los que un caballo español posaba la pezuña, creanme. No somos cualquier pais. Si tras una monarquia absoluta, una república fallida, un regimen dictatorial y treinta años de transición hemos forjado una democracia sólida y de tintes liberales con amplias conquistas sociales envidia de grandes potencias, no somo cualquier país.

Lo digo porque hay quienes han aprovechado, no se si desde las altas esferas de Fidel, cosa que me agradaría en exceso pues significa que el Régimen cubano me toma en cuenta, para atacar a España merced a lo que yo publiqué en dicho artículo. No señores. España es una gran nación. Es un país envidiable, en que la libertad, cosa que no existe en la Fidelísima, nos permite elegir un gobierno cada cuatro años en las urnas. Gobiernos, que merced a si signo político hacen bien unas cosas y otras las hacen francamente mal. Hablo, sin citar, de las Azores, de Peregil, del Alakrana o de Gibraltar. España es un país con el que el cubano disidente sueña pues es una nación constitucional, democrática, parlamentaria, igualitaria y europea, cosa que no es, ni de lejos y esperemos que por mucho tiempo, El Caimán Verde.

Ahora bien. Que ahora tengamos un gobierno nefasto no quiere decir que España sea un país nefasto. De hecho, Franco apoyó la revolución, abasteció de maquinaria agrícola a la Isla y permitió manifestaciones pro-Fidel en Madrid durante los cincuenta, aún cuando la lógica y los distintos signos políticos de ambos regímenes no permitirian comprender esta asistencia. ¿Será que Cuba es algo más que un país al otro lado del Atlántico para España? ¿Será que no quedó totalmente rota la relación entre ambos estados tras el golpe de Estado del 59 e incluso desde la independencia? Yo me inclinaría a pensar que sí.

Al margen de que Cuba se reintegre a España, se anexione a Estados Unidos o se erija como una nación independiente una vez que los Castro pasen al cajón de los recuerdos, la relación hispano-cubana cómo unidad dormita en la Historia. No en vano su pérdida nos supuso una enorme depresión nacional que arrastramos de manera emocional hasta la actualidad. No en vano dió lugar a una de las mejores generaciones literarias de la Historia, la del 98. No en vano provocó una serie de cambios radicales y bruscos que transformaron la sociedad y el país desde inicios del XX hasta la actualidad.

Señores opositores a ésta idea. Yo escribo con una elevada cantidad de ironia y para comprender mis escritos ustedes tienen que mirarse dentro de sí. Tienen un españolito en su alma que les une a éste país pues en su linea de sangre, más tarde o más temprano encontraran a un nacional nacido en éste país que emigro con la maleta llena de sueños hacía la hermosa isla de la que ahora tratamos. No intente usar mis escritos contra una idea que defiendo y hago mía junto a Jose Ramón, porque sólo dejan claro que son ustedes unos pícaros malintencionados en busca de argumentos que validen su propio odio hacia Cuba y hacía España.

GUERRA DE CUBA Y PRENSA DE HEARST‏. Por Miguel Leal Cruz ( Tercera Parte)


(Máximo Gómez y Jose Marti)

(Antonio Maceo)

III.-WEYLER EN CUBA, ÉXITOS PRELIMINARES (Cont.)
Periodismohistoricosl.blogspot.com
Las medidas tomadas por Weyler, no amilanaban a los mambises de Maceo, que habían recibido material de guerra —expedición de Leyte Vidal— y se hallaban dispuestos para combatir en una gran batalla contra las fuerzas españolas venidas a su encuentro desde la trocha de Mariel. El 14 de octubre, sólo unas días antes de las “duras” instrucciones de Weyler, un corresponsal escribía: “En el presente, estando mejor organizados y bien abastecidos con armas y municiones —se refiere a los rebeldes bajo las órdenes de Maceo que han alterado sus tácticas, casi estáticas hasta aquel momento— y están ofreciendo resistencia a las tropas españolas. En los últimos días han tenido lugar cinco choques bastante serios... la crudeza con la que ambos bandos combaten, es una indicación de que la guerra ha entrado en una fase nueva y más activa”.

Estas circunstancias, contribuirían sin duda a la decisión tomada por el General Weyler para dictar órdenes de carácter más represivo al objeto de “controlar la situación adversa”.

El primer combate de Maceo, tras recibir los nuevos suministros, tuvo lugar el 23 de septiembre en la localidad de Montezuelo. Los españoles se retiraron del campo de batalla con 68 bajas, pero fue en el decisivo combate de Ceja del Negro, el primero de octubre en el que los españoles, a pesar de la superioridad numérica, sufrieron una importante derrota, puesto que sus columnas fueron barridas por la eficaz artillería de Maceo —nuevos cañones de construcción norteamericana traídos a Cuba por filibusteros yanquis, como se apuntó—. No obstante, la victoria de Maceo le supuso doscientas y más bajas, la mitad de sus efectivos en aquel momento, con que se mantuvo frente a los continuos ataques del ejército español, más organizado y mayor en número; si bien su optimismo y espíritu de victoria no decaía, y de lo que siempre hizo gala el general mambí[9] hasta su heroica muerte más tarde…

El 29 de octubre recibió órdenes de Máximo Gómez, pidiéndole que atravesara urgentemente las trochas y regresara a Camagüey en su ayuda. No era la primera vez que el general en jefe del ejército rebelde le hiciera tal petición, que siempre logró sortear por entrañar claro peligro. Esta vez la cosa era más seria, debido a las graves disensiones en la cúpula política del gobierno revolucionario cubano a la cabeza de Cisneros Bethencourt, otro isleño, con el que Gómez discrepaba militarmente y por su forma de ser: individualista y egocéntrica; también por que el signo de la guerra cambiaba, favorable para el ejército español consecuencia de la nueva táctica empleada por Weyler en el mando.

Como bien apunta Philip Foner, citado: No había nada nuevo, en estas incongruencias del mando civil y militar cubanos. Durante muchos meses ciertos miembros del gobierno civil habían llegado a irritarse extremada mente por su propia falta de importancia a causa de la fuerte individualidad de Gómez; éste insistía obstinadamente en vigorizar la política que consideraba esencial para la victoria. Cada vez estaban más reticentes sobre la forma en que Gómez sumariamente desechaba sus planes para obtener dinero, haciendo excepciones para su política de destrucción... su política terca de destruir toda la riqueza. Hubo momentos de verdadera división entre los líderes revolucionarios. Sin embargo, el general en jefe dominó la disputa y sus oponentes renunciaron, obedeciéndole.

Máximo Gómez, al solicitar la comparecencia de Maceo, era plenamente consciente de la importancia que para la causa llevaba a cabo el general de color en la zona del oeste de la isla —pero también el peligro que implicaba cruzar las líneas españolas—. Como el mismo Gómez señaló a Estrada Palma, el hecho de que los españoles tuvieran que concentrar tantas fuerzas contra Maceo les había debilitado en muchos otros lugares estratégicos, dando lugar a que se reorganizaran y se hallaran a punto operaciones militares en Guantánamo, Santiago o Camagüey. También Maceo había llevado a cabo una organización militar eficaz “con hombres bien entrena dos” y en su tomo “el mito de la invulnerabilidad del sistema de la trocha que creara Weyler”.

A la vista de estas circunstancias, queda claramente descubierta la existencia de una gran crisis que ponía en peligro la misma Revolución, que tan firme parecía unos meses antes, circunstancia que no es ajena a la táctica militar de Weyler. Maceo, que se dispuso a acatar la orden cuyo cumplimiento le costaría la vida, conociendo al viejo general dominicano, intuyó la gravedad de la situación y que tal requerimiento fue decidido sólo después de un cuidadoso análisis por Máximo Gómez.

Antonio Maceo, dispuesto a cumplimentar el llamamiento de su superior, comenzó la marcha hacia sofisticada trocha de Mariel, que obligatoriamente habría de sortear. Era esta la línea preferida de Weyler transformada en un formidable obstáculo militar, equipada con luces eléctricas, torreones con vigilancia y guardada por cerca de 15.000 soldados españoles; no era, sin embargo, un obstáculo insalvable, puesto que el 18 de agosto, el asistente negro de Maceo, Quintín Banderas, sigilosamente la había atravesado con cien hombres, aspecto éste que animó a Maceo, sin duda. La historiografía cubana aporta todo lujo de detalles en torno a estos sus “heroes”, la mayoría muertos en combate.

El 9 de noviembre el líder de color en su avance se encontró con las columnas de vanguardia de Weyler que logró sortear con habilidad y esfuerzo, con pérdida de un tercio del contingente que le acompañaba. Al día siguiente quedó rodeado por el grueso de la fuerza española —18 batallones de infantería y 6 batallones de artillería, un total de 6.000 hombres— al mando directo del propio general contra el que Maceo, sólo podía enfrentar unos 150 hombres al haber perdido otros tantos en choques habidos con el enemigo, como así apuntan fuentes cubanas.

El 11 de noviembre, después de burlar el acoso, Maceo se encontró ante la línea fortificada, totalmente contrariado, puesto que marchaba con retraso a lo previsto y al comprobar la verdadera fuerza de la trocha, que le impediría cruzarla con facilidad, se propuso permanecer oculto con sus hombres de máxima confianza, a la espera de información que le llegaría el 25 del mismo mes. Conocida la información optó por rodear la trocha por el mar a la altura de Mariel, en barco, con diecisiete hombres escogidos. En la noche del 4 de diciembre consiguieron pasarla, burlando la guarnición española y la cañonera costera -por la neblina existente-, y se refugia en La Merced, un trapiche abandonado, hasta contactar con unidades rebeldes de la provincia de La Habana, previamente avisadas del plan que había sido puesto en marcha en la localidad de San Pedro. Dicho plan consistía en atacar la población de Marianao, muy próxima a La Habana, y una vez que se obtuviera éxito en la acción, podría significar, a decir de Maceo, la inmediata destitución del general en jefe español, Valeriano Weyler y Nicolau, por el Gobierno desde Madrid…

Sin embargo, es necesario recordar aquí el conocido tópico extraído del refranero español que dice: El hombre propone y Dios dispone, a lo que habríamos de añadir, que es éste otro oscuro acontecimiento que la Historia guarda todavía en sus demasiados secretos o en muchas incógnitas indescifrables[10]; a decir de historiadores cubanos la pérdida del valeroso general, empecinado en liberar a Cuba e independizarla de España[11], texto que lo expresa, a partir del momento que Maceo cruzó la trocha por Mariel, de la forma siguiente: Provisto de caballo, cedidos, por las fuerzas -insurrectas- de la provincia de La Habana al mando de Sánchez Figueroa -coronel jefe de la brigada del sur que había acudido a la localidad de San Pedro de Hernández, Punta Brava-, se dirigió con 72 hombres a dicha población de San Pedro. Sorprendidos por numerosas fuerzas al mando del Coronel español Cirujeda, entablándose (sic) un combate que Maceo estimaba ganado por sus hombres -realmente disponía de pocas fuerzas-. Pero allí moriría cruzado a balazos, el héroe epónimo de la Nación, el revolucionario más consecuente y decidido de nuestras gestas libertadoras. Junto a él también caía -crueldades del destino-, el hijo del General en Jefe, Pancho Gómez Toro, que acompañaba a Maceo para reunirse con su padre a requerimiento de éste. Añade dicho texto que con esta muerte perdía la revolución del 95 al hombre capaz de librar el Ayacucho cubano, antes de que el imperialismo norteamericano, al que Maceo defenestraba por temor a las apetencias ya desatadas sobre Cuba, desencadenara la intervención armada en el Caribe, y con la seguridad que al igual que en «la protesta de Baraguá”, el 15 de marzo de 1878, ante Martínez Campos -existe el convencimiento de que Maceo, jamás hubiera aceptado la afrentosa Enmienda Platt. El profesor cubano don José Cantón Navarro, en su libro Cuba: El desafío del Yugo y la Estrella, ya citado, sobre la muerte del líder negro, en la página 68, indica: Al morir el Titán de Bronce presentaba en su cuerpo 26 cicatrices de arma de fuego. Había peleado en más de 900 combates y le rodeaba una leyenda de invulnerabilidad, por lo que fue muy difícil para las tropas mambisas aceptar la realidad de su caída. Cuba perdía con él, no sólo a un jefe militar y guerrero extraordinario, sino también a un líder de pensamiento revolucionario radical y de una lealtad extrema a la causa independentista, a la unidad de las fuerzas patrióticas por las que murió y del pueblo en general, así como a los ideales anti-imperialistas, latinoamericanistas e internacionalistas que guiaron su vida. Clásica postura revolucionaria, obtenida, posiblemente, del biógrafo del líder: José L Franco.

Otras fuentes de investigación histórica, profundizan y añaden datos sobre este hecho de gran repercusión en la prensa[12] y en el mundo de la época España lo celebró como triunfo militar e incluso en Canarias, en cuya capital, Santa Cruz de Tenerife sede de La Capitanía General, a cuyo frente estuvo Weyler desde 1878 a 1883, hubo “todo tipo” de celebraciones. Al difundirse por esta capital la muerte de Antonio Maceo, el capitán general, un navarro de bigote felpudo y traza avinagrada, a decir de Raúl Roa, p. 214, ya citado, organiza un ostentoso Te deum y una demostración pública de júbilo. Refiere que muchos isleños permanecen ausentes de estos actos, al igual que ocurriera con la caída y muerte de Agramonte, ya que se sienten canarios y no españoles. Los peninsulares que desfilan al frente del desordenado cortejo portan la efigie del general Weyler. Llenan el aire con insultos, bravatas y groserías. Algunos manifestantes, ebrios de alcohol y de sevicia, proponen a gritos asaltar las casas de Ramón Roa[13], el cubano desterrado a Canarias por orden de Martínez Campos, y de su amiga Aurelia Castillo González. Ramón Roa, dice su nieto, les espero revólver en mano en la azotea de su casa santacrucera, en compañía del amigo isleño, su protector Manuel Rallo, que había desempolvado su escopeta de caza. Los provocadores sólo se atreven a merodear por las inmediaciones. Días después aparece embarrada de inmundicias la puerta del Cabildo Insular, y es a partir de aquel momento cuando la Guardia Civil española (la Policía) perseguiría a Roa a todas partes.

Es lógico, que este singular acontecimiento, desde cualquier perspectiva, produjera en los cenáculos políticos, la prensa y la opinión pública de la época, el consiguiente «revuelo» en cuanto a las opiniones vertidas sobre el hecho y sus consecuencias para la insurrección cubana derivada a plena guerra, que podría derivar más aún a favor de España.

Los corresponsales tergiversaban las noticias a conveniencia de sus líneas de acción periodísticas. En la prensa neoyorquina, la que más de cerca seguía los acontecimientos, se dijo que Maceo había sido asesinado a traición o que le habían invitado a parlamentar y en el acto le habían matado. El Congreso norteamericano se reunió más de lo normal, y sus acuerdos oscilaban desde resoluciones pro-beligerancia como la de Cameron o actitudes más racionales como las del propio presidente Cleveland, tratan do de frenar la oleada bélica, aunque, el día en que murió Maceo, fue obligado a admitir en su mensaje al Congreso el siguiente texto: “Habiéndose manifestado la incapacidad de España —todo lo contrario en aquel momento— para habérselas con la insurrección cubana... nuestro deber para con la soberanía de España será reemplazado por deberes más altos que difícilmente podemos vacilar en reconocer y cumplir”, refiriéndose a la declaración clara de beligerancia, en la que intervendría Norteamérica con ayuda material y humana. Sin embargo añadió: “Si España ofreciera a Cuba una verdadera autonomía (una disposición autonomista) que, manteniendo la soberanía de España, satisfaciera (sic) todas las demandas racionales de los súbditos españoles, no habría un verdadero motivo que impidiera la pacificación de la isla”.

Como era de suponer esta propuesta de Cleveland, no satisfizo a los que realmente deseaban “la guerra y sus consecuencias”, proponiendo el senador Cameron el reconocimiento a la “República Cubana”, que fue aprobada bajo la influencia que la prensa impuso en la versión dada a la muerte de Maceo, “como un crimen más cometido por los españoles en América”, influyendo igualmente, entre los congresistas y opinión en general, las caricaturas grotescas que desde La Habana enviaban al periódico The World, sus dos empleados de confianza Remington y Harding, expresamente enviados para tal fin por el expresado rotativo considerado, a través de la línea editorial[14] seguida por su director Hearst, incitador de la guerra, el más independiente del momento y más anti-español de la prensa norteamericana, a quien España debería recordar la misma política defensiva para “la masacre” de indios en las reservas asignadas en aquellos territorios que fueron españoles. Es conocido que después de la victoria de las denominadas Trece colonias inglesas en el este norteamericano, sobre los ejércitos de la madre patria, sin perjuicio de la presencia anterior de holandeses, los propios indios autóctonos o los españoles al sur, comenzaron la feroz expansión hacia el Oeste y a costa de territorios en Florida que España y Francia han de ceder así como amplios territorios de indios deportados por la Ley de Traslados de Jackson, queda así consolidado un amplio territorio hasta la frontera de Méjico recién independizado de la Corona española, que la política “yanqui” de carácter imperial, hará suyos.

(Continuará)

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[9] Estas noticias eran recogidas por cablegrama en toda España enviados desde La Habana y editadas en diferentes periódicos. Se destaca El Diario de Tenerife, ampliamente consultado para esta exposición de hechos.
[10] Nos referimos al hecho valeroso protagonizado por Maceo, en cumplimiento de órdenes superiores, cruzando una línea militar tenida por inexpugnable, sin hombres, sin información, y conociendo que al otro lado le esperaba su mayor enemigo, que tenía como orden del día permanente la caza y captura del general rebelde que más le incomodó en la contienda cubana a la que fue enviado desde España con un único fin: ganarla haciendo uso de su conocida efectividad en el campo militar.
[11] Fuerzas Armadas de Cuba, La Habana, 1972, ya citado. En la p. 436, de forma breve y escueta, se analiza este lamentable hecho para la historia de la Isla. Tal vez de forma chauvinista…que todo país da a sus héroes.
[12] Efectivamente la táctica empleada ahora por España en la guerra, con la intermediación valiosa de Weyler, comenzaba a dar resultados, y sin lugar a dudas la muerte de Maceo fue una importante victoria de los españoles, como antes fue la de Martí, Agramonte o el mismo hermano del líder, que podrían cambiar el curso de la guerra.
Sobre la muerte, gloriosa sin discusión, del general de color, y de las circunstancias en las que tuvo lugar existen numerosas versiones, algunas de ellas verdaderamente epopéyicas.
Foner, describe el hecho de la siguiente forma, tomando referencias del historiador cubano José L. Franco; El valiente y osado Maceo, una vez sorteado la trocha de Weyler por Mariel, y entablado contacto con las fuerzas rebeldes de La Habana —San Pedro—, decidió perseguir y aniquilar a los españoles, instalados en las proximidades y viendo un grupo de infantería enemigo, tras una alambrada a su izquierda, Maceo ordenó cargar a los cuarenta y ocho hombres que estaban alrededor de él. Los jinetes cubanos se vieron detenidos por la valla, y los soldados españoles de a pie concentraron fuego pesado de rifle contra ellos. Maceo ordenó al comandante Juan Manuel Sánchez, cortar la alambrada y envió al general de brigada Pedro Díaz con un pequeño grupo hacia la derecha en un movimiento de flanco. Después de dar estas órdenes, Maceo se inclinó hacia Miró, su ayudante y cronista, y gritó “esto va bien”. Estas fueron sus palabras puesto que una bala le dio en la cara. Dejando caer el machete, el caudillo cayó pesadamente de su silla mientras que al mismo tiempo unos doce hombres de la escolta del comandante Sánchez caían también bajo las balas españolas. Con el fuego enemigo en aumento, algunos de los rebeldes trataron de ayudar a Maceo y otros intentar detener a los españoles. El coronel Nodarse intentó colocar a Maceo, aún vivo, en un caballo y sacarlo de la escena de la batalla, pero mientras dos hombres alzaban a Maceo herido para colocarlo sobre un caballo, el caudillo recibió otra herida de bala, esta vez en el pecho. El jinete que trataba de sujetar a Maceo también fue desmontado por un disparo. El teniente Francisco Gómez Toro, el joven hijo del general en jefe de la contienda Máximo Gómez, acudió en ayuda de Nodarse para trasladar a Maceo cogido por brazos y piernas. Al ser herido el teniente Gómez, el coronel le ordenó que marchara del lugar, negándose, siendo herido de nuevo con mayor gravedad y yendo a caer sobre el cuerpo del general Maceo, exánime. El coronel Nodarse herido logró, no obstante, escapar de los españoles que se acercaban.
Añade el mismo autor que “el cuerpo del Titán de Bronce fue abandonado al enemigo. Los españoles quitaron las ropas y otras cosas de valor del cuerpo de Maceo y de otros rebeldes muertos, Evidentemente no reconocieron que aquel era el cuerpo del fabuloso y legendario líder mambí, porque, de saberlo, hubieran aprovechado la oportunidad de mostrar su cuerpo en La Habana. Los españoles supieron ya tarde que uno de los cuerpos de los rebeldes muertos, y los cubanos, después de hacer huir a las tropas enemigas recobraron los cuerpos. El de Maceo fue llevado a una casa abandonada en las proximidades. A las 3 de la tarde de la mañana del 8 de diciembre de aquel año, el héroe negro de la independencia cubana, en las dos principales guerras, era enterrado, junto con Panchito Gómez Toro, en un lugar llamado Cacahual, en Santiago de las Vegas”.
Días más tarde, el periodista destacado en La Habana, escribía el 14 de diciembre: “Weyler de forma accidental ganó la larga batalla entablada con Maceo. La muerte accidental del líder, a las puertas de La Habana... es sin duda un gran éxito para nuestro general... No se puede negar que este acontecimiento producía un fuerte impacto en la causa revolucionaria, por ser (Maceo) el líder más popular y conocido por su gran influencia entre los cubanos”. A partir de este momento, la guerra contra España la capitaneará totalmente el otro gran líder y viejo general dominicano que luchó junto a Weyler en Santo Domingo contra los haitianos (1864-65), Máximo Gómez, cuyo protagonismo continuará una vez liberada Cuba en 1899, de España, no de los EEUU.
[13] Raúl Roa, Memorias, que fue miembro de la política cubana, en la biografía escrita para conmemorar el centenario de la Guerra, en alusión a su abuelo, lo define “como un mambí de pluma y espada”. Nació rico, peleó por la independencia de Cuba y murió pobre. Es el prototipo del hombre que define el año 1868, pero que en 1895 es desterrado a Santa Cruz de Tenerife por el gobierno español en Cuba, ciudad donde vivió perseguido hasta la paz de París que dio término a la guerra, regresando a Cuba pobre y enfermo, con el alma agradecida a los muchos tinerfeños que le ayudaron en horas muy amargas. Memorias, La Habana, 1998 p. 212 y 213.
[14] La influencia de la prensa en los grandes acontecimientos políticos es notable a partir del siglo XIX. William Randolph Hearst, es considerado el prototipo que puso en práctica dicho máxima durante el expansionismo de su gran país en dicho período decimonónico y especialmente contra España durante la Guerra de Cuba y más tarde en las dos contienda mundiales y posterior periodo de la “guerra fría”. Apreciamos la ambigüedad informativa y nefasto estilo periodístico de este magnate de la prensa que fue el más feroz enemigo de España en la América anglosajona durante la contienda cubana, cuyo enconamiento en parte se le achaca, incluso su presunta relación con la voladura del acorazado Maine en el puerto de la Habana el 15 de febrero de 1898 que sentenció el contencioso.
Continuó en su afán de crear la gran América y su “destino manifiesto” con uso de lo que se llamó “bastón duro” para que su país fuera el líder mundial indiscutible, que, tras la política de buena vecindad de F D Roosevelt, aún mantiene en la actualidad. N d A

lunes, 23 de noviembre de 2009

Video del crucero Kungsholm en La Habana de 1929


Verán vistas del Templete, el Palacio de los Capitales Generales, El Palacio Presidencial, la Quinta Avenida de Miramar, etc.
Muy interesantes y una cortesía de Eón Flux

GUERRA DE CUBA Y PRENSA DE HEARST‏. Por Miguel Leal Cruz (Segunda Parte)











(General Weyler y el General Martinez Campo)

III.-WEYLER EN CUBA, ÉXITOS PRELIMINARES (Cont.)
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Informados los españoles que las fuerzas de Maceo y Gómez, se habían reunido en la Finca El Boniato, lanzaron contra ellos cuatro fuertes columnas, concentradas en La Habana, obligando a las fuerzas mambisas a retirarse, decidiendo sus jefes desplazarlas hasta la provincia de Matanzas limítrofe, a la espera de las decisiones que tomará Weyler. Efectiva mente, el nuevo Capitán General, a su llegada, procedió a la reorganización del ejército español en Cuba, tal como había previsto. Creó tres cuerpos y un buen servicio de información y espionaje, sin olvidar la fundamental naturaleza defensiva usada como estrategia militar española a lo largo de la guerra cubana, así como la división de la isla en tres zonas.

Su meta fundamental era asediar a las fuerzas de los insurrectos en las provincias occidentales, especialmente Pinar del Río, para aplastarlas contra la línea de las trochas, sobre todo en la que él creará entre Mariel y Majana. Proceso que repetirá contra la de Morón-Júcaro, mandada construir por Martínez Campos y así controlar y derrotar a las fuerzas mambí entre ambas trochas, y finalmente, confinados los insurrectos en el extremo oriental, serían finalmente derrotados por el ejército español mayoritario y mejor dotado que el revolucionario cubano. Mientras tanto, la política de reconcentración ideada, continuaría funcionando para privar a los rebeldes del apoyo de los campesinos, “yanquis”, así como por la falta de información a lo que se sumaba la miseria creada entre ellos, lo que harían disminuir el deseo del pueblo cubano[7] por resistir.

Estos magníficos augurios de Weyler, estuvieron a punto de confirmarse en el verano del siguiente año, 1897, de no haber surgido el acontecimiento político, que sin duda marcó y cambió radicalmente el devenir de la guerra y su resultado político final: el asesinato del presidente del Gobierno español Cánovas del Castillo, en San Sebastián, el 8 de agosto de dicho año en circunstancias extrañas y que influiría en el curso de la guerra.

Con aquel objeto preconcebido Weyler, una vez comprobado “in situ” lo grave de la situación, publicó una serie de bandos que afectaban prácticamente a todos los aspectos del quehacer cotidiano de los habitantes de Cuba, especialmente el de la reconcentración, definitiva a fines del año, ya ideada por Martínez Campos y que nunca puso en práctica, y al que dedicamos un apartado sobre las consecuencias y resultados de esta política de desplazamientos humanos masivos. El 19 de febrero, dos días después de la firma de tales bandos, sus principales enemigos en la contienda los generales cubanos Antonio Maceo y Máximo Gómez, se entrevistaron en Soto para discutir las órdenes dictadas por Weyler, llegando a la conclusión que tales medidas, que afectarían mayoritariamente al pueblo cubano más pobre y miserable, serian a la larga beneficiosas a la causa, al comprender los mismos cubanos que el enemigo común a batir era el ejército español y su administración en la isla. Si bien no fue esta predicción la que cambiaría el curso de la guerra, sino el asesinato del presidente español Cánovas del Castillo y destitución del General.

Ambos acordaron que a partir de aquel momento evitarían los encuentros con las tropas que Weyler formaba en las cercanías de La Habana; en su virtud modificaban la táctica a seguir y los lugares en que operarían, de tal forma que Gómez actuaba en las provincias centrales de la isla y Maceo continuaría la guerra en la región occidental. El día 23 de febrero, El Titán de Bronce ya estaba operando en el valle del Guamacaro de la zona de Matanzas, y en el molino La Perla celebraron el primer aniversario de esta Revolución con una fiesta.

La desaparición del general de color en la Provincia de La Habana produjo el consiguiente rumor sobre su muerte, táctica que los españoles ya habían usado, pero la acción protagonizada por él mismo en el lugar conocido por La Perla, el 25 de febrero, hizo ver que no era cierto.

El 10 de marzo, Maceo y Gómez se encontrarían de nuevo, esta vez en el lugar conocido como El Galeón, última en que ambos próceres de la independencia cubana se unieran, toda vez que Maceo moriría más tarde en lo que parece fue una emboscada. Ratificaron sus anteriores acuerdos sobre la guerra a seguir y Maceo se dirigió a Pinar del Río, atravesando la provincia de La Habana con gran burla (sic) para las tropas españolas, y al propio Weyler que había prometido pacificar la provincia de Pinar del Río, como primera medida de carácter militar.

Pero el general español, no aceptó tal afrenta con ligereza, y decidió encerrar a Maceo al construir la nueva trocha, que tenía ideada desde su salida de España, modernizada, y equipada con luz eléctrica, a través de la estrecha cintura de la isla que va de Mariel a Majana, situada en el limite provincial entre La Habana y Pinar del Río; en su afán de vencer a Maceo concentró gran número de tropas con olvido para otros puntos claves y estratégicos de la isla en guerra general. Las acciones continuaban con singular ferocidad. Desde la región central, Máximo Gómez enviaba una circular, el 15 de abril, desde su cuartel general ambulante, declarando las órdenes a seguir en torno a la zafra del azúcar: “Los propietarios de los molinos que continúen moliendo.., serán ahorcados inmediatamente. Sólo es necesario identificarlos”. La función desempeñada por la «tea bendita», como la llamó el apóstol de la independencia cubana José Martí, muerto en combate en la localidad de Dos Ríos al inicio de la guerra, continuaba por sembrados, campos y haciendas, al objeto de hacer ver a cubanos y no cubanos que la guerra era total y definitiva. Maceo esquivaba en la provincia pinareña la batalla campal como táctica a seguir ya acordada, si bien a veces se enfrentaba irremediablemente, obligado a librar encuentros esporádicos contra el acoso de los españoles, cual fue el caso de la batalla de Cacarajícara, el 30 de abril. Allí perdió 200 hombres y más tarde 39 en Las Lajas, consecuencia del sistema defensivo y ofensivo ideado por Weyler desde la nueva trocha. Máximo Gómez desde su cuartel oriental, igualmente permanecía a la expectativa sin deseo de enfrentamientos directos, pero no por ello inactivo, puesto que la táctica de “tierra quemada” asombraba al mundo por su incidencia negativa para la subsistencia y para la infraestructura económica, ya casi totalmente destruida.

A mediados de 1896, Cuba presentaba un aspecto desolador con las haciendas azucareras inactivas. La mayoría de la población masculina se había unido a los rebeldes o a las fuerzas españolas de guerrillas para no morirse de hambre. Sin medidas sanitarias la viruela se extendía por todas partes, a la que se unía las fiebres típicas del verano en esta región tropical, anidando fácilmente con el hambre y la miseria.

Weyler luchaba contra todo tipo de adversidades además de otra seria dificultad en el interior mismo de La Habana por falta de verdadera adhesión a la causa española. Él mismo, dejó escrito: Muchos gérmenes de separatismo, que conspiran para ayudar a los rebeldes por todos los me dios. Las fábricas de tabacos son sus centros oficiales, pues allí, los lectores leen libros y artículos separatistas, junto con noticias, falsas o exageradas, del transcurso de la guerra, fomentando así entre los trabajadores el odio hacia España... Los sábados, después de recibir su paga semanal, se hace una colecta a favor de los rebeldes. Todo esto, dada la destrucción de las plantaciones de tabaco, sobre todo en Pinar del Río... y los empleados en paro, influidos por la propaganda, van, de un modo natural, a sumarse a las filas de la insurrección.

El duelo de Weyler y Maceo continuaba en el otoño, sin que las fuertes lluvias de aquel año lo impidiera (sic), según F. Foner. El general de color permanecía en las montañas de Pinar del Río, sin atreverse, o por que no lo consideraba conveniente, a romper la línea fortificada de Mariel-Majana. Valeriano Weyler, el 21 de octubre, dictó una de las primeras órdenes de “concentración”, para la región que controlaba Maceo que rezaba: “toda la población de Pinar del Río que viviera fuera de las fortificaciones de las ciudades habría de trasladarse en un plazo de ocho días. A partir de entonces se consideraría rebelde a todo el que se encontrase fuera de una ciudad fortificada y se le trataría como tal. Los que tuvieran ganado habrían de llevarlo a la ciudad más próxima”. Dos semanas más tarde el propio Weyler comenzaba “la cacería” del que fue su más feroz enemigo en la guerra cubana: José Antonio de la Caridad Maceo y Grajal[8], general mambí de Santiago, tez oscura, al que los cubanos llamaron y llamarán siempre “El Titán de Bronce”, biografiado con variedad de detalles por el historiador cubano José L. Franco en Apuntes para una historia de su vida, 3 tomos, La Habana 1973. De él dice: “El general Maceo representa el sentimiento de lucha, el espíritu de sacrificio, la generosidad humana, la nobleza, el orgullo nacional y la intransigencia revolucionaria, en un siglo de combates”.

(Continuará)
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Foner, Philip S.: La guerra hispano-cubano-norteamericana, 1895-1898 y el nacimiento del imperialismo norteamericano, Madrid, 1975, aludiendo a la obra que dejó escrita el mismo General Weyler: Mi mando en Cuba. Madrid, 1910, vol. II, p. 538- 540, y que su nieto Weyler y Puga comenta.
[8]Antonio María de la Caridad Maceo y Grajal, nació en Santiago en 1845 y murió combatiendo en San Pedro. Punta Brava, La Habana, en diciembre de 1896. De ascendencia africana como tantos cubanos, se incorporó a la guerra de Yara, en 1868, con toda su familia luchando durante los diez años que duró hasta el pacto de Zanjón, que no acató, protestando ante el mismo Martínez Campos en Baraguá antes de marchar al exilio. Asumió la dirección de la nueva y definitiva guerra de 1895 junto a Máximo Gómez y José Martí, liderando la campaña denominada como la Invasión del oeste, desde oriente y que culminó en Mantaña la parte más occidental de la isla, provincia de Pinar del Río. Requerido por Máximo Gómez desde Camagüey, tras un recorrido suicida por territorio que dominaba Weyler, murió combatiendo cuando fue sorprendido, en diciembre de 1896, próximo a La Habana centro neurálgico de la administración española, cuando intentaba atacar la localidad de Marianao.
Su padre, Marcos, era de origen venezolano y también había muerto en combate duran te la toma de Santa Cruz del Sur, en septiembre de 1873.

domingo, 22 de noviembre de 2009

LA MÚSICA QUE BAILABAN NUESTROS ABUELOS


PARA TUS MUCHOS VISITANTES, SOBRE TODO PARA HISPANOS (y norteamericanos, igual)
VINCULA DE FORMA SINGULAR , QUE SE VEA, LO QUE SIGUE TAL COMO APARECE, INCLUIDO ANAGRAMA RNE (RADIO NACIONAL DE ESPAÑA) QUE ES LA FUENTE QUE SE HA DE CITAR, Y LA CARÁTULA DEL DISCO COLUMBIA (SELLO USA, COMO SABES) Y COMPROBARÁS QUE TE LO AGRADECERÁN MUCHOS AMANTES DE LA BUENA MÚSICA DEL GRAMÓFONO DE LOS AÑOS 30 A 5O PASADOS. Y QUE SE ACTUALIZA CADA SEMANA, CON NUEVO PROGRAMA, AL MENOS EN MI BLOGS

TE SALUDA, AFECTUOSAMENTE
MIGUEL LEAL,
CANARIAS-ESPAÑA

PUBLICADO POR HISTORIA_PERIODISTICA

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