Crée usted de que Cuba estaría mejor como:

miércoles, 8 de septiembre de 2010

Los supuestos nativos de Cuba eran tan inmigrantes como los españoles


(Grabado de 1558)

Migraciones prehispánicas hacia Cuba
Artículo principal: Aborígenes cubanos

  • Primera Migración: 8000 a. C. Desde el Golfo de México y Norteamérica. Cazadores paleolíticos que venían del Missisippi, la Florida y Bahamas detrás del "perezoso gigante" Megalocnus rodens, el manatí, el almiquí, la jutía y otros.
  • Segunda Migración: 4500 a. C. desde Centro y Suramérica, especialmente los territorios que ocupan México, Honduras y Venezuela. Se establecieron en la costa sur de Cuba (Ciénaga de Zapata, Isla de Pinos y Guanahacabibes). Pescadores de plataforma y recolectores de litoral. Usaban cuchillos, percutores, morteros con conchas, picos, etc. Se encontraban en el Matriarcado y enterraban a sus muertos.
  • Tercera Migración: 500 a. C. desde la Florida y el valle del Missisippi. se asentaron en Matanzas y se extendieron por esa zona de la costa norte.
  • Cuarta Migración:Siglo VI d. C. Primera migración de taínos desde Las Antillas y se ubicaron fundamentalmente en la zona oriental de Cuba, alrededor de la actual Banes. Introdujeron el maíz, la yuca, el tabaco y muchos utensilios de la economía agroalfarera. Poseían rituales y tenían una organización social.
  • Quinta Migración: Primera mitad del siglo XV d. C. Utilizaron la misma ruta migratoria que sus antecesores y se asentaron esencialmente en Mayarí. según el Padre de las Casas, eran los taínos, procedentes de la costa de Venezuela,, estaban más adelantados y practicaban la agricultura del maíz y la yuca, además de la cerámica , los anteriores fueron los siboneyes y los más antiguos pobladores de la isla fueron los guanajatabeyes.
Se discute aún si el Siboney fue anterior al Guanajatabey o si este lo precedió en su llegada a Cuba. Los restos del Guanajatabey fueron descubiertos por el Ing. José A. Cosculluela en el montículo de Guayabo Blanco en la Ciénaga de Zapata, a fines del año 1913. pertenecía al período o cultura de la concha; su artefacto característico era la gubia, su cráneo sin deformar, grande con 1382 c.c. de capacidad, Lipsi-Subbraquicéfalo. Ha sido nominado por los sabios del Grupo Guamá, "Hombre de Cosculluela". Vivió en toda la isla, pero en el momento del descubrimiento había mermado notablemente y se había refugiado en la parte occidental de Cuba, actual provincia de Pinar de Río y en algunos cayos en la costa sur de la isla. No se conoce con exactitud su procedencia. En tiempo le siguió el "Siboney", el verdadero cubano. Pertenecía al período segundo o cultura de la piedra. Sus instrumentos característicos eran la gubia, bola y daga. Sus asientos típicos fueron: Pico Tuerto del Naranjal, Cayo Redondo y Soroa. Su cráneo pequeño sin deformar, 1165 c.c., Mesosubbraquicéfalo ha sido denominado Hombre de Montané. Habitó en toda la isla y cuando ocurre el descubrimiento había sido sojuzgado por el Taíno que fue el último y más adelantado de los indígenas. Pertenecía al período tercero o cultura de barro o alfarería; sus instrumentos característicos fueron las hachas petaloides y las vasijas de barro. Sus lugares típicos: Baracoa, Banes, Morón y Cienfuegos. Su cráneo tenía deformación tubular oblicua, y un promedio de 1435 c.c. de capacidad craneal (según Broca la capacidad media del cráneo de la raza germánica en el siglo XIX era de 1534 c.c., la de la negra 1371 y la de la australiana 1228). El Siboney era de origen Aruacos procedentes de América del Sur, sus lenguajes eran muy parecidos y con raíces semejantes.

Nota: Resulta que los que llamamos "Nativos", eran tan extranjeros como los españoles, así es que no traten mas de crear sentimientos de culpa sobre la colonización española en Cuba. J.R.M.

Biografía Wilkipedia

Abuelos en Cuba, nietos en España


Del ABC Internacional

Más de 70.000 ciudadanos españoles que viven en la isla aprenden catalán, escuchan gaitas asturianas o toman cursos de gastronomía para no olvidar sus raíces


Aprenden catalán, escuchan gaitas asturianas o toman cursos de gastronomía castellana: son miles los ancianos españoles establecidos desde hace décadas en Cuba y que intentan mantener las raíces con una patria que algunos ni siquiera han pisado. Hay 70.000 ciudadanos españoles residiendo actualmente en Cuba, de los que 17.000 han accedido a la nacionalidad en 2009 -y se prevé sean más en 2010- gracias a la controvertida "ley de nietos" que ha permitido reclamar pasaporte a los emigrados desde España entre 1936 y 1955. 

Son abuelos y hasta bisabuelos en Cuba, pero tienen con España una relación de nietos, ya que algunos tienen que remontarse dos o tres generaciones para identificar al hombre que llegó con una maleta allá en los años veinte o treinta de una España depauperada a una Cuba próspera. "España redescubrió a sus emigrantes en los años 90" -cuenta Sergio Rabanillo, presidente de la Federación de asociaciones de Castilla y León y él mismo nacido en La Habana-, y con las ayudas consiguió revitalizar unas sociedades de emigrantes que languidecían en una Cuba castrista que había nacionalizado todas sus propiedades. Proliferan entonces en las asociaciones canarias, gallegas, vascas o asturianas los cursos de folclore -canto y baile- y gastronomía, que reproducen en la isla caribeña el mosaico autonómico español, pero la elevada edad de sus miembros pone en evidencia otras necesidades más apremiantes. Pensiones asistenciales, talleres de día para ocuparse de los ancianos, talleres de gimnasia..., y así las casas regionales se convierten en centros de ayuda para los viejitos "gallegos", que es como en Cuba y en otros países americanos se sigue llamando a los españoles. "Somos una especie de mega-ONG", explica Susana Monís, de la Sección de Trabajo e Inmigración de la Embajada de España en Cuba, que gestiona unas ayudas que el año pasado sumaron 5 millones de euros solamente para Cuba contando las pensiones (1.393 beneficiarios), las ayudas a niños de la guerra (147) y las ayudas de retorno. 

Estas ayudas, que en el caso de las pensiones suponen 2.530 euros anuales para cada beneficiario, son un auténtico balón de oxígeno en la economía cubana tambaleante tras la caída del bloque soviético, y convierte a cada abuelo español en verdadero sostén de familias cubanas enteras. Lo más emotivo -relata Monís- es cuando comenzaron a calcarse en Cuba los famosos "viajes del Inserso", y los ancianos pudieron visitar las playas de Torremolinos o de la Costa Brava al igual que lo hace cualquier jubilado español. Además, estos billetes de Inserso se los dejan abiertos para -si les queda algo de "plata"- prolongar su viaje y visitar las aldeas donde sus abuelos nacieron en el siglo pasado o el antepasado. "Mi padre tenía mucha ilusión por ver el viejo mercado de Triufe (en Zamora) pero donde él recordaba vacas y puercos, se encontró con tenderetes de marroquíes vendiendo plásticos y baratijas", relata Sergio Rabanillo para explicar el brusco cambio de aquella España que el Rabanillo padre había abandonado en 1915 para no volver hasta 1995. El viaje de los Rabanillo formó parte de otro programa lanzado por varias comunidades autónomas: se llama Plan Añoranza, y consiste en pagar el billete de avión para que un anciano español regrese al terruño donde nació, siempre que algún pariente le dé alojamiento. Maria Antonia Marcos, que preside la Federación de asociaciones asturianas (18.000 socios de los que solo quedan 262 nacidos en España) ha visitado varias veces Cangas de Onís gracias al Plan Añoranza, según cuenta en los locales de la Federación donde se codean los retratos del Ché Guevara con los del Rey de España. 

En el restaurante de la Federación se puede comer fabada y hasta escuchar jotas asturianas tocadas con gaitas auténticas llegadas directamente de Oviedo, junto con las fotos de la Santiña o la cruz de la victoria, pero los parroquianos, casi todos nacidos en la isla, tienen nostalgias de una juventud de ron y Caribe. Carmelo González, eterno presidente de la Asociación Canaria (45.000 socios), no se engaña: "La emigración es muy vieja; aquí tratamos de recuperar en lo posible el espíritu canario, pero sin ser utópicos". "En América -concluye- se está perdiendo el espíritu (español), y cuando se recupera no es tanto por cariño a España como por razones económicas".



(Una colaboración de Paco Guzman)

Los Negros Curros. Por Jesús Risquet Bueno


Esta figura popular, vivía en un ambiente exclusivo y extravagante en la antigua Habana Colonial

Del Blog Desconexión Cubana 
Los negros curros es el título de una de las obras del sabio cubano Don Fernando Ortiz, publicada en la ciudad de La Habana. Pero muchos se dirán, ¿quiénes eran aquellos negros curros que a principios del siglo XIX, se pavoneaban libres por las calles de La Habana, con una indumentaria estrafalaria, su jerga, en un alarde de mala vida, delincuencia y marginalidad?

Se sabe que procedían de Andalucía, en España; de ahí el apelativo de "curros" o chulos. Desde su llegada a Cuba se asentaron en el barrio de Jesús María, en la antigua Habana Colonial, en un lugar conocido como El Manglar, en las inmediaciones de la bahía habanera.

Los famosos negros curros tuvieron una existencia muy notoria debido a sus fechorías, a su modo de andar, de vestir, en fin, por su fama de buscavidas y bravucones.

Llevaban largas trenzas sobre su frente y hombros generalmente, vestían pantalones de campana estrechos hacia abajo y camisa muy ancha, en especial en las mangas; un colorido pañuelo de algodón en ángulo en la espalda y atado por delante sobre el pecho.

Apenas cubrían sus pies con unas zapatillas, chancletas o unas sandalias, y en sus orejas pendían argollas de oro. Llevaban siempre un sombrero de paja, varias cadenas, brazaletes, y los dedos de las manos llenos de sortijas de oro.

Bajo la manga de la camisa cargaban siempre el afilado puñal para cualquier circunstancia. Estos negros caminaban contoneándose y meneando los brazos hacia delante y hacia atrás; afectados al hablar y su vocabulario recordaba a los hampones sevillanos.

Los negros curros eran hombres libres en su totalidad y se dice que no tenían oficio ni beneficio, que eran pendencieros y que muchos vivían del hurto, el robo, la matonería y el proxenetismo.

Estos negros y algunos mulatos, todos oriundos del puerto de Sevilla en Andalucía, decíamos que adquirieron, por su relación con la prostitución en Cuba, el nombre de curros o chulos.

La población los vinculaba al hampa habanera, a los arrabales de la ciudad y pueblos suburbanos de barrios orilleros del litoral de la bahía, donde abundaban los manglares, de ahí el nombre del lugar y donde se aglomeraba la pesadilla de los habitantes de la villa de San Cristóbal de La Habana.

Esta figura popular, vivía en un ambiente exclusivo y extravagante. Al curro se le podía ver corriendo y gritando por la calles, casi siempre en un malediciente alarde de su yo.

Decían ellos que eran carpinteros, aguadores, artesanos, pero lo cierto es que pasaban gran parte de su tiempo de tienda en tienda, en la casa de la comadre o del compadre bebiendo vino, o de aquí para allá, conversando con el zapatero de la esquina, echando piropos a la tabaquera o a la dulcera del frente, mientras que la curra generalmente trabajaba duro para mantener a los dos.

La diversión favorita de estos personajes fueron los toros. Eran muy propensos a las riñas callejeras. En una riña, un curro podía recibir una herida cuya cicatriz fuese desde el cuello hasta la mandíbula inferior. Y ahí este curro se ganaba su etiqueta de varonil, su aval de guapo, como se decía.

Las excentricidades de los negros curros eran diversas, tanto que jugaban a los bolos como nadie, según hacían creer a quien no los conociera bien; eran campeones en las cartas, tramposos, manejaban el cuchillo como ases, mataban una res en un abrir y cerrar de ojos. Así de alardosos eran.

Si en la casa de la curra sonaba una guitarra o un tambor y se cantaba al compás de una sambumbia, el curro era el centro del festín con la jarra de vino en mano y haciendo sus pasillos en el baile.

También resultaba muy fácil encontrarlos encerrados tras la reja por haber sido pescados en el teatro de sus grandes hazañas, de sus fechorías. Así eran los curros.

Aunque algunas personas se empeñaron durante mucho tiempo en desconocer la notable existencia de estas gentes, hay entre nosotros, descendientes de aquellos curros, por supuesto que nada tienen que ver con sus deformaciones sociales producto de una época pasada.

Nuestro pueblo rescata ese personaje de la singular historia de la sociedad habanera como parte del folclor, para recrearlo en el carnaval de la ciudad, formando parte de las comparsas tradicionales.

Músicos, pintores, literatos e investigadores han reflejado la vida de los negros curros en sus obras.

martes, 7 de septiembre de 2010

El Capitán General Jiménez Castellanos y la entrega oficial de la isla de Cuba


Pilar Toledano
El tímido sol comienza a alumbrar la jornada dominical del 1 de enero de 1899 y la claridad penetra por cada resquicio de las ventanas y balcones del Palacio de los Capitanes Generales de La Habana.
En las estancias privadas, Jiménez Castellanos, tras su temprano aseo, se enfunda el ligero y habitual uniforme de rayadillo, tan amoldado y liviano siempre, pero que hoy se le antoja distinto, áspero como un sayo de yute y pesado como una losa. Luego se ajusta, como a diario, el estrecho fajín de Capitán General pero, por más que se lo afloja, no deja de oprimirle, dolorosamente, el nudo que tiene instalado en el estómago.
Desayuna con sus dos hijos varones y el resto de oficiales de su Gabinete, permaneciendo reunido con ellos en lo que va avanzando tan peculiar y dolorosa mañana.
Se acerca implacable la hora del mediodía y en el Salón de los Espejos ya están congregados, en respetuosa pero animada conversación, el Mayor General norteamericano Brooke, sus oficiales y los representantes de la Comisión americana de Evacuación. En otros grupos departen los generales cubanos, los civiles y los corresponsales acreditados al evento. El resto de oficiales españoles, enmudecidos por su honda tristeza, ocupan los balcones.
Minutos antes de las 12, nuestro militar abandona sus estancias privadas, se dirige hacia el Salón e irrumpe en él sin ningún tipo de ceremonia.
Tras saludar a los distintos grupos, rodeado por los oficiales de su Gabinete, se sitúa frente al General Brooke.
Al dar el reloj de Palacio la última de las 12 campanadas, se oye el estruendo de un cañonazo, al que le siguen unas salvas de 21. Todos saben que en ese momento, en el tejado del Palacio, se está arriando la bandera española e izando la norteamericana, dando fín, así, a más de 400 años de Soberanía española en la Isla.
Jiménez Castellanos, embargado por el dolor, con emoción contenida y tono grave y solemne, comienza así su breve alocución:
“Señor, en cumplimiento del Tratado de París, de lo acordado con los comisionados militares de la Isla y las órdenes de mi Rey, en este momento del día de hoy, 1º de enero de 1899, cesa de existir en Cuba la Soberanía española y comienza la de los Estados Unidos…”
Concluido tan sencillo acto oficial de traspaso de poderes, pasa al contiguo Salón del Trono, donde le esperan el resto de sus oficiales que, por motivos familiares, van a quedarse en la Isla, y sus viejos amigos de La Habana.
Con emocionadas y cariñosas palabras se despide de ellos y sale de Palacio, acompañado de los generales americanos, los españoles y resto de comitiva. Las gentes que se apiñan en los alrededores y en los balcones, dedican sentidos “Vivas” al “General Castellanos”.
Llegado al muelle, se despide calurosamente de cuantos le han acompañado. Visiblemente emocionado, pone pié en la  falúa que le conduce al vapor Rabat, poniendo rumbo a Matanzas y Cienfuegos para concluir, personalmente, con la evacuación de las últimas tropas españolas allí concentradas.
En la prensa americana del lunes corren ríos de tinta detallando lo sucedido en la Habana.
Y complementan la información con unas líneas dedicadas exclusivamente a él, que dicen así:
“El capitán General Jiménez Castellanos estaba obligado a apurar el trago amargo de la humillación porque, para él, la entrega de Cuba es doblemente dolorosa. A diferencia de la mayoría de los oficiales españoles, él siempre ha tenido un gran cariño por Cuba y está mucho más unido a la Isla. Y lo estará siempre.
Ha vivido más de 25 años en ella. Su esposa es cubana y sus 6 hijos han nacido aquí por lo que, al abandonar la Isla, Jiménez Castellanos no sólo representa el último vestigio del Imperio español sino que, además, para él, significa abandonar su propia casa y dejar a los amigos y al pueblo cubano porque, realmente, por tanto amor como Jiménez  Castellanos siente por Cuba,España casi va a ser para él la tierra de su exilio. Pero,  aunque se sienta tan mal por todo lo que deja en Cuba, aprieta los labios, se traga las lágrimas y así, aguanta hasta el final.
El heroico control de sí mismo, que sobrepone a su angustia, quedará por siempre, colmando de resplandor y gloria la última página de la Historia de Cuba española.”
El 5 de febrero pone broche a sus 34 años de vaivén cubano. Por Cienfuegos, deja definitivamente Cuba, la tierra que tanto quiere, la que guarda en sus entrañas, desde hace unos años, los restos de su amada esposa camagüeyana, meciéndola en su sueño eterno con ecos repetidos de nana caribeña, en susurro dulce,  melodioso, cadente, suave, acariciador e infinito.
-NOTA: Pilar Toledano es Bisnieta y biógrafa de Jiménez Castellanos. Autora del libro Adolfo Jiménez Castellanos y Tapia. Último Gobernador y Capitán General español de Cuba, Editado por “Creaciones Copyright”. Madrid. España.
-NOTA 2: Agradecemos a la autora Pilar Toledano este texto para el sitio, y a Arnaldo M. Fernández la escritura del artículo que dio comienzo a esta fructífera y grata amistad.
-IMAGEN: “Ilustración que publicó a toda portada el Magazine Harper´s Weekly del acto oficial de la entrega. Mi bisabuelo no permitió la asistencia de fotógrafos.” Pilar Toledano.
(Una colaboración de FEDERACIÓN ANTILLANA)

domingo, 5 de septiembre de 2010

Carta pública a un general sin guerras. Desde Cuba para Raúl Castro



Nos informan desde Cuba y publicamos esta valiente carta de nuestro hermano José Alberto Álvarez Bravo, periodista independiente, quien se expresa con gran gallardía. ¡Dios lo acompañe siempre!

Delfín Leyva


Carta pública a un general sin guerras

General Raúl Castro:

 A Usted debiera profesarle doble respeto: como general y como estadista; pero si lo trato de Usted es por consecuencia a la mínima educación recibida durante mi vida, porque para mí Usted no es ni general ni estadista.

 De creerle a la historia extraoficial, en la guerra que Usted libró en el II Frente Oriental, antes de 1959, solo tuvo como oponentes a campesinos inermes. 

 Luego de su arribo al poder perpetuo, Usted, rodeado de su oficinesco generalato, se ha dedicado a guerrear contra las manifestaciones de descontento popular, contra la inextinguible obsesión migratoria del pueblo cubano, -en especial del “hombre nuevo”- contra los valores culturales y antropológicos de la nación cubana, -bajo el espurio argumento de ser “reminiscencias burguesas”- y contra la otrora sólida economía nacional. 

 Después de auto elegirse “presidente” de Cuba, sus esfuerzos castrenses se han reorientado hacia otros escenarios. Las Damas de Blanco han caído, de manera permanente, en su insensible colimador. También la blogósfera contestataria ha conocido del accionar de sus matones.

 Aunque de manera compartida, Usted lleva más de medio siglo en el poder. ¿Cuántos años más necesita permanecer al frente de un pueblo que lo detesta para sentirse satisfecho?

 Comprendo que quizás esté esperando a que se produzca una verdadera guerra para probar su valor, porque hasta el presente sus huestes solo han lidiado contra femeniles brazos, armados con gladíolos, de la Damas de Blanco.. Usted ha ordenado a sus hordas de malhechores agredir a mujeres indefensas, y esto solo es obra de ruines y cobardes.

 Durante más de medio siglo, Usted y su hermano han blandido el látigo para imponer el miedo. Con estos medios nos han doblegado. Pero esto no puede ser eterno, ya el pueblo se está cansando de vivir en el miedo y la mentira. Solo Ustedes, en su infinita soberbia, se muestran incapaces de percibirlo.

 Si me fuera dable proporcionales un consejo, solo les diría: llenen sus valijas con los ensangrentados dólares impunemente robados al pueblo cubano y denles uso a los aviones de la escapada. Todavía están a tiempo. No deben olvidar a Ceaucescu.

Después de expresar libremente mi opinión, ni su ira, ni mi destino personal importan. Impávido esperaré a sus esbirros. O a sus sicarios.

 Si después de la heroica inmolación de Zapata, tuviera Usted miedo a derramar mi sangre, le advierto que tampoco me arredran sus serviles togados, siempre dispuestos a enterrar vivos a quienes se atrevan a levantar sus voces entre tanto acatamiento.

 Su sádica y tenebrosa policía política conoce muy bien mi identidad y localización, como la conocen de todos los cubanos, en esta isla carcel en que vivimos todos, pero le adjunto mis datos para facilitarle la ejecución de su probable venganza:

José Alberto Álvarez Bravo 
Calle J # 104, 1er piso, apto. 10 
e/ Calzada y 9, Vedado, 
Ciudad Habana

POR FAVOR, DIVULGENLA A TODOS LOS QUE CONOZCAN... VIVA CUBA LIBRE!!!!Viva la unión Cubana española!!!! 

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