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miércoles, 24 de noviembre de 2010

Presencia y costumbres españolas en el pueblo de Gūira de Melena









Gūira de Melena es un pueblo al sur de la provincia Habana, su tierra es muy fértil y de color rojo o colorá como le decimos los cubanos, lo que hace que el pueblo sea muy sucio, no porque las personas lo sean, sino porque ese polvillo rojo está por doquier. Sus habitantes son buenas personas, de ahí es el actor cubano de Hollywood Andy García. Quise poner este video que encontré en YOUTUBE porque me pareció interesante y va con el Blog Cuba Española

La presencia y costumbres españoles en Gūira de Melena. Por el Profesor León Rigoberto Castañeda.




La tierra roja de Gūira de Melena es una maravilla.

El Himno de Galicia donde primero se estrenó fue en La Habana en 1907




Extraído de Protocolo.org
(Bandera Constitucional)


El himno es conocido como la composición de "Os pinos". Es estrenado en 1907 en La Habana, fruto, como la bandera y el escudo, de la emigración. En 1908 se hará oficial. En su elaboración se conjugan las partituras de Pascual Veiga y el poema Os Pinos deEduardo Pondal. El motivo central es muy sencillo: que Galicia despierte de su sueño y emprenda el camino hacia la libertad.
El Himno gallego, compuesto por "O bardo de Bergantiños", o sea, el insigne poeta gallego Eduardo González Pondal (Ponteceso, La Coruña 8/2/1835 - La Coruña 8/3/1917). La música es del compositor gallego Pascual Veiga, natural de Mondoñedo.
La composición consta de diez estrofas más, que no fueron incorporadas al himno. Éste fue estrenado el 20 de diciembre de 1907 en el Gran Teatro del Centro Gallego de La Habana (actual Embajada de España en Cuba).


HINO GALEGO - REAL FILHARMONIA DE GALIZA




Himno Gallego interpretado por La Real Filarmónica de Galicia durante el acto de toma de posesión de Emilio Pérez Touriño como Presidente da Xunta en agosto de 2005
La letra del himno, en su versión en castellano, es:
¿Qué dicen los rumorosos 
en la costa verdecente [verdeante],
al rayo transparente 
de la plácida luna?

¿Qué dicen las altas copas 
de la oscura pinocha arpada [erizada]
con su bien compasado 
y monótono cimbrear?

De tu verdor ceñido 
y de los benignos astros, 
confines de los verdes castros 
y valeroso llano.

Nunca te olvides 
de la injuria y del rudo encono; 
despierta de tu sueño, 
hogar de Breogán.

Los buenos y generosos 
nuestra voz entienden, 
y con arrobo atienden 
nuestro ronco sonido, 
pero sólo los ignorantes, 
los fieros y duros, 
imbéciles y oscuros 
no nos entienden, no.

Llegado el momento 
de aquellos bardos de antiguo, 
que a vuestras ilusiones 
cumplido fin darán: 
pues, donde quiere, gigante, 
nuestra nosa voz pregona 
la redención de la buena 
nación de Breogán.
La letra del himno, en gallego, es:
¿Qué din os rumorosos
na costa verdecente
ao raio transparente
do prácido luar?

¿Qué din as altas copas
de escuro arume arpado
co seu ben compasado
monótono fungar?

Do teu verdor cinguido
e de benignos astros
confín dos verdes castros
e valeroso chan,
non des a esquecemento 
da inxuria o rudo encono;
desperta do teu sono
fogar de Breogán.

Os bos e xenerosos
a nosa voz entenden
e con arroubo atenden
o noso ronco son,
mais só os iñorantes
e féridos e duros, 
imbéciles e escuros
non nos entenden, non.

Os tempos son chegados 
dos bardos das edades
que as vosas vaguedades
cumprido fin terán;
pois, donde quer, xigante
a nosa voz pregoa
a redenzón da boa
nazón de Breogán.


Frontón Jai Alai, un juego vasco en Cuba


El Frontón Jai Alai, patrimonio de la República

BOBBY SALAMANCA JR.
Blog Conexión Cubana

Uno de los deportes que creció con la República y desapareció con su muerte en 1959 fue la pelota vasca o cesta punta, popularmente conocido como Jai Alai. 

El Jai Alai fue llevado a Cuba por los vascos en el año 1898, pero no fue hasta el 7 de mayo de 1901 que nació el primer templo de la pelota vasca en el Nuevo Mundo, cuando se inauguró en La Habana el Frontón Jai Alai en la famosa esquina de Concordia y Lucena. 

La obra no tardó en ganarse el nombre de ''El Palacio de los Gritos'', e impulsada por el vasco Basilio Sarazqueta atrajo a numerosos pelotaris del más alto nivel. 

En una época en que el transporte público era tirado por caballos, La Habana comenzó a ser el centro de un deporte cada vez más lucrativo, gracias a las crecientes apuestas. 

El Ayuntamiento de la ciudad le hizo una concesión por 10 años (1902-1912) a Sarazqueta, padre de una idea que no tardó en expandirse por la isla y más allá de sus fronteras. 


Aunque en la primera temporada el cuadro de jugadores que se contrató no era de calidad, para la segunda campaña la historia fue diferente.

Rufino Osorio, primer administrador del Frontón Jai Alai, se fue en plan de magnate a la Madre Patria y regresó con las manos llenas de talento profesional. Osorio era uno de los personajes más pintorescos por aquellos años en la capital cubana, recordado por las dos mulas con moñas de colores y collares de cascabeles que tiraban de su coche.

Con las primeras señales de bonanza, por el El Palacio de los Gritos comenzaron a desfilar jugadores de fama 
mundial. Los nombres de Macala, Trecet, Arnedillo, Altamira e Ibacota --a los pelotaris se les conocía por sus apellidos-- se repetían de boca en boca para convertirse en ídolos de un deporte que cada vez se hacía más popular. 

Los fanáticos abarrotaban el Frontón Jai Alai para enloquecer con los duelos de Macala y Trecet contra Isidoro y Arnedillo. Macala fue un jugador inmenso, marcado por una alegría inigualable, un andar único y un ímpetu contagioso. 

Las temporadas comenzaban el primer domingo de octubre y terminaban el 20 de junio. Después de esa fecha todos los pelotaris, corredores de apuestas y catedráticos de tan fascinante juego, regresaban a la península con los bolsillos llenos de dinero. 

En 1918 las reglas del Jai Alai sufrieron cambios. El juego pasaba por un largo letargo y los apostadores buscaban otros horizontes. 

En esa época, el nuevo presidente del Frontón Jai Alai, Eliseo Argüelles, encabezó la recuperación. La instalación se denominaría a partir de ese momento Compañía Sport y Fomento del Turismo, pero popularmente seguiría siendo El Palacio de los Gritos. 

Con las nuevas reglas, muchos pelotaris no lograron sobrevivir y tuvieron que retirarse. Otros sí se adaptarse a las nuevas condiciones, en las que ya no se permitiría más sujetar y caminar con la pelota en la cesta, ni mirar a un lado y a otro, en busca de la posición de los rivales, antes de hacer un tiro incómodo. 

En esa nueva época de la cesta punta, se recuerda el paso de otros excelentes jugadores que se ocuparon de eternizar en la República la práctica de la Pelota Vasca. 

Marategui e Ituarte, los Erdoza y Cazalis, Ugartechea y Larrescaín, Larrinaga y los Irigollen fueron los pelotaris que se robaron los corazones de habaneros y visitantes, que atraídos por El Palacio de los Gritos fueron testigos de la brillantez de aquel espectáculo, matizado por electrizantes jugadas. 

Mas allá de La Habana, el 13 de noviembre de 1920 fue inaugurado el Frontón Jai Alai de la ciudad de Cienfuegos, garantizando que la modalidad alcanzara su mayor esplendor en la isla durante los años 20. 

Por Cienfuegos pasaron jugadores de talla mundial, entre ellos Barrenechea, Escenario, Elorza, Pistón Cubotica y Esquivel II y otros. 

Desde los años 20, la cesta punta formó parte del entretenimiento cotidiano en la isla. Los pelotaris, profesionales unos, amateurs otros, contaban con su propio espacio en la prensa y en las charlas casuales. 

Pero el Jai Alai, por su propia naturaleza profesional y su entorno marcado por las apuestas, fue barrido de la isla con la llegada al poder de Fidel Castro en 1959. Desapareció entonces la tradición y nunca más se volvieron a escuchar los gritos de los emocionados fanáticos en el Frontón Jai Alai. 

Fue así que pelotaris, corredores de apuestas y catedráticos, en su mayoría, se trasladaron a la Florida para darle continuidad a una tradición que, sin dudas, fue patrimonio único de la República.•

martes, 23 de noviembre de 2010

Cubanos en la guerra civil española



Sitio dedicado a los voluntarios cubanos que combatieron del lado de la República española durante la guerra civil. Contiene biografías y entrevistas a los supervivientes así como una amplia galería de imagenes y documentos.

Publicado por Lolo Milanés.
La guerra civil española siempre ha ejercido en mí una curiosidad que con los años se convirtió en fascinación,posiblemente algo tenga que ver el ser hijo de una malagueña que con ocho años huía por la carretera de Almería a la entrada de las tropas italianas en Málaga. Algo parecido me ocurre con Cuba y su historia en común con España, de modo que cuando la "red", que todo lo puede puso ante mí un artículo del diario Granma en el que se hablaba de un homenaje a los combatientes cubanos que lucharon en la guerra civil española, sentí necesidad por conocer detalles de todo aquello. Yo había leído algunas referencias a cubanos en la guerra civil pero nunca dejaron de ser casos concretos, sin embargo este homenaje que se tradujo en un modesto y digno monumento en el Muelle de Luz de La Habana, hablaba de un contingente importante de voluntarios y lo que era aún mejor,en este acto que tuvo lugar el 4 de diciembre de 2003, había supervivientes. Ese fue el origen de esta investigación que me ha llevado a conocer y entrevistar a estos hombres y reconstruir su paso por España a través de sus testimonios para lo que me trasladé a Cuba y recorrí los mismos escenarios que protagonizaron su gesta.

Para el conocimiento de estos hechos existen algunos trabajos imprescindibles pero todos ellos publicados en Cuba donde la presencia cubana en la guerra civil española es comúnmente conocida y difundida a través de libros, artículos y desde mediados de los años noventa cuenta con un foro permanente, el centro "Pablo de la Torriente Brau" que promueve publicaciones y encuentros sobre esta especialidad. Desgraciadamente el archivo que los veteranos cubanos de la guerra civil española han mimado durante más de cincuenta años a través de la asociación de "Voluntarios Cubanos de la guerra civil española" quedó definitivamente desgajado tras el fallecimiento de su último presidente Mario Morales y de su secretario Aneiro Subirat, últimos miembros que custodiaron; posteriormente sus familias los entregaron a historiadores y periodistas que se interesaron por el tema o sencillamente desconocen su paradero. Esta investigación se basa por tanto en testimonios y en los documentos que estos supervivientes han aportado, en el de los familiares de muchos de los ya fallecidos y en todos aquellos documentos que han podido ser localizados. De entre todos estos destacan los aportados por Ramón Nicolau que fue el responsable del reclutamiento y presencia de los voluntarios que partían desde Cuba y que posteriormente fue el responsable del Instituto de Historia de Cuba, desde donde impulsó una publicación monográfica sobre este tema al cumplirse los cuarenta años de la guerra civil española; un libro de entrevistas y testimonios definitivo para el conocimiento de estos hechos. En los años noventa, historiadores como Alberto Alfonso Bello, Victor Joaquín Ortega y otros ayudaron a mantener viva la memoria de estos hechos, algo que no ha ocurrido con los especialistas en la guerra civil española que desde España y otros lugares del mundo han profundizado en la presencia internacional en la guerra española pero no han profundizado en el contingente cubano. El número de voluntarios es otra de las asignaturas pendientes con la dificultad adicional que supone conocer el número de voluntarios que se alistaron directamente en unidades del "Ejercito Popular" sin mantener relación alguna con las organizaciones cubanas que trabajaban en esta tarea. Todos los trabajos sobre el asunto hablan de una cifra en torno al millar de combatientes.

Para una mejor compresión de la presencia de estos voluntarios cubanos en España he recogido una síntesis de la historia de Cuba desde su independencia hasta el inicio de la guerra en España. Se trata de un acercamiento al proceso político y social de la que fue última colonia española que solo treinta y ocho años más tarde de lograr su independencia defiende con su sangre a una parte de la España en guerra, la España leal. Otro capítulo está dedicado al movimiento revolucionario cubano y su etapa de gestación como embrión de lo que con los años se convertiría en el único país latinoamericano en el que se instalase el marxismo como referente político, un capitulo determinante para conocer el ambiente y las condiciones de vida de la mayoría de los voluntarios que antes de marchar a España estarán encuadrados en el movimiento estudiantil, en las organizaciones obreras o en los grupos políticos de oposición a las feroces dictaduras que soportó Cuba y a los constantes gestos injerencias tras de los Estados Unidos. Los cubanos que luchan en España pertenecen a diversas tendencias políticas pero todos tienen algo en común, son antifascistas.

Otro aspecto en el que he querido profundizar es la relación entre ambas naciones desde el inicio de la guerra, el papel jugado por Cuba que adoptará una posición de "neutralidad activa" que pasará por diversos posicionamientos como su propuesta de arbitraje hispano en el conflicto español y sus oscilaciones hacia los diplomáticos republicanos en Cuba o los representante oficiosos del gobierno de Burgos en la isla. Se destacan también las actividades de la colonia española en la isla durante la guerra, con organizaciones republicanas y falangistas que provocarán corrientes de opinión y debates mediáticos que calarán profundamente en una sociedad cubana que había vivido momentos de euforia solo tres años antes con la caída del Presidente Gerardo Machado y la creación de un gobierno de tendencia izquierdista que durante unos meses llevará a cabo un programa de reformas en el que podemos encontrar similitudes en las adoptadas por el gobierno de la Segunda República en España. También es analizado el papel de la diplomacia cubana en España durante el conflicto con una intensa labor humanitaria traducida en asilo político en sus sedes de docenas de personas, fundamentalmente partidarios de los alzados, aunque al final de la guerra también darán asilo a partidarios de la República. Se destaca también la labor de estos diplomáticos en lo que a canje de prisioneros entre ambos bandos se refiere y en la repatriación de los cubanos apresados en los campos de concentración franquistas al finalizar la guerra.

Las organizaciones de ayuda a la España republicana alcanzan tal fortaleza durante el tiempo que dura el conflicto que llegarán a ser el auténtico motor de la oposición cubana que había constituido una asociación para la ayuda material a España en la que también se trabajó en la propaganda.Se produjeron importantes envíos de alimentos,medicamentos,tabaco y otros útiles, se creó una colonia infantil en Sitges con el nombre de "Casa Cuba" y en general lograron mantener la tensión sobre la guerra española en la sociedad cubana a la que llegaban no solo mensajes de solidaridad hacia España sino que también de repulsa hacia el Gobierno cubano y la ausencia de libertades políticas, una circuntastancia que variará sensiblemente en el tiempo que dura la guerra en España. Sin embargo aún siendo importante la ayuda material y moral, será determinante la aportación de voluntarios para la lucha en España, tarea que se desarrollará en condiciones de clandestinidad y persecución por parte de las autoridades cubanas.

Aunque ha sido difícil elegir entre estos voluntarios, he decidido optar solo por algunos de ellos y profundizar en su biografía y su paso por España. Respecto de los supervivientes, su avanzada edad les ha permitido narrar sus recuerdos de forma desigual,si bien cuatro de ellos mantienen bastante vivos estos hechos y solo se ha corregido su testimonio en aquellas lagunas mentales que han podido ser contrastadas en anteriores testimonios suyos y en documentos que obran en su poder. Tambien he respetado sus expresiones y en lo posible su español de Cuba. 

Por último no he querido dejar de relatar los tormentos de los combatientes cubanos en los campos de refugiados que los franceses habilitaron a toda prisa para alojar a los republicanos españoles que se vieron obligados a dejar el país a final de la guerra. Los cubanos protagonizaron iniciativas singulares en estos campamentos, fugas y composiciones musicales incluidas, como la que da nombre a este libro y que en definitiva pasó a convertirse en un símbolo de la resistencia de estos cubanos que pasaron un promedio de cien días prisioneros en las playas de Francia.

“Allé, Allé Reculé”. Combatientes cubanos en la guerra civil española, pretende contribuir al conocimiento de la gesta de estos voluntarios cuyos supervivientes, setenta años después de estos hechos siguen mirando hacia España, no como el país que los colonizó sino como aquel que les permitió luchar contra el fascismo. España les reconoció el derecho a la ciudadanía en 1996 en un gesto político de circunstancias que no hace justicia al sacrificio de los extranjeros que llegaron a España a defender al Gobierno Constitucional. Prueba de ello es el escaso interés que las autoridades diplomáticas españolas muestran hacia estos hombres a los que trata con la misma indiferencia que a los miles de cubanos que se acercan hasta las oficinas consulares españolas y de los que no tiene más conocimiento que el que difunden los medios de comunicación cubanos.

Conocer la hazaña de estos hombres y mujeres, quienes eran, por qué fueron y como discurrió su tiempo en España es en definitiva la razón de este libro.

lunes, 22 de noviembre de 2010

Cartas de Gaspar Cisneros Betancourt, El Lugareño (Anexionista cubano) a José Antonio Saco







Gaspar Betancourt Cisneros (April 28, 1803-Dic. 3, 1866)


 Estuvo pronto a aceptar la disolución de Cuba en la sociedad anglosajona, cambiando la cultura, lengua, religión y costumbres cubanas por el bienestar material, el progreso tecnológico y la democracia norteamericana, opinión que expresó en las cartas a su amigo personal y oponente José Antonio Saco.


 En una de ellas escribió:




"
¡
Oh Por Dios, hombre; no me digas que deseas para tu país esa nacionalidad! No hombre! Dame turcos, árabes, rusos; dame demonios, pero no me des el producto de españoles, congos, mandingas y hoy (pero por fortuna frustrado ya el proyecto) malayos para completar el mosaico de población, ideas, costumbres, instituciones, hábitos y sentimientos hombres esclavos, degenerados y que cantan y rien al son de la cadenas, que toleran su propia degradación y se postran envilecidos ante sus señores. No y reno: si tal es la nacionalidad que hemos de conservar; si tal es el bien a que el cubano tienen que aspirar, maldito de Dios sean el bien y el beneficiado".





  En otra carta, escribió sobre los anexionista del exilio cubano en Nueva York:


 "Creen estos que la Isla de Cuba corre precipitada a inevitable ruina bajo la tutela de la Metropolis; que la suerte de Cuba esta decretada por las mismas manos que han decretado la suerte de Santo Domingo, Jamaica, Guadalupe y todas las colonias de Europa en este Archipiélago; y que el único medio de salvar a Cuba es incorporarla a la gran familia de Estados Confederados de la Unión Americana. De esta clase de creyentes hay dos partidos, unos que ven en la anexión el medio de conservar a sus esclavos, que por mas que lo oculten o disimulen es la mira principal, por no decir la única que los decide a la anexión; otros que creen en la anexión el plazo, el respiro, que evitando la emancipación repentina de los esclavos, de tiempo a tomar medidas salvadoras como duplicar en 10 o 20 años la población blanca, introducir máquinas, instrumentos, capitales inteligencias que reemplacen y mejoren los medios actuales de trabajo y de riqueza. En fin, Saco mío, todos buscan en la anexión la garantía, la fianza del gobierno sabio y fuerte de los Estado Unidos contra las pretensiones de Europa, no menos que contra nosotros mismos que mal que pese a nuestro amor propio, somos del mismo barro que los que han logrado hacerse independientes pero no pueblos libres y felices".

Biografía:
(Gaspar Cisneros Betancourt a Jose A. Saco, N. York agosto 30 de 1848 in; Cartas de Lugareño, ed Federico Cordova, 1951, 303. Mas sobre G. Betancourt, véase Federico Cordova, Gaspar Cisneros Betancourt, El Lugareño, La Habana 1938.

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