Crée usted de que Cuba estaría mejor como:

lunes, 11 de julio de 2011

La mona vestida de seda …Por José Antonio Torrent-Aróstegui

Esta foto, apenas arrancados de la patria española, muestra una Habana que nada tenía que envidiar a cualquier otra ciudad española de la época.

 Los patricios cubanos, que podían darse el lujo de visitar EEUU en el siglo XIX, se dejaban deslumbrar - como mismo ocurre hoy en día - por la modernidad y el desarrollo de la Unión Americana. Regresaban a Cuba con la idea equivocada de que los americanos progresaban porque tenían un estilo de gobierno que promovía el progreso. ERROR.

 El pueblo americano progresaba por los hábitos de trabajo que tiene el anglosajón, que no tenemos los pueblos latinos. Mientras en España (Cuba), cerrabamos las puertas de los negocios para tomarnos dos o tres horas de almuezo y dormir la siesta, en EU se trabajaba sesión contínua, tomándose una escasa y apurada media hora para comer en el mismo trabajo. Hoy en día, incluso, mientras en España (Cuba) se descansa un mes al año, en Estados Unidos con una semana basta para recuperar fuerzas y seguir trabajando. A ese ritmo de laboriosidad, es lógico que los resultados sean mayores - no digo mejores - en la Unioón Americana, que en otro país con hábitos mas relajados de trabajo.

 Otro factor, que no se si sea digno de admirar o nó, es el desapego de la raza anglosajona a las tradiciones. Las tradiciones muy a menudo retrasan o entorpecen el ''progreso,'' y ese obstáculo no se contempla en la idiosincarcia anglo. Un edificio, por antiguo o histórico que sea, por ejemplo, si está obstaculizando el desarrollo, se derrumba para construir uno nuevo y a otra cosa. El apego de los paises latinos a sus tradiciones no permite este tipo de ''progreso'' acelerado de los Estados Unidos.   Por último, y esto seguramente es una gran virtud, el sentido de disciplina de las sociedades anglosajonas es otra ventaja enorme para que un pueblo progrese. No tengo que decir que de esa cualidad no disfrutamos los paises latinos, ni por asomo.

 Resúmen, el gobierno, en la mayoría de los casos, poco o nada tiene que ver con el progreso de un pueblo. Es el pueblo en quien recae esa responsabilidad. Siendo tan dispares los cubanos y los gringos, el progreso que se advertía en Estados Unidos no llegó nunca a materializarse en Cuba, por más que así lo soñaran nuestros ilustres próceres.  El que fuésemos gobernados por un marqués español o por un mandarín chino, apenas se tendría que tomar en cuenta.

 Es cierto que La Habana se convirtió en ''vitrina oficial'' de la república y que el mundo admiraba la modernidad de la ciudad capital de Cuba, pero no es menos cierto que las otras muchas ciudades, quedaron estancadas en el siglo XIX hasta los mismos años 50s del siglo XX, y de eso poca gente habla.

 De manera que el sueño de implantar un sistema - el gringo - que va en contra de la naturaleza latina - entiéndase española - fué un señor fracaso.   La democracia norteamericana funciona divinamente para los norteamericanos y el secreto de su éxito en cuanto a desarrollo tiene poco que ver con política y mucho que ver con la forma en como el pueblo americano se conduce por la vida ... y punto!

 NOTA: Es justo decir que aquella ''pobre'' provincia española que era Cuba en el siglo XIX sobresalía en casi todos los campos por encima de la mayoría de repúblicas independientes de la zona, con casi cien años de fundadas.

MORIR O VIVIR POR LA PATRIA?. Por José Antonio Torrent-Aróstegui

( Foto de Internet )

 Sépase que lo que yo señalo en mis notas está casi todo basado en conversaciones en mi propia, muy católica, burguesa y anti-comunista familia, en lo escrito en 1888 por el abogado D. Raimundo Cabrera, padre de Lidia Cabrera, y por lo que sabiamente expone el Dr. Herminio Portell Vilá en su libro Nueva Historia de la República de Cuba, que recomiendo encarecidamente.

 Cubanos patrioteros van a colgarme en cualquier momento el cartel de ''comunista,'' como suelen hacer con todo aquel que no repite como una cotorrita el catecismo que ellos divulgan. De hecho, ya una ''antigua alumna de La Inmaculada'' me dijo que mi discurso le recuerda lo que dice el propio Fidel Castro. Esto me sorprendió mucho, porque Fidel Castro de mal cubano tiene mucho, pero de anexionista o autonomista no tiene ni un pelo.

 Señores, nadie tiene el monopolio del amor a Cuba. Todos queremos el bién para esa Isla y si el bién no se vislumbra volviendo a los viejos formatos de la historia reciente de nuestro país, tenemos que buscarlo en otros modelos. No hay nada antipatriótico en pretender regresar al seno de una patria que no es ajena y querer crecer y desarrollarnos bajo el blasón español, que nos dió idioma, religión, cultura e idiosincracia ... y hasta raza, para ser mas precisos.

 No descalifiquen las ideas de los demás sin antes estudiarlas y meditar sobre ellas. La autoestima nacional está por el suelo, y es que el cubano está harto de escuchar ''que morir por la patria es vivir.'' La patria tendría que ser un algo por qué vivir ... No morir.

La Sala del Trono del Museo de La Habana. Por Juan Emilio Fríguls


La prevista visita oficial a Cuba de los Reyes de España, Juan Carlos Primero y Doña Sofía, pone en plano de actualidad (por el símbolo de realeza que representa) a la Sala del Trono del Museo de la Ciudad de La Habana, en el antiguo Palacio de los Capitanes Generales.
A su valor histórico y emblemático como símbolo de la monarquía española, vigente en la isla durante la época colonial, se unirá otro acontecimiento: quedará incluida en el programa de actividades que cumplirán los augustos visitantes en su viaje a la capital cubana.
El director de la Oficina del Historiador de la Ciudad, Eusebio leal Spengler, ha ofrecido ya los antecedentes de estos salones del Trono en tiempos de la metrópoli hispana, cuando ejercía su gobierno en las colonias del continente americano mediante virreinatos, capitanías generales y tenencias de gobierno.
La historia de un trono
En los virreinatos, como lo indica su nombre, existía un virrey que estaba investido de facultades extraordinarias. En las capitanías generales, como era el caso de Cuba, gobernaba un militar español, y sucedía que en determinados tiempos se unían los poderes del Capitán General, militar y civil, en una sola persona.
Estos capitanes generales, pese a su poder representativo, no podían sentarse en la Silla de la Sala del Trono, que estaba limitada al monarca o a un miembro de la familia Real.
En el palacio de los Capitanes Generales -hoy Museo de la Ciudad de La habana- se contaba con una Sala del Trono donde se recibían las cartas credenciales de los cónsules, ya que los ministros plenipotenciarios  (actualmente se llaman embajadores) se acreditaban en Madrid.
La Sala tenía un dosel, símbolo del poder y del principio de la autoridad.
La visita de la infanta Eulalia
En el año 1893, durante la visita a La Habana de la infanta Eulalia, hermana del joven rey Alfonso Doce (bisabuelo de Juan Carlos Primero), se remozó y preparó la Sala del Trono, que la infanta utilizó en representación del monarca.
Ahora, en estos fines del siglo XX, con la restauración del Palacio de los Capitanes Generales, están en la sala los retratos de la infanta y también los del rey Alfonso Trece y la Reina madre María Cristina de Austria.
Los muebles son cubanos, de maderas preciosas con enchapes de oro.
Situado en la planta alta del Museo de la Ciudad, el Salón, un remedo del Gran Salón del madrileño Palacio de Oriente, guarda también el cuadro de Isabel Segunda pintado por Federico Madrazo, pintor de cámara de la realeza española.
Bibliografía

Un comentario de José Antonio Torrent-Aróstegui


PLAZA DE ARMAS - Matanzas, Cuba - ca. 1890. 

 En la Cuba ''colonial,'' oprimida y mal gobernada por España, como hemos escuchado hasta el cansancio, todos los grandes capitales curiosamente estaban en manos de familias cubanas. El español estaba reducido a ser funcionario, soldado, policía, cura o dueño de algún negocio al detalle. Todas esas fortunas de cubanos se vieron seriamente afectadas por la guerra. Lo mismo por la reconcentración de Weyler, que por el rastro de destrucción que dejaba el ejército mambí a su paso.

 Cuando se firmó el Tratado de París, donde no fué incluído ni un solo representante cubano, se idemnizó a todos por ''daños de guerra,'' menos a los mas efectados, que eramos los cubanos. Españoles y norteamericanos recibieron sus buenas cantidades de dinero, por perjuicios y daños a vidas y haciendas.

 Cuando los cubanos empobrecidos por la guerra se reunieron con el gobernador militar impuesto por EE UU, para pedir ayuda monetaria y volver así a levantar sus negocios, el Sr. Schaffer, que era el gobernador, so pretexto de que ''EU no favorecía el concepto de la caridad, sino que premiaba el esfuerzo del trabajo,'' ofreció como solución ''comprar'' las tierras de estos señores cubanos arruinados. Así fué que por precios irrisorios EU se hizo con el 65% de las tierras cultivables en Cuba y de los mejores ingenios azucareros.

 De manera que de la guerra cubana, el cubano fué el que menos se benefició. Por lógica, tenemos que concluir que la mayor parte de la población cubana estaría muy decepcionada y, por lógica, también, tenemos que concluir que se sintió robada, traicionada y arrepentida de haber sido su propio ''chacumbele.'' Eso no es cuestión de óptica o de opiniones encontradas. Eso es cuestión de sentido común.

 Confiar ciegos en lo que se lee en los libros de Historia es un negocio riegoso. Cada uno cuenta como le fué en la feria y casi siempre la escribe el vencedor, calumniando sin medidas al vencido.

 Cuando pasen cien años de este debacle que tenemos en Cuba, habrá un libro que hable de cómo le robaron la casa a un cubano y habrá otro que hable de cómo un cubano se hizo de una casa, gracias a la ''revolución'' (sin mencionar que la casa fué robada a otro cubano). Habrá quien crea una versión y habrá quien crea la otra.

 Como pasatiempo y como una forma de preveer y evitar cometer errores pasados la Historia es útil. Pero utilizar el tiempo discutiéndola, cuando hay tantas cosas que hacer por Cuba, es una pérdida de tiempo ahora. Quiten su atención del pasado, enfoquen la vista en el presente y trabajemos para el futuro. Por favor, dejemos aparte los libros de Historia, que generalmente usamos para ''ganar'' en discuciones vanales, y dediquemos el tiempo a escribirla!

Una reflexión de José Antonio Torrent-Aróstegui

( Foto de Internet. Matanzas, Cuba )

 Es difícil para un natural de Cuba pensar en España como PATRIA, porque cuatro generaciones de cubanos hemos sido criados en la idea de que la patria es Cuba, pero el patriotismo está sujeto al cristal conque se mire.

 Yo podría decir que mi patria es Matanzas y renegar del resto del país. Eso fué, en síntesis, lo que hizo José Martí y lo que hicieron sus seguidores. En 1895 Cuba era una provincia española, como lo es Matanzas de Cuba, y Martí insitó al pueblo para que se sublevara y mutilara a la patria. Fué buen patriota para Cuba y mal patriota para todo el resto del país.

 Cuando el Sur de EE UU intentó hacer algo parecido con el Norte, a los sublevados se les llamó ''traidores'' y hubo una sangrienta guerra para mantener la unidad de la nación. A esa guerra, y al resultado de esa guerra, no se le cuestiona. Sin embargo, a la guerra nuestra, a la traición nuestra, se califica de ''patriótica.''

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