Crée usted de que Cuba estaría mejor como:

jueves, 13 de enero de 2011

LEONOR PÉREZ DE MARTÍ. Cartas a su hijo José Martí.



EL AMOR FILIAL Y LA "MADRE MAYOR" EL EPISTOLARIO


"Todo el que lleva luz se queda solo", advirtió Martí, y esa soledad no excluía los primeros afectos. Doña Leonor nunca le perdonó al hijo la vocación que la obligaba a vivir en incomodidad y angustia.


 Se la ha juzgado por el aprecio de Martí, pero el cariño la pintó más como quería él que fuera que como fue. La más antigua declaración de amor que se conoce está en la carta de Hanábana, de cuando tenía nueve años, en la despedida: "Su obediente hijo que la quiere con delirio". Así la quiso Martí, con un "delirio" que no le pudieron reducir las quejas y los reproches de ella. A su amigo Manuel Mercado le confesó en 1878 lo que poco después habría de decir también de la esposa: "Mi madre tiene grandezas y la amo, pero no me perdona mi salvaje independencia, mi brusca inflexibilidad, ni mis opiniones sobre Cuba. Lo que tengo de mejor es lo que es juzgado por más malo. Me aflige, pero no tuerce mi camino. Sea por Dios". Y poco antes de Dos Ríos, desde Montecristi, le escribió a la madre: "Ud. se duele, en la cólera de su amor, del sacrificio de mi vida”.


 Así lo quiso ella, con su amor colérico, y con algo de la "espada" del Evangelio atravesada en el alma. En esa última carta le repite: "El deber de un hombre está allí donde es más útil"; pero tampoco ella entendió lo que le decía.




EL EPISTOLARIO


De Martí a la madre sólo se conservan cinco cartas. Además de las mencionadas, hay una desde el presidio en la que se inicia la porfía de los sufrimientos, el común denominador del epistolario: "Es verdad que Ud. padece mucho; pero también lo es que yo padezco más"; otra de cuando le manda un ejemplar de los Versos Sencillos: "Lea este libro de versos: empiece a leerlo por la página 51. Es pequeño, es mi vida"; y otra, también desde Nueva York, un año antes de su muerte: "Déjeme emplear sereno, en bien de los demás, toda la piedad y el orden que hay en mí”.


Durante buena parte de su vida, desde 1870 hasta 1895, con el breve intervalo de México, La Habana y Nueva York, Martí vivió separado de la madre. Si bien es cierto que ella se queja de sus silencios, dadas su devoción y facilidad para escribir, se puede suponer que existió un rico epistolario, aunque también hay que tener en cuenta aquella observación que le hizo en carta a Mercado sobre sus silencios: "Fortalecer y agrandar vías es la faena del que escribe, Jeremías se quejó tan bien, que no valen quejas después de las suyas. Por eso no escribo, ni a mi madre ni a Ud., ni para mí mismo, porque pensar en las penas quita fuerzas para sufrirlas..." Es probable que fuera más abundante el epistolario en los primeros años de la separación, pero ése lo destruyó doña Leonor en un acceso de ira, según la carta llena de reconvenciones que le escribió el 14 de octubre de 1881:



Hijo mío, cuando tengas mucha pena, deja de escribirme para otro lugarcito, pues cartas como la última no me llenan y me dejan muy triste, pues sólo parece escrita para cubrir un expediente. ¡Qué poco confidencial, hijo!... Nada, nada, neblina tan tupida como la que velan mis ojos. Yo estaba muy mala cuando la recibí, y más mala me puse. Dios me ha mandado a la vejez dolores de muelas. Yo creo que esto me resultó de mucho leer, pues ya me cuesta mucho esfuerzo. Es el caso que yo guardaba todas tus cartas con la esperanza de que algún día tendríamos tranquilidad para repasarlas juntos y reír o llorar con ellas, pero viendo que esto se alarga mucho, que yo puedo morir, y ellas ir a parar a manos extrañas, determiné romperlas, pero no tuve valor sin darles un repasón, y como algunas tienen ya la tinta apagada, he hecho mucho esfuerzo; pero ya se acabó la obra, y no me pesa pues rara era la que no tenía un ramalazo que no me hubiera gustado que otro las leyera; conque ya tú ves que sin tener culpa has sido la causa de mi dolor de muelas. Acabo por si tienes hoy también mucha pena y yo te distraigo con estas tonterías…

De doña Leonor se han publicado un total de l9 cartas, casi todas de entre 1881 y 1883: los años del fracaso de Martí en Caracas, del empleado de comercio en Nueva York, de la visita de la mujer y del hijo, y de las primeras corresponsalías a Buenos Aires. En ellas sigue la afligida contienda; le dice la madre: "Tus penas, por graves que sean, pueden tener remedio un día, pero éstas [mías], que no lo tienen jamás, son las que nos parten el alma"; e insiste en el razonar pedestre sobre el objetivo de la vida:

Te acordarás de lo que desde niño te estoy diciendo, que todo el que se mete a redentor sale crucificado... Mientras tú no puedas alejarte de todo lo que sea política y periodismo, no tendrás un día de tranquilidad. ¡Qué sacrificio tan inútil, hijo de mi vida, el que estás haciendo de tu tranquilidad y de la de todos los que te quieren!" Y siempre la queja por el silencio del hijo que no sabe responder al inacabable regaño: "¿Qué causa tan poderosa podrá ser la que te impide escribirme? Dios mío, ¿qué habré hecho yo para tanto sufrimiento? ¿Por qué me dio un solo hijo para que tanto me haga llorar?

Y la intimidación porque Martí no quiere ir a La Habana a cuidar de la familia: "Dios te perdone, hijo todo el mal que me haces, y por ti le pido a todas horas, y porque te conserve tu hermoso hijo, y no te castigue en él lo que tu abandono hace sufrir a tu madre". Y, por último, remedando su estilo, en forma sentenciosa, a él que ha desarrollado toda una ética sobre el deber—"Es deber del hombre levantar al hombre"—, ella le objeta cortante: "Es deber del hombre mirar por los suyos…”

¿Podemos creer lo del "ramalazo" que dice la madre tenían las cartas que guardaba? No, su bondad y su querencia se lo hubieran impedido. Pero es que ella entendía como golpe el renunciamiento que le negaba acceso a su objeto amoroso. "Las madres", dijo Martí, "son amor, no razón, son sensibilidad exquisita y dolor inconsolable”.

Vista a través de sus cartas, se nos presenta doña Leonor como una madre egoísta que vio en el hijo, el único varón, antes que todo, su fuente exclusiva de cariño y el amparo para su vejez y para las hijas, y al no poder lograrlo, trocó el amor en furia, en araño el mimo y la caricia. Es como si fuera reversible el amor de la madre, y por el mismo camino y fuerzas con que trasmuta la ingratitud y la afrenta en lealtad apasionada, a golpes de pena, produce reacción de signo contrario. "Toda madre debiera llamarse maravilla", dijo Martí. No podemos tampoco verla sólo una vez madre, sólo madre del héroe, sino también de siete hijas (Leonor, Carmen, Amelia, Antonia, Ana [muerta a los 19 años) y Pilar y Dolores [que murieron siendo niñas]), apiñadas en la sala enjuta, alrededor de don Mariano, enfermo, malhumorado y cesante: ellas bajo el asedio de pretendientes que la madre teme traigan mayor infortunio a la familia: "Triste misión la de la madre", le escribe al hijo, "siempre temiendo”.

Martí se pasó la vida enamorando a doña Leonor, y su conducta y su talento no hubieran querido mejor sanción que la de ella. No la logró ni el apóstol ni el genio. Muy en los comienzos de su carrera de escritor, en 1881, se publicó en Caracas un trabajo de Martí con un elogio de Juan Ignacio de Armas. En La Opinión Nacional, el crítico hablaba "del profundo pensador que con tanta rectitud de juicio" había analizado a los "poetas españoles contemporáneos". Con todo entusiasmo se lo envía Martí a la madre: aparte del orgullo que podría producirle, quizás el reconocimiento ajeno estimularía el de ella. Su respuesta es desconcertante: "...con respecto a lo de gran pensador te felicito lo que tiene de honroso, pero te confieso que en esto soy un poco egoísta, y sí quisiera que pensaras menos en los demás para que te quedara tiempo de pensar en los tuyos, que bien lo necesitan. Bien sé que este pensar mío no te gustará, pero, ay, hijo, las amarguras de los años hacen pensar muy diferente". Poco después Adriano Páez, el primer crítico que elogió la prosa de Martí, aplaudía desde Bogotá su estilo: "Días atrás", escribió, "al analizar en La Pluma un trabajo de Martí sobre la poesía española contemporánea, anunciábamos que ese nombre sería pronto célebre. No vemos en España ni en Sud América un prosista mejor dotado ni más brillante... Su talento es tan inmenso que es imposible predecir hasta qué punto llegará con el tiempo..." A Martí le impresionó tanto el temprano juicio de Páez, quien además lo compara con Emerson y Castelar que, años más tarde, cuando recuerda los diez "momentos supremos, lo poco que se recuerda como pico de montaña en la vida", menciona el presidio,un beso del padre, el ver a su hijo recién nacido y, por último, el juicio de Adriano Páez. También se lo envía a doña Leonor, pero ella no lo lee; él insiste y, por fin, le responde: "Ya leí el artículo con detenimiento, y veo que todo está en él; era que sólo lo había hojeado porque Chata estaba aquí y se lo llevó, pero ya veo que te desean muy buenas cosas. Dios nos dé salud para verlas cumplidas; yo estoy un poco mejor, no sé si llegaré allá". Y en esa misma carta le acusa recibo de los ejemplares de Ismaelillo ("los libritos", dice) pero no le habla del poemario en las que siguen; tres meses más tarde le escribe: "De tu Ismaelillo... qué quieres que te diga si ésta es la cuerda más dolorosa de la guitarra del alma. De versos no entiendo, para mí está en prosa porque está escrito en la realidad". Tiene este juicio, sin duda, una vertiente de prodigio, pero no es ni sombra del aplauso con que lo premiaría el orgullo de una madre. 


Nunca supo apreciar doña Leonor el talento de su hijo, que lo achaca a su "cabeza de volcán", ni entender sus preocupaciones; en carta a Manuel Mercado, que nunca ha sido publicada y forma parte de la colección que en otra parte de este libro se menciona, con fecha primero de agosto de 1883, le dice:


...Por evitar lo que ha sucedido con sus cartas [que se habían perdido], había escrito a mi hijo varias veces, que preguntara a Ud. si había recibido la mía, pero con su cabeza de volcán, siempre se olvidaba de darme razón de esto. Hoy está más tranquilo, pues a más de su mujer e hijo tiene a su lado a su padre; él ha querido cuidarlo ya que la mala suerte nos separa; por ahora están contentos, y nosotros resignados con la tranquilidad de ellos…

EL AMOR FILIAL Y LA "MADRE MAYOR”


Doña Leonor fue "la matrona fuerte" que buscó al hijo bajo la balacera del teatro Villanueva; fue la madre angustiada que quiso conmover a las autoridades de España para lograr el indulto de su hijo: le escribió al Gobernador General:


Excelentísimo señor: Aquí tenéis a las hermanitas y triste madre del desgraciado José Martí, joven que acaba de cumplir 17 años, y ha sido sentenciado a seis años de presidio por tres palabras escritas cuando apenas contaba 15 años... Por esta causa veo a mi hijo hoy con los peores criminales arrastrando un grillete, y no teniendo en el mundo más amparo que este único hijo, para que [con] su trabajo ayude a sostener a seis hermanas menores que él, y su padre un anciano y enfermo, y no pudiendo resistir tamaña desgracia y confiando en el clemente corazón de V.E., es por lo que me atrevo a suplicar a V.E. se sirva indultar a mi desgraciado hijo de pena tan dura y con cualquiera otra que V.E. tenga a bien imponerle para que no le prive de trabajar para aliviar nuestra desgraciada suerte…

Tuvo así el pedazo de león que tiene toda madre, pero le faltó, usando de nuevo la simbología de Martí, en su totalidad, el pedazo de paloma.


Aun con el sortilegio y la disculpa es difícil encontrar en ella el pozo de dulzura de la madre cubana. El sacrificio del hijo le parece tanto más inútil cuanto que es por una tierra que no siente suya. Con disculpa, pues suele ser innoble, tienta la comparación: ¡Qué distancia entre Leonor Pérez y Mariana Grajales! —ésta sobre su hospital de sangre y cementerio de hijos, apurando al menor: "¡Y tú, empínate, que ya es tiempo de que pelees por tu patria!" Doña Leonor es Espirta, la madre de Abdala, que tampoco comprende la pasión del hijo: le pregunta airada cuando parte a luchar por Nubia: "¿Y tanto amor a este rincón de tierra?/¿Acaso él te protegió en tu infancia?/¿Acaso él fue quien engendró tu audacia?”


Nota: Saquen sus conclusiones. J.R.M.



Carmelo Delgado Delgado, un puertorriqueño en la Guerra Civil española.

(Foto Internet, colaboración de Michael)


Carmelo Delgado Delgado

 Natural de Guayama, Puerto Rico fue miembro de las  Brigadas Internacionales durante la guerra civil española. Decidió estudiar Derecho y se embarca para España  en  el vapor Juan Sebastián Elcano el 22 de septiembre de 1935. Se matrícula en la Facultad de Derecho de la Universidad Central de Madrid y participa en actos a favor de la República Española.  Cuando se inicia la guerra civil, Carmelo Delgado Delgado no duda en participar, pues un ardiente defensor de la República. En carta de 18 de agosto de 1936 dice Carmelo a su amigo Carlos Carrera Benítez: "Yo tengo cada día más fe en nuestro  pueblo." "Y yo veo cerca el día en que el jibaro boricua, como el campesino español, troque sus aperos de labranza por las armas para aplastar tiranos con la misma resolución y el mismo valor con que el pueblo español se ha levantado para aplastar los militares traidores y los políticos prevaricadores." "! Como me agradaría que tú estuvieses en España!. Yo sé que no permanecerías cruzado de brazos y que juntos grabaríamos una página que pudiera ser un timbre de honor para nuestra tierra y un motivo de orgullo para la tierra de nuestros abuelo". Ën Puerto Rico nadie debe saber que yo me he inmiscuido en la revolución.” El poeta Juan Antonio Corretjer en su articulo titulado: "Del hedonismo a la victoria"publicado en el diario El Nuevo Día el 16 de octubre de 1975  recuerda su gesta patriótica:

   "Eramos  más que amigos; hermanos en nuestro mundo patriótico. Estudiante en Madrid al estallar la Guerra Civil, se une a las fuerzas populares que defenderán la República. Batiéndose en una avanzadilla, no oye el silbato que le ordena retirarse y es capturado." Le trasladan a Valladolid donde le juzgaran en Consejo de Guerra. Rehusa la ayuda del Embajador y cónsul estadounidense y  dice Corretjer: "Carmelo Delgado prefiere morir fusilado antes que implorar por su vida al interventor yanqui de su patria."  Es ejecutado el 29 de abril de 1937.

miércoles, 12 de enero de 2011

¿Por qué creo que los independentistas cubanos encabezados por José Marti fueron unos irresponsables? Por José Ramón Morales


(Foto de Internet)

 Primero que todo les recordaré que Cuba es una Isla grande y por supuesto esta rodeada de agua por todo su perímetro. Los independentista sólo pensaron en separarla de España y ellos hacerse con el poder, pero ¿Qué le ofrecían al pueblo cubano?. ¿Podían garantizarles seguridad en sus costas?, ¿Como actuarían frente a un ataque de piratas o la invasión de un país enemigo con intención de apoderarse de la Isla?, ¿Tendrían las suficientes fuerzas militares como cuando éramos parte de España? En caso de un desastre natural, ¿Tendrían los medios de ayudar a la población como los había cuando éramos España? ¿Podía la población cubana vivir tranquila por la seguridad que les proporcionaba el nuevo gobierno cubano?

 Digo esto, porque en esos momento Cuba tenía una población de un poco mas de 1 millón y medio de habitantes. Si tenemos en cuenta que sólo el Condado Miami Dade en el Censo del año 2008 era de 2,478,745 de habitantes y la Isla de Cuba completa en esa época era de solamente un poco más de 1 Millon y medio, para ser más exactos, Cuba con la isla adyacente de Pinos, tiene 1.572.797 habitantes, es decir, 58,890 (1) menos que en 1887. La guerra ha reducido la población en un 3.6 por 100. (El 67 por 100 de los habitantes son blancos (910.299 cubanos y 142.198 extranjeros): el 38 por 100 de color (234.638 negros, 270.805 mulatos y 14.857 chinos). Según el Censo de los EEUU de 1900 en Cuba.

 El otro elemento a tomar en cuenta a la hora de crear una República independiente con tan pocos habitantes, era que el área total de las 60.710 fincas de labor que hay en la isla, era de 1.262.858 caballerías, o sea 8.600.000 hectáreas, solo cultivadas la décima parte, 27.082 caballerías (1), unas 860.000 hectáreas, esto es el 8 por 100 de las 11.800.000 hectáreas que tiene la superficie de Cuba. El resto de las tierras yacían abandonadas e improductivas por falta de brazos. Por eso fue necesario estimular la inmigración española como mano de obra, pues era una inmigración homogénea y además esto le crea más obstáculo a la política absorbente de los anglosajones de América con Cuba. Favorece también el mayor predominio del elemento blanco sobre la población de color.

 Los independentistas no tenían un plan concreto que presentarle a la población cubana de como garantizarles  el bienestar, el desarrollo, la seguridad, etc., en fin todo fue muy irresponsable y eso les abriría las puertas de una forma muy fácil a EEUU para anexarse a Cuba y ya sabemos por la carta del Post anterior, lo que pensaba EEUU de los cubanos y cuales eran sus intenciones o sea que los cubanos se fueran eliminando entre sí y ellos poco a poco ir repoblando la isla con norteamericanos hasta llegar  a anexarla sin tantos cubanos.

 Basado en todo lo expuesto anteriormente, llego a la conclusión que los independentistas no solo fueron irresponsables al querer separarnos de España, sino, que no calcularon todo el daño que le proporcionarían a Cuba siendo independiente con tan poca población, muy vulnerable a cualquier ataque, desastre natural, sin poder desarrollar la isla por falta de braseros, etc. En fin, todo lo que tenemos y por lo que estamos pasamos, se lo debemos a los independentistas, comenzando con la figura de José Martí, Antonio Maceo y el tenebroso y genocida dominicano que destruyó la Isla con la Tea Incendiaria, Máximo Gómez. Es como pensar en la independencia de Puerto Rico sin poder asegurarles a los puertorriqueños un estado de bienestar y una estabilidad.

 ¡Que claro estaban los autonomistas cubanos!, un ejemplo es el de Rafael Montoro y a continuación les pongo un fragmento:

Carta inédita de Rafael Montoro, cuyo original se encuentra en el Archivo Histórico, de Madrid, dirigida al historiador español Antonio Pirala, le dice el 7 de julio de 1895 (ya con todo Oriente insurrecto, y muertos en campaña José Martí y los generales Flor Crombet, Amador Guerra y Francisco Borrero; a una semana del combate de Peralejo, donde por poco pierde la vida Martínez Campos, atacado por Maceo, donde murió el general español Fidel Santocildes): "... El pueblo cubano en su inmensa mayoría no ha sido nunca, como no es hoy, revolucionario. Es demasiado inteligente para no comprender que la independencia sólo podría significar para él una serie de turbaciones y de catástrofes que lo reducirían al estado de Santo Domingo o Haití... No he sido, ni soy, ni creo que seré jamás revolucionario. Estoy seguro de que la autonomía colonial con España colmará todas las justas aspiraciones de Cuba..."
..." 

Biografía:




martes, 11 de enero de 2011

La opinión del Gobierno americano sobre los cubanos, en 1897 (Una especie de Wikileak)


(Foto de Internet. Teniente (Mayor) General N. A. Miles)

 Hay muchos cubanos y estoy seguro que en parte es por la Leyenda Negra Española, que ven con buenos ojos la invasión norteamericana de 1898 a Cuba, pues para ellos fue la forma de independizarnos de un "yugo opresor", que en realidad no existía, pero la leyenda así lo afirma. 

 Cuando era inminente un ataque norteamericano a Cuba Española, invitaron formalmente al Generalísimo Máximo Gómez a que se uniera al ejército español a combatir esa invasión y él respondió que los norteamericanos eran sus amigos, entre esos el General Miles. Aquí les pongo una carta de J.C. Brenckenridge al Teniente (Mayor) General N. A Miles. Verán las verdaderas intenciones los EEUU de esa época (no hablo del EEUU del Siglo XXI), para con Cuba y que opinión tenían de los cubanos. Aún así se que los hay que seguirán viendo a esos norteamericanos como Dioses, pues somos así, es un complejo de inferioridad que tenemos sobre la raza aria.

 No hay dudas de que Máximo Gómez no sólo traicionó a España, sino, también a Martí y a Maceo y se unió a pelear junto al ejército norteamericano, que en realidad quería que los cubanos se fueran eliminando entre sí, una especie de Sodoma y Gomorra, e irla poblando con ciudadanos norteamericanos y después anexarla a EEUU. Gómez traicionó a todos los cubanos.

José Ramón Morales


Carta de J.C. Brenckenridge (J. M. Breackreazon) al Teniente (Mayor) General N. A. Miles

DEPARTAMENTO DE GUERRA
OFICINA DEL SECRETARIO
WASHINGTON D.C.

24 de Diciembre, 1897 (Ojo: un mes y un dia antes de que el Maine atracara, y más de un mes y medio antes de que fuera volado; ¿casualidad?)

Teniente (Mayor) General N. A. Miles

Querido señor:

Esta Secretaría, de acuerdo con la de Negocios Extranjeros y de la Marina, se cree obligada a completar las instrucciones que sobre la parte de la organización militar de la próxima campaña en las Antillas le tiene dadas, con algunas observaciones relativas a la misión política que, como General en Jefe de nuestras fuerzas, recaerá en ustedes.

Las anexiones de territorios a nuestra República han sido hasta ahora de vastísimas regiones con escasa densidad de población y siempre precedidas por la invasión pacífica de emigrados nuestros; de modo que la absorción y amalgama de la población existente ha sido fácil y rápida.
El problema antillano se presenta bajo dos aspectos: el uno relativo a la isla de Cuba y el otro a Puerto Rico, así como también son distintas nuestras aspiraciones y la política que respecto a ellas habrá de observarse.

Puerto Rico constituye una isla feracísima, estrátegicamente situada en la extremidad oriental de las Antillas, y a mano para la nación poseedora que sea dueña de la vía de comunicación más importante del Golfo de México, el día (que no tardará en lucir, gracias a nosotros) en que sea un hecho la apertura del lstmo de Darién. Esta adquisición, que debemos hacer y conservar, nos será fácil, porque al cambiar de soberanía, considera, tiene más de ganar que de perder, por ser los intereses existentes allí más cosmopolitas que peninsulares.

Para la conquista habrá que emplear medios relativamente suaves, extremando en nuestra ocupación del territorio con exquisito celo el cumplimiento de todos los preceptos de las leyes de guerra, entre naciones civilizadas y cristianas, llegando, sólo en caso muy extremo, el bombardeo de algunas de sus plazas fuertes.

Para evitar conflictos, las fuerzas de desembarque lo harán aprovechando los puntos
deshabitados de la costa sur.

Los habitantes pacíficos serán rigurosamente respetados, como sus propiedades.

Recomiendo a usted muy especialmente procure ganarse, por todos los medios posibles, el afecto de la raza de color, con el doble objeto, primero, para procurarnos su apoyo para el plebiscito de anexión, y segundo, teniendo presente que el móvil principal y el objeto de la expansión de los Estados Unidos en las Antillas, es resolver de una manera eficaz y rápida nuestro conflicto de razas, conflicto que cada día aumenta, merced al crecimiento de los negros; éstos, conocidas las ventajosas circunstancias para ellos en las Indias Occidentales, una vez que estén en nuestro poder, no tardarán en ser inundadas por un desbordamiento de esta inmigración.

La isla de Cuba, con mayor territorio, tiene mayor densidad de población que Puerto Rico, y está desigualmente repartida; a pesar de ello, constituye el núcleo de población más importante de las Antillas. Su población la constituyen las razas blanca, negra, asiática y sus derivadas. Sus habitantes son por regla general, indolentes y apáticos. En ilustración se hallan colocados desde la más refinada hasta la ignorancia más grosera y abyecta. Su pueblo es indiferente en materia de religión, y por lo tanto, su mayoría es inmoral, como es a la vez de pasiones vivas, muy sensual; y como no posee sino nociones vagas de lo justo y de lo injusto, es propenso a procurarse los goces no por medio del trabajo, sino por medio de la violencia; y como resultado eficiente de esta falta de moralidad, es despreciador de la vida.

Claro está que la anexión inmediata a nuestra federación de elementos tan perturbadores y en tan gran número, sería una locura, y antes de plantearla debemos sanear ese país, aunque sea aplicando el medio que la Divina Providencia aplicó a Sodoma y a Gomorra.

Habrá que destruir cuanto alcancen nuestros cañones, con el hierro y con el fuego; habrá que extremar el bloqueo para que el hambre y la peste, su constante compañera, diezmen su población pacífica, y mermen su ejército; y el ejército aliado habrá de emplearse constantemente en explorociones y vanguardias, para que sufran indeclinablemente el peso de la guerra entre dos fuegos, y a ellas se encomendarán precisamente todas las empresas peligrosas y desesperadas.

La base de operaciones más conveniente será Santiago de Cuba, desde donde se podrá verificar la invasión lenta por camagüey, ocupando con la rapidez posible los puertos necesarios para refugio de nuestras escuadras en la estación de los ciclones.

Coetáneamente, o mejor dicho, cuando estos planes empiecen a tener cumplido desarrollo, se enviará un ejército numeroso a la provincia de Pinar del Río, con el objeto de completar el bloqueo marítimo de La Habana con la circunvalación por tierra; pero su verdadera misión será la de impedir que los enemigos sigan ocupando el interior, disgregando columnas de operaciones contra el ejército invasor de Oriente, pues dadas las condiciones de inexpugnabilidad de La Habana, es ocioso exponernos ante ella a pérdidas dolorosas.

El Ejército Occidental empleará los mismos procedimientos que el Oriental. Dominadas y retiradas todas las fuerzas regulares de los españoles, sobrevendrá una época, de tiempo indeterminado, de pacificación parcial durante la cual seguiremos ocupando militarmente todo el país, ayudando con nuestras bayonetas al gobierno independiente que se constituya, aunque sea informalmente, mientras resulte en minoría con el país. El terror por un lado y la propia conveniencia por otro, han de determinar que esa minoría se vaya robusteciendo y equilibrando sus fuerzas, constituyendo en minoría al elemento autonomista y a los peninsulares que se queden en el país.

Llegado este momento, son de aprovecharse, para crear conflictos al gobierno independiente, las dificultades que éste tiene que acarrear la insuficiencia de medios para atender a nuestras exigencias y los compromisos con nosotros contraídos los gastos de la guerra y la organización de un nuevo país. Estas dificultades habrán de coincidir con las reivindicaciones que los atropellos y violencias han de suscitar entre los dos elementos citados, y a los cuales debemos prestar nuestro apoyo.

Resumiendo: nuestra política se concreta a apoyar siempre al más débil contra el más fuerte, hasta la completa exterminación de ambos, para lograr anexarnos la Perla de las Antillas.

La época probable de nuestra campaña será el próximo octubre; pero será conveniente ultimar el menor detalle para estar listos ante la eventualidad de que nos viésemos precisados a precipitar los acontecimientos para anular el desarrollo del elemento autonomista, que pudiera aniquilar el movimiento separatista.

Aunque la mayor parte de estas instrucciones están basadas en las distintas conferencias que hemos celebrado, estimaríamos nos someta usted cualquier observación que puedan la práctica y la conveniencia aconsejar como corrección, pero ateniéndose siempre, mientras tanto, a lo acordado.

Soy de usted sinceramente,

J.C. Breckenridge (J. M. Breackreazon) 
Secretaría de Guerra

Completa aqui:

Fuente:
Collazo, Enrique. La guerra de Cuba. Habana, 1926, p. 186. 



lunes, 10 de enero de 2011

Para los admiradores de Maceo y a la vez de la intervensión norteamericana en Cuba en 1898

(Foto de Internet)

Para los que se hacen llamar Maceistas y Martianos, y a la vez están de acuerdo con esa intervención norteamericana en 1898 que nos separó de España a la fuerza a pesar de estar comenzando en la Isla un gobierno autonómico, el primero de España y que eso era lo que quería la mayor parte de los cubanos y hasta tropas mambisas habían salido de la manigua para unirse a él. Para esos a los que tanto Martí como Maceo son sus patriotas principales, les diré que pensaba Maceo sobre la injerencia de EEUU en Cuba y después tendrán que decidir, no se puede seguir la figura de Maceo y a la vez querer lo opuesto a él. ( Podrán darse cuenta que el Generalísmo Máximo Gómez los traicionó y entregó Cuba a EEUU).

Lean:

Luego de la caída en Dos Ríos de José Martí, fue Antonio Maceo el más fuerte opositor a la injerencia norteamericana, a quien no debemos olvidar por sus constantes señales de alerta, en todo estudio que realicemos sobre el tema.

Caracterizado por su gran firmeza de principios, alto sentido de la disciplina, unidad e intransigencia revolucionaria demostradas con creces durante la Guerra de los Diez Años y en la enérgica Protesta de Baragúa, Antonio Maceo supo captar a su paso por tierras centroamericanas y el propio territorio norteamericano, el creciente poderío de este país y su marcado interés hacia Cuba.

Durante los años de Tregua Fecunda, al quehacer conspirativo de Antonio Maceo por la reanudación de la gesta libertaria se unió el recelo por los apetitos del vecino. Así escribe el 13 de junio de 1884 en carta al director del periódico El Yara, con motivo de los manejos de venta de la Isla por 100 millones de pesos que se realizaban entre España y los Estados Unidos.

[...] llega a mí noticia la nueva trama que pretenden pegarnos los españoles fingiendo arreglos importantes para los cubanos, en que aparece la intervención de extrañas naciones [...] pero quien intente apropiarse a Cuba recogerá el polvo de su suelo anegado en sangre, sino perece en la lucha.

Y añade en la misma carta:

Conviene no apurar la protección americana, antes bien tenerla de nuestra parte. Me parece que con alguna discreción se conservaría neutral en nuestros asuntos, si no indiferente como hasta ahora, pues creo verla salvando las apariencias españolas.

No olvida la actitud de los Estados Unidos durante la Guerra de los Diez Años e intuye perfectamente la maniobra y termina la carta sentenciando que "las naciones tienen entre sí principios internacionales que respetar, y que les obligan a ser indiferentes contra su propia voluntad, pero hay algo más entre ellas". 

Poco después, en carta a Méndez y Varona señaló al referirse al asunto: "Suceda lo que suceda Cuba no debe ni puede esperar soluciones extrañas, su porvenir está en hacerse reina absoluta de sus destinos." 

Los preparativos del plan Gómez-Maceo, uno de los movimientos revolucionarios más importantes desarrollados durante la Tregua Fecunda, le permitieron, a la vez que ampliar su horizonte sobre la realidad cubana, valorar la naturaleza de los norteamericanos a quienes, en carta a López Queralta motivada por el fracaso de las gestiones de este en los preparativos de una expedición armada, calificó como "hombres sin honra comercial," para los que no "hay más dignidad y amor propio que el dinero."

Poco después en Panamá, en entrevista realizada por el periodista español Francisco Feris, al referirse este a supuestas maniobras anexionistas a los Estados Unidos, expresó: "Es una calumnia. Para depender Cuba de alguna potencia, preferimos que sea España [...] antes que norteamericanos queremos ser españoles."

Sin duda su peregrinar por Centroamérica y los Estados Unidos le habían hecho comprender el peligro que para el futuro de su pueblo representaba el creciente poderío norteamericano y al respecto, es muy conocida su expresión en el café La Venus durante su visita con fines conspirativos a su ciudad natal en julio de 1890, en que respondiendo a las palabras del joven Hernández Mancebo, quien aludía que Cuba llegaría a ser una estrella más en la bandera americana, contestó: "Creo joven, aunque me parece imposible, que ese sería el único caso en que tal vez mi espada estaría al lado de los españoles."

Sin embargo, si bien durante la Tregua Fecunda en diferentes ocasiones Antonio Maceo alertó de una forma u otra sobre el peligro americano, es durante la Guerra de Independencia que su profundo patriotismo lo conduce a una posición antinjerencista mucho más diáfana y certera que dejó plasmada en su correspondencia.

Bibliografía:

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