Crée usted de que Cuba estaría mejor como:
viernes, 29 de abril de 2011
Los Cubanos y Miami. Autor desconocido
Una colaboración de Alila Barrera.
Ahora, cuando cualquier cubano ó latinoamericano llega a Miami, se sorprende de la laboriosidad, perseverancia, y status social de los cubanos. Pero aún es más emocionante el florecimiento de la cultura, las costumbres y el modo de vida cubano dentro de los propios Estados Unidos. Allí, en Miami está la patria que perdimos, la isla que nos arrebató por la violencia uno de los más brutales dictadores de Cuba y las Américas.
Fidel Castro les quitó todo: fincas, fábricas, bancos, centrales azucareros, etc. Luego, cuando comenzaban los trámites de salida definitiva del país, iba a sus casas una comisión de Bienes Malversados primero, y luego una comisión de los "factores" (CDR, PCC, FMC, etc) para hacer un inventario de todas las propiedades que poseían: joyas, zapatos, ropas, cuadros de pintura, lámparas, muebles, vasos y hasta cucharitas de café. No escapaba nada. Y, desde luego, sus cuentas bancarias. Vivían, durante el tiempo de la espera de la salida, con un profundo desasosiego, de que algo del inventario se rompiera o se perdiera, porque eso podía significar la derogación del permiso de salida. Fueron objeto de inenarrables humillaciones.
Se convirtieron en las primeras "no personas" del régimen comunista. Y las primeras victimas de los paredones de fusilamientos del dictador.
Salieron de Cuba con una mano adelante y otra atrás. Con lo que tenían puesto, ni relojes ni joyas.
Pero, lo único que no pudo quitarles, fue su dominio en los negocios y en las leyes del mercado. Su agresividad y voluntad para abrirse paso en la jungla enonómico-industrial y comercial de los EE:UU.
Entre 1959 y 1967 llegaron más de 300 mil cubanos. Cuando llegaron, Miami era - según un amigo que allí encontré en 1995 - "una finca con tres faroles”.
Limpiaron pisos, fueron cocineros, barrecalles, empleados de tiendas, trabajadores de factorías y gasolineras, mecánicos y se desempeñaron en mil oficios más. No los detuvo nada ni nadie.. Y allí crearon "su Cuba “La "escoria del Mariel" - como les llamó el sátrapa de Birán - hoy tiene un ingreso promedio anual de $37,000 dólares.
En mi artículo " China : Bye Bye Karl Marx" escribí, sobre los cubanos en EE:UU: "Llegaron a EE:UU, España y otras partes del mundo. En EE:UU, de acuerdo a su último censo, hay 300 mil empresas cubanas, con un volumen de ventas de 90 mil millones (tres veces el PIB de Cuba). Constituyen sólo el 5% de los hispanos, pero tienen el 35% de las ventas totales del mundo hispano. Sus ventas están al nivel de las ventas de los japoneses asentados en U.S.A. y se han convertido en una de las comunidades más poderosas políticamente de ese país, junto a los judíos”.
Ellos abrieron el espacio empresarial americano para otras comunidades de América Latina . Nicaraguenses, que huyeron de los "sandicomunistas", argentinos, mexicanos, colombianos, dominicanos, venezolanos y otros latinos, crean hoy, con los cubanos, unos 300 mil millones de dólares en sus negocios.
Fueron ellos también, por medio de Gloria y Emilio Estefan y Miami Sound Machine, los que inauguraron el multimillonario negocio de la música y la cultura hispana en los Estados Unidos.
Han mantenido durante casi medio siglo lo más bello y duradero de la cultura cubana y, la han convertido en algo irreductible. No hay ninguna otra comunidad que haya logrado semejante triunfo cultural.
Ahora, cuando cualquier cubano ó latinoamericano llega a Miami, se sorprende de la laboriosidad, perseverancia, y status social de los cubanos. Pero aún es más emocionante el florecimiento de la cultura, las costumbres y el modo de vida cubano dentro de los propios Estados Unidos. Allí, en Miami está la patria que perdimos, la isla que nos arrebató por la violencia uno de los más brutales dictadores de Cuba y las Américas.
Fidel Castro les quitó todo: fincas, fábricas, bancos, centrales azucareros, etc. Luego, cuando comenzaban los trámites de salida definitiva del país, iba a sus casas una comisión de Bienes Malversados primero, y luego una comisión de los "factores" (CDR, PCC, FMC, etc) para hacer un inventario de todas las propiedades que poseían: joyas, zapatos, ropas, cuadros de pintura, lámparas, muebles, vasos y hasta cucharitas de café. No escapaba nada. Y, desde luego, sus cuentas bancarias. Vivían, durante el tiempo de la espera de la salida, con un profundo desasosiego, de que algo del inventario se rompiera o se perdiera, porque eso podía significar la derogación del permiso de salida. Fueron objeto de inenarrables humillaciones.
Se convirtieron en las primeras "no personas" del régimen comunista. Y las primeras victimas de los paredones de fusilamientos del dictador.
Salieron de Cuba con una mano adelante y otra atrás. Con lo que tenían puesto, ni relojes ni joyas.
Pero, lo único que no pudo quitarles, fue su dominio en los negocios y en las leyes del mercado. Su agresividad y voluntad para abrirse paso en la jungla enonómico-industrial y comercial de los EE:UU.
Entre 1959 y 1967 llegaron más de 300 mil cubanos. Cuando llegaron, Miami era - según un amigo que allí encontré en 1995 - "una finca con tres faroles”.
Limpiaron pisos, fueron cocineros, barrecalles, empleados de tiendas, trabajadores de factorías y gasolineras, mecánicos y se desempeñaron en mil oficios más. No los detuvo nada ni nadie.. Y allí crearon "su Cuba “La "escoria del Mariel" - como les llamó el sátrapa de Birán - hoy tiene un ingreso promedio anual de $37,000 dólares.
En mi artículo " China : Bye Bye Karl Marx" escribí, sobre los cubanos en EE:UU: "Llegaron a EE:UU, España y otras partes del mundo. En EE:UU, de acuerdo a su último censo, hay 300 mil empresas cubanas, con un volumen de ventas de 90 mil millones (tres veces el PIB de Cuba). Constituyen sólo el 5% de los hispanos, pero tienen el 35% de las ventas totales del mundo hispano. Sus ventas están al nivel de las ventas de los japoneses asentados en U.S.A. y se han convertido en una de las comunidades más poderosas políticamente de ese país, junto a los judíos”.
Ellos abrieron el espacio empresarial americano para otras comunidades de América Latina . Nicaraguenses, que huyeron de los "sandicomunistas", argentinos, mexicanos, colombianos, dominicanos, venezolanos y otros latinos, crean hoy, con los cubanos, unos 300 mil millones de dólares en sus negocios.
Fueron ellos también, por medio de Gloria y Emilio Estefan y Miami Sound Machine, los que inauguraron el multimillonario negocio de la música y la cultura hispana en los Estados Unidos.
Han mantenido durante casi medio siglo lo más bello y duradero de la cultura cubana y, la han convertido en algo irreductible. No hay ninguna otra comunidad que haya logrado semejante triunfo cultural.
Por eso digo, con extremo orgullo, que el exilio cubano - en EE.UU. y en todo el mundo - sus brillantes éxitos económicos, sociales y culturales, constituyen la más esplendorosa derrota sobre la dictadura comunista de Fidel Castro… Si usted, algún día, viaja a Miami y ve, en las tiendas y en los Malls, un cartel que dice "We speak English", no se asombre. Detrás de ese cartel, está la mano industriosa de los Cubanos. Saludos desde este angustiante destierro. PERO HEMOS SOBREVIVIDO, ¿EH? |
El primer intento independentista dominicano y la reincorporación a España, 1808-1809
Fortaleza Ozama, uno de los edificios históricos en Santo Domingo, el cual data del 1502
Foto de Wikipedia
El primer intento independentista dominicano y la reincorporación a España, 1808-18091
Para poder comprender los acontecimientos históricos que ocurrieron en Santo Domingo a partir del 8 de octubre de 1808, el proceso de la Reincorporación a España, que algunos historiadores dominicanos mal llaman “La Reconquista”, es imprescindible conocer los motivos que impulsaron al pueblo dominicano a rebelarse contra la dominación francesa.
http://www.facebook.com/l/6c9acWyiXpaVF0j7D8ievBWUxzg/clio.academiahistoria.org.do/
Para poder comprender los acontecimientos históricos que ocurrieron en Santo Domingo a partir del 8 de octubre de 1808, el proceso de la Reincorporación a España, que algunos historiadores dominicanos mal llaman “La Reconquista”, es imprescindible conocer los motivos que impulsaron al pueblo dominicano a rebelarse contra la dominación francesa.
http://www.facebook.com/l/6c9acWyiXpaVF0j7D8ievBWUxzg/clio.academiahistoria.org.do/
Cl�o - Organo de la Academia Dominicana de la Historia
Denuncian la detención del disidente Darsi Ferrer en una protesta pacífica en Cuba
Darsi Ferrer
El disidente cubano Darsi Ferrer fue detenido este jueves, junto a otras cuatro personas, cuando realizaba una protesta pacífica en una céntrica zona de La Habana, según informó la opositora Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional (CCDHRN).
Ferrer y sus acompañantes reclamaron durante una "pequeña manifestación" que el Gobierno de Cuba "respete la libertad de movimiento de los ciudadanos al interior de la Isla y para salir al extranjero con derecho a regresar al país", denunció un comunicado de la comisión, suscrito por su portavoz, Elizardo Sánchez.
Además de Ferrer participaron en la protesta su esposa, Yusnaimi Jorge, Juan Mario Rodríguez, Ricardo Aguilar y Joaquín Sarduy, quienes también se encuentran detenidos.
Los disidentes también exhibieron carteles alusivos a su demandadurante la protesta realizada esta mañana en una esquina frente a la conocida heladería Coppelia, situada en la barriada habanera de El Vedado, de acuerdo con la denuncia de la CCDHRN.
Una fuente cercana a los opositores dijo a Efe que hasta ahora permanecían detenidos.
Darsi Ferrer, de 41 años y médico de profesión, fue excarcelado en junio del año pasado en La Habana tras permanecer 11 meses en prisión preventiva. Desde hace varios meses, el médico disidente ha estado denunciando que las autoridades migratorias de la isla le han denegado el permiso de salida del país a su esposa e hijo, quienes planeaban viajar a Estados Unidos.
jueves, 28 de abril de 2011
La opinión de José Martí sobre el 1 de mayo de 1886. Todo no es como lo pintan. Segunda Parte y Final
( Foto de Internet )
EL PROCESO DE LOS SIETE ANARQUISTAS DE CHICAGO
Continuación y final.
Saltaron en pedazos los hombres rotos: murieron miembro a miembro desesperados en los hospitales: repudió toda la gente de trabajo a los que a sangre fría mataban en su nombre. Y hoy, cuando se anuncia el veredicto que los condena a muerte, se siente que en esta masa de millones hay todavía rincones vivos donde se hacen bombas, se reúnen en Nueva York dos mil alemanes a condolerse de los sentenciados, se sabe que no han cesado enChicago, ni en Milwaukee, ni en Nueva York los trabajos bárbaros de estos vengadores ciegos; pero las grandes masas no han alzado la mano contra el veredicto, ni el curioso indiferente que se acercara hoy a las tablillas de los diarios hubiera podido oír a un solo trabajador ni comerciante, ni una palabra de condenación o de ira contra el acuerdo del jurado.
El que más, el extranjero de alma compasiva, el pensador que ve en las causas, se entristecían y callaban.
Porque entre otras cosas, los peligros mismos que, a la raíz del proceso, corría el jurado, venían siendo garantía de que él no daría veredicto de muerte contra los anarquistas, a tener la menor posibilidad de evitarse así una inquietud para la conciencia y un riesgo para sus vidas. Si la evidencia no era absoluta, el jurado se aprovecharía de ello para no incurrir en la ira de los anarquistas.
Ya se sabe que el jurado aquí, como en todas partes, no es como los jueces, que viven de la justicia y pueden afrontar los peligros que les vengan de ejercerla con la protección y paga del orden social que los necesita para su mantenimiento.
Estos doce jurados, traídos muy contra su voluntad a juzgar a los jefes de una asociación numerosa de hombres que creen glorioso el crimen, y criminales a todos los que se les oponen, habían de temer con razón que los anarquistas, enfurecidos por la sentencia de sus jefes, llevasen a cabo las amenazas que esparcían abundantemente, mientras se estaba eligiendo el jurado.
Treinta y seis días tardó el jurado en formarse. Novecientos ochenta y un jurados hubo que examinar para poder reunir doce.
Reunidos al fin, siguió por todo un mes la sombría vista.
De noche reposaban los jurados en sus cuartos en el hotel, vigilados por los alguaciles que debían librarles de toda comunicación o amenaza: deliberaban: comentaban los sucesos del día: iban concentrando el juicio: se distraían tocando piano, banjo y violín. De día eran las sorpresas.
Ya era el norteamericano Parsons, a quien la policía no podía hallar, y se presentó de súbito en la sala del proceso, desaseado, barbón, duro, arrogante: ya era que iban perdiendo su seguridad aparente los presos, conforme el fiscal público presentaba en el banquillo como testigos a los cómplices mismos de los anarquistas, al regente de la imprenta del periódico que incitaba a la matanza, al dueño de la casa donde el recién llegado alemán hacia las bombas.
Una joven repartía un día a los presos ramilletes de flores encarnadas. La madre del periodista Spies oía día sobre día las declaraciones contra su hijo. El fiscal presentó en su propia mano una bomba cargada, de las que se hallaron en un escondite, fabricadas por uno de los presos, con ayuda del cómplice que lo denunciaba desde el banquillo.
Cada día se veían crecer las alas de la muerte, y se sentían más aquellos infelices bajo su sombra.
Todo se fue probando: la premeditación, la manufactura de los proyectiles, la conspiración, las excitaciones al incendio y el asesinato, la publicación de claves en el diario con este fin, el tono criminal de los discursos en la junta de Haymarket, la preparación y lanzamiento de la bomba desde la carreta de los oradores.
Estaba entre los presos el que la había hecho, ésa y cien más.
Los restos de la bomba eran iguales a las que los cómplices de los presos entregaron a la policía, y a las que tenía el periodista en su imprenta y enseñaba como una hazaña.
Los testigos de la defensa se contradijeron y dejaron en pie la acusación. Los testigos de la acusación eran amigos, compañeros, empleados, cómplices de los presos.
Sin miedo hablaron el fiscal y su abogado. Sin fortuna ni solidez hablaron los defensores. El juez dijo al jurado en sus indicaciones que el que incita a cometer un delito y a prepararlo es tan culpable de él como el que lo comete.
Anonadaba tanta prueba. Estremecía lo que se había oído y visto. Trascendía al tribunal el espanto público.
El jurado deliberó poco, y a la mañana siguiente los presos fueron llamados a oír el veredicto.
¡Pobres mujeres! La viejecita Spies, la madre del periodista, estaba en su rincón, mirando como quien no quiere ver. Allí su hermana joven. Allí la novia lozana de uno de los presos. Allí la mujer de Schwab, desdichada y seca criatura, el cuerpo como roído, de rostro térreo y manos angulosas, extraña en el vestir, los ojos vagos y ansiosos, como de quien viviese en compañía de un duende: Schwab es así: desgarbado, repulsivo, de funesta apariencia; la mirada caída bajo los espejuelos, la barba silvestre, el pelo en rebeldía, la frente no sin luz, el conjunto como de criatura subterránea.
Allí la mulata de Parsons, implacable e inteligente como él, que no pestañea en los mayores aprietos, que habla con feroz energía en las juntas públicas, que no se desmaya como las demás, que no mueve un músculo del rostro cuando oye la sentencia fiera. Los noticieros de los diarios se le acercan, más para tener qué decir que para consolarla. Ella aprieta el rostro contra su puño cerrado.
No mira; no responde; se le nota en el puño un temblor creciente; se pone en pie de súbito, aparta con un ademán a los que la rodean, y va a hablar de la apelación con su cuñado.
La viejecita ha caído en tierra. A la novia infeliz se la llevan en brazos. Parsons se entretenía mientras leían el veredicto en imitar con los cordones de una cortina que tenía cerca el nudo de la horca, y en echarlo por fuera de la ventana, para que lo viese la muchedumbre de la plaza.
En la plaza, llena desde el alba de tantos policías como concurrentes, hubo gran conmoción cuando se vio salir del tribunal, como si fuera montado en un relámpago, al cronista de un diario,—el primero de todos. Volaba. Pedía por merced que no lo detuviesen. Saltó al carruaje que lo estaba esperando.
—"¿Cuál es, cuál es el veredicto?"— voceaban por todas partes.—"¡Culpables!"— dijo, ya en marcha. Un hurra, ¡triste hurra!, llenó la plaza. Y cuando salió el juez, lo saludaron.
José Martí
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