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viernes, 18 de marzo de 2011

Carlos Manuel de Céspedes y la Guerra Anexionista de los Diez Años,1868-78


(Foto de Internet)

 El grito de guerra contra España revivió ca­si instantáneamente el pensamiento de la ane­xión de Cuba á los Estados Unidos de América: Para los antiguos revolucionarios cubanos residentes en New York, Philadelphia y otras ciudades de la Unión, que se aprestaron ense­guida á coadyuvar al movimiento, poniendo al servicio de la revolución cubana su experien­cia y sus recursos de todo género, el camino se encontraba trillado. Para los revolucionarios nuevos, y principalmente los que se hallaban en la Habana, y conspiraban con gran riesgo y dificultades á fin de ayudar á Céspedes y de­sembarazarse de España, la intervención ame­ricana, para asegurar en primer término el triunfo de la independencia, y después el in­greso de la isla en la Unión, bajo las bases que desde 1859 se habían definido tan claramente, era, como podría decirse sin exageración, la mayor y más acariciada de las esperanzas. Ra­zones hay para creer que á pesar del merecido­ encono que los habitantes de la parte occiden­tal y más rica de la isla sentían, no menos que los del resto del país, contra la injusticia y los insultos de España, la revolución no hubiera hallado entre ellos el decidido apoyo que en­contró, si no hubiera mediado la promesa que se les hizo verbalmente por personajes ameri­canos que llegaron en aquel tiempo á la Haba­na, y se dijeron enviados confidenciales del Gobierno de Washington, de que si los insur­gentes conseguían sostenerse siquiera sesenta días, se les reconocerían los derechos de beli­gerantes, procediéndose con ellos como se había procedido en su tiempo con los insurgen­tes de la América continental.

 Cual si se hu­biese deseado mantenerlos en tan infundada y engañadora ilusión, se deslumbró á los inexpertos cubanos con la introducción en el Con­greso de los Estados Unidos de América de las cuatro resoluciones siguientes:

 1-  La de Mr. W. E. Robinson, uno de los representantes de New York, presentada en la Cámara de Representantes de los Estados Uni­dos de América, el 11 de enero de 1869 (no­venta y tres días después del pronunciamiento de Yara) "proveyendo para la independencia de la isla de Cuba y su anexión á los Estados Unidos."

2- La del mismo MI'. Robinson, presentada en el mismo cuerpo el 22 de febrero siguiente, ordenando "el reconocimiento de la indepen­dencia de la isla de Cuba."

3- La de Mr. Shelby M. Cullom, uno de los representantes de Illinois, presentada en el mismo cuerpo el 26 de febrero de 1869, en "que el Congreso y el pueblo de los Estados Unidos de América, no son indiferentes a la lucha en que esta empenada la isla de Cuba para su natural independencia, de cuyo beneficio legitimo se la ha por largo tiempo privado, merced al influjo y poder de una nación monárquica europea y a la existencia en su seno, de la esclavitud africana, pero que ahora parece que va a lograr conquistarse con provecho de los intereses americanos y de la libertad universal"

4- La presentada por Mr. John Sherman, Senador por Ohio, en el Senado de los Estados Unidos de América, el 27 de febrero de 1869, en el que "se autorizaba al Presidente para reconocer la independencia de Cuba, tan pronto como en concepto suyo exista en aquella isla un Gobierno de facto establecido por los cubanos".

 El pueblo de Cuba no se dió mucha cuenta de que todo lo dicho y hecho en los últimos días de un Congreso y una administración que el 4 de marzo siguiente, es decir dentro de brevísimos días, tenían que terminar, era simplemente una farsa. Pero el secreto de la fuerza de los políticos de profesión, está precisamente en que los pueblos todos , desde el mas cultivado hasta el mas ignorante, gustan de dejarse enganar, y aplauden con mayor entusiasmo al que de ellos se burla con mas descaro.

 Consta de un modo positivo, que el 3 de enero de 1869, Céspedes, que entonces se daba el titulo de "Capitán del Ejercito Libertador de Cuba y Encargado de su Gobierno provisional", escribió una carta a Don Jose Valiente, Agente de la revolución en New York, recomendándole que trabajase con empeño en conseguir que el Gobierno de Washington se decidiese a llevar a cabo la anexión de la isla. Consta tambien que algo más tarde, cuando ya estaba instalado el General Grant en la Presidencia de la Union, le escribió Céspedes directamente, explicándoles la situación de Cuba y esforzándose en demostrar las ventajas que para Cuba y para los Estados Unidos de América resultarían en la anexión.

Bibliografía:

ESTUDIO HISTÓRICO SOBRE EL ORIGEN, DESENVOLVIMIENTO Y MANIFESTACIONES PRÁCTICAS DE LA IDEA
DE LA ANEXIÓN DE LA ISLA DE CUBA Á LOS ESTADOS UNIDOS DE AMÉRICA. POR JOSÉ IGNACIO RODRIGUEZ, 
HABANA. 
IMPRENTA LA PROPAGANDA LITERARIA. AÑO 1900.
 LA GUERRA DE LOS DIEZ AÑOS (1868-1878). CAPÍTULO XXIII PÁG. 220

Anexionismo cubano y Narciso López, el diseñador de la bandera cubana actual.


(Foto de Internet)

 La crisis ideológica de los liderales cubanos, el auge de la lucha social, la agresividad británica y los altibajos en  la política metropolitana, se unieron para dar fuerzas al movimiento anexionista durante la década de los años 40 y el primer lustro de los 50. Esta predisposición de amplios sectores económicamente dominante en la isla se vió favorecida, a partir de 1845, por un nuevo factor: el triunfo, dentro de los Estados Unidos, de la más feroz tendencia expansionista.
 El 29 de diciembre de 1845, el congreso de los Estados Unidos incluía la extensa región  mexicana de Texas dentro de su territorio. Con respecto a Cuba, los problemas generados por la conspiración de La Escalera, la actividad británica y los designios expansionistas expresados a tenor de la anexión de Texas, sirvieron para añadir peso a los criterios de los sureños  norteamericanos  como Edgard Everett y John Calhour, partidiario de la agresión de la isla a los Estados Unidos.
 Las reiteradas  estacias del primero de ellos en Cuba, permitían inferir, según Turnbull, que el verdadero objeto de su misión era tomar el pulso de la gente con respecto a la anexión. En 1843, Everett había escrito: Yo deseo y creo que no está lejos el tiempo en que […] la Gran Antilla añadirá otra estrella brillante a la bandera de nuestra confederación. John Calhoun, por su parte, consideraba que la “africanización” de Cuba formaba parte del plan inglés. Los negros libres deberían su liberación a Gran Bretaña y esto podía  obstruir la expansión de los Estados Unidos hacia el sur.
 Tres núcleos anexionistas surgieron en la isla durante estos años. El más importante, peligroso y poderoso era el de Occidente, que se denominó club de La Habana. Su objetivo declarado era mantener la esclavitud y la propiedad contra las posibles acciones inglesas y frente a un eventual movimiento popular, ya fuese abolicionista o portador de intereses más generales, pero capaz de poner en peligro el orden social imperante. Sus figuras  principales, José L. Alfonso, Miguel Aldama y Cristóbal Madan, dueño de grandes ingenios y numerosos esclavos. Veían en la anexión al sur de los Estados Unidos la preservación de sus intereses y la salvaguarda de sus propiedades. En primer lugar, pensaban en una salida pacífica a través de la compra de Cuba  a España por parte de dicha nación y solo en última instancia consideraban la posibilidad de un programa militar en tanto éste podía lesionar sus intereses en la isla.
 Otro núcleo, el de las Villas, también era conservador, en tanto representaba intereses esclavistas. Era fuerte en Trinidad, Santi Spíritus y Cienfuegos y estuvo muy relacionado con el movimiento gestado en dicho territorio por Narciso López.
 López, nacido en Venezuela, había luchado contra la independencia de su país. Tras la derrota colonialista partió para España. De 1824-1827, estuvo en Cuba, donde contrajo matrimonios con Dolores Frías, hermana del conde de Pozos Dulces.               

 A su regreso a España luchó contra los carlistas a las órdenes del general Jerónimo Valdés y cuando éste fue nombrado capitán general de la isla, volvió a Cuba. Fue designado gobernador de Trinidad y presidió la comisión Militar Ejecutiva y Permanente. Como su presidente participó en las represiones contra los movimientos sociales de la época y dirigió el tribunal que condenó a muerte a Turnbull y al negro libre J.M. Mitchell. En la isla se dedicó a varios negocios sucesivamente: una panadería, un ingenio en Cienfuegos y una mina en Las Villas, todas ellas empresas fracasadas, en las cuales perdió su fortuna. Narciso López inició sus acciones comparativas casi paralelamente al Club de La Habana. Su movimiento tuvo ramificaciones por Trinidad, Santi Spíritus, Cienfuegos y Matanzas. El moviendo anexionista fue considerado, incluso por importantes figuras del poder colonial. En estas conspiraciones participaron de forma muy activa, comerciantes españoles, en tanto pretendían, según algunos, conservar el orden social existente. Tal ves estas características del primer movimiento lopista expliquen sus primeras contradicciones con el Club de La Habana. Los fines últimos del movimiento eran, según expusieron algunos de sus participantes, la anexión a los Estados Unidos. Uno de los colaboradores mas allegados al general López, José Sánchez. La primera conspiración encabezada por López, conocida como de la mina de la Rosa Cubana, fue descubierta por las autoridades de la isla, por lo que tuvo que huir.  

 En el extranjero reorganizó sus fuerzas con militares norteamericanos que habían participado en la expedición  contra México. El otro núcleo anexionista de importancia era el de Puerto Príncipe, que tenía  ramificaciones en oriente. Lo integraba un grupo de terratenientes que pretendía lograr para la isla un desarrollo capitalista. Nucleaba a liberales escépticos, opuestos al dominio de España, pero con escasa fe en las capacidades del pueblo cubano para lograr la independencia por sus propios medios. Convencidos de que la acción reformista dentro  de las estructuras españolas no era posible, consideraron que el modelo democrático-republicano y capitalista del norte de los Estados Unidos podía convenirles para lograr, como parte integrante, de dicho país, el desarrollo de la isla. Este grupo lo integraban algunos exiliados que habían formado parte del movimiento separatista de los años 20 y del movimiento reformista de los años 30. Su figura mas destacada era Gaspar Betancourt Cisneros, mas conocido por el seudónimo de El Lugareño, quién expresó la visión del grupo. El rebajamiento moral de los anexionistas quedaba expresados en estas y otras manifestaciones de desprecio hacia su propio pueblo. En 1848, los anexionistas vinculados a El Lugareño, comenzaron a publicar el periódico La Verdad, que trataba de infundir en la población cubana las ideas anexionistas. En medio de esta  crisis de valores se alzó contra la anexión  la voz de José A. Saco. Saliendo de su prolongado retiro político y oponiéndose a los sectores que ponían sus intereses económicos por encima de los intereses sociales y políticos de la patria.  

 Resulta necesario aclarar que la opción anexionista en sus diferentes vertientes, tenía un concepto elitista del pueblo cubano, del cual no formaban partes no solo el hombre negro, sino ninguno de los sectores marginados y humildes. Incluso la vertiente abolicionista, que veía en la eliminación de la esclavitud y sus inmediatas consecuencias, la posibilidad de explotar en una forma más moderna la fuerza de trabajo liberada, sin  que estos le significase una inversión cuantiosa, tampoco identificaba sus derechos de propietario con los del resto del pueblo. El anexionismo no solo colocaba la búsqueda de la liberación política del terreno más desfavorable al hipotecar los destinos del país sino que separaba raigalmente a los cubanos y, con ello, la lucha política social.
 En cambio la política española hacia Cuba crearía nuevas condiciones, ahora contra el movimiento anexionista. El nombramiento del general José Gutierrez de la Concha en noviembre de 1850, y la política aplicaba por este produjo un acercamiento entre los sectores económicamente dominantes en la isla y el gobierno colonial. El nuevo capitán general dio el paso más importante en la solución del conflicto al nombrar a José L. Alfonso como representante en Londres de la Junta de Fomento de la Habana, en realidad como el hombre encargado de lograr un arreglo con los británicos. Después de una larga entrevista con Lord Almerston, ambos convinieron estar en perfecto acuerdo con respecto a los destinos de Cuba.
 Tanto Alfonso como el club de La Habana se manifestaban ahora opuestos al anexionismo que poco antes habían patrocinado. En ese momento y sin tener en cuenta las nuevas condiciones, Narciso López produjo sus dos desafortunadas expediciones, primero la del Creole y después la del Pampero. En ninguno de los dos casos contó el general con el suficiente apoyo interno. La burguesía esclavista estaba en disposición de conveniar con Inglaterra y configurar una nueva alianza de poder con la metrópolis; las capas medias y las masas populares no prestaban su apoyo a un movimiento tan claro matices extranjeros. (así todo la ciudad de Cárdenas, es considerada Ciudad Bandera, pues fue donde por primera vez ondeó la bandera cubana anexionista de Narciso López. ¡Que ironía! Esa es la bandera de Cuba hoy en día. J.R.M.)
 El primer intento de López fue en 1849. se originó en Cat’s Island y fue disuelto a instancias de capitán general de la isla. El segundo, organizado en Isla Redonda, fue liquidado por orientación expresa del presidente estadounidense Sacarías Taylor,  como consecuencia de su cambio de política con respecto a la anexión de Cuba a los Estados Unidos. 

 El propósito de esta expedición era crear un estado que se proclamaría “Republicano, democrático y libre”, a fin de solicitar, tal como lo había hecho Texas, la anexión a los Estados Unidos. Quitman, alegando su condición de gobernador de Mississippi, no acepto la nominación pero mantuvo contacto con el grupo lopista, estimulándolo incluso insinuándole que más adelante podía reconsiderar su negativa. 
 Los anexionistas camagüeyanos, por su parte no compartían los criterios en cuanto a la nueva opción reformistas diseñadas por Alfonso. Para ello estos cambios no solucionarían el problema de Cuba. Seguía viendo el modelo democrático-republicano norteño la mejor alternativa. Creían con este fin debían iniciar la lucha interna. Su imagen de los Estados Unidos resultaba una idealización bien ajena a su realidad interna y a los objetivos políticos de aquel país. En 1851, los preparativos de un alzamiento en la región principeña eran evidentes. El 4 de julio, día de proclamación de la independencia de los Estados Unidos, fue la fecha seleccionada para el alzamiento por Joaquín de Agüero, abolicionista  muy querido y respetado en Puerto Príncipe. Detenido por las fuerzas españolas fue ejecutado el 12 de agosto en la sabana del arroyo de Méndez. Las mujeres camagüeyanas, en señal de luto decidieron cortarse los cabellos. También resulto fallido el alzamiento de Isidoro Armenteros en Trinidad, al igual que los intentos realizados en Vuelta Abajo en 1852.
  Bibliografía:
 El anexionismo en Cuba (world processing)                  
      

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