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lunes, 24 de enero de 2011

Cuando falta la unidad. La destitución de Máximo Gómez. Bohemia




CUBA 1899

Revista de anÁlisis general, fundada en 1908



Cuando falta la unidad

La destitución de Máximo Gómez como General en Jefepor la Asamblea de Representantes de la Revolución Cubanaradicada en el Cerroagudizó la desunión entre los patriotas de la épocalo que fue aprovechado por Estados Unidos para desmembrar las últimas instituciones revolucionarias

Por PEDRO ANTONIO GARCÍA 
Fotos: ARCHIVO BOHEMIA



(16 de marzo de 2009)


Manifestación de apoyo a Máximo Gómez
El pueblo se volcó a las calles y se organizaron
manifestaciones de apoyo a Gómez frente a su
residencia en la Quinta de Molinos



La manzana de la discordia resultó ser el pago al Ejército Libertador por su desmovilización. Máximo Gómez era partidario de aceptar el donativo de tres millones de dólares, ofrecido por el Presidente de los Estados Unidos. La Asamblea de Representantes de la Revolución Cubana, radicada en el Cerro, prefería concertar un empréstito de 20 millones con un banquero norteamericano, de los cuales Cuba solo recibiría 12,5 millones, además de pagar intereses al cinco por ciento semestral.


Fue un diálogo de sordos. Gómez no quería empeñar tan tempranamente la República, pero no se percataba de que con la desmovilización del Ejército mambí Washington podía eternizar su ocupación militar en nuestro país o mediatizar la futura Cuba independiente. Los asambleístas pretendían con el préstamo que el Gobierno estadounidense, al autorizarlo, les reconociera personalidad jurídica y autoridad como representantes del pueblo cubano. Ingenuidad política, porque estaba por ver si el presidente MacKinley aprobaba la concesión de dicho empréstito.


En el colmo de la insensatez, la Asamblea del Cerro quiso imponer autoritariamente su criterio al Generalísimo. Para ello, le envió una comisión con el fin de que acatara la propuesta del empréstito. Gómez estalló en cólera al sentirse tratado como un subalterno cualquiera. La ruptura se hizo evidente.


Solo una voz sensata se alzó, la del general mambí Enrique Collazo, quien en La Lucha, el 11 de marzo de 1899, alertó: “El único poder que existe hoy con carácter popular es la Asamblea; la única entidad que vale hoy para el gobierno interventor es el general Gómez. 

Unos y otro tienen que vivir apoyándose mutuamente; Gómez sin el apoyo de la Asamblea, no tiene para nosotros autoridad real; la Asamblea sin el apoyo de Gómez no tiene vida y morirá, por consunción, y en una posición ridícula y falsa, dejándonos huérfanos de quien nos represente”.



Palabras proféticas que no fueron escuchadas. En la sesión de ese día, la Asamblea destituyó a Máximo Gómez como General en Jefe.


Disolución del PRC


Foto de la época
Los distintos clubes patrióticos y Cuerpos de
Consejo acataron la decisión del Delegado de
disolver el Partido Revolucionario Cubano







Meses antes, cuando el 24 de octubre de 1898 comenzó sus sesiones en Santa Cruz del Sur la Asamblea de Representantes de la Revolución Cubana (ARRC), los mambises contaban con tres instituciones revolucionarias, verdaderos organismos representativos de nuestro pueblo: la propia ARRC, llamada inicialmente Asamblea de Santa Cruz y en sus últimos días Asamblea del Cerro —integrada por 44 delegados elegidos en los seis cuerpos de ejército mambises—, el Ejército Libertador (EL) y el Partido Revolucionario Cubano (PRC).






 Desde que Tomás Estrada Palma asumiera la jefatura del PRC, a la muerte de Martí, la organización fundada por el Apóstol había dejado de ser aquel instrumento formidable de sus comienzos, concebido para “unir y disponer para la acción” a los patriotas cubanos e “impedir que se desvíen de la obra común los elementos revolucionarios”.





En esos tres años transcurridos, había perdido su carácter democrático, en gran parte debido a los métodos autoritarios de dirección de don Tomás, y su capacidad de movilización entre los trabajadores cubanos del sur de la Florida, para devenir simple institución recaudadora de fondos para la guerra. De ahí que tanto daño le hiciera una perniciosa tendencia surgida entre su membresía, a partir de la capitulación del ejército español, que consideraba cumplida la misión histórica del PRC, una vez que cesaron las operaciones militares con la derrota del colonialismo español.


Consecuente con esta tendencia, Estrada Palma publicó en el periódicoPatria, el 21 de diciembre de 1898, una circular donde expuso las razones por las que se disolvía el PRC. “Nuestra obra ha terminado porque la Patria está redimida”, argumentaba, pues en su opinión “Cuba es independiente” y el Partido fundado por Martí carece de razón de ser.


Este planteamiento se hizo 11 días después de haberse firmado entre España y Estados Unidos el Tratado de París (10 de diciembre de 1898), en el cual no se hacía referencia alguna a la independencia de Cuba y la isla antillana era tratada como botín de guerra.


Para algunos historiadores, tal actitud de don Tomas al disolver el PRC refleja su miopía política y su falta de fe en la capacidad del pueblo cubano. Subraya el investigador Ibrahim Hidalgo: “O no le interesaba participar en las actividades reivindicativas de su país de origen o conscientemente impidió la formación de una fuerza política organizada en Cuba”.


La miopía política es contagiosa. Los distintos clubes revolucionarios y Cuerpos de Consejo acataron la decisión del Delegado. El 30 de diciembre, el Cuerpo de Consejo de Key West aceptó la disolución del PRC. Un día después, apareció el último número de Patria.


La destitución de Máximo Gómez


Máximo Gómez
El Generalísimo no debió
sostener tratos unilaterales con
los estadounidenses, lo que
favoreció los tenebrosos planes
imperialistas contra la Asamblea








En la sesión del 11 de marzo de 1899, la Asamblea de Representantes de la Revolución Cubana debatió una moción de Manuel Sanguily que proponía la supresión del cargo de General en Jefe y el paso del Generalísimo Gómez a “la clase de reemplazo”. Lejos de atemperar la moción, esta fue endurecida después de la discusión y se le añadió de modo explícito la destitución como General en Jefe. Solo cuatro delegados votaron en contra: los generales Monteagudo y Emilio Núñez y los coroneles López Leyva y Carlos Manuel de Céspedes y Quesada.


Loret de Mola se abstuvo y Diego Tamayo no participó en la votación.


La profecía de Enrique Collazo se cumplió. El pueblo se volcó a las calles y se organizaron manifestaciones de apoyo a Gómez frente a su residencia en la Quinta de Molinos. Los asambleístas fueron víctimas de la ira popular y las multitudes los abucheaban en sus apariciones públicas. En un club capitalino, unos oficiales se atrevieron a dar vivas a la Asamblea. Casi todas las mujeres presentes, de pie, les replicaron con un ¡Viva Máximo Gómez!


Si bien es cierto que el Generalísimo no debió sostener tratos unilaterales con los estadounidenses en lo relacionado al licenciamiento de las fuerzas mambisas, con lo que favoreció los tenebrosos planes del naciente imperialismo contra la Asamblea y el Ejército Libertador, fue absurdo por parte de la Asamblea no llegar a un entendimiento con Gómez y mucho más irracional resultó su deposición. Lo símbolos no se destituyen y el viejo general indiscutiblemente simbolizaba el espíritu independentista, la unidad de todo el pueblo.


Perdida su autoridad moral, la Asamblea del Cerro se reunió por última vez el 4 de abril de 1899 para, después de acordar el licenciamiento del Ejército Libertador, decidir su autodisolución. Solo Salvador Cisneros Betancourt votó en contra.

Ilustración en un periódico de la época alusiva a las discrepancias entre Máximo Gómez y la Asamblea del Cerro

También la prensa yanqui promovió discordias
entre cubanos. Así una publicación de ese país
reflejó las discrepancias entre Gómez y la
Asamblea del Cerro










De un plumazo, el pueblo cubano se quedaba sin órgano representativo alguno ante un Gobierno interventor que no ocultaba sus anhelos anexionistas. Quedaba libre el camino para que el naciente imperialismo nos impusiera la Enmienda Platt y con ella todo un tenebroso andamiaje neocolonial para aherrojar al Estado-nación, la cual nacería con una soberanía limitada el 20 de mayo de 1902.
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Fuentes consultadas:





Los libros La forja de una nación (3 tomos, 2005) y Las máscaras y las sombras, ambos de Rolando Rodríguez; Cuba, 1895-1898. Contradicciones y disoluciones, de Ibrahím Hidalgo; La neocolonia,organización y crisis, del Instituto de Historia de Cuba; y el Diccionario Enciclopédico de Historia Militar de Cuba, del Centro de Estudios Militares de las FAR.



Cositas tapadas de la historia de Cuba.


(Foto de Internet- Ejército de voluntarios, La Habana 1896)

La Guerra de Cuba, un capítulo insuficientemente conocido de nuestra historia en América a la luz de la nueva historiografía.

JUAN M. RIESGO PÉREZ-DUEÑO 
SOCIEDAD DE ESTUDIOS INTERNACIONALES.
 UNIVERSIDAD REY JUAN CARLOS

(Fragmentos)


 Cuando el Embajador en misión oficial para el 98, D. Fernando González Carnino pronunció, el 9 de diciembre del 1997 su brillante conferencia "Cien años después", en el ciclo El 98 desde España, se sorprendió mucho en el coloquio, pues a su interesante visión de futuro, la respuesta que encontró fue que todas las preguntas hacian referencia a la guerra 1895-98. 


 Pues bien, la historiografia hispano-cubana ha dado un paso de gigante en los últimos cuatro años y sorprendentemente, no se está haciendo eco en España de los sensacionales descubrimientos hechos recientemente, ni se han divulgado suficientemente, y han quedado reducidos a pequeños ámbitos en la conmemoración, como los catálogos de las exposiciones El sueño de Ultramar o El Ejército y la Armada en el 98, las mesas redondas de la Biblioteca Nacional, el seminario del Museo de América y las actividades de la Casa de Puerto Rico en la Casa de América. Esta última institución, que yo sepa, no ha organizado ningún ciclo sobre este importantisimo conjunto de hechos de la historia común hispano-antillana. Cuando ha cedido su sede a la Casa de Puerto Rico para tratar los centenarios de Cánovas y Betances, (la implicación del último en el asesinato del primero es un hecho hoy incontrovertible), el éxito ha sido total y la sala abarrotada. Luego existe un verdadero interés de los españoles en estos temas.

 Pero hay mucho más, el profesor Cardona ha escrito, en colaboración con su discipulo Losada, una biografia del Capitán General Valeriano Weyler Nicolau. Este prestigioso profesor de la Universidad de Barcelona y brillante historiador militar, pese a algunos fallos sobre el conflicto cubano ( que va a corregir en próximas ediciones), ha salvado y descubierto esta gran figura militar, al que el profesor Artola atribuye la invención aprendida en la campaña dominicana del combate contra guerrilla, imitado después por los británicos en la guerra de los boers, los norteamericanos en Vietnam y los propios cubanos en Angola y Mozambique. Este libro 3, se ha convertido en uno de los más vendidos en nuestros dias, pero el profesor Cardona aún no ha participado en ningún acto cultural del "98" en Madrid, ( afirmación escrita en junio-1998).

 En 1993, la viuda del escritor José de la Luz Caballero, perteneciente a la prestigiosa familia cubana Sanguily, entregó, cumpliendo la voluntad testamentaria de su esposo, al historiador de la ciudad de La Habana Eusebio Leal, el diario, perdido en 1873, del primer autoproclamado presidente de Cuba, Carlos Manuel de Céspedes. Este hecho conmocionó la historiografia, pues Céspedes poco antes de morir atribuía al que sería el primer presidente de la Cuba independiente, Estrada Palma, violaciones de niñas, robo de dinero y todo tipo de traiciones a la causa independista. El revuelo fue tan grande que fue necesaria la autorización del entonces secretario de la Conferencia Episcopal, Monseñor Carlos Manuel de Céspedes, su descendiente directo y del propio Fidel Castro para su publicación Posteriormente, también se supo que gran parte de los congresistas norteamericanos querían la guerra con España, no por "imperialismo" sino como única posibilidad de recuperar el dinero, que corruptamente habían invertido o recibido de Estrada Palma en bonos cubanos, y que perderían si España vencía en la guerra de Cuba, antes de la intervención norteamericana. Igualmente el biógrafo de Maceo, José Luciano Franco, y la intelectual mulata Leyda Oquendo, mantienen la tesis hoy aceptada, que Estrada Palma dolosamente negó la ayuda a Maceo y lo dejó morir ante las tropas españolas, para evitar la posibilidad de que un negro fuera el primer presidente de una Cuba independiente.

 Es muy desconocido por el gran público espariol, que con las ofensivas de Weyler-Nicolau murieron Antonio Maceo y su hermano José ante el Coronel Vara del Rey, que Juan Rius Rivera, el sustituto como jefe del llamado "ejército invasor”, fue tomado prisionero y trasladado a la prisión de Montjuich, y que también murieron los más prestigiosos caudillos manbises como Socarrás, Bruno Zayas (llamado por Máximo Gómez "el insustituible Zayas"), Serafín Sánchez, Salazar, etc. Como antes habían muerto José Martí, Flor Crombet y Guillermo Moncada, los cubanos se consideraron derrotados, y empezaron a rendirse masivamente y presentarse a Weyler. Tras una reunión entre Máximo Gómez, Calixto García y Bartolomé Masó, se decide la retirada del "ejército invasor" de la zona occidental de la isla, pues sus pocos y ŭltimos integrantes, que no eran mas de 1.800, están heridos o enfermos y harapientos, y sus cuatro sucesivos jefes habían muerto en combate o sido hechos prisioneros por los españoles. Precisamente, porque la guerra estaba ganada y pacificadas las provincias occidentales, en las que se encontraba el ochenta por ciento de la riqueza de Cuba, la prensa amarilla norteamericana fustigó al general Weyler Nicolau, y Betances en París, preparó el asesinato de Cánovas 5. De la propaganda norteamericana, formarán parte el periodista Reparaz, quizás no tan involuntariamente el periodista Ciges Aparicio y el joven José Canalejas, que en su deseo de acabar con el gobierno conservador resultó instrumento involuntario de la leyenda negra contra Esparia, y de la caída del embajador Dupuy de Lĉime.

 Otra fuente extraordinaria han resultado los archivos del Palacio Real, sagazmente investigados por Juan Pando, comisario de la exposición El sueño de ultramar, que descubrió cómo el jefe del cuarto militar de la Reina, el General Ramón Blanco, se ofrecía reiteradamente a la Reina regente por todos los medios, no reparando en halagos, para conseguir la Capitanía General de Cuba, con el fin de paliar su cese y fracaso en Filipinas, por cierto un mando mucho más fácil que el de Cuba 6. Weyler (1910), manifiesta que Blanco le dijo "que venía él a sustituirle, para evitar que se nombrara un civil", y como dice Juan Pando, "se nombró un mal politico vestido de militar”.

• "El diario perdido de Céspedes", es un extraordinario testimonio, con un estudio previo publicado por el Historiador de la ciudad de La Habana y Director del popular programa de T.V. "Andar La Habana", Leal Splengler, que es el mejor de los historiadores residentes en la isla y como es lógico, su punto de vista no puede desviarse de las tesis oficialistas cubanas.

• Una exposición detallada del asesinato de Cánovas por Angiolillo, urdido por Betances, se puede ver en Riesgo (1996).
• Magnífico artículo en el que se nos dan las claves de como un mediocre General, Ramón Blanco, sustituyó al mejor de España en la época Weyler Nicolau, lo que fue sugerido a Sagasta por presiones extra-gubemamentales.
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Valeriano Weyler. Por Jotafidelis


Valeriano Weyler.

Publicado el 07 noviembre 2010 por Jotafidelis


 Creo que ya he comentado en alguna ocasión, que hay tres figuras de la historia de España que me tiene completamente entregado. Los tres militares, los tres de gran carácter y los tres dejaron su impronta en la piel de toro: Prim, Cabrera y Weyler. De los dos primero ya hemos hablado algo por aquí, le tocaba el turno a Valeriano Weyler. Hombre de una tremenda vitalidad y fortaleza, a pesar de su escasa estatura y corpulencia. Mallorquín, de él se cuentan múltiples anécdotas, excéntrico, mujeriego, gran jinete, afortunado, polémico, en fin todo un personaje. Para acercarnos a su biografía, estas líneas encontradas en esta web, la pena es que no hacen referencia a la fuente original. Desde luego un artículo muy favorable a Weyler, pues en según que entornos lo consideran un carnicero, postura de la que discrepo, acercándome más a la visión de él que se da a continuación.Lo más notorio de él su capacidad de gran estratega, de hecho sus técticas de combate en la manigua se estudiaban y estudian en West Point y en otros muchos centros militares, y en la guerra de Vietnan, visto la incapacidad de los americanos de hacerse con el control, aplicaron fielmente la estrategia de Weyler, casi 100 años después.

 Valeriano Weyler y Nicolau (Palma de Mallorca 1838-Madrid 1930).
 Marqués de Tenerife y duque de Rubí. Capitán de estado mayor (1861).

 Estuvo en Cuba en 1863 y en la campaña de Santo Domingo ganó la laureada de San Fernando (1863). De nuevo marchó a Cuba al mando de un escuadrón de voluntarios (1868). Regresó a España al proclamarse la primera república y luchando contra los carlistas, venció a Santés (dic.1863). En un principio se mostró reacio a la Restauración, pero ascendió a teniente general y fue capitán general de Canarias (1878-1883) y de Filipinas (1888-1893); aquí apoyó a las órdenes religiosas e intentó una política de total asimilación. Marchó a Barcelona para reprimir el terrorismo (dic.1893).

 Tácticas extremas de guerra en Cuba:

 Fracasada la política de reconciliación de Martínez Campos, Cánovas le eligió para someter la insurrección (1896). Empleó una táctica de guerra total: organizó campos de concentración para los campesinos, destruyó los edificios que pudieran servir de refugio a los sublevados, prohibió la zafra, etc. Los norteamericanos le dieron entonces los calificativos de "carnicero" y "tigre de Manigua".

 Sobre el general Weyler se tejió una leyenda negra que ha llegado a nuestros días. Fue un militar íntegro que enviaron a Cuba a su pesar, para que ganara la guerra. Si dura fue su actuación, más dura fue la de los insurrectos.

 Relata el propio Weyler un suceso de 1870. Enterado el mando español de que dos compañías habían sido aniquiladas a machetazos por los insurrectos, le ordenaron acudir al lugar de los hechos: 'Pude recoger todavía algunos soldados con vida. Entre aquel montón de sangrientos despojos humanos, un cadáver, en actitud de parar con el brazo un machetazo en la cabeza, tenía el corte en la frente , y la mano segada; el gesto de terror impreso en su rostro era tan intenso que no se ha borrado nunca de mi memoria’.

 Sus procedimientos guerreros, concentración de poblaciones en lugares determinados, las trochas y otras innovaciones , las llevaron exactamente igual a cabo los norteamericanos en su guerra de Secesión, en la I Guerra Mundial, en Corea y en Vietnam.

 Entre 1896 y 1897 cayó sobre Weyler la primera campaña periodística de la historia; una obra maestra de William Hearst, el inventor de la prensa amarilla y de la calumnia rentable.

 Pese a haber alcanzado algunos éxitos militares, su política cerró el paso a la negociación y facilitó la intervención de EEUU.

 Muerto Cánovas, Sagasta le destituyó (oct.1897). Desempeñó después el cargo de ministro de Guerra (1901-1905, 1907), y, de nuevo capitán general de Cataluña, dirigió los sucesos de la Semana trágica de 1909. Publicó entonces Mi mando en Cuba (5 vols., 1910-1911).

 En 1910 ascendió a capitán general y en 1920 fue nombrado duque de Rubí y grande de España. Se opuso al golpe de estado de Primo de Rivera y hubo de dimitir de la jefatura del estado mayor (1925). Intervino en la 'sanjuanada' (1927) y en 1930, presionó al rey para que destituyese al dictador.

Interpretaciones históricas enfrentadas .

 Weyler ha sido injustamente tratado y preterido por alguna crítica histórica a lo que no fue ajena la prensa amarilla norteamericana de la época. A Weyler hay que juzgarlo sólo como militar y, por lo tanto, no se le pueden imputar los errores cometidos por los dirigentes políticos de la Restauración. Weyler perteneció al ejército desde 1853 hasta 1930 y jamás se sublevó contra los gobiernos legalmente constituidos, a pesar de haber sido cortejado y tentado por conservadores, liberales, republicanos y charlistas.


 Como oficial formado políticamente durante el sexenio revolucionario, se opuso a la sublevación de Martínez Campos y marchó sobre Sagunto con su división para reducirlo. Y cuando el Gobierno le preguntó si mantenía su lealtad, respondió con un rotundo "¡por supuesto!", lo mismo que respondió cuando, medio siglo después, se opuso al golpe de Primo de Rivera, al que criticó, igual que al Rey, por haber faltado a sus deberes constitucionales. Siempre que se le intentaba seducir políticamente, contestaba lo mismo:"¡Los militares, a los cuarteles!". Weyler fue, pues, ante todo, un militar de los pies a la cabeza, de ejemplar trayectoria liberal y democrática.


 Como buen conocedor de la realidad de Cuba, era consciente de que su independencia era inevitable, por lo que, al igual que hiciera el general Polavieja al comienzo de la década de 1890, abogaba por una solución reformista que permitiera conceder la autonomía a la isla sin perjuicio para los intereses y el prestigio de España. Creía que los cubanos tenían derecho a las reformas políticas prometidas en la Paz de Zanjón y que la proximidad de los mercados norteamericanos imponía la libertad para comerciar, mientras que los sucesivos gobiernos españoles habían estado atentos a los negocios en Cuba y jamás a las necesidades y derechos de los cubanos. Por eso, no deseaba ir a Cuba cuando el 18 de enero de 1896 Cánovas decide su nombramiento como capitán general de la isla. Sin embargo, era un soldado y, si le enviaban a una guerra, su deber era ganarla.


 A principios de 1896 los patriotas cubanos tenían la guerra militarmente ganada. Desde que Weyler llegó, el escenario de la guerra cambió radicalmente y al comienzo de 1897, las fuerzas coloniales habían recuperado el control del centro y occidente de la isla. A Weyler se le ha censurado severamente la táctica contraguerrillera de la reconcentración forzosa de los guajiros. En toda guerra se comenten excesos y esta decisión puede tener aspectos reprobables. Pero no se puede emitir un juicio imparcial sobre este hecho si no se tienen en cuenta los cánones de aquella guerra: el desconocimiento del terreno, las epidemias, el clima caluroso y húmedo y la táctica de guerrillas viperina que practicaban los rebeldes cubanos. El joven Winston Churchill, que sirvió como voluntario bajo el mando del general Suárez Valdés, se quejaba de aquella exraña guerra, fantasmal, contra un enemigo invisible que "no daba la cara". Además, se enfrentaba con un enemigo potencial más poderoso que los mambises: la política que impulsaba el imperialismo estadounidense, cuya prensa le cubrió de insultos influyendo en la opinión internacional y en la misma prensa española.


 Los cubanos no tienen legitimidad moral para reprochar a Weyler la acción de la reconcentración ordenada en octubre de 1897, como lo ha hecho recientemente Raúl Castro, pues dicha táctica ya la habían practicado antes Antonio Maceo y su ejército de Invasión cuando devastaron Pinar del Río, impidieron la vida en el campo y gran parte de los campesios tuvieron que refugiarse en los pueblos y ciudades dónde estaban los españoles y la comida. Más cínica e hipócrita fue la crítica que sufrió de los americanos y su Gobierno, cuyo subsecretario de Guerra cursaba, dos meses después, el 24 de diciembre de 1897, al teniente general del Ejército norteamericano N.S.Miles, jefe de las fuerzas destinadas a llevar a cabo por la vía de hecho la intervención en Cuba, la siguiente comunicación que se comenta por sí sola: '...Habrá que destruir cuanto alcancen nuestros cañones y extremar el bloqueo con el hierro y el fuego para que el hambre y la peste, su constante compañera, diezmen su población pacífica y mermen su ejército, que debe sufrir el peso de la guerra entre dos fuegos...'El cese de Weyler por el gobierno de Sagasta dio paso en abril de 1898 a la intervención americana y a la ocupación de Cuba, que en cierto modo todavía permanece con el actual bloqueo propiciado por la Ley Helms Burton. Ello muestra el error tanto de Máximo Gómez, cuando decía "que no veía peligro de que Estados Unidos destruyera la nación cubana", como de José Martí, cuando creía poder impedir la expansión territorial estadounidense en América Latina. Paradójicamente, fueron los propios norteamericanos los que más tarde aplicarían sin contemplaciones los métodos de lucha contraguerrillera de Weyler. Conviene recordar a las jóvenes generaciones de canarios que en febrero de 1878 Weyler fue nombrado a los cuarenta años capitán general de Canarias, donde realizó una labor sin precedentes:


 En el ámbito militar impulsó las mejoras de las fortificaciones, el rancho de los soldados, la instrucción y el estado de los cuarteles y la construcción del edificio de la Capitanía General en Tenerife; amplió el fuerte de Almeyda, levantó el Hospital Militar, promovió la construcción del Gobierno Militar de Las Palmas, reformó el cuartel de San Francisco, logró algunas piezas modernas de artillería, y sustituyó los inútiles fusiles de las milicias provinciales.


 En el ámbito político, impulsó la ampliación de los puertos de Santa Cruz de Tenerife y Las Palmas, activó diversas obras públicas, ayudó a los ayuntamientos en el trazado y apertura de nuevas calles y avenidas, creó un cuerpo de bomberos y ayudó al establecimiento de varias líneas interinsulares. Iustrado y reformador, los canarios encotraron el él un valedor ante Madrid, de quien reclamaba constantemente mejoras que paliaran nuestro secular abandono, labor que continuó cuando en 1885 fue elegido senador por Tenerife. Fiel a su genio y figura, subió al Teide caminando con su Estado Mayor y séquito detrás, al igual que hizo cuando visitó El Hierro, en que marchó a pie desde La Estaca a Valverde, regresando al mar de las calmas en el sur donde embarcó de nuevo. Fue nombrado Hijo Adoptivo de Santa Cruz, que dió su nombre a una plaza, y por iniciativa de los ayuntamientos, Marqués de Tenerife. En una carta de adhesión que envió al acto de homenaje que el 9 de diciembre de 1900 los canarios residentes en Madrid tributaron a Galdós, decía: "Todo lo que sea canario fija mi atención, pues como Hijo Adoptivo no cedo mis derechos de cariño a los hijos naturales". No fue, pues, acertada la opinión que le mereció Weyler a nuestro admirado Nicolás Estévanez, ni justo el trato que éste le dispensó como ministro de la Guerra en el efímero Gobierno de Pi y Margall. Creo sinceramente que el general se ha hecho acreedor del respeto y el agradecimiento de todos los canarios. De Weyler se ha escrito el merecido juicio histórico siguiente:


 'Astuto, inteligente, culto, incansable, y sin piedad en el combate. Un eficiente profesional de la guerra en una España caótica; un general de la Roma republicana en un país de generales golpistas. Un estratega en un ejército huérfano de ellos, que descubrió los principios contraguerrilleros que se aplicarían en todo el mundo durante el siglo siguiente. Indiscutible protagonista, en suma, de la historia militar española durante más de medio siglo’.



Bibliografía:
http://es.paperblog.com/valeriano-weyler-385631/

Teniente General D. VALERIANO WEYLER y NICOLAU , Duque de Rubí.


(Foto de Internet)

Biografía. 

La personalidad del General Weyler es muy conocida y existe una gran literatura alrededor de él. Que conozcamos, están publicadas tres biografías sobre su persona, la de su nieto Valeriano Weyler, la de Julio Romano, seudónimo de Hipólito Rodríguez de la Leña y una tercera de Luís de Armiñán, además de un gran número de artículos publicados en los periódicos y revistas. Teniendo en cuenta lo dilatada que fue la vida de Weyler, y la gran cantidad de hechos de armas que protagonizó, los casi seis años de su vida en que ocupó el cargo de Capitán General de Canarias, son tan sólo un pequeño paréntesis en su andadura militar.

 Por eso en este trabajo, nos limitaremos a hacer un breve resumen de su biografía y a resaltar sus años en el Archipiélago, utilizando la información de que se dispone. D. Valeriano Weyler y Nicolau nació en Palma de Mallorca el 17 de septiembre de 1838, hijo de D. Fernando Weyler, General del Cuerpo de Sanidad Militar destacado tratadista en Botánica. En 1853 ingresa como cadete en el Colegio Militar de Infantería. En 1856 es destinado al Regimiento de La Reina No 2.

En julio de 1857 es nombrado alumno de la Escuela Especial del Cuerpo de Estado Mayor; aquí da una buena prueba de su capacidad de superación, pues empieza con el último número de ingreso y en 1860, cuando recibe el nombramiento de Teniente de Estado Mayor, es el número 1 de la Promoción. Asciende a Capitán de E.M. por antigüedad en 1862.

 Su carrera fulgurante la inicia en 1863 al ser destinado a la Isla de Cuba como Comandante de Ultramar, Capitán de Estado Mayor. En septiembre de este mismo año marcha con la expedición mandada por el General de La Gándara a Santo Domingo, donde tuvo lugar la acción del Río Jaina, por la cual el joven Comandante ganó la Cruz Laureada de S. Fernando. En octubre ya es Teniente Coronel por méritos de Guerra. Después de unos años de relativa calma, en los años 1868 y 1869, toma parte en las operaciones en los Departamentos Oriental y Central de Cuba. Crea un Batallón de Voluntarios, que se puede considerar como un antecedente de la Legión, realizando con ellos acciones tan meritorias que obtiene el ascenso a Coronel del Ejército en julio de 1869.

 El 4 de diciembre de 1872 es ascendido a Brigadier; tenía entonces 34 años. Es destinado al mando de la 1a Brigada de la 6a División del Departamento de Oriente; con esta Brigada derrotó al cabecilla rebelde Agramonte, en Jimagüey.

 En julio de 1873, cesa en el mando de la Brigada y regresa a la Península. Es destinado a Valencia, al mando de una Brigada de Operaciones contra el cabecilla carlista Santís. Es contra este General Carlista cuando realiza una de sus más señaladas hazañas, la de Bocairente, donde transformó una situación realmente desesperada para él, en una gran victoria. Gracias a esta victoria es ascendido a Mariscal de Campo, en febrero de 1874, cuando aún no había cumplido los 36 años.

 Continúa participando en las guerras Carlistas, en Aragón, Valencia y Cataluña, hasta en agosto de 1875. En abril de 1876 es destinado a Valencia, como Comandante General de la 2a División.

 En enero de 1878 obtiene el ascenso al empleo de Teniente General, por los méritos contraídos durante la Guerra Civil. Poco después, en febrero, es nombrado Capitán General de Canarias, y toma el mando en Santa Cruz de Tenerife el 6 de abril del mismo año.

 Por una disposición Ministerial, que no permitía el mando de una Capitanía General por más de tres años, cesa automáticamente en el mando en noviembre de 1883, abandonando definitivamente Canarias el día 9 de diciembre.

 Destinado a la Capitanía General de Baleares, permanece allí hasta que en 1886 es nombrado Director General de Administración y Sanidad Militar.

 En 1887 se le concede el título de Marqués de Tenerife para sí, sus hijos y sucesores legítimos.
En 1888 empieza otra página importante en su vida, al ser nombrado Gobernador de Filipinas, incorporándose a su nuevo destino el 5 de junio. A su llegada, la situación no es nada halagüeña. 


Encuentra la Administración completamente desorganizada y la poblacióndesmoralizada, existiendo brotes de insurrección. A pesar de la extensión del territorio, consigue dominar la situación. Se preocupa por la enseñanza que renueva completamente, protegiendo sobre todo el aprendizaje del español. Sus campañas contra los rebeldes entre las que destaca la de Mindanao, son, como siempre, victoriosas.

 En 1891 una vez cumplida su misión, regresa a España, desembarcando en Barcelona el 22 de diciembre.

 Entre 1892 y 1896, desempeña las Capitanías Generales de Burgos y Cataluña, y es designado Senador Real por la provincia de Canarias.

 En enero de 1896 se le nombra Gobernador General y General en Jefe de los Ejércitos de
Cuba. La muerte de Cánovas, supone su relevo en el mando de la Isla de Cuba, regresando a España en noviembre de 1897.

 En el año 1900 es nombrado Capitán General de Castilla la Nueva y en 1901 Ministro de la Guerra, ministerio que desempeñaría en varias ocasiones. El ascenso a Capitán General llega en el año 1910, y en 1920 se le conceden los títulos de duque de Rubí y Grande de España.

 A pesar de su edad avanzada sigue una vida activa y en 1927 es nombrado miembro de la Asamblea Nacional por derecho propio.

 A los 92 años, muere en Madrid el 20 de Octubre de 1930.

 En relación con su estancia en Canarias, destacar el impulso que dio a las construcciones militares, pues durante su Mando se construyó el Palacio de Capitanía General, el Gobierno Militar de Las Palmas y el Hospital Militar de Tenerife.

 Bibliografía:

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