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jueves, 15 de enero de 2009

Emigración española a Cuba (1903-1933)


(Centro Gallego La Habana. Año 1914. También Gran Teatro Nacional)

En El Nuevo Herald, el economista doctor Jorge Salazar-Carrillo analiza el enorme crecimiento económico de la isla desde la inauguración de la República, en 1902, bajo la presidencia de Estrada Palma, hasta 1958. Como economista de indudable prestigio, conocido internacionalmente, nos da en ¿Cómo Cuba se hizo rica? [Perspectiva, 27 de mayo] un buen número de citas estadísticas del crecimiento económico de la isla durante todo ese período, en diversas ramas que contribuyeron y alcanzaron extraordinarias cifras de desarrollo y crecimiento, etc.; pero no cita, ni de pasada, como ocurre en Estados Unidos con la extraordinaria aportación económica de los treinta y ocho millones de hispanos que actualmente habitan en el país, mayormente mexicanos, la notabilísima contribución económica de los inmigrantes españoles a Cuba, particularmente entre 1903 y 1933, año tope, digamos, de esa inmigración, ya que muchos de ellos regresaron a España o se mudaron a otros países hispanoamericanos a consecuencia de las rígidas leyes laborales que favorecían al trabajador nativo, los efectos de ''la gran depresión'', el declive de oportunidades de mejoramiento abriendo o explotando nuevas iniciativas económicas entre los emigrantes, por estar la isla saturada de ellos (con otros grupos constituían casi una cuarta parte de la población total del país), etc.
Entre esos 30 años, 1903-1933, ''entraron en Cuba 723,381 españoles''. Teniendo en cuenta que en 1899 la población total de Cuba era poco más de un millón y medio habitantes, de ellos unos 200,000 habían nacido en España, la masiva emigración española de casi tres cuartos de millón de personas añadió un aporte vigoroso a la nación no sólo en el aspecto humano, sino también, obviamente, en el orden social, económico, político, cultural y hasta religioso. Como se dice en el libro Problemas de la nueva Cuba (publicado en 1934, p. 42, y reeditado por Editorial Cubana, Miami, 2002): ''Desde el punto de vista racial y cultural, el español moderno (se refiere a la emigración masiva citada) ha sido una verdadera adquisición para Cuba y la continua corriente inmigratoria ha permitido mantener allí la pureza del idioma y el desenvolvimiento de la cultura cubana''. "La mayoría de los obispos, sacerdotes y monjas de la Iglesia Católica son espa- ñoles.
El español, además, ha ayudado al desarrollo de la isla, al mismo tiempo que las sociedades mutualistas han beneficiado a muchos asociados cubanos (estas sociedades cooperativistas y otras formas de asociación llegaron a reunir el 90% de la colonia española), tales como los Centros Gallego, Asturiano, Canario, Castellano, etc., que ofrecían "todas las facilidades de un club social, instrucción gratis y asistencia médica libre de gastos. Las cuotas sociales no pasaban de $2.00 al mes --los fondos han sido también empleados, en los casos del Centro Asturiano y el Centro Gallego, en construir magníficos edificios en el centro de La Habana y para edificar y mantener varias escuelas y algunas de las mejores clínicas y hospitales de Cuba''.

Hay que recordar que Cuba inició su vida republicana en 1902 con una economía destruida casi totalmente por la guerra independentista, 1895-1898, y la población cubana que la sobrevivió estaba escuálida, desarticulada y con su antigua estructura socioeconómica en ruinas. La energía y determinación del emigrante español, particularmente, puesto que hubo otros grupos de emigrantes de diversas procedencias, se repartió por toda la isla, y contribuyó al desarrolló y la recuperación nacional en todas las ramas de la agricultura, la ganadería, el comercio, etc., infatigablemente. Por otro lado, gran parte de ellos se casaron con cubanas (entre ellos mi padre, su hermano mayor y un primo, los tres en Santo Domingo, Las Villas, donde nacimos cinco hermanos y mis primos). Lo que hizo que aumentara la población blanca --intención de Estrada Palma y los consiguientes presidentes que le sucedieron-- que, en 1943, constituía el 75% de los habitantes.

Conviene señalar, de paso, que "muchos de los primeros inmigrantes españoles del siglo XX habían estado en Cuba como miembros de los cuerpos armados de su país destacados en Cuba durante la guerra de independencia (1895-1898) y la Guerra Hispano-Cubano-Americana (1898), según mi admirado amigo el historiador doctor Marcos Antonio Ramos (Revista Herencia, p. 28, vol 8, Miami, 2002). En el período 1913-1935, el origen regional de los españoles consistía: Galicia 33.1%, Asturias 17.1%, Canarias 12.5 %, Baleares 8.3%, Cataluña 5.5%, Andalucía 5.1% y el resto 18.4% (Herencia, p. 27). En 1917 el 34.8% se dedicaban a la agricultura, el 16.8% al comercio, el 6.5% eran jornaleros, el 2.5% carpinteros y el 31.8% a otras actividades (al comercio al por mayor y al detalle, que llegaron a monopolizar)''.

Como dato curioso añadiremos: ''La mayor parte de estos españoles han sido monárquicos de corazón y han alimentado ideas conservadoras aun en cuestiones ajenas a la política... En 1928 una pequeña minoría trató de apartarse de esta tradición al establecer en Cuba el Círculo Republicano Español, que apoyaba la caída de la monarquía española años antes de que ésta ocurriese. Este círculo, sin embargo, no tiene mayor influencia porque la mayoría de los miembros de la colonia española parece que se aferran a las maneras y los usos de sus ascendientes'' (Problemas de la nueva Cuba, p. 43). Otra curiosidad: como se sabe, fue un gallego el padre de Fidel Castro; sin embargo, "la mayoría de los que han abandonado la isla a partir de 1959 son de origen español''.

Luis Gómez y Amador. El Nuevo Herald, julio 15, 2003.

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