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lunes, 14 de diciembre de 2009

El Frío que vino de Rusia. Por Pedro Ramón Sánchez Peinado

Si algo me gusta del Caribe, a parte de la lucha que llevamos en el blog Cuba Española es que allí no saben lo que es la nieve. No saben lo que es la nieve y la multitud de problemas que conlleva. claro. Porque sí, puede ser muy romántica, muy bonita con todo blanco y nevado. Puede dar una estampa de Navidad increíble y sin embargo, su efímera presencia nos da también un montón de quebraderos de cabeza. Es por ello que me gustaría tener dinero para, cuando nos nieve aquí, largarme una semanita allí. Si no que les pregunten que opinan de los nevazos a esos esforzados camioneros que, cuando nieva, se tiran dos días en una estación de servicio hasta que la meteorología, la Guardia Civil o la máquina quitanieves les permite continuar.

Y es que cuando nieva lo primerísimo que nos viene, a parte de esa estampa que nos dice que el invierno ha llegado sin contemplaciones, es esa sensación odiosa de frío húmedo. Para quién viva al lado de la costa, esa sensación es de sobra conocida. Es un frío penetrante, que se te mete en el cuerpo, te roza los huesos y te despierta dolores en músculos que no sabías ni siquiera que tenías. Vas por la calle caminando y te caen pequeños o grandotes copos de nieve. Si no hace viento es pasable, pero si vas contra él y sopla con cierta intensidad la sensación es insoportable. Esos copos se te posan en la cara o en el pelo y cuando entras en un lugar cálido se derriten, dándo esa sensación de humedad y de no saber de dónde viene. Otra cosa es que te llueva, al menos así te impregnas de una vez, pero con la nieve la cosa va por fascículos.

Después ya es cómo se lo tome cada cual. A parte del frío húmedo, esas bolitas que se congelan en miles de maneras imposibles e irrepetibles, nos traen beneficios y perjuicios. Ya lo dice el refrán Año de nieves, Año de bienes y yo no dudo que así sea, pero cuando detrás de una nevada te viene una noche de raso con helada incluida al día siguiente lo que tienes son unas placas de hielo horrorosas. Si no te vas de bareta con el coche, no te preocupes que te irás andando y eso ya es peor. Porque valorando que te vayas con tu coche contra una pared al pisar una placa tienes muchas probabilidades de que el cinturón de seguridad o los airbag minimicen el impacto. Ahora, si vas tranquílamente por la calle, pisas y te resbalas, puedes darte con un canto en los dientes si sólo te rompes un brazo y no te dejas los sesos en el bordillo de turno ,al lado de la cagarruta de perro que, el insconciente de turno, dejó allí veinte minutos antes ,al sacar a su bóxer a pasear.

Pero bueno, no hay que ser tan mantecosos. Y es que parece que me quejo por gusto. Sé que es bueno que nieve y eso, en nuestras latitudes, nos debe suponer una bendición. Aquí somos propensos a las sequías crónicas y ello hace que cualquier recurso acuífero del que podamos echar mano nos venga cómo agua de mayo. A tal respecto no tengo nada que objetar. Por suerte o por desgracia, Jaén es la cuna del frío invierno y del cálido verano y si sus Sierras, desde Cazorla a Alcaudete se pueblan de nieves que provean de agua a cultivos y personas, bienvenidas sean. Claro, eso siempre y cuando el temporal de turno porcedente de Siberia venga con buena mano y no a paletadas. Quiero decir que caiga suavemente y se pose en el suelo sin hacer daño, porque si viene a paletadas, cómo si nos estuvieran tirando confites, que se quede en su Gulag, que ya pasaremos sin ella, faltaría más.

No obstante, a parte de que nos hace muy bien la puñeta si nos viene cómo si nos estuvieran tirando tierra en la cara, causa otros perjuicios y cómo hay que dar una de cal y otra de arena, os diré que el frío que nos trae las nieves, cómo ya dije unas líneas más arriba, viene de Rusia, más concretamente de Siberia y no es por ser agorero, ni antiruso, pero bien nos podrían venir aguaceros de vodka en lugar de éste frío cruel que favorece las artritis y la gripe. Que hace que a los abueletes se les hinchen las artículaciones y nos comiencen a marear por septuagésima vez con las batallitas de la Batalla de Teruel donde dormían en las trincheras con nieve hasta el ojete y tal y cual. Entre otras lindezas, a parte de las reseñadas, el puñetero frío nos trae, junto con las nieves, resfriados, pulmonías y otras lindezas que nos afectan de buena manera. El que no vea su naricilla gotear en ésta época o una de dos, o no sale de su casa en meses o va más arrebujado que una gamba con gabardina. Eso y que lleva metida una estufa portatíl en el refajo.

Por supuesto y vuelvo a la arena, la nieve nos limpia, y de que marena, nuestra maltrecha atmósfera. No es que en Jaén estemos demasiado contaminados, pues por desgracia económica, la industria brilla por su ausencia. Aún así, en ésta época en que almazaras y orujeras nos suertan sus pestilentes humaredas, fruto de la labor extractiva de aceite de orujo y aceituna respectivamente, es un alivio salir a la calle y no oler a esa mezcla de hexano, orujillo y materia combustible reducida, que nos invade con buen tiempo durante todos los fríos, pero secos por lo general, dias del invierno. No solo eso, la nieve mata a los insectos persistentes del verano y al aliviar la atmósfera de gases, ayuda a que las personas con problemas respiratorios pasen estas jornadas con un cierto alivio. Pero cómo todo en la vida esa solución sólo es temporal y engañosa. No es que el asmático o el alérgico respire mejor, es que se le está dando una breve tregua antes de que la primavera traiga el polen del olivo, de las gramineas o de cualquier otra cosa que les siga haciéndo la vida imposible.

Así las cosas no podría aseverar si verdaderamente odio o aprecio la nieve. Me gusta ver las sierras blancas, ver cómo las canaletas rebosan de agua. Comprobar lo verde que , merced a su benéfica influencia, están despues los campos. Pero me fastidia sobre manera el frío mañanero, el repiqueteo en mi cara de sus copitos puñeteros y las plaquitas de hielo en los lugares más insospechados e inoportunos. Cómo todo en la vida tiene sus pros y sus contras. Para mi eso es indiferente. Me adapto a todo, pero si por mi fuera y me lo pudiera pagar, las nieves de Jaén se iban a quedar aquí, que yo me iba para el Caribe. Y es que muchas veces me da por pensar sino andarían buscando eso los recios castellanos que conquistaron América en lugar del oro.

Del Blog de C.S. Peinado

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