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jueves, 10 de diciembre de 2009

UNA DE HÉROES ESPAÑOLES. Por Pedro Escudero

Con la guerra prácticamente perdida, Hitler en 1944 decidió invadir Hungría, Independientemente de los motivos que le llevaron en tan desesperada situación a invadir un país, esta decisión a quién perjudicó en sobremanera fue a los judíos allí residentes.

Como en el resto de países invadidos por los Nazis, los judíos fueron obligados a registrarse y a identificarse con la estrella de David, muy pronto empezaron las deportaciones a Auschwitz. Fue entonces cuando el encargado de negocios de la embajada de España en Hungría Miguel Ángel de Muguiro, escribió una primera carta al Gobierno de España, denunciando los graves crímenes que se estaban llevando a cabo por los miembros de las SS.

El gobierno de entonces era perfectamente conocedor de la masacre sistemática e inhumana que estaba cometiendo el III Reich. Y una vez más el ingenio Español y el Quijote que habita dentro de muchos españoles llevó, entre otros, primero a Federico Oliván secretario del embajador español en Berlín y después al mencionado Miguel Ángel de Muguiro, a una audaz y arriesgada misión, salvar a todos los judíos que pudieran. Para ello encontraron un decreto promulgado por el General Primo de Rivera en 1924, en virtud del cual todos los que demostrasen ser Sefardíes, descendientes de aquellos judíos que fueron expulsados de España por los Reyes Católicos en 1492, obtendrían de inmediato la nacionalidad española. Por cierto se les olvido decir que el mencionado decreto había sido derogado en 1931, pero en España nadie lo comprobó y los alemanes tenían mejores cosas que hacer en 1944 que estudiarse los Decretos Españoles de la Dictadura de Primo de Rivera…ay! bendita picardía Española.

Para sorpresa de los Nazis, para Muguiro todos los Judíos de Hungría resultaron ser Sefardíes, incluyendo un convoy de 500 niños judíos que ya estaban subidos en un tren y con destino a los campos de concentración, nuestro agregado de negocios consiguió bajarlos del tren haciendo valer su condición diplomática, dar visado para todos y los refugió en Tanger. Esta actuación fue la gota que desbordó la copa, Hungría y Alemania presentaron una queja y este fue cesado de manera fulminante.

Pero una vez más salió el orgullo Español, y la persona encargada de sucederle tomó el relevo también en la misión. Este se llamaba Ángel Sanz Briz. Como nuevo encargado de negocios decidió hacer lo mismo que su antecesor pero de manera más discreta que no implicase su cese y por lo tanto más eficazmente
.
Él y un italiano nacionalizado Español (Giorgio Perlasca) se pusieron manos a la obra. Obviamente los filo-Nazis de Hungría sabían de sobra que no había tantos judíos Sefardíes como decían desde la Embajada Española, y ahí entró en juego otra de las denostadas características españolas, el compadreo y el soborno. Angel Sanz se hizo “amigo” del gobernador Alemán de Hungría Adolf Eichmann y entre halagos y billetes se lo metió en el bolsillo. Misión cumplida, las SS le molestarían lo justo.

Las autoridades, otorgaron al representante español un cupo de 200 personas, que era, más o menos, el número de hebreos de ascendencia sefardí en todo el país. Sólo podía emitir 200 pasaportes, ni uno más. Sanz Briz no protestó y lo aceptó sin más y dio órdenes en la embajada para preparar los salvoconductos, pero no 200 sino muchos más, tantos como fuese posible. El truco residía en que ninguno de los pasaportes tenía un número mayor al 200, pero tampoco estaban repetidos. Fue creando series que iban del 1 al 200, así, por ejemplo del pasaporte número 50 había varios: de la serie A-1, de la A-2, de la A-3 y así sucesivamente con distintas letras.

No obstante este método implicaba cierto riesgo, bastaba con que pararan en la calle a dos judíos con un pasaporte con el mismo número y distintas letras, hasta el más tonto de los Nazis se daría cuenta que algo no cuadraba. Por eso a Ángel Sanz se le ocurrió otra genialidad, interpretar el cupo a su manera y empezó a dar un número (con su correspondiente letra) por familia, esto multiplicó el número de protegidos de manera exponencial.

Para proteger mejor a los judíos, Ángel Sanz alquiló pisos y bajo la denominación de “edificio anejo a la embajada española”, estos nunca fueron registrados por las autoridades.

Los pisos de Ángel Sanz salvaron la vida de más de 5.000 judíos, no es de extrañar que los judíos de Hungría le conocieran como el Ángel de Budapest. A muchos los sacó de los trenes de deportación, a otros de las comisarías en noches en las que salía de casa cargado de pasaportes falsos, siempre del 1 al 200 y con la coartada aprendida de memoria.

No fue el único español que salvó judíos durante la II guerra mundial. Hubo más diplomáticos españoles que se la jugaron. En el mismísimo Berlín, en el corazón del III Reich, José Ruiz Santaella arriesgó su vida para ayudar a los judíos alemanes perseguidos. En Sofía, Juan Palencia desafío a las autoridades nazis, salvó a 600 judíos búlgaros hasta que fue declarado persona non grata y expulsado del país. En París, Bernardo Rolland de Miota consiguió salvar a 2.000 judíos al Gobierno de Vichy y trasladarlos al Marruecos español. En Atenas, Sebastián Romero Radigales sacó 500 judíos del país enfrentándose con el todopoderoso embajador alemán. En Bucarest, José de Rojas se tomó tan en serio la protección de los sefardíes que mandó poner en las puertas de sus casas un cartel con una leyenda que no dejaba lugar a equívocos: "Aquí vive un español".

Existe profusa información al respecto, os invito a que visitéis la página de Fernando Díaz Villuena, de la que he sacado la información de este escrito e incluso algún párrafo que otro (espero que me perdone). Por cierto tal vez debería contestar a algún escrito publicado en este blog que por alusiones me hace referencia, debería pero no lo haré. El objetivo de este blog no es el autobombo, o al menos eso me parece a mí, y por lo tanto no voy a hacer ningún comentario que pueda dar lugar a otra contestación, desvirtuaría totalmente el contenido de este blog, Jose Ramón no se lo merece y no vale la pena.

3 comentarios:

El Cronista Absurdo dijo...

Fantástico recordatorio, el de hoy. Personalmente, no conocía de nada la vida y obra de Sanz Briz hasta que hace unos años me prestaron el libro de su biografía, "Ángel Sanz Briz", escrito por Diego Carcedo. Posiblemente el libro más emocionante que haya leído jamás. Lo recomiendo vivamente a quien pueda leer este comentario. Le aseguro que no se arrepentirá. Por otra parte, ese libro me dejó un sabor amargo, por una cuestión tan clásicamente española, como es el olvido y repudio de sus grandes personajes. Sanz Briz es más conocido en el extranjero que en su propio país. País que no dedica ni una sola película o serie televisiva a héroe de tal magnitud. De ser francés, británico o estadounidense, sería archiconocido en el mundo entero. Quizá Spielberg habría hecho "La lista de Briz", o similar. Pero siendo español y siendo fuente de orgullo nacional, todo son pegas. Y olvidos.

Anónimo dijo...

Espero que la leyenda negra que injustamente nos persigue promovida por los pueblos rivales de España no oculte hechos como este.
Hasta hace poco no he conocido hechos como el de Blas de Lezo, me enorgullece como español conocer estas cosas y darme cuenta que la leyenda negra era eso "propaganda para dañar a españa y enfrentar a nuestro pueblo", gran herramienta internet, para conocer la realidad.

Anónimo dijo...

Hola.

Creo recordar que también, y mucho menos conocido, se salvó a algún judío (y no judío) con los relevos de la División Azul -en mucha menor medida, por supuesto-. Confraternizaban de tal forma con la población civil, que cuando se olían algo raro se las agenciaban para mandar a familias enteras a España ocupando plazas de soldados muertos en el frente. Así, vestían de uniforme a hombres y mujeres, y los niños más pequeños eran escondidos en macutos cuando así se requería.
Hablo de memoria, pero recuerdo haber leído algo al respecto.

Un saludo, Álvaro.

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