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lunes, 1 de noviembre de 2010

La Cuba española del siglo XX. Por José Abreu Cardet

(Banquete asturiano en la Habana. Foto de Internet)

En el censo realizado en 1899, por el gobierno de ocupación estadounidense establecido en Cuba, la población de nacidos en España alcanzaba la cifra de 129 236. Era un número considerable, pues los vecinos de la isla sumaban 1 572 797 personas. (1) No parecía lógico que los inmigrantes españoles se incrementaran en un futuro cercano.
Tres años de implacable guerra causaron la ruina de la otrora floreciente colonia. El ejemplo más elocuente del desastre fue la mitológica producción azucarera. En 1894 la exportación de azúcar alcanza la cifra de 1 110 991 toneladas. En 1898 la cosecha había bajado hasta las 259 331 toneladas. (2)
En el tabaco la situación era caótica. La cosecha de 1894 a 1895 había sido de 560 000 tercios de 50 kilogramos cada uno, la del 97 al 98 tan solo llegaba a 88 000 tercios de igual peso. (3) Prácticamente todos las ramas de la economía se encontraban en descenso. El único oficio que tenía un futuro asegurado era el de sepulturero. Las epidemias, secuela de la guerra, eran frecuentes.
Sin embargo, la inmigración española se incrementó en las tres primeras décadas del siglo XX de forma alarmante. Al extremo que algunos historiadores han considerado que puso en peligro la consolidación de la nacionalidad cubana.
En 1907 en Cuba residían 185 393 inmigrantes españoles lo que representaba el 9.05 por ciento sobre el total de la población que era de 2 048 080. En 1919 llegaban estos inmigrantes a 245 644. Mientras el total de vecinos de la isla era de 2 889 004 lo que situaba a los peninsulares como el 8.5 por ciento. En 1931 nos encontramos con 257 596 nacidos en España. Respecto a los nacidos en la isla que eran 3 962 344 significaban el 6.50 por ciento. (4)
¿Que ha ocurrido? La causa de esa inmigración masiva fue el auge de la economía cubana, pero en especial de la industria azucarera que convirtió a la isla caribeña en el mayor productor y exportador durante varios años de las primeras décadas del siglo XX. Ocurrió lo que hoy llamaríamos el milagro económico cubano.
La zafra de 1903 había sido de 1 029 239 toneladas. En 1922 se llegó a las 5 347 102 toneladas. (5) De esta última producción el 20.90 por ciento se logró en la provincia de Las Villas, el 23.56 por ciento en Camagüey y el 32,33 por ciento en Oriente. Pinar del Río alcanzaba el 3.02 por ciento, La Habana el 7.69 y Matanzas el 12.50. (6)
Este salto se produjo por el establecimiento de la gran industria azucarera en el centro y el oriente de la isla en las primeras dos décadas del siglo XX. Una parte considerable propiedad de compañías azucareras estadounidenses. En la zafra de 1920 a 1921 fueron estos responsable de la producción del 53.5 por ciento de toda el azúcar cubana. (7)
Estas empresas en sus inicios se enfrentaron a un serio problema. La falta de mano de obra barata. Tres guerras de independencia en treinta años y en especial la reconcentración de Weyler habían disminuido considerablemente la población cubana. El territorio que hoy conforma la provincia Holguín es un ejemplo elocuente de esta situación. A mediados del siglo XIX este era un territorio modestamente poblado. La jurisdicción de Holguín apenas rebasaba los 52 000 habitantes. La capitanía pedánea de Sagua de Tánamo que entonces formaba parte de la jurisdicción de Guantánamo también tenía una población muy escasa. En este territorio en los últimos treinta años del siglo XIX se desarrollaron tres contiendas independentistas. Si bien la historiografía resalta la concentración de Weyler durante la guerra de 1895 por lo negativo que fue para la demografía cubana no podemos olvidar que durante la guerra de 1868 se produjo una reconcentración de la población civil campesina en los poblados fortificados hispanos.
Esto provocó epidemias que afectaron el ritmo de crecimiento. En los primeros treinta años de la Republica en el territorio holguinero se establecieron 10 centrales azucareros. Algunos de ellos eran verdaderos colosos como el Preston y Boston. Además se fundo el puerto de Antillas. Todo esto requirió de una gran cantidad de mano de obra.
No existía una solución inmediata entre los vecinos de la isla para la falta de mano de obra. Algunas de estas empresas pensaron resolver tan acuciante problema promoviendo el traslado de trabajadores españoles a sus fincas azucareras. Incluso llegaron a traer por lo menos dos buques con trabajadores canarios. Pero las esperanzas se frustraron pues muchos de estos inmigrantes acababan abandonando el rudo trabajo azucarero para establecerse en otras actividades. Muy pronto los señores del azúcar encontraron solución a sus desvelos por la falta de mano de obra. Acabaron trayendo a Cuba una gran cantidad de antillanos.
Entre 1908 y 1919 llegaban a la mayor de Las Antillas un total de 39 906 haitianos. Otros 50,368 antillanos sin especificar su lugar de origen también arribaron en esos años. (8) Esta era una mano de obra barata.
Aunque de todas formas un grupo importante de españoles y canarios continuaron vinculados a la industria azucarera. Según el historiador Jorge Ibarra de los 4 200 extranjeros que estaban registrados como colonos en el año 1914 la mayoría eran canarios. (9) En el territorio de los municipios de Banes y Puerto Padre donde se han establecido a principios de siglo XX cuatro grandes colosos de la industria azucarera hay una presencia significativa de españoles y canarios. En Banes en 1919 hay 856 españoles y en 1931 suman 776. Mientras en Puerto Padre en 1899, antes de instalarse los dos centrales, hay tan solo 254 Al inaugurarse el central Chaparra, en los primeros años del siglo XX, su número se incrementa. En 1907 llegan a 1126. La fundación de otro central, el Delicias, en 1911, atrae a una mayor cantidad de inmigrantes de ese país, en 1919 son 2149. Pese a las crisis en 1931 suman 1759. (10)
El fin del interés de los señores de azúcar por la inmigración española y en especial la canaria no detuvo la llegada de estos a la isla. La riqueza generada por la industria azucarera y en menor medida otras producciones cubanas crearon un sólido cimiento que era un verdadero imán, un dulce imán para la inmigración española.
El valor de la zafra había ido en constante incremento desde principios del siglo. Si en 1913 la zafra fue vendida en 114.1 millones de dólares en 1916 llegaba a los 308.5, para arribar en 1920 a la cifra de 1022.3. (11) Pese a que estamos ante una riqueza mal repartida siempre había bastante para crear un estado de prosperidad para una parte de la población. El historiador estadounidense Leland H. Jenks afirmaba al respecto que: “El auge del azúcar abrió una era de inusitada prosperidad para Cuba” (12)
Esta riqueza azucarera atrajo a una gran inmigración española y canaria. En cierta forma estamos ante una especie de Cuba española. Una parte significativa de los peninsulares y canarios eran hombres y mujeres en edad laboral. Entre 1912 y 1930 el 63 por ciento de los que llegaron a Cuba tenían entre 20 y 59 años de edad (13) De esa forma un segmento considerable de la población laboral cubana en las primeras décadas del siglo XX había nacido fuera de la isla. Los inmigrantes españoles crearon un universo laboral que abarcaba un amplio abanico donde prácticamente estaban incluidos todos los sectores productivos y de los servicios de la isla. En 1927 el 45 por ciento de las empresas medias y pequeñas pertenecían a inmigrantes españoles. (14)
Un visitante que llegara a Cuba en esas primeras décadas del siglo XX podía transitar por ese mundo español apenas sin necesidad de entrar en contacto con los cubanos. Si arribaba a La Habana podría hacerlo en uno de los buques de una línea marítima española como la compañía Sobrinos de Herrera. (15) Desembarcar por el muelle propiedad de esa compañía. También podría hacerlo por otro de los muelles propiedad de uno de los muchos comerciantes españoles que controlaban el comercio de importación.
Si había desembarcado en las primeras horas de la mañana y quería agradecer a Dios el feliz arribo a tierra asistiendo a una misa muy bien podía ir a una de las muchas iglesias atrapadas entre las estrechas y sinuosas calles de la Habana Vieja. El sacerdote que oficiara la sagrada ceremonia podrían ser Agapito Gómez Concha, Francisco Revuelta Argueso, Francisco Javier Abascal y Venero, Cresencio Gutierrez y del Barrio o Esteban Rivas. (16) Estos eran sacerdotes españoles. Pero no eran una excepción en la vida eclesiástica cubana. Numerosos curas peninsulares ejercían en Cuba; en 1919 había un total de 426. (17) Si este hipotético viajero tenia necesidad de hacer alguna compra y entraba a uno de los bien surtidos comercios de La Habana o cualquier otra ciudad o poblado de Cuba muy bien podría ser atendido por uno de los 28 792 españoles que ejercía tal oficio 1919. (18) Aguijoneado por el hambre se decidía a almorzar. Tomaba un coche para evitar el abrasador sol antillano. El cochero podría ser uno de los 3313 españoles que en 1919 ejercían tal oficio. (19). Es muy probable que entrara en uno de los muchos restaurante cuyo propietario era español.
Las sillas, las mesas y la estructura de madera del restaurante muy bien podría haber sido construida por los artesanos que la elaboraron en la firma maderera Gansedo y Crespo, S. en C. De la que el accionista principal era el español Gancedo Toca. (20) Uno de los muchos españoles que se dedicaban a actividades constructoras en la isla.
Cabría la posibilidad que el camarero fuera catalán. Muy posiblemente le sirvieran alguna muy bien condimentada vianda, una carne o un asado de puerco proveniente de una de las fincas propiedad de uno de los 59 403 españoles considerados en 1919 como agricultores. (21) Si el calor no le hacia deseable beber vino de la Rioja podía sustituirlos por una agradable cerveza marca “Tropical” producida en la fábrica del mismo nombre que pertenecía a unos santanderinos. (22) Luego del almuerzo pedía un periódico. Entre los muchos periódicos que pondría el mozo del salón a su disposición estaba “El Diario de la Marina” dirigido por su propietario el español Nicolás Rivero y Muñiz.
En el “Diario de la Marina” podía leer potencialmente algunos de los artículos publicados por los periodistas españoles que ejercían en Cuba. Habían varios como Ezequiel Iturralde y González, José Manuel Fuentevilla, Juan López Seña, Daniel Camiruaga entre otros. (23) Mientras leía el periódico encargaba al camarero un tabaco. Entre las muchas marcas de “puros” elaborado en la isla les podía ofrecer la exquisita Flor de Cano creada por el peninsular Jose Cano. (24)
Si se decidía viajar a algunas de las provincias cubanas y utilizaba el tren se encontraba que la mayoría de las compañías ferroviarias eran propiedad de capital ingles y estadounidense. Sin embargo, durante su viaje podía ser atendido por uno de los 8 685 españoles que estaban empleados en los ferrocarriles en el año 1919. (25) Si antes de emprender el viaje decidía arreglarse el cabello podía poner su cabeza en mano de uno de los 692 barberos y peluqueros españoles que realizaban ese oficio en el referido año.
Esta historia se repetirá en cada pueblo de alguna importancia. Un ejemplo de esto es Holguín donde una parte considerable del comercio y otras actividades de los servicios estaba en poder de españoles. En la ciudad se constituye una sociedad española que construyó un bello edificio. Hoy es el museo de Ciencias Naturales. Se mantenía la constante de que muchos de los servicios indispensables para la vida cotidiana eran brindados por personas nacidas en España.
Este mundo español no solo tenía una representación material en bodegas y restaurantes, almacenes y muelles sino también un sentido espiritual resumido en las numerosas sociedades de recreo creadas por los españoles que existía en cada uno de los pueblos y ciudades desde La Habana hasta recónditos lugares del oriente de la isla.
En 1930 en 17 sociedades españolas se habían agrupado 206 793 personas. Una parte significativa de ellas eran nacidas en España. (26) También contaban con una representación relativamente abundante de periódicos y revistas. Por citar un ejemplo los inmigrantes de origen santanderino tenían tres de estas publicaciones editadas en la Habana. (27) Otros grupos regionales también tenían sus periódicos y revistas.
Esta inmigración había tenido sus poetas y escritores de fina sensibilidad que legaron a la cultura cubana y española numerosas obras de diferente valor artístico. La mayoría de estos inmigrantes se incorporaron a la sociedad cubana. Muchos se casaron con cubanas y cubanos. Constituyeron familias y no pocos de los hombres que llevaron a cabo la revolución de1959 eran hijos de estos emigrantes. Estamos ante una apasionante historia del pasado cubano.
NOTAS
1-- Censo de la República de Cuba bajo la administración provisional de los Estados Unidos 1907 Oficina del Censo de los Estados Unidos Washington 1908 p 301
2 Manuel Moreno Fraginals El Ingenio Editorial de Ciencias Sociales La Habana 19 t 3 pp 45, 48
3 Francisco Pérez Guzmán La Revolución del 95 En Instituto de historia de Cuba Historia de Cuba Las Luchas por la independencia nacional y las transformaciones estructurales 1868 1898 Editora Política La Habana 1996 p 538
4 Jesús Guanche España en la savia de Cuba. Editorial de Ciencias Sociales La Habana 1999 p 233 y censo de 1943 p 718.
5—Francisco López Segrera. Algunos aspectos de la industria azucarera cubana (1925 1937) En La República Neocolonial. Anuario de Estudios Cubanos. Editorial de Ciencias Sociales. La Habana 1879 T II p. 194
6--Instituto de Historia de Cuba. La Neocolonia Organización y Crisis desde 1899 hasta 1940. Editora Política. La Habana 1998 p 389
7-- Idem p 110
8--Censo 1919 p 176
9-- Jorge Ibarra La Sociedad cubana en las tres primeras décadas del siglo XX En Historia de Cuba La Neocolonia Organización y Crisis desde 1899 hasta 1940 Editora Política La Habana 1998 p 165
10-- Jose Vega Suñol Región e Identidad Ediciones Holguín 2002 p 90
11— Alejandro García Alvarez La consolidación del dominio imperialista Historia de Cuba La Neocolonia Organización y Crisis Desde 1899 hasta 1940 Editora Política La habana 1998 p 106
12— Leland H. Jenks Nuestra Colonia de Cuba La Habana 1966 Ediciones Revolucionarias p 179
13— María del Carmen Barcia La inmigración masiva de peninsulares y canarios en el contexto de la república. En Debates Americanos Numero 12 enero diciembre 2002 p 38
14— María del Carmen Barcia Idem
15— Bruno Javier Macahdo Cuevano de Olvidos Centro de Estudios Montañeses Santander 1999 p 107
16— Idem pp 192, 197
17— Censo de 19191 p. 731
18-- Censo de 19191 pagina 731
19-- Censo 1919 p 731
20-- Bruno Javier Machado Obra citada p 120
21-- Censo 19191 p 731
22--Brunio Javier Machado Obra citada p 120
23-- Idem p 162 171
24-- Idem p 99
25-- Censo de 1919 p 732
26-- Jesús Guanche Obra citada p244
27--Bruno Javier Machado Obra citada p 143

http://www.radioangulo.cu/index.php[....]ontent&task=view&id=7414&Itemid=169

De 1898.m.foros.com

2 comentarios:

Moisés dijo...

Para que luego digan que los cubanos no eran españoles. Los españoles en la isla superaban el 8% del total de población y eso contando los españoles nacidos en la península e islas; imaginarse la cantidad de españoles que se casaban con asiáticos, africanos y demás personas de todas partes.

Según la ley vigente aquí, no hace falta nacer expresamente en España para tener tu nacionalidad española, como si naces en Tasmania, que con tener al menos un padre español e incluso antepasados recientes, obtienes la nacionalidad.

Por eso animo a todos los cubanos que aprovechen las facilidades que se dieron para que obtengan la nacionalidad española, y José Ramón, no te rindas y sigue indagando en tu pasado y buscando documentos para que puedas tener la nacionalidad legalmente. Sé que es duro que seas español con todas las letras y no poder demostrarlo. Hay un dicho que decía mi abuela... "lo que no se llevan los ladrones, aparecen en los rincones". Así que no te rindas.

Saludos!

Francisco dijo...

miles y miles de personas están aprovechando la Ley de Memoria Histórica para obtener la nacionalidad española. ¡Bienvenidos!

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