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sábado, 12 de febrero de 2011

La Habana de 186…en Cuba Española, vista por el viajero norteamericano Samuel Hazard ( Parte II )

La Habana de 186… vista por el viajero norteamericano Samuel Hazard
Por: Emilio Roig de Leuchsenring



Continuación:


 En cuanto a los restaurantes, le da el primer lugar al Restaurant Francois, dirigido por un francés, Francois Garcon, en la calle de Cuba 72 entre Obispo y Obrapía, donde «la cuisine y la mesa son inmejorables» y los precios razonables, sirviéndose a la carta o por abonos, $15 por semana o $51 por mes incluyendo el vino corriente o el clarete francés. Son más baratos y no tan buenos, el restaurante del Hotel Inglaterra, Las Tullerías, en Consulado y San Rafael, que con el de Francois, son «los únicos decentes al que pueden concurrir las damas». Cita, por último. La Noble Habana, famoso por sus camarones y ensaladas hechas con los mismos; y el Crystal Palace. Los precios en los mejores hoteles son de $13 a 5 por cuarto y comidas, incluyendo o no vino; en las pensiones, se pagan de $34 a 50 al mes, con dos comidas.

 De los cafés, cita El Louvre el mayor y mejor de La Habana y lugar admirable «para observar la alta vida social durante la noche», donde «pueden tomarse helados y granizados tan buenos como en los Estados Unidos»; y La Dominica, en O'Reilly y Mercaderes, lugar muy concurrido, famoso por sus refrescos y dulces, que antes fue punto de cita de damas y caballeros de la sociedad.


 De las calles y paseos, dice que las más interesantes para el extranjero son las que se hallan en la parte vieja de la Ciudad: Ricla, Obispo, O'Reilly, Mercaderes. «Aún después de semanas de residencia, jamás me cansaba de vagar por estas calles, observando las curiosidades y singularidades de su arquitectura, los títulos chuscos de sus establecimientos y la curiosa y atractiva manera de exponer los artículos ante los ojos del público no por estar amontonados en los aparadores y escaparates, sino por tener el establecimiento completamente abierto y todo a la vista del que pasa».

 La calle del Obispo era «la más animada de la ciudad y donde se hallan los establecimientos más atrayentes», siguiéndole, después, Ricla y Mercaderes. Los nombres de establecimientos que más le llamaron la atención, «por lo chuscos», son: Palo Gordo, León de Oro, Delicias de las Damas, Las Ninfas, el Espejo, La Pequeña Isabel, La Cruz Verde. De los paseos, considera el mejor el de Isabel «conocido por Prado en la parte que se dirige desde el teatro Tacón hasta el Océano», notable «por su anchura, su buena construcción, dotado de aceras, y largas hileras de árboles; celebra, así mismo, «la Bella» Calzada de Galiano, «la bulliciosa» Calzada del Monte, la Calzada del Cerro, la Calle de Belascoaín, y «el por todos concepto bello paseo conocido con los diferentes nombres de Tacón; Reina y Príncipe»; la Alameda de Paula o Salón de O'Donnell, el Paseo de Roncali, la Calzada de la Reina.

 Le llama la atención y choca a Hazard que en La Habana «no hay un lugar especialmente dedicado a las residencias de buena sociedad, pues al lado mismo de una casa particular, de elegante y limpia apariencia, se ve un sucio establecimiento usado como almacén… las personas de la mejor sociedad viven aquí, allí, en todas partes, unas en los altos, otras en los bajos, algunas en almacenes o sobre almacenes y establecimientos». Además, la apariencia de fortaleza que tienen las casas, con sus gruesos muros, sus sólidas puertas, que «pueden resistir un ariete», sus ventanas, «enrejadas como las de una cárcel», le hacen pensar «que en esta extraña vieja ciudad originariamente sus habitantes debían vivir en perennes querellas unos con otros y esperando ser llamados de un momento a otro a resistir una invasión».



Continuará.

1 comentario:

Anónimo dijo...

La opinión de este viajero parece muy sesgada. Es muy extraño que destaque en todo momento locales de hostelería francesa. Todo apunta a un caballero poco objetivo y con poco mundo, más dado a la moda de la época.

El comentario sobre la arquitectura española es ciertamente risible. Le extraña la robustez de las casas y los enrejados de forja. Seguro que prefiere las pobres construcciones anglosajonas en madera, incapaces de aguantar terremotos y huracanes.

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