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martes, 8 de febrero de 2011

La Mejorana y la independencia cubana: un choque de ideas y liderazgo entre José Martí y Antonio Maceo. ( Parte IV )


( Foto de Internet )

Por ALINE HELO
Universidad de Texas en Austin

Continuación.

 Maceo expresó sorpresa en su respuesta, y tal vez algo de molestia al notar que Martí le preguntaba sobre su disposición de luchar de nuevo por la independencia cubana, lo que equivalía a dudar de su patriotismo. Le contestó que si Martí le hubiese conocido íntimamente, él no le hubiese hecho esta pregunta. Maceo subrayó que según él «se necesitan unidad de acción, organización y dinero. . . unidad moral y política» para la nueva lucha. A su parecer, la nueva organización debería unir la voluntad del pueblo cubano y ser por encima de «las perturbadoras ideas de partido». Maceo pensaba que nadie mejor que Máximo Gómez estaba en posición de dirigir el movimiento de independencia -.

 Verdaderamente el dominicano Gómez, un blanco de raíces campesinas humildes, tenía una autoridad indiscutible entre los cubanos de todas las clases y colores. Según Maceo, él era el único líder capaz de reconciliar a los antiguos rivales y de ahogar «las preocupaciones sociales [raciales], que en gran parte coartaron mis servicios a la causa d eCuba»t Maceo le dijo a Martí que él estaba listo para tomar la posición que sus compañeros en armas le encargaran, y que el ejército estaba preparado para la batalla. No obstante, Maceo consideró que el papel de Martí debería estar fuera de la lucha armada en Cuba y debería someterse a ella: su papel sería de preparar moralmente al pueblo cubano para una insurrección general a través de una revolución de ideas. Su propaganda debería ser constructiva, sustentando el principio de independencia entre los que ya se oponen al colonialismo y promoviéndolo entre otros; debería tratar de «la cuestión social y económica, de la situación política de Cuba y España, de la esclavitud y sus conservadores, de las preocupaciones sociales entronizadas para gobernar la Colonia y hacer en ella mezquinas divisiones». No obstante,la insurrección debería ser dirigida «en horas oportunas» por «nosotros dos compañeros en armas] en condiciones de lucha formal» 4 «hasta que por lo menos la mayoría del país crea necesaria la guerra». Además, la consulta con los otros líderes era requerida, de lo contrario «podría sospecharse que pretendemos ser designados» A pesar de que Maceo reconocía que la guerra no podía triunfar sin el apoyo de la propaganda y de las comunidades exiliadas, su mayor aprecio era hacia los que habían peleado con armas en las manos en las guerras. 

 Martí compartía con Maceo el temor de que una reanudación prematura de la guerra contra España seria un fracaso total. No obstante, al contrario de Maceo, asignó un papel fundamental a las comunidades exiliadas y dio preferencia a la organización política sobre la organización militar en el proceso. Martí insistió que, ante todo un partido revolucionario fuerte y unido debería ser formado, a fin de prevenir «aquellas perniciosas camarillas de grupo de las guerras pasadas, ni aquellas jefaturas espontáneas, tan ocasionadas de rivalidades y rencores».Así el partido sería un bastión contra el militarismo y el divisionismo. También debería ser moderado políticamente para que en Cuba la «mucha gente de pensamiento» y esos «muy pegados a sus intereses» no vieran riesgo alguno para ellos en la república, de otra manera ellos apoyarían la anexión a los Estados Unidos~.
 Las tensiones entre Maceo y Martí aumentaron en 1883 y 1884, cuando Gómez y Maceo preparaban un nuevo plan de guerra que daba poderes completos a la jefatura militar. Martí reaccionó violentemente, acusándoles de planear imponer en Cuba un régimen de despotismo personal, peor que el colonialismo español. Tuvo palabras poco clementes para Maceo, quién supuestamente «quiso—locura mayor!—darme a entender que debíamos considerar la guerra de Cuba como una propiedad exclusiva de [Gómez]» 50.

 En 1886, no obstante, el fracaso del plan Gómez-Maceo de invasión múltiple de Cuba llevó a los dos líderes militares a una breve separación. Maceo empezó a conceder más importancia a los centros emigratorios y a la organización política, notablemente por la formación de un «Partido Independiente». Ahora él concebía una doble jefatura: el jefe de la guerra, el cual Gómez continuaría de ser, y el jefe del partido elegido democráticamente. Pero la autoridad suprema aún era militar: el papel del jefe del partido era de coordinar el apoyo de los centros de emigrados y de preparar pequeños grupos bajo mando militar para invadir simultáneamente la isla. Los líderes en Cuba declararían la insurrección general, seguida rápidamente por la movilización del nuevo Ejército Libertador formado por veteranos de las guerras pasadas, reclutas nuevos, y miembros de las expediciones de exiliados51.

 Durante estos años, Martí denunció repetidamente el militarismo que percibía en los planes de Gómez y Maceo 52• Finalmente, en 1887 él propuso su propio pian, el cual, al contrario del de Maceo, insistió en las metas democráticas de la independencia y demandó una declaración de «desinterés, civismo y subordinación al bien patrio del ejército». El plan de Martí dió prioridad al trabajo de propaganda en Cuba; en seguida recomendó «organizar, con la unión de los Jefes afuera la parte militar de la expedición» y en tercera posición realizar la unión democrática y solidaria de las comunidades de emigrados. El movimiento debería prevenir dos peligros principales: primero, «que las simpatías revolucionarias en Cuba se tuerzan y esclavicen por ningún interés de grupo, para la preponderancia de una clase social, o la autoridad desmedida de una agrupación militar o civil, ni de una comarca determinada, ni de una raza sobre otra»; y segundo, que el anexionismo debilite la solución revolucionaria53.

 Martí sometió su proyecto a la aprobación de algunos veteranos, incluyendo a Gómez y a Maceo, quienes le dieron su apoyo. Como en 1882, Maceo encontró necesario enfatizar en su respuesta que su meta siempre había sido «la unión cordial, franca y sincera de todos los hijos de Cuba», de otra manera no se lograría la independencia54. Muy probablemente, él temió que las calumnias que se le habían levantado sobre su supuesto plan de formar un dictadura negra en Cuba hubiesen afectado a Martí. A pesar de aprobar el plan de Martí, Maceo continuó a considerar necesario que el ejército tuviese el poder supremo durante la guerra. Maceo no imaginaba la misión de Martí más allá que la de «noble propaganda» con el fin de conseguir la unificación del movimiento.

 Durante su estancia en Cuba, a principios de 1890, Maceo preparó secretamente el terreno para una nueva guerra. Visitó a intelectuales, sociedades de color, y grupos de veteranos de guerra y encontró al país listo para reanudar la lucha. Estimó que en dos o tres meses, los rebeldes podrían ser organizados, pero ninguna insurrección debería ser lanzada antes del regreso al país de la «gente de acción.  En cuanto a Martí, a principios de 1890, organizó activamente a las comunidades de emigrados según principios democráticos. El también les amplió su base social al darle atención especial a los tabaqueros de la Florida. Este trabajo político culminó con la creación del PRC en 1892 y la elección por las comunidades exiliadas en los Estados Unidos de Martí como delegado o presidente, mostrando nuevamente su preferencia por la organización civil57.

 Al aumentar las preparaciones para una nueva insurrección, el desacuerdo entre los líderes dio precedencia a la unidad. En septiembre de 1892, Martí le pidió a Gómez que apoyara al PRC y que se convirtiera en el jefe supremo de la guerra, encargado de organizar al Ejército Libertador «con métodos ejecutivo sy espíritu republicano».  A mediados de 1893, Maceo aprobó el plan de guerra de Martí. 

 Los dos hombres sabían que tenían que superar sus diferencias para conseguir la independencia. En 1894, por ejemplo, Maceo criticó fuertemente a Enrique Trujillo por debilitar y dividir al movimiento al atacar a Martí por el simple hecho de que éste se haya opuesto al plan d eGómez y de Maceo en los años 1880: «La guerra que Ud. hace al Sr. Martí es un crimen de lesa patria». Agregó que él mismo siempre tendría gran aprecio por cualquiera que trabajara por la meta común de la independencia59. Simultáneamente, Martí expresó públicamente su admiración por Maceo, aunque teñida con condescendencia. «Y hay que poner asunto en lo que dice, porque Maceo tiene en la mente tanta fuerza como en el brazo,» escribió en un articulo escrito antes de visitarle en Costa Rica. Sin embargo, el lanzamiento de la guerra de independencia no pudo borrar más de una década de relaciones difíciles. Viejas cicatrices reaparecieron a principios de 1895, cuando Martí le encargó a Crombet la expedición de Costa Rica, y Maceo pensó que Martí sería más útil en el exilio que en Cuba. Por esta razón,cuando los dos líderes no concordaron en cuanto al tema de control militar o civil de la guerra, ellos claramente reasumieron un debate que había empezado hace mucho tiempo. Además, sus ideas contrarias reflejaban su diferente experiencia de vida y su posición socio-racial personal.

 Antonio Maceo, nacido en 1845 cerca de Santiago de Cuba, pertenecía a una familia con ascendencia africana de largo linaje libre. La familia vivía de la comercialización de productos agrícolas de sus tierras. Además de ellos mismos, sólo empleaban unos pocos trabajadores libres, y satisfacían sus necesidades básicas. Ellos sabían leer y escribir pero no habían tenido acceso a una educación formal61. José Martí, ocho años más joven que Maceo, era el hijo de inmigrantes españoles modestos. A pesar de que su familia no era libre de preocupaciones financieras, él pudo recibir una educación primaria y secundaria en La Habana62.

(Continuará)

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