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jueves, 15 de septiembre de 2011

CUBA EN 1933. MOMENTOS COLVULSIVOS ( I ) . Por Miguel Leal Cruz


CUBA EN 1933. MOMENTOS COLVULSIVOS (I)
Miguel Leal Cruz

La situación en Cuba en los últimos días de agosto de 1933, continúa siendo inestable a pesar de la aparente tranquilidad que se produce tras la caída de Machado y la formación, aunque aún  provisional, del gobierno Céspedes.

Los periódicos de la época que, en Cuba por la falta de papel como consecuencia del cierre de puertos, han reducido las tiradas suprimiéndose su venta en las calles, nos aportan detallada información sobre los acontecimientos que se suceden. Se anuncian posibles elecciones generales alternándose con denuncias de malversación y otros variados delitos contra Machado y sus colaboradores, huidos la mayoría.

A pesar de los buenos oficios del Presidente anunciando, a través de un bando, la prohibición de las venganzas entre los ciudadanos, surgen constantemente denuncias contra las instituciones públicas del régimen anterior entre las que figuran las representadas por los ministros incursos en delitos de malversación de fondos públicos, Ferrara de Estado, Averhoff de Justicia y Zubirreta de Gobernación. También fueron perseguidos, el ex jefe de policía Antonio Ainciart, que se suicidó días después en su domicilio, siendo exhumado por la multitud y quemado su cadáver colgado de un poste[1].

En las calles de La Habana, para fecha 21, se han desarrollado espantosas escenas como represalia contra los hombres que sirvieron a la Dictadura del general Machado. Millares de personas recorrieron las calles principales de La Habana, con gritos insultantes contra Machado y pidiendo las detenciones de algunos políticos que colaboraron con el ex presidente. Se registraron frecuentes incidentes teniendo que intervenir la policía para disolver a los revoltosos. Durante los incidentes, un grupo numeroso de personas, persiguió a un sargento de la policía de Machado conocido por Pito Sampro, quien al verse sitiado en una casa se disparó un tiro resultando muerto. Otro policía que dio muerte, durante la dictadura, a un estudiante frente a la Universidad, al saberse perseguido se suicidó en su domicilio. La venganza contra los porristas continúa en los siguientes días, puesto que numerosos grupos de obreros y estudiantes, que durante el régimen de Machado sufrieron toda clase de torturas en las cárceles[2], se han dedicado a perseguir y a apalear a los criminales de la llamada "partida de la porra", que encuentran a su paso. La mayoría de estos policías afines a Machado, han abandonado sus casas por no hallarse seguros en ellas. Telegrafían a los periódicos desde Santiago de Cuba y Trujillo que los jefes “machadistas” de la Policía Judicial secreta han sido detenidos y encarcelados, y con fecha 24, fueron linchados en Santiago dos amigos políticos de Machado. En los días siguientes la policía "Cívica", dependiente del nuevo gobierno, continúa deteniendo y encarcelando a todos los elementos sospechosos de haber colaborado de manera encubierta o constatada con la Dictadura. En La Habana casi todos los días aparecen muertos algunos miembros de la "partida de la Porra", organización criminal, dependiente de la policía, que cometió innumerables crímenes durante el periodo dictatorial, especialmente contra obreros y estudiantes caracterizados por su radicalismo[3].

En Santiago de Cuba el ex alcalde de San Luis, Víctor Vizcaya y un soldado, ambos afines a Machado, han sido “linchados” y muertos por la muchedumbre que les identificó como posibles autores de la muerte de un estudiante en esta ciudad. Procedieron, seguidamente, a arrastrar salvajemente los cadáveres por las calles de la ciudad. Miembros del Partido ABC, al pasar por la finca "El Galope", en Pinar del Río, han encontrado once cadáveres que se supone pertenecen a los oposicionistas que fueron asesinados por elementos revolucionarios durante la caída del general Machado, recientemente.

Tendrá lugar la esperada remodelación del Ejército cubano. Los nuevos mandos del Ejército con el visto bueno del poder instituido, que pretende normalizar la situación creada en el más breve plazo, ha dictado disposiciones separando definitivamente del ejército al general Machado y a su ministro de la Guerra, general Alberto Herrera (que le sustituyó provisionalmente tras su caída). Se toman iguales medidas contra otros muchos oficiales que se distinguieron por su crueldad, entre los que encuentran el comandante Arsenio Ortiz, al que se considera responsable de más de cuarenta muertes, el capitán Larrubia, destacado en Santiago de Cuba; el teniente Pérez Arrocha, de Santa Clara, el teniente Pichi, de Pinar del Río; el teniente Vilchez, supervisor de la ciudad de Colón en la provincia de Matanzas, el teniente González Facet, jefe del Puesto de Hoyo Colorado en la provincia de La Habana, cuyo último crimen fue la muerte del joven Sergio León;  un capitán llamado Samaniego y otros muchos más que fueron oficialmente separados del ejército, todos ellos por las responsabilidades contraídas en actos de innecesaria crueldad en la época precedente.

Los militares que fueron separados deberán, además, comparecer ante un tribunal militar especial que con carácter de Consejo de Guerra les juzgaba por los crímenes cometidos en actos de servicio y fuera de ellos. Más aún aquellos sobre los que pesaban acusaciones graves al haber cometido, además, delitos comunes, como la muerte llevada a cabo personalmente de detenidos por motivos políticos,  o por actuación criminal e irresponsable en acto de servicio, como el oficial Pérez Arrocha que dio orden de disparar contra una manifestación de maestras de escuela, resultando muertas varias de ellas, eran juzgados sumariamente.
Según la historiografía cubana, además, la corrupción era acción cotidiana y paralela a la crueldad que caracterizaban a ciertos estamentos de la administración de Machado, en sus últimos años[4].

Entre la población canaria residente en Cuba, muy numerosa en la época, surgió una protesta casi unánime por la permanencia del doctor Roberto Chomat, en la dirección de la Casa de Salud de la Asociación Canaria. Este médico, durante la actuación profesional como cirujano del Hospital Civil de Colón y más tarde como delegado del Instituto pre tuberculoso en dicha ciudad, fue censurado duramente, al extremo de que se lucraba con los enfermos menos pudientes. Además, se le conocía como delator de aquellos que abiertamente se declaraban contra la dictadura de Machado.

Por otra parte y en estas mismas fechas El Diario de la Marina[5], periódico tradicional habanero, publicó una interesante información, en la que se ocupa de los propósitos del general Machado. Dice que este se halla en comunicación con amigos suyos que se encuentran en Europa, a los cuales ha expresado su propósito de residir en una finca que había adquirido hace poco tiempo en las cercanías de Roma, mientras su familia continuará residiendo en Filadelfia.

Con fecha 19, los rotativos se hacen eco de las posibles elecciones generales en Cuba. Todos los partidos políticos se hallan de acuerdo en reformar la Constitución, redactando una nueva ley electoral. Se cree que si las elecciones se convocasen ahora triunfarían los antiguos políticos, conviniendo, por tanto, no celebrarlas hasta el próximo año de 1934, fijándose para el día 24 según Consejo de Ministros posterior, en que, con seguridad, se impondrán los nuevos elementos. La situación la explican los corresponsales por correo[6]

Igualmente se hacen eco referente al agasajo tributado por un grupo de correligionarios en honor del doctor Julio San Martín, quien regresará a Cuba para reintegrarse en la cátedra de Anatomía Comparada de la Universidad de La Habana de la que fue separado en virtud de la política universitaria del ex dictador Machado. Durante el acto leyó unas cuartillas uno de sus incondicionales colaboradores: José Clavijo Torres, que en amplio panegírico, en la revista universitaria[7] Alma Mater, exalta la nueva etapa que espera a Cuba a raíz de la destitución del dictador Machado[8], entre lo que destacamos  que:después de sufrir etapas duras en los distintos momentos de su vida, ya colonial ya independiente, Cuba, y al decir Cuba, me refiero a su pueblo, ha sostenido una lucha fraticida, enconada por su liberación. Un gobierno cruel y sanguinario, abandona los más sagrados derechos, matando, secuestrando, ultrajando. Pero ni esos crímenes, ni las persecuciones y menos aún los destierros amedrentan a la juventud cubana en sus justas aspiraciones. Catedráticos, colaboradores del, padres espirituales de esa juventud, secundaron la petición. Pero el pueblo sufrido y hambriento prefirió morir con las armas, que continuar en sus hogares sometidos a la más espantosa miseria mientras los otros, los políticos adictos al régimen de la tiranía que acababa de caer, guiados por sus perversos instintos despilfarran, malversan los fondos, embargan la hacienda cubana y violan los sagrados derechos de la Constitución. Todo ha cambiado repentinamente. Los incondicionales del dictador demostrando una vez más su cobardía. Son ellos los que huyen ahora... Marchan en distintas direcciones y los que no han podido huir se suicidan.

La dictadura “machadista” ha querido que fuera el poder brutal de los cañones en manos de un ejército asalariado venza a la razón. Pero no. Llega el momento que ese mismo ejército y esa misma policía cómplice de toda clase de desafueros deje de secundarlo por que temió a la justicia del pueblo; ¡La más alta justicia! Que quería vengar a costa de su sangre la de las inocentes víctimas que ellos a mansalva habían arrebatado. Hoy, después de los acontecimientos, soy un optimista sobre el porvenir de Cuba. Sus buenos hijos la encauzarán por nuevos derroteros.

Sin embargo, desde unos días antes, la situación general se agrava, encontrando el gobierno grandes dificultades para hacerse con el control. Se anuncian nuevas huelgas y la que tiene lugar en el puerto y la de ferrocarriles paralizan la economía nacional. En virtud de la propaganda hecha por líderes de color, los obreros negros solicitan la igualdad de derechos con los blancos, manteniendo acciones reivindicativas a pesar de las medidas extremas de vigilancia ordenadas por el Gobierno entre las que anuncia severos castigos a los infractores, al tiempo que anuncia elecciones generales. Las fuerzas del ejército y de la policía patrullan por los barrios extremos, montando guardia en los lugares más conflictivos de la población, cuyos servicios se complican por la llegada de un fuerte ciclón[9].

En lo político el Gobierno Céspedes sufre, además, el descontento de las clases de tropas del Ejército Cubano.

Y a partir de aquí tendrá lugar la, hasta ahora incipiente, insubordinación militar: Soldados, cabos y sargentos son objeto de clara discriminación y abuso por sus oficiales superiores, con indicios corruptivos en las contabilidades destinadas a comida, vestuario y otras atenciones de la tropa. Se oyen rumores de rebaja de sueldos y licenciamientos, de que serán objeto.

Encarna ese descontento el sargento mayor Pablo Rodríguez, que dirige el Club de Suboficiales, secundado inicialmente por algunos militares, entre ellos el sargento taquígrafo, Fulgencio Batista. Crean la Unión Militar Revolucionaria, más conocida por la Junta de los Ocho, atendiendo al número de sus componentes originales.

La inestabilidad reinante toma cuerpo en lo que ha venido en llamarse “La Sargentada”  o el levantamiento militar que tuvo lugar el 4 de septiembre.

La Prensa de Tenerifeen su número correspondiente al miércoles día 6 de septiembre, nos aporta las noticias ocurridas en Cuba, uno o dos días antes, cuando nos refiere con gran alarde de titulares[10], en la sección "Última Hora", que: "Los primeros movimientos, que van a conformar este proceso revolucionario, se habían iniciado a últimas horas de la tarde del día cuatro cuando los estudiantes y obreros efectúan manifestaciones tumultuarias, al tiempo que significados elementos del Partido ABC, ahora en la sombra, juntamente a miembros de oposición, celebraban rápidas conferencias con dicho propósito. Asimismo en los centros obreros se apreciaba entusiástica animación.

Ya entrada la noche de dicho día los grupos que circulaban por las calles, aumentando notablemente en número a medida que llegaba la noche, se dirigieron a varios centros militares y, confabulados con fuerzas destinadas en los mismos, procedían a su ocupación. Nos dice La Prensa del día siguiente[11] que: ... la oficialidad fue inmediatamente destituida, arrestando a una parte y quedando vigilada la otra. Del mando de los soldados se hicieron cargo las clases de tropa, que se sumaron al movimiento.

Desde Campo Columbia, donde se hallaba reunido el Comité revolucionario, empezaron a llegar las primeras órdenes para asegurar el orden y evitar actos de pillaje. Grandes titulares: “TRES SARGENTOS SON ENCARGADOS DE LOS ALTOS MANDOS DEL EJERCITO, DE LA ARMADA Y DE LA GUARDIA RURAL". Como consecuencia de las órdenes trasmitidas por el Comité, y que en virtud de ellas se designó al sargento Batista, destinado en Campo Columbia, para asumir el mando del Ejército; al sargento  Ángel González para el mando de la Armada y al de la misma categoría Hernández para dirigir la Guardia Nacional. Las fuerzas de la policía se sumaron espontáneamente al movimiento, siendo encargadas de proteger los centros de comunicación que se hallaban ya ocupados por los revolucionarios desde primera hora, y a cuyo mando se designó al teniente Aurelio Laurent inspeccionando inmediatamente los distintos puestos, ahora a su mando[12].

Según el citado periódico, en informaciones recibidas por cable desde La Habana, se desconoce el paradero del presidente Céspedes, suponiéndosele visitando el campo como consecuencia de las regiones devastadas por el reciente ciclón. Parece ser que la revolución le sorprendió en la provincia de Matanzas, a donde se ha enviado un tren en el que viajan los delegados del comité revolucionario, para localizar al supremo mandatario y notificarle oficialmente el proceso revolucionario que ha tenido lugar, así como la dimisión completa de su gabinete reunido horas antes en el Capitolio. Se conoce que los revolucionarios han constituido un Gobierno compuesto por cinco miembros, avalados por el Directorio estudiantil, la sociedad secreta ABC y otros elementos radicales. Y añade: ... los revolucionarios tenían previstos todos los detalles del movimiento, pues desde los primeros instantes de estallar la revolución se pusieron de acuerdo con la Comisión Administradora de la isla, que continuó funcionando bajo la presidencia del Doctor Ramón Grau San Martín... El ministro de la Guerra del gabinete Céspedes, salió a visitar las fortalezas, convenientemente vigilado. Las guarniciones le recibieron con todo respeto, pero se negaron a acatar sus órdenes, diciéndole que se hallaban conformes con la nueva orientación que iba a tomar la política en la nación cubana.

Continuará

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