Crée usted de que Cuba estaría mejor como:

domingo, 12 de diciembre de 2010

La Santa Lujuria de Marta Rojas


(Foto Palacio del Marqués de Aguas Claras, La Habana Vieja)


UN HOMBRE QUE HA NACIDO EN CUBA a finales del siglo XVIII, en 1777 para mayor precisión, se pasea con una peluca blanca de caballero, un tricornio negro, guantes blancos y bastón, por las calles de San Agustín de Las Floridas -hoy La Florida-, que entonces era posesión española al igual que la isla de Cuba y se gobernaba desde La Habana.

Su nombre es Francisco Filomeno, "el marquesito de la piel quebrada" como es llamado, por haber nacido hijo de blanco, el señor don Antonio Ponce de León y Morato, Marqués de Aguas Claras, dueño de un ingenio, barcos y otras posesiones; e hijo de mulata libre, Lucila Méndez.
Con el párrafo anterior podría resumirse la tragedia de este personaje protagónico de Santa lujuria, tercera novela de la escritora y periodista Marta Rojas. Es también la tragedia de su madre, el verdadero personaje principal, y la de la sociedad colonial cubana, la semilla que dió lugar a nuestra sociedad actual en la que se arrastran problemas y características que surgieron de esa génesis. Novela sobre la mezcla de las razas y los prejuicios raciales, novela histórica aunque de ficción, que indaga en nuestros orígenes para dar luz a lo que hoy somos, que se expande al ámbito latinoamericano y en especial, caribeño.

La lujuria, que es el exceso, la desmesura, en este caso de los placeres de la carne, atraviesa página a página de este libro, como motor impulsor de la fusión interétnica y por supuesto cultural; "santa lujuria" porque es aceptada por la iglesia y la sociedad en el "derecho de bragueta" de los amos sobre las esclavas, de los dueños sobre el objeto, "las piezas de ébano", con el placer adicional de la transgresión en el sexo, fuera de la sujeción de las normas sociales impuestas, en absoluta libertad para decidir sobre la vida y el destino de los sometidos a esclavitud, en especial las mujeres, que deben sufrir una doble posesión. Santa lujuria también porque nos hizo lo que somos, como diría Simón Bolívar "Que no somos blancos, ni indios, ni negros, sino nueva síntesis de todos ellos" y con esto se refería no solo a un aspecto racial sino sobre todo cultural.

Marta Rojas utiliza el erotismo como una metáfora de la esclavitud y el mestizaje, según sus propias palabras, pero va más allá al convertirlo en liberación de las ataduras sociales y religiosas, en la interpenetración de las clases sociales al menos para el mutuo conocimiento de sus culturas. Desde el primer capítulo se manifiesta la transgresión: don Antonio Ponce de León obliga a una esclava con quien tiene un hijo recién nacido a que se acueste en la cama de su difunta esposa, bajo amenaza de quitarle el hijo presente en la escena, pero antes, a que se arrodille en el reclinatorio de la comunión del marqués y allí tener sexo también. Dos instituciones sagradas para la sociedad de aquel tiempo, la religión y el matrimonio, son violentadas en acciones simbólicas; instituciones muchas veces asumidas externamente, en lo formal, aún en nuestros días.

También en este primer capítulo se plantea el papel que el dinero va asumiendo por encima de la "nobleza de sangre": una cédula dictada por el rey llamada "Gracias al sacar" permite obtener "papeles de blanco", con los beneficios que esta condición otorga al que la posea, si se entrega determinada cantidad de dinero: "Por la dispensación de la calidad de pardo deberán pagarse 700 reales de vellón, [...] y por la dispensación de la calidad de cuarterón y quinterón deberá servirse a la Corona del Reino de España con 1000". Gracias a esta cédula real Francisco Filomeno podrá ser considerado blanco y estudiar abogacía; más tarde, al ser legitimado como hijo de don Antonio, será marqués y heredará la riqueza del padre.

El poder del dinero para cambiar el color de la piel u obtener un título de nobleza o grados militares, así como para obtener la libertad mediante la coartación, será visto también en capítulos sucesivos. El dinero se convierte en un vehículo para ascender socialmente, para traspasar las fronteras impuestas en una sociedad rígidamente clasista, como lo pueden ser acciones heroicas y extraordinarias -es el caso del padre del negro Salvador, que luchó contra los ingleses en La Habana y por esto le fue concedida su libertad-. Al dinero y al blanqueamiento por papeles apuesta también Lucila, la madre de Filomeno, sin embargo, son posiciones muy diferentes. Filomeno abjura de su raza, trata de ocultar su mulatez, al mismo tiempo que asume determinados patrones culturales como la religión de origen africano -solo en determinados aspectos que le convienen para su protección-, pero desprecia todo lo demás; y aunque no abjura de su madre, acepta el papel de aya impuesto por el padre. Filomeno es el típico ejemplo de un asimilado, que intenta a toda costa ocupar la posición asignada para el blanco, además, la que le correspondería como hijo legítimo de su padre; es un simulador que defiende los intereses de España.

En cambio Lucila decide jugar las reglas del juego de su sociedad solo como una forma de obtener su realización como ser humano, es el precio que paga por su libertad y autoafirmación. Es también la depositaria de su tradición religiosa y cultural, la que ayuda a los demás de su cofradía por su posición económica y por su astucia; es la belleza, la inteligencia y la bondad. Encarna el ideal de independencia. La novela podría llamarse Lucila ya que es el verdadero personaje principal; alrededor de ella se suceden todos los acontecimientos con los que de alguna manera está relacionada, la madeja se teje bajo su imantación y el final de la novela también es el de ella.

La posición anexionista está representada muy al pasar por Graciano -hijo de una esclava y el marqués de Aguas Claras, pero criado por floridanos y casado también con una norteamericana-, como algo que ya empieza a gestarse.

Muchos personajes coexisten con Lucila y Filomeno: don Antonio Ponce de León, el marqués sádico y lujurioso, apasionado por Lucila aunque incapaz de cruzar las fronteras de raza y clase; el capitán Albor Aranda, que se enamora y se casa con Lucila, romántico que se adhiere tímidamente a las revoluciones independentistas latinoamericanas; Griego, que se casa con la hija de Lucila y Aranda, representa lo mejor del humanismo de aquella cultura occidental que nació en el mundo griego; el piloto Cortés de Navia , que tiene un pasado como negrero y en su conciencia la muerte de una princesa etiope -despedazada por los perros- con la que había tenido una hija, lo cual le provoca impotencia sexual y al final lo lleva al suicidio; María Luz, la esclava que prefiere irse a la caza de cocodrilos por los pantanos de La Florida hasta el sitio de los indios seminolas, antes de seguir en la esclavitud; José, el hermano de Lucila, esclavo y líder religioso, que es quien representa la pureza de la herencia africana, su lenguaje y sus ritos; y muchos más que sería imposible relacionar en este espacio, ya que se trata de una novela de personajes, de caracteres que mueven la trama buscando sus destinos en un marco histórico-social que los limita.

Precisamente el gran fresco histórico, social y cultural que traza Marta Rojas, de quien no debemos olvidar su vocación periodística y su amor por la historia, es lo más sobresaliente de la novela. La autora ha confesado que se propuso indagar en aquellos momentos iniciales y posteriores de nuestra historia para llegar a la actual identidad cubana, insertada en un mundo caribeño y latinoamericano. Por eso se propuso hacer una trilogía con el mundo del Caribe y todas las cercanías -Estados Unidos, México, etc.- que confluyen para crear la mezcla de razas y de culturas que nos formaron. Santa lujuria debía haber sido la primera de la trilogía, ya que se desarrolla desde finales del siglo XVIII hasta las dos décadas inaugurales del siglo XIX; sin embargo, apareció antes El columpio del Rey Spencer que en realidad debía haber sido la tercera, y ahora la autora ha terminado la que sería la segunda, que cubre un período desde 1844 a 1882. Esta novela posiblemente se llame El harén de Oviedo, sobre un personaje real, un rico hacendado que vivió apartado de la sociedad con un harén de esclavas negras y mulatas, y los hijos de estas uniones, a los que les dio una educación esmerada, en especial a Enriqueta, hija de la favorita.

Santa lujuria tiene una valiosa información histórica que surge de un acucioso trabajo de la autora en el Archivo de Indias, en la Biblioteca Nacional, en la biblioteca del Arzobispado de La Habana, en el Museo Naval, en los censos de la época, aparte de sus vivencias personales.

 La travesía de La Habana a La Florida también la realizó en un vapor y conoció casualmente San Agustín. Pero esta información histórica cobra vida en sus descripciones del ambiente de aquel tiempo, la pobreza de las ciudades debido al incipiente desarrollo económico, las costumbres en las comidas, procesiones religiosas, vestimentas acordes con el rango social, comportamiento social de los personajes, etc., y la va entramando en los destinos personales. Hay pasajes en los que la ficción y la historia se fusionan para darnos un cuadro vívido de cómo pudo ser en la época. Así el encuentro de los músicos negros norteamericanos, esclavos fugados de Georgia, con los músicos negros cubanos de San Agustín de Las Floridas en la fiesta del Día de Reyes, la unión de los tambores con el chasquido de los dedos y las palmadas, los tambores batá con los banjos, "se combinaron voces, palmadas, chasqueos, con toques de tambores, bulla alegre de güiros y metales; sonidos de flautas y otros vientos mezcláronse con zumbidos de violines, y hasta de un arpa punteada por una negra; vibraciones de las cañas de bambúes sacados por el mexicano cocinero del Saeta a su marimba, o con un arpa y guitarra como hacía Melchor de Puebla, y el sonido indescifrable de las cuatro cuerdas del banjo". Un concierto exhuberante, polifónico, como el Caribe.

La profesora Miriam DeCosta-Willis en un evento organizado por la Universidad de Arkansas, hace una síntesis del significado de esta novela, a mi entender muy certero: "Santa lujuria es un texto subversivo e iconoclasta, que sirve de contradiscurso a la historia 'oficial', escrita por fundadores del linaje criollo cuyos textos principales crearon y preservaron la desinformación que se ceñía a la historia colonial cubana: a saber, la benevolencia de la esclavitud en las colonias, la atenuante influencia de la Iglesia católica, la licenciosidad de los africanos, y la 'pureza de sangre' de la élite criolla. Rojas invierte dicha historia, demostrando con un texto de ficción, basado en una meticulosa investigación en los archivos, la violencia de la esclavitud, la complicidad de la iglesia, la depravación sexual de los propietarios de esclavos, y las obscuras raíces de los criollos”.

Francisco Filomeno existió realmente. La autora guarda con celo la foto de su retrato en pintura y los datos de varias partidas de nacimiento; al mirar desde este futuro a sus ojos se siente una barrera que no ha podido franquear el paso de los años, la frialdad del que triunfó saltando los obstáculos que la sociedad le impuso y en ello extravió su corazón. De Lucila Méndez no hay fotos, ni es necesario, la podemos imaginar mirando al horizonte desde la ventana del piso alto de su casona en San Agustín de Las Floridas, y desde allí, regalarnos una pícara sonrisa de complicidad.

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Nota:
 Vemos como en los territorios de España sí se permitia el matrimonio interracial, mientras que en las colonias inglesas nó.


 Si Cuba no hubiese sido España, desde la Isla nunca se hubiese podido gobernar La Florida y ese orgullo lo llevamos los cubanos, y que se gobernaba desde el Palacio de los Capitales Generales de La Habana, hoy museo. Esa es la importancia de esa Cuba española de la que tenemos que estar orgullosos todos. J.R.M.

Algo sobre "El Zapateo Cubano"


Por Josefina Ortega, La Habana

Los cubanos tenemos famas de bailadores y así parece ser desde hace centurias, tal y como buena parte de los cubanos bailan hoy casino, Cha.cha-cha, danzón, algún que otro mambo; o se mueven al ritmo del hip-hop, cuando sobre el escenario un grupo de raperos advierte «¡ven, que te vo´a dar la caja!».

Y parece que sí que somos bailadores —o lo intentamos— igual el obrero que el intelectual o el campesino. Y en cada época se bailó lo que a cada época le tocó, haya sido la contradanza, el paspié, el minuet o el brake-dance.

Ni el fenómeno estuvo limitado al paisaje urbano, pues entre los campesinos existió una danza propia, una de las más antiguas, y con particularidades que la diferencia del estilo común a más de una región de esta América nuestra: el zapateo criollo.

El investigador e historiador cubano José María de la Torre, dijo en una ocasión que el origen del zapateo criollo parecía venir de la región española de Castilla la Nueva « pues al escuchar alguna tonada en La Mancha, creía estar oyendo el lastimero ¡ay! de nuestros campesinos…»

Según se describiría entonces, el baile de zapateo se hacía en pareja, hombre y mujer separados, uno frente al otro, marcando el movimiento del ritmo con los pies y manteniendo el cuerpo inmóvil.

Sin embargo, tal taconeo, la gestualidad y, en general, el ritmo asumido recuerda a la intencionalidad «coreográfica andaluza», según escribió el compositor cubano Sánchez de Fuente.

Durante un zapateo criollo hay intervalos de tiempo en que la música es la protagonista, y aún más, la aparición de la décima cantada —o recitada— acompañándose del «tiple y el güiro»

¿Qué es un tiple?, pues según los diccionarios, es instrumento «cordófono, compuesto de mango, cuello y caja, de dimensión mayor que el requinto e igual en todas sus partes. Tiene doce cuerdas distribuidas en cuatro órdenes triples, con la particularidad que el segundo, tercero y cuarto orden tienen una cuerda entorchada, combinada con dos de acero en afinación octavada. Se ejecuta utilizando las uñas, un plectro o bien las yemas de los dedos, para acompañar los cantos».

El güiro, el sencillo y cubano güiro, en cambio, es fruta de corteza dura, —en Cuba, al árbol lo llamamos güira— con forma de calabaza o melón, que una vez secado, se le hacen varias rayas paralelas consecutivas por uno de los lados y que al frotarse con unas varillas produce el consabido chiquichac-chiquichac-chiquichac… tan caro a la música cubana de todos los tiempos.

Desde principios del siglo XVIII, cuando ya se bailaba el zapateo, y hasta bien avanzado el XIX, en los campos cubanos fue famosa esta danza.

La danzante femenina vestía una vaporosa bata blanca con cintas de colores —el azul fue símbolo de cubanía—, pañuelos y adornos florales, mientras que el hombre usaba la incombustible guayabera.

Muchos años después, el tiple fue sustituido por la bandurria y finalmente por el «tres», instrumento con forma de guitarra con tres parejas de cuerdas y una caja de madera. En sus inicios, su estructura musical se basaba en la repetición constante de un estribillo de cuatro compases o menos, cantado por un coro conocido como el montuno, pero con el tiempo alcanzó su personalidad y protagonismo propios.

Hoy el zapateo es un baile olvidado y solo se interpreta en las compañías de danza folklóricas o en centros de educación artística. Considerado a principios del siglo XX como «cosa de rústicos» cayó en descrédito y lamentablemente se fue marginando.

Al menos, incluido en el plan de las actuales Escuelas de Instructores de Arte, se enriquecerá el repertorio de muchos jóvenes que creen que el simplón «tembleque» es lo máximo para el alma divertir.

Video de Zapateo Cubano



sábado, 11 de diciembre de 2010

Una vez mas arremeten contra las Damas de Blanco en Cuba. Solo por celebrar el Día Mundial de los Derechos Humanos

Foto Archivo de  El Pais .com

En Cuba continúan los abusos contra las Damas de Blanco que de una forma pacífica salieron a protestar en el Día Mundial de los Derechos Humanos, pidiendo la excarcelación de sus familiares, presos de conciencia. Las turbas castristas enseguida salieron a ofenderlas, empujarlas y hasta golpearles de una forma muy cobarde. Ellos no tienen noción de lo que es democrácia. Estoy seguro que el día que Cuba cambie, ellos van a exigir lo que no han sabido dar. Que pena que aún hoy en día, haya tanta represión en la Isla, no se dan cuenta que viven en una dictadura de más de 51 años y que hasta ellos mismos son víctimas de violaciones de derechos humanos al no poder salir y entrar de la Cuba cuando deseen, vivir donde deseen, expresar una opinión diferente, etc.

 En fin, esa es la Cuba de hoy, la independiente, la de los criollos, la que le echaba la culpa de todo a España. Tenemos lo que nos merecemos. J.R.M.


viernes, 10 de diciembre de 2010

Desarrollo de la Zarzuela en Cuba ( Parte II y Final )


(Foto de Internet, Teatro Amadeu Roldan, La Habana 1920’s. Ese teatro lo quemaron y fue restaurado)

Por Dr. Rowland Bosch


 En 1928 se inauguró el teatro Auditorium, que fue la sede de Pro-Arte Musical, institución ejemplar en la cual muchos artistas de fama mundial hicieron presentaciones en Cuba.

      Entre los años 1920 y 1930 proliferan los conservatorios de música como el Hubert de Blank, el de Benjamín Orbón, el Peyrellade, el conservatorio municipal de La Habana "Félix Alpízar", y surgen academias de canto como la de Lalo, la de Mariano Meléndez, la de Rafael Jardines, (donde estudió este autor), la de la yugoslava Mariana de Gonich y la de los esposos italianos Tina Farelli y Arturo Bovi donde aprendieron la técnica del canto sopranos, barítonos y tenores de la talla de Francisco Naya, tenor lírico que cubrió un espacio de tiempo en la historia del canto clásico en la isla.

      En los años finales de la década del veinte del presente siglo y en los años 30 florece el teatro lírico cubano y entran en la historia de Cuba los compositores Gonzalo Roig, Ernesto Lecuona, Rodrigo Prats, Luis Casas Romero, Eliseo Grenet y otros, quiénes compusieron bellísimas melodías de rango operístico. Al popularizarse la radio, se divulga la música de zarzuela al nuevo público.

      Gonzalo Roig, autor de canciones mundialmente conocidas como Quiéreme mucho, compone la más grande de las zarzuelas cubanas, Cecilia Valdés, que, junto a María la O de Ernesto Lecuona constituyen las dos zarzuelas cubanas más populares.

      Cecilia Valdés se estrenó el 26 de marzo de 1932 en el teatro Martí de La Habana. Está basada en la novela del mismo nombre de Cirilo Villaverde con libreto de Agustín Rodríguez y José Sánchez Arcilla. El papel de Cecilia correspondió a la soprano mexicana Elisa Altamirano en vez de a Caridad Suárez, como originalmente se había programado.

      En este mismo año de 1932 se estrena El Clarín,  también  de Roig. El cafetal  de Lecuona se presenta en el Payret de La Habana; esta zarzuela había sido estrenada en 1929 en  el   teatro Regina, también de La Habana.

      Se vuelven a escenificar Rosa La China de Lecuona, Soledad de Rodrigo Prats y Niña Rita escrita en colaboración por Lecuona y Grenet.

      En 1935 se estrena María Belén Chacón y Amalia Batista, ambas de Rodrigo Prats, y se vuelve a presentar Cecilia Valdés. En 1948 se graba esta zarzuela por la firma discográfica de Fernando Montilla y con un elenco cubano.

      Cecilia Valdés es un ejemplo de la riqueza y de la variedad de la música cubana en la cual se entremezclan ritmos de origen africano y también tonadas con muchas reminiscencias de la madre patria. Así tenemos en ella la contradanza, el pregón, la habanera, y el tango congo representado por el Po Po Po.

      En 1938 se funda la Opera Nacional  con cantantes como Zoila Gálvez, Carmelina Rosell, y Carmelina Santana y se inaugura la temporada con varias óperas como La Traviata, Tosca y   Caballería  Rusticana.

     Otro gran compositor cubano lo fue Eduardo Sánchez de Fuentes. Se dice que ha sido el más completo músico y compositor habanero. Escribió varias óperas, entre ellas Yumurí, estrenada en 1898 en el Albisu. La ópera Kabelia, la  última de sus obras, fue estrenada en el teatro Nacional en 1942 (dos años antes de morir el compositor), bajo la batuta de Gonzalo Roig y cantada por el tenor español Hipólito Lázaro.

      Sánchez de Fuentes escribió además tres operetas, Caballero de Plata, Por un beso y Eva y un ballet completo con el título de Dione. Toda la obra de este compositor está enmarcada dentro de un verdadero cubanismo.
      Otro gran compositor lo fue Jorge Ankermann Rofart (1877-1941). Es el más prolífico de los compositores cubanos con cerca de 3,000 obras. Autor de Flor de Yumurí, canción bellísima, y de zarzuelas como Isla Feliz y Aires de otoño. Su sobrino, Rodrigo Prat y Llorens (1910-1980), el último de los grandes compositores de este ciclo, y que ya mencionamos, compuso zarzuelas de gran contenido folklórico como Soledad, María Belén Chacón estrenada en 1935, Amalia Batista, La Habana que vuelve, Guamá, Locura y El gran desfile.

      Ernesto Lecuona y Casado, iniciador de la época más importante del teatro lírico en La Habana y del estilo costumbrista en sus zarzuelas, compuso las siguientes: El Cafetal, María la O, Los curros del manglar, Rosa la china (que es en realidad un sainete lírico) Lola Cruz y El Batey. Todas las anteriores con libretos del poeta cubano Gustavo Sánchez Galarraga. Este binomio Galarraga-Lecuona hizo época en la historia de la zarzuela cubana.

      Otras zarzuelas de Lecuona son: Sor Inés, Cuando La Habana era inglesa, La de Jesús María, La niña Rita -con Eliseo Grenet- La Tierra de Venus -que contiene la canción internacionalmente conocida Siboney-, Por una mujer, en colaboración con Grenet, y La plaza de la catedral. Lecuona además escribió dos óperas, El sombrero de Yarey, que no llegó a terminar, y El Maizal.
      Moisés Simons fue popular por ser el autor de Marta, canción cantada y grabada por el famoso Beniamino Gigli y por el tenor mexicano Alfonso Ortiz Tirado y por su El manisero, que  universalizó la genial Rita Montaner. Escribió una sola zarzuela: La niña Mercé.

     José Marín Varona, (1859-1950) con su zarzuela El brujo, de tema costumbrista cubano.

  Eliseo Grenet (1893-1912) compuso zarzuelas como La niña Rita en colaboración con Lecuona, que contiene el famoso tango congo Mama Inés, La virgen morena  (representada en España con gran éxito), El mendigo, y La camagüeyana.

      Luis Casas Romero (1882-1950) escribió más de veinte zarzuelas costumbristas, entre las que destacan El teniente alegría y La moneda nacional. Dos canciones han pasado a la historia: El mambí y Si llego a besarte.  Y Julio Gutiérez, más conocido por sus canciones, escribió una zarzuela El solar.

      En esta época y posteriormente, descollaron cantantes valiosos que contribuyeron con sus bellas voces a popularizar las arias de las zarzuelas cubanas en boga. Citemos solamente, a manera de ejemplo, los nombres de algunos: entre las voces femeninas Rosario García Orellana, Hortensia Coalla, Zoila Gálvez, Caridad Suárez, Tomasita Núñez, Maruja González,  Rita Montaner y Marta Pérez; entre las masculinas, Francisco Naya, Francisco Fernández Dominicis, (tenor cubano que cantó doce  temporadas en la Scala de Milán), Mariano Meléndez, que dirigió la academia de canto de su nombre; Ramón Calzadilla, Emilio Medrano, José Lematt, y Francisco Obregón.

      Hay dos compositores que, aunque no compusieron zarzuelas, debemos recordar: Amadeo Roldán (1900-1939) y Alejandro Caturla (1906-1940). Ambos llevaron la música cubana a los más altos niveles internacionales. Sus obras sobe música cubana no pueden dejarse de mencionar en ningún trabajo sobre música clásica.

       En los años 50, Marcos Redondo y su compañía de zarzuelas visitan Cuba. También lo hace la compañía de zarzuelas de Moreno Torroba, con el matrimonio formado por la soprano Pepita Embil y el barítono Plácido Domingo (padre del tenor del mismo nombre).

      Montílla, la compañía discográfica, se decide a grabar tres zarzuelas de Ernesto Lecuona: Rosa la china, María la O, y El Cafetal. Son las únicas versiones de estas zarzuelas que han quedado en disco. Desafortunadamente, se emplearon cantantes españoles, lo que impidió darles a las grabaciones el sabor criollo que el autor se propuso al componerlas. La misma firma Fernando Montilla grabó Cecilia Valdés con artistas del patio y logró una genuina versión de la obra.

      Mencionemos nuevamente a Pro-Arte Musical en Cuba que hizo extraordinarios aportes a la cultura musical. Gracias a esta institución ejemplar los cubanos pudimos conocer y escuchar a los más  grandes divos y músicos y artistas famosos.

      A pesar de la situación revolucionaria, Pro Arte Musical trató de mantenerse activa, pero hubo de celebrar su última función en septiembre de 1967, con un programa de canciones cubanas, muchas de ellas selecciones de zarzuelas, en el Lyceum and Lawn Tennis Club, ya que el teatro Auditorium, su sede por muchos años, había sido confiscado por el gobierno en 1960.

      En el exilio cubano son incontables los esfuerzos que se han hecho para mantener y divulgar la rica cultura musical   lírica   de Cuba (una de las más fértiles de América.)

      En Miami mencionemos, entre otras, la sociedad Pro-Arte Gratelli, que ha contado con el entusiasmo de  artistas   cubanos como la mezzo-soprano Marta Pérez y otros que han mantenido, sorteando enormes dificultades, el arte lírico musical cubano e internacional en la capital del exilio. El año 1996, esta sociedad artística presentó en Miami la zarzuela de Lecuona Lola Cruz con gran éxito, bajo la dirección musical del maestro Alfredo Munar y cantada por la formidable soprano Martica Ruiz Saavedra.

      En la zona noreste de los Estados Unidos se han hecho intentos loables para dar a conocer el arte lírico por grupos de amantes del género, como el fundado hace varios años: Amigos de la zarzuela.

      Otros esfuerzos dignos de encomio se han realizado en el Town Hall de Nueva York; en el teatro Park de Union City; en la iglesia San Rocco de North Bergen y en la iglesia San Agustín de Union City por la compañía lírico musical.

      Se presentó hace varios años Cecilia Valdés, entre otras zarzuelas, en el teatro Park, con la actuación de los artistas cubanos Ana Margarita Martínez Casado y Efren Puig.

      En el teatro Repertorio Español se presentó la revista musical Habana -con selecciones de zarzuelas cubanas-; que se mantuvo durante varios años en cartelera.

      Antes de trasladarse a Miami la soprano cubana América Crespo (recientemente fallecida) nos ofreció varios recitales de canciones cubanas, entre ellas muchas de zarzuelas, en el teatro de la asociación Hijos y amigos de Fomento.

      El recién fundado grupo lírico Rita Montaner ha brindado varias funciones en el condado de Hudson, en New Jersey, con las actuaciones de artistas prestigiosos como Mirta Puig, Esteban Falcón, el tenor René Rodríguez y otros más, y con la dirección del pianista Gilberto Pérez Labastida.

      Y esperamos que en un no lejano día la zarzuela resurja en Cuba (donde hay actualmente compositores y cantantes de calidad) y en el mundo hispánico, porque el alma artística del cubano está allí intacta, inviolada.

(En Cuba al menos hasta 1980 que yo salí, había todos los años temporada de Zarzuela en el "Teatro Mella" de La Habana, antíguo “Rodi". J.R.M.)

Bibliografía:

Seguridad Internacional: Ceuta y Gibraltar, ¿otra vez de moda? (y II) Aproximación histórica

(Foto de Internet)


Dr. Miguel Leal Cruz *
Responsable de la Editora PERIODISMO HISTÓRICO, S.L.

Como decíamos en la primera parte, de esta aproximación histórica a los hechos, en torno a este dilema, precisamente, por la importancia que tenía para los dominios musulmanes de Al-Andaluz (sur de España) la ciudad de Ceuta (que pondría en grave riesgo de aislamiento el reino nazarí de Granada), hacia el año 1448, el Emir de la capital de la Alhambra, envió una escuadra para recuperar aquel preciado enclave, pero que sólo logra sitiar por mar y por tierra. Acudió en su defensa Don Enrique, llamado El Navegante (aunque apenas navegó), quien puso en fuga a los atacantes, según la fuente. Para no perder la ocasión, solicitó autorización para apoderarse de Gibraltar (en poder musulmán) que le fue negado por hallarse esta plaza, a conquistar, dentro de la competencia de Castilla, según acuerdos pactados durante la Reconquista peninsular.

Este príncipe portugués fundó en Sagrés una escuela naval (con grandes adelantos para la época) que sería foco para el éxito de las expediciones portuguesas en África, y en otros lugares del mundo desconocido. De la conquista de Ceuta había reunido información valiosa del vecino continente, tales como la procedencia y ruta del oro, ébano, esclavos negros y otros, que tenía lugar a través del Sahara hasta las ciudades magrebíes del Mediterráneo (Túnez o Argel) o hasta Egipto cruzando el desierto, agrupando enormes caravanas…


El enigma estaba en si realmente existía un imperio cristiano en Abisinia y sí podría costear África. Ocupar la costa marroquí atlántica, alcanzar Oriente por mar, y atacar el Islam por la espalda era su objetivo primordial, a decir de Epifanio González Jiménez. Efectivamente, Enrique el Navegante sentó las bases para el gran imperio portugués posterior y ya en 1486 Bartolomé Díaz navegando por la costa africana llegó y rebasó el Cabo de Las Tormentas (Buena Esperanza).

Bajo el reinado de Manuel el Afortunado, paralelamente a los viajes de Colón, Portugal obtuvo la recompensa de varios años de esfuerzo náutico que se acelera con los monarcas Alfonso V y Juan II. En 1498, Vasco de Gama, tras la proeza de Álvarez Cabral en la costa oriental del Brasil, una vez que dobla el cabo de Buena Esperanza y visitar los puertos africanos de Sofala, Mombasa y Melinda, con población islamizada, llega a Calicut en la India, ciudad ésta que sería el inicio, a partir del contacto de otras expediciones en las Islas Molucas (de las Especies) en 1511, del imperio portugués, cuyo origen tuvo lugar en la conquista del enclave islámico del norte de África: La ciudad de Ceuta, la hoy moderna y europea, con su propio estatuto autonómico, aún reconocida junto a Gibraltar como las Puertas del estrecho de apenas 14 kilómetros que separa a ambos enclaves.

¿Qué nos hace pensar que dichas ciudades mantendrán sine die su status actual?

Para entender la hipótesis planteada digamos algo sobre Gibraltar. Como sabemos, durante la guerra dinástica, en España y parte de Europa, a principios del siglo XVIII, una escuadra Anglo-Holandesa se apoderó de la roca con el territorio circundante y del que tomó posesión por la fuerza en 1704. Pero que más tarde finalizada la Guerra de Sucesión española fue oficialmente cedido por España a Gran Bretaña, dentro de las muchas cláusulas del nefasto Tratado de Utrecht (1713). El acuerdo, respecto al enclave decía: España cede a Gran Bretaña la “propiedad completa y entera la ciudad y castillo de Gibraltar, junto con el puerto así como de las fortalezas, perteneciendo... para siempre, sin excepción o impedimiento cualesquiera (sic)”.

Este tratado no tenía fisura jurídica para intentar su revocación o resolución, salvo por las armas, o por permuta (por territorios en América, e incluso por estas Islas Canarias, en determinados intentos) Si bien, desde aquel momento, y más tarde Franco dijo que “Gibraltar no valía una guerra”; y Hitler, tampoco estaba interesado, porque el entonces Jefe de Estado español no quiso ser su aliado en la aventura fascista mundial. Por tanto, el enorme entramado bélico, preparado para tal evento, fue disuelto…

En estos momentos, tras el referéndum convocado en 2002, totalmente negativo a la reincorporación al territorio español, ni siquiera con la adopción de la co-soberanía solicitada por el Gobierno nacional. Mas, tanto el Reino Unido como España son miembros de la Unión Europea (con libre circulación de personas, servicios y mercancías) y, por tanto, impide cualquier otra solución que no sea la aceptada por los habitantes de esta posesión, hoy británica.

Lo expuesto sería aplicable también para el supuesto ceutí, claro que la consulta favorable a permanecer en el status actual u otro más autonomista, nunca alcanzará el porcentaje tan elevado como en Gibraltar (que también se había pronunciado en otra consulta celebrada en 1967). Por tanto, habría que considerar vinculante ésta, entre los habitantes censados de Ceuta haciendo uso, entre otros, del derecho comparado internacional, en alusión al caso de Gibraltar, claro.

España crea infraestructuras de todo tipo en esta ciudad que además es defendida por el Ejército, y sus habitantes mantienen una españolidad acendrada; el Reino Unido hace lo propio en los aledaños gibraltareños, utilizando terrenos usurpados y los ganados al mar (español). Precisamente, el día 15 de junio, 2005, por representantes del Ministerio de Asuntos Exteriores de nuestro País, se entregó una nota de protesta en la Embajada británica en Madrid, apremiando la paralización de las obras de relleno en varios sectores de la costa oriental del Peñón que perjudican la entrada a la Bahía de Algeciras. Se pretende la construcción de un puerto deportivo, un complejo residencial y varios hoteles, sin tener en cuenta el negativo impacto ambiental que produce en la bahía limítrofe de soberanía española. (Hemos visitado Gibraltar, y aquello se acerca a un pequeño Singapur…)

Además, a mayor abundamiento, España no considera que la resolución III de la tercera conferencia de Naciones Unidas sobre el derecho del mar sea aplicable a la colonia de Gibraltar, e insiste en el proceso de la descolonización en base a algunas de las resoluciones relevantes adoptadas por la Asamblea General de la ONU…

Claro que, como en la época de Felipe V y del general Rooke, las alianzas y los acuerdos diplomáticos o comerciales siguen en vigor hoy en día y, no es de extrañar, que la prensa escrita editada en estos días, se haga eco en amplios titulares que “Zapatero acepta la soberanía de Marruecos sobre el Sahara a cambio de Ceuta y Melilla”. Si bien, se ha de puntualizar que el presidente español sigue defendiendo el plan Baker, y mantiene firme la españolidad de Ceuta (y Melilla) puesto que, en la ex colonia española, existe un mandato de las Naciones Unidas y, sobre ambas ciudades y otras posesiones no…

No obstante, existen otros aspectos jurídicos que permiten confirmar la tesis apuntada: Tanto Gibraltar como Ceuta, en cuanto enclaves territoriales, no se hallan sujetas a ningún acuerdo contractual con las naciones limítrofes perdurable temporalmente (como si lo tenían Tánger, Hong Kong, Canal de Panamá, Macao, Guantánamo…) Por tanto su situación jurídica vigente se mantendrá o, en todo caso, podrán ser enclaves autónomos con categoría y uso internacional, especialmente en el orden de la coordinación militar superior, la OTAN, y con países afines (entre los que se encuentra Marruecos), para la protección de todo el Mar Mediterráneo, por ser ambos enclaves, desde muy antiguo, las llaves del estrecho que lleva el nombre de uno de ellos: Gibraltar (la roca de Tarik).

¿Qué más se puede decir?

Confiar en los Organismos internacionales, la diplomacia inter-estatal, y el sentido común…, de todos.

* Publicado en El Mundo-La Gaceta de Canarias, los días 25 de julio, y 1 de agosto de 2005. Enviado a Cuba Española por su autor.

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