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sábado, 3 de julio de 2010

Inmigración aragonesa en Cuba


ARAGONESES EN CUBA del Blog Excelencias MAGAZINE

De las comunidades españolas que emigraron a Cuba, la aragonesa fue una de las menos numerosas. Su gente, como toda la emigración española, ha tenido una significativa influencia cultural en todos los órdenes de la vida socio-económica cubana. La inmigración fundamentalmente fue de funcionarios, comerciantes, sacerdores, militares, aunque de modo mayoritario la gente humilde del pueblo aragonés viajó en busca de mejores condiciones de vida.

En el primer tercio del siglo XX esta isla fue el segundo destino preferido por los aragoneses en América, aunque anteriormente existía una pequeña colonia aragonesa que suponía el 1,16 % de los españoles residentes en Cuba.

La Sociedad Aragonesa fue fundada en La Habana en 1923, en el local de la Asociación de Dependientes de Comercio de La Habana. Tenía el propósito de aglutinar y realizar obras en beneficio de los nativos de la región y de sus descendientes residentes en Cuba, así como mantener viva su cultura, las mejores tradiciones españolas y los estrechos vínculos existentes entre los dos países. La Sociedad Aragonesa cuenta con un Panteón Social que fue construido en 1937 en el histórico Cementerio Colón de La Habana.

Existe un gran interés de la Sociedad en los aspectos culturales y sus tradiciones. Desde su fundación, la Sociedad estableció vínculos con el “Heraldo de Aragón” y otros medios de prensa de la región española y sus provincias. Una de las actividades más importantes para la comunidad aragonesa es el homenaje que le brindan a la Virgen del Pilar “Patrona de Aragón” cada 12 de octubre con una misa en la Igleisa de la Merced, en La Habana Colonial.

Las aspiraciones de los integrantes de la Sociedad Aragonesa de Beneficencia en Cuba son las de mantener y hacer revivir la cultura, las costumbres y la historia de la región.

EXPERIENCIA DEL VIAJE:

 El viaje de los emigrantes españoles hacia Cuba comenzaba en una localidad, pueblo o capital de España. Si salían de uno de los grandes puertos de embarque, el periplo se simplificaba bastante; si no, el emigrante tenía que trasladarse a la costa, al puerto que le había sido adjudicado por la agencia de emigración correspondiente. El tren se convirtió en uno de los medios de transporte más usados por la emigración en la primera fase del viaje.

 Las familias también llegaban a los puertos en “caravanas”, viajando por España a pie o en carros. Ya en las ciudades portuarias, pasaban una larga espera hasta que llegase el ansiado momento de embarcar. A todo esto se sumaba la compleja documentación que los emigrantes tenían que presentar ante el gobierno civil del puerto para poder embarcar. Los momentos del embarque y la despedida en los muelles alcanzaban cotas de gran dramatismo. Muchos de ellos no volverían a ver a sus familias, a su pueblo ni a su país. Era un punto de no retorno. Sin embargo, en muchos casos, algunos emigrantes no pudieron resistir los momentos de tensión previos al embarque. Las deserciones y arrepentimientos no fueron infrecuentes. 

El embarque no se efectuaba directamente a los buques sino mediante lanchas y barcazas que les conducían desde los embarcaderos hasta los buques fondeados en las dársenas. 

Durante la travesía, hombres mujeres y niños tenían que soportar un viaje cuya duración nunca era inferior a 20 días. La travesía de los barcos migratorios estaba llena de penalidades, a pesar de las inspecciones por parte de las autoridades de Marina e Inmigración españolas. Éstas no fueron muy rigurosas y acababan embarcando más pasajeros de los que debían, o se llevaba un número insuficiente de chalecos salvavidas, e incluso se separaban familias o iban los hombres por un lado y las mujeres y los niños por otro. Además, sufrían incomodidades, falta de higiene, hacinamiento, suciedad, parásitos en la literas, frío o calor, hambre (era habitual la escasez de alimentos, las comidas mal cocinadas, la suciedad de los alimentos), y hasta era normal la escasez de agua potable a bordo. En definitiva, se padecían condiciones de vida infrahumana. 

Ya en el siglo XX mejoraron bastante estas condiciones. Las leyes fueron más exigentes con las navieras. Se multiplicaron las inspecciones sanitarias, hubo mayor espacio por pasajero, mayor ventilación en los camarotes, calefacción, enfermería, baños, un médico, agua potable, víveres suficientes y de calidad y una adecuada alimentación.

2 comentarios:

Carmen arin Aldrey dijo...

Muy interesante todos estos articulos históricos que publicas, José! Muy grato visitarte.
Besos,
Karin

Ivan dijo...

Hola Jose ramón, te mando éste link donde enumera todas las casas o centros españoles en cuba, francamente, no sabía que hubiera tantos

http://www.laregioninternacional.com/utiles/16/Centros%20Espa%C3%B1oles%20-%20Cuba/

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