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viernes, 2 de julio de 2010

Inmigración catalana en Cuba y su aporte a la isla.



Sobre la loma de Montserrat se edificó una pequeña iglesia llamada la Ermita de Montserrat. Esta ermita se inauguró en 1875. El diseño del templo es basado en el monasterio de Cataluña; se dice que quienes la edificaron eran catalanes. Tenemos entendido que las estatuas talladas en piedra y de gran belleza que vemos frente a la ermita fueron instaladas para la escena de una película que allí se filmó. Por alguna razón después no se removieron, y realmente proveían una dimensión más mística a la ya hermosa fachada de la pequeña iglesia. Ya las estatuas no están allí y de la ermita y su bello templo sólo queda el frente en muy mal estado.



Nos cuentan, buenos amigos oriundos de Matanzas, que en los alrededores de esta ermita se celebraban verbenas. Todo el pueblo de Matanzas, hasta los cojos, subían en esas ocasiones festivas para en aquellas alturas compartir momentos inolvidables. En tiempos que sólo los abuelos recuerdan, de cuando ellos eran niños, la alegría era contagiosa; se cantaba, se bailaba y las familias llevaban sus canastas llenas de deliciosos platos sin faltar las golosinas. Unos en coches y otros a pie, las mujeres luciendo sus trajes catalanes y otras con mantillas y peinetas, todos acudían a la celebración a las verbenas de la Ermita de Montserrat.


Los primeros catalanes en llegar al continente americano posiblemente formaron parte de las huestes colonizadoras españolas. No obstante el flujo migratorio catalán en aquellos primeros momentos no tiene un peso importante.
En Cuba, algunos autores hacen referencia a Miguel Ballester, conocido como uno de los más antiguos inmigrantes catalanes, quien introdujo e instaló el primer trapiche de caña de azúcar en la isla. Pero la mayor significación del poblamiento catalán comienza con los Reales Decretos (de 1765 a 1778) que establecían el libre flujo de mercancías entre los puertos de España y los de las colonias. Los comerciantes más beneficiados fueron los catalanes, sobre todo los dedicados al tráfico de la caña de azúcar. Destacan los nombres de José Baró Blanxart, Juan Güell y Ferrer, Antonio López y López, dueño de la famosa compañía “Marqués de Comillas”, y Narciso Gellats Durall, cofundador del banco Gellats, de La Habana.
Juan Pedro Baró, nieto de aquel industrial, hizo del patrimonio de su madre, la central “Conchita”, la fábrica azucarera más competente del país en 1912, con una nómina de 2.800 empleados.
También fue notable, por sus resultados en el comercio de esclavos, Francisco Marty y Torrens, quien logró a costa de este “oro negro”, después de sufrir innumerables adversidades, capital suficiente para fundar el importante teatro “Tacón”, en 1838. Éste fue el origen del teatro “García Lorca”, actual sede del Ballet Nacional de Cuba.
Juan Conill Puig fundó el primer almacén de tabaco en rama que hubo en La Habana Vieja, y se dedicó a la exportación de este producto.
Jaime Partagás y Rabell fue el fundador de la firma “Partagás”, “Real Fábrica deTabacos Partagás”, en 1845. Desde 1827 tenía una tabaquera en La Habana. Murió de un balazo disparado a traición, debido a rivalidades en el comercio del tabaco.
Casi es obvio afirmar que el poder económico de los comerciantes, industriales y banqueros catalanes en la segunda mitad del siglo XIX alcanzó una posición privilegiada en la sociedad colonial en el departamento de Occidente, que compredía La Habana, Pinar del Río y Matanzas, a pesar de que de la composición regional de la inmigración a esas zonas fueran catalanes tan sólo el 10,23%.
Las grandes fortunas acumuladas en Cuba permitieron la creación de una aristocracia catalana con títulos nobiliarios españoles como: Marqués de Comillas (Antonio López y López), Conde de Güell (Juan Güell y Ferrer), Marqués de Santa Rita (José Baró Blanxart).

“En 1498 la primera producción de azúcar en la Isla de Cuba la hace un catalán, no está nada mal. En el siglo XVI el primer médico que actúa profesionalmente como tal en Cuba es catalán. En el siglo XVIII el primer cafetal que se organiza lo hace un catalán. El cultivo del maíz por primera vez llega de la mano de un catalán. En 1810 la primera fábrica de cigarrillos la organiza un catalán. Algunos nombres importantes del tabaco y del ron cubano tienen apellido catalán Gener, Partagás, Bacardí, etc. En 1840 se funda en La Habana la entidad catalana más antigua del mundo fuera de Cataluña, y en 1861 sale en La Habana la primera revista en lengua catalana publicada en América”, citó. 

Llegaban como emigrantes a Cuba desde lejanos poblados catalanes, a veces sin recursos, con el empeño fijado en un destino incierto. Pero siempre contaron con el auxilio de la Sociedad de Beneficencia de Naturales de Cataluña, la más antigua de las sociedades españolas en Cuba. Siglo y medio después de su surgimiento, esta institución sigue tendiendo puentes entre la isla y la tierra de la virgen morena de Montserrat.



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