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sábado, 17 de septiembre de 2011

CUBA EN 1933. MOMENTOS COLVULSIVOS ( II ). Por Miguel Leal Cruz



CUBA EN 1933. MOMENTOS COLVULSIVOS (II)
Miguel Leal Cruz

A las pocas horas de iniciarse la llamada Revolución de 1933, el Comité encargado, publicó un manifiesto haciendo constar que el Gobierno del Señor Céspedes no parece dispuesto a exigir responsabilidades a los colaboradores de Machado que secundaron las crueldades de la dictadura, especialmente bajo el mando de muchos oficiales de las fuerzas nacionales.

Seguidamente, unos delegados del Comité revolucionario, visitaron al Embajador de los Estados Unidos al que aseguraron que quedaba garantizada la vida de los ciudadanos americanos y la de sus propiedades en Cuba[13]. El Sr. Welles, no obstante, advirtió que fuerzas norteamericanas velarían estos intereses y que no peligraría la independencia de Cuba.

Una de las primeras medidas tomadas por el Comité fue la de encarcelar y ordenar la instrucción de Consejo de Guerra a todos los oficiales “machadistas”, a lo que se negó, individualmente, el teniente coronel Erasmo Delgado. Se resistió a acatar dicha orden, si bien convencido de la inutilidad de dicha postura, se sumó a los revolucionarios, sin categoría ni empleo.

El mismo periódico tinerfeño, con  fecha 6, recoge otras noticias, por cable, correspondientes al día 5 en Cuba, sobre lo que titula "Parte sangrienta del movimiento revolucionario”. 

Anuncia que... después de los primeros instantes de entusiasmo en que el populacho colaboraba a fortificar el movimiento, han comenzado las venganzas y los hechos particulares. Han sido encarcelados la mayoría de los oficiales del Ejército y de la Marina. Las turbas han saqueado las cárceles habiendo asesinado a cuatro personas a quienes supusieron “machadistas”. Compactos grupos recorren las calles vitoreando la revolución nacional. En varios lugares se han registrado intensos tiroteos, ignorándose, por la confusión reinante, el número de víctimas habidas.

En el tren especial que se envió expresamente a Matanzas, ha llegado el señor Céspedes Ortiz, que se reunió inmediatamente con sus compañeros, dimitidos, de Gabinete y el representante del Comité revolucionario, al que, acto seguido, hizo entrega del poder, para evitar un inútil derramamiento de sangre. La junta revolucionaria, que ha nombrado presidente provisional al catedrático de la Universidad doctor José Irilari, ha lanzado otro manifiesto en el que se dice que lo ocurrido es la reacción del pueblo. Posiblemente,  ante la timidez del Gobierno Céspedes para castigar a los secuaces de Machado, al tiempo que pide su reconocimiento diplomático[14].

El Gobierno de los Estados Unidos, siempre atento a los acontecimientos políticos o sociales que se producen en Cuba, siempre con la garantía que le presta la todavía vigente Enmienda Platt, y bajo pretexto de proteger las vidas y haciendas de sus ciudadanos en Cuba, envían, rápidamente, en dirección a La Habana barcos de guerra. Un crucero de guerra de 10.000 toneladas y tres destructores van a "garantizar la vida y los intereses de los súbditos norteamericanos en aquel país", según reza la orden de ruta.
El Presidente Roosevelt ha declarado que los Estados Unidos no intervendrán mientras el movimiento no tome otro carácter (sic).

Sin embargo, la prensa del momento publica, el día 6, que: A media tarde, del día cinco, una manifestación compuesta por 10.000 comunistas, que portaban banderas rojas y cantando la Internacional, pretendió asaltar el campo de concentración militar de Monteagudo. La guarnición del mismo se apresuró a montar varios cañones y ametralladoras en las murallas del campo, que obligaron a los manifestantes a desistir de sus intentos... Y más adelante[15] ... aunque el barullo de los primeros instantes no ha permitido una apreciación definitiva del carácter del movimiento, se nota en las manifestaciones que recorren las calles una señalada tendencia comunista. El Gobierno, por su parte, procura desvirtuar esta impresión, y ha ordenado la represión enérgica de cualquier acto de este carácter. Entre elementos de la organización denominada Frente Revolucionario único y la policía se ha registró una colisión de resultas de la cual hubo varios heridos. 

Al día siguiente, en La Habana, los periódicos anuncian la mejoría de la situación en Cuba, y recoge las manifestaciones del Sr. Carbó, miembro de la junta revolucionaria que dijo a los periodistas: ... que el recoger los rumores que circulan sobre probable intervención de los Estados Unidos en Cuba, es un insulto que se hace al Gobierno de Roosevelt. Es el presidente considerado como el campeón de la política en la que se respeta la soberanía de los pueblos.

Sin embargo, en ese mismo día se anuncia que el Ministro de Marina USA, Mr. Swanson, ha salido en el acorazado "Indianapolis" con dirección a Cuba. Desde el buque lanzo un mensaje radiado al pueblo cubano haciéndole presente que, efectivamente, los Estados Unidos no piensan intervenir. La controversia a estas manifestaciones tienen lugar cuando el Presidente Roosevelt expresa claramente a los medios de difusión "que hará gestiones con los demás países americanos, para el caso de una intervención colectiva en Cuba, si fuera necesario, ya que la Enmienda Platt obliga a los Estados Unidos a mantener en orden en Cuba si fuese necesario".

Igualmente, el doctor Grau San Martín, a la sazón presidente de la Junta Administradora de la Isla, dijo a la prensa: ... el nuevo Gobierno no tiene tendencias políticas y que sólo está atento al resurgir de Cuba. Añadió también, el doctor Grau, que lo que pretende el Gobierno revolucionario es actuar sobre la unidad de acción y que en breve convocará una Asamblea Constituyente libre de intereses partidistas. Que todas las leyes dictadas por el anterior gobierno quedarán en vigor y que la Constitución será reformada sin admitir más interferencias que las que surjan de la Cámara. Respecto al Ejército expresa su deseo de esta institución se mantenga fuera de funciones políticas, cuyas intervenciones en el campo civil han constituido siempre un grave problema en el desarrollo político de Cuba.

En una amplia crónica, el matutino tinerfeño[16] analiza los acontecimientos que tenían lugar aquellos días, recibida desde La Habana a través de "nuestro corresponsal de prensa", con título "Las sangrientas jornadas de Cuba", leemos: ... un grupo de cuarenta miembros del ABC y de la agrupación estudiantil cubana en Nueva York, invadió el Consulado de Cuba, en dicha ciudad, a la fuerza y apoderándose de la estatua del general Machado rompieron la efigie del ex presidente de la República antillana. El Cónsul general, Mario del Pino, fue abucheado y maltratado en presencia de la Policía yanqui que había acudido al lugar, que permitió que le dieran una paliza con  todas las de la ley, permitiendo que los agresores se marcharan con la música a otra parte. El cónsul no ha entablado denuncia.

Más adelante, la citada crónica, añade que: ... Orestes Ferrara, un estrecho colaborador de Machado, fugado a Miami en un aeroplano, fue retado en duelo a muerte (sic) por un cubano exiliado en dicha ciudad. Aceptó el reto, pero su escolta lo metió en un auto y se lo llevó a un hotel antes de que se pudiera seguir tratando el asunto. Había sido recibido en el aeropuerto por un grupo de cubanos con pitos y trompetillas llamándolo asesino.
El doctor Enrique J. Varona efectúa un amplio comentario, que recoge por aquellos días la prensa de Tenerife sobre la situación en la isla caribeña. En un profundo análisis sobre el alcance que tiene esta revolución, entresacamos que: "ha hecho en pocas horas cambiar la faz de la República". Yañade[17]: Nuevos hombres han sido llamados a ocupar cargos públicos que antes desempeñaban otros proclives al régimen caído. La República ha estado en crisis, por que gran número de ciudadanos habían creído que podían desatenderse los asuntos públicos. Por este egoísmo se estuvo a punto de perderse todo. Expresa claramente que: "... los que siguen con atención el desarrollo de los acontecimientos, dentro y fuera, saben que si ese desastre no ha ocurrido, se debe, en primer término a que el Gobierno de Washington se ha detenido ante el temor que las naciones hispanas del continente vieran un acto de imperialismo en la intervención... No cargo toda la culpa sobre los cubanos indiferentes. Nuestros hombres de color, los extranjeros, incluyendo en primer término a los españoles, han olvidado que nuestra salud es la suya y que sobre ellos, como sobre nosotros, caen los desastres que no hemos podido evitar.

Está claro que los intereses de estos residentes o naturalizados están íntimamente ligados a los del país cubano. Sus intereses materiales quedan afectados por la pavorosa crisis que sufre el país paralizando casi todas las actividades lo que redunda en una fuerte hambruna en toda la isla. Se añade: ...la actual hora no es de venganzas, sino de trabajo. Hora de poner el hombro para reconquistar la máquina en que descansa la prosperidad general...". Concluye Varona: "después, nos importa considerar con cuidado el aspecto moral de la tremenda lección que hemos recibido. Para todos ha hablado, pero muy especialmente para los factores de primer orden en nuestra vida pública.

Defiende una institución tan comprometida en la revolución como es el ejército, así como a la protesta estudiantil y obrera que constituye la base estructural de la misma.[18]

Para el Ejército, cuya actitud ha estado a la altura de sus deberes patrióticos, pero al que ahora toca de modo imperioso ceñirse de nuevo a sus funciones ordinarias. Y para nuestra juventud, que ha sido heroica dentro y fuera del ABC, que ha amasado con su sangre generosa esta situación cargada de esperanzas, y puede decir con Justicia: He salvado el honor de la Patria..

El mismo martes 12 de septiembre llegan a La Prensa, otros cables  informativos desde La Habana, con la descripción exhaustiva de "los últimos acontecimientos políticos en Cuba”. 

Figura, en primer lugar, el nombramiento de Ramón Grau San Martín como nuevo presidente de la República por imposición de las organizaciones estudiantiles, con la oposición del ABC, quien juró su cargo ante los jueces de la Corte Suprema prometiendo el desarrollo de un programa revolucionario urgente.

La revolución continuaba su gestación irreversible, porque en el fondo de la cuestión una gran mayoría de cubanos la aceptaba y lo que es más importante: Era bien vista por la administración norteamericana que deseaba urgentemente sanear las estructuras básicas de la isla, tras la caída consensuada del general Machado.

Al respecto se publicó un interesante artículo de Ángel Lázaro, en nuestro periódico, durante estos días, donde demostraba la similitud de este proceso revolucionario, al compararlo con un proyectil que va disparando sucesivamente otros proyectiles interiores, y que finalizaría con la intervención inminente de los Estados Unidos. El primer proyectil fue la caída de Machado, el segundo la formación del gabinete de Céspedes y por fin, el tercero la “revolución abiertamente popular”. En ésta ya figuraban nombres destacados de opositores al régimen de Machado como Segio Carbó, Grau San Martín, Suárez Solís y, entre otros, una figura sobre cuya aparente ausencia de la contienda llama la atención, el escritor marxista Juan Marinello. El análisis de Lázaro es sumamente interesante y pone de relieve la importancia crucial del imperialismo cuando dice: “En esta fase de la revolución cubana, la alarma norteamericana llega, naturalmente, a su grado máximo. Temen por las propiedades que sus ciudadanos tienen en la Isla, pero acaso teme algo más. Y es que los elementos que se han adueñado de la situación vayan decididos a suprimir la Enmienda Platt (como así ocurrió, al año siguiente) de la Constitución Cubana. Sin duda alguna, Norteamérica le convendría un Gobierno Provisional de personas acomodaticias que transigieran con las conveniencias del yanqui, a cambio de seguir manejando la vida política del país, como ya había tenido lugar con el presidente Zayas Afonso y el llamado “Gabinete de la Honradez” en 1921, que logró, sin embargo, superar con dignidad la crisis iniciado en 1921.

La incógnita en estos momentos nos parece la siguiente: ¿Dejará hacer y deshacer Norteamérica al nuevo Gobierno Revolucionario aunque éste llegue a dominar por completo la situación? Más probable será que ante el temor de que la Asamblea Constituyente que se propone convocar la Junta Revolucionaria pretenda deshacerse de toda ligadura con los Estados Unidos, éstos intenten hacer retroceder en su marcha a la revolución que volvería a la situación que representaba Céspedes.

Se habla de comunismo. No nos engañemos con respecto a la finalidad de los revolucionarios cubanos. En Cuba hay, como en todo el mundo, una influencia comunista; pero nos atrevemos a  afirmar que la actual Junta Revolucionaria no piensa en eso. Carbó sabe bien las circunstancias que son necesarias para acometer la experiencia al modo de los soviéticos, imperante en Rusia. No creemos, por tanto, a Carbó y sus compañeros del Comité revolucionario dispuestos a la aventura comunista. No. Ellos no quieren sin duda hacer una revolución a fondo, desean dejar a Cuba limpia y soberana. Veremos a ver (sic) en qué se resuelve la sospechosa expectativa de los Estados Unidos y si el pueblo, parada la conmoción, responde con disciplina y eficacia[19]”.





[1] La Prensa, Santa Cruz de Tenerife, Canarias, 19 de agosto de l933, p.8
[2] Cantón Navarro, José, El desafío del Yugo y la Estrella, La Habana,1996, p.117-120
[3] Leal Cruz, Miguel, “Consideraciones en torno a la caída de Machado”, art. ya citado.
[4] De La Osa, Enrique, Los Días y los Años, Ediciones Unión, La Habana, 1983, 187 y s. y 210
[5] El Diario de La Marina1 de septiembre 1933, p.3-4
[6] La Prensa de Tenerife, citada, 25 de agosto de 1933, p.8
[7] Contrera, Nelio, Alma Mater, la revista de Mella, Editorial Ciencias Sociales, La Habana 1989. 100 p. Se retrata el devenir de esta revista fundada por Mella en plena dictadura.
[8] Ibídem, 30, p.8
[9] La Prensa, citada, 5 de septiembre de 1933, p.8
[10] La PrensaSanta Cruz de Tenerife, 6 de septiembre de 1933, p.8 a 3 columnas.
[11] Ibídem, 6, p.8
[12] Leal Cruz, Miguel, artículo, “Consideraciones en torno a la caída de Machado”, citado.
[13] La Prensa, citada, 7 de septiembre de 1933, p.8
[14] Ibídem, 6 de septiembre de 1933, p.7 y 8
[15] Ibídem, p.8 a 2 columnas.
[16] La Prensa, 12 de agosto de 1933, p.8
[17] Ibídem, p.8
[18] Ibídem, 13 de septiembre de 1933, p.8, Sec. Últimas Noticias.
[19] Ibídem, 6, p.8

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