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viernes, 21 de octubre de 2011

LOS MARTIRIOS DE MARTÍ. POR ONDINA LEÓN

( Foto de Internet )


Por Ondina León 

Del Blog GUITÁFORA, del amigo pintor y poeta JosEvelio

Decir Cuba es decir José Martí. El hombre es sinónimo de toda una nación. El alma de un pueblo se condensa en una sola voz que se escucha en todo el mundo. Sin embargo, probablemente no exista otra figura en la historia cubana que haya sido más manipulada, manoseada, falsamente venerada y ultrajada que la de este hombre breve, pero intenso. Si alguien no ha tenido paz en su tumba, ese ha sido Martí, el más desconocido de los próceres conocidos, a fuerza de ser impuesto en los catecismos cívicos de las escuelas, en bustos hidrocefálicos al sol, en imágenes tatuadas en las paredes de oficinas y despachos de líderes de dudosa reputación, en citas que salpican los más variados textos y discursos políticos, en el pan seco y duro de la historia que alimenta cada día la pesadilla que vivimos. Porque, ¿quién fue o es, en realidad, este ícono? Los pocos que lo conocen bien saben que nunca se termina de conocer, que acercarse a su obra y a su vida es una empresa infinita y que hay tantas perspectivas y opiniones como estudiosos y amantes de su universo. Los genios son así de escurridizos, ambiguos, polisémicos y conflictivos.

Para empezar a valorarlo, a primera vista, Martí es una paradoja viviente. El gestor de la cubanidad más acentuada y de un país que no existía al no ser como hipótesis, era hijo de españoles, de un valenciano y de una canaria, y vivió la mayor parte de su vida fuera de Cuba, a donde retornó después de muchos años sólo para hallar la muerte. Los dos grandes enemigos políticos de este gran hombre, paradojas de paradojas, fueron sus padres formadores: España ―la tradición cultural, la lengua, la literatura, el sentir humano― y los Estados Unidos ―la modernidad, el pragmatismo, el periodismo, la visión de futuro―; uno con sangre absolutista y otro con savia democrática; uno con un alma de mosaicos regionales y excluyentes y el otro con vocación de aldea global, lo que es hoy. Sin estos dos países, y otros tantos donde vivió, como Francia, México, Guatemala y Venezuela, Martí no hubiera llegado a ser quien fue: un hombre iluminadamente universal para su época. 
Pero, ¿fue un político, que escribía como los ángeles, o un escritor, que tuvo que hacer política monda y lironda? ¿Quién fue el autor de los “Versos sencillos”, ese poemario simple y críptico a la vez? Fue poeta, filósofo, narrador, ensayista, periodista, dramaturgo, político, patriota, tal vez alcohólico, quizás drogadicto, cualquier cosa que pueda ser un hombre, como podemos comprobar, menos un militar. Su personalidad era ajena a las estructuras rígidas y violentas de los cerebros marciales. Quien es capaz de escribir apasionadamente sobre otro hombre, Ignacio Agramonte, y afirmar que “es un diamante con alma de beso”, no tiene vocación para pintar de sangre un campo de batalla, aunque lo obliguen ciertas circunstancias y ciertos caudillos soberbios. Quien recibe una bofetada de un militar en campaña es condecorado para la posteridad con la más justa de las dudas ―¿qué decían las páginas de su “Diario”, que Máximo Gómez arrancó privándonos de alguna verdad suprema? Otro enigma de nuestra historia violentamente épica, absurdamente cínica, derrochadora de testosterona.

Así, de retazos, de fragmentos dispersos de hombres, crean los pueblos los símbolos que necesitan para su ego colectivo, porque sin ellos no se puede ir conformando una identidad, al parecer. Hoy, algunos intelectuales cubanos, disidentes del culto martiano, acusan a Martí de haber creado, a partir de su empeño por la independencia de España, un monstruo de arrogancia, delirio y enajenación llamado Cuba, un país inventado y moldeado con el desapego de razas, culturas y religiones sembradas en una isla enloquecida, el reino del revés, que ha devenido paradigma de desastre socioeconómico en la América Latina y el Tercer Mundo, aunque las izquierdas antidemocráticas lo vendan como faro. 

Sin embargo, si bien es cierto que Martí tuvo que aferrarse a una hipérbole de nación para sustentar su proyecto político, desafiando a los reformistas, anexionistas y a los indiferentes, que eran la gran mayoría de los “cubanos” de aquel entonces, en el siglo XIX, luego las generaciones sucesivas se han encargado de tergiversar y manipular no sólo el legado cívico y político de este auténtico padre de la patria, que ha llegado a hacer daño con su amor fundacional, sino también han pervertido la esencia del hombre que fue. Porque primero lo sacralizaron llamándolo “apóstol” y difundiendo una imagen de mártir empedernido, sin pasiones humanas ni debilidades (o virtudes, depende) ni vicios: Martí era un santo y punto. Luego, a partir de 1959, el discurso castrista y sus oradores, sin desacralizarlo, han llevado a Martí a la categoría de “héroe nacional”, de “autor intelectual del asalto al Cuartel Moncada”, de “internacionalista” y de hermano ideológico de Marx, en un intento burdo por legitimar su experimento macabro con el barniz de un humanismo que sólo ha parido fusilados, torturados, desaparecidos, desterrados y mendigos en el archipiélago de la desesperación y el desasosiego, durante 53 años. 

Martí se ha reducido, hasta hoy, a un puñado de aforismos para adornar discursos de las peores tribunas, en ambas orillas de la nación, y a “Los zapaticos de rosa”, para adornar el adoctrinamiento de los niños pioneritos allá; el otro Martí, vasto, complejo, culto, demiurgo de su lengua, poeta infinito y desafío intelectual, ese produce alergias en el vulgo, en el común de los mortales que se agota y se rinde con sólo mirar la colección de tomos de sus “Obras Completas” (Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975, por ejemplo), entre los que se destacan para un conocimiento del “otro” Martí los dedicados a sus “Cuadernos de apuntes” y los “Fragmentos”, en los que se descubre a un hombre desnudo en su frágil vitalidad, uno que confiesa: “Yo: esto es: una personalidad briosa e impotente, libérrima y esclava, nobilísima y miserable, divina y humanísima, delicada y grosera, noche y luz. Esto soy yo. Esto es cada alma. Esto es cada hombre. Entremos en esto”. Entremos en Martí, entonces, y dejemos de martirizarlo con nuestra pobreza de espíritu y nuestra frustración como pueblo.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Lo que no se da cuenta el cubano es que Marti fue el fundador del proto-comunismo-izquierdismo-antiimperialismo-anticapitalismo-socialismo-independentismo en cuba.
En Europa pensadores como Marx son solo eso, pensadores y filosofos,no Martires ni apostoles.En Cuba un solo filosofo ha sido tomado demasiado en serio,hasta el punto de seguir con eso de Marti dijo,Marti dijo y Marti dijo.
En cuba hubo otros grandes pensadores,pero por desgracia la politica cubana a manipulado la filosofia para fines politicos,con la consequencia de que el cubano no puede ver la amplitud del pensamiento filosofico y sus contradiciones,como lo ve un aleman o frances.Para un aleman Marx,Nietzsche,y muchos otros no son mas que eso, filosofos con su propio concepto de sociedad,de moralidad,como la tuvo Plato o Aristoteles.Lo mismo sucede con los ingleses que tienen tantos y tantos filosofos que ninguno en realidad es tomado a pecho.
En Cuba se pudiera decir que el unico filosofo o pensador que tuvimos fue Jose Marti,no es que no haya habido otros,sino que Marti fue el que mas escritos dejo y la politica independentista idolatrizo y convirtio en idolo,en un padre de la patria no menos, con fines de solidificar y crear las bases ideologicas de la nueva republica.

Un apostol de la nueva republica tenia que ser hallado,y Marti venia como uña al dedo.Habia que aumentarle la moral al desmoralizado e invadido pueblo cubano que ya estaba hastiado de la segunda guerra civil que Jose Marti creo ((((no le basto la primera y no se dio cuenta(o si?) que el pueblo celebro la derrota del primero,pero sin embargo prefirio seguirle el juego a la derrotada guerrilla,y la supo reunificar)))).Claro, el pueblo cubano estaba supuesto a sentir orgullo y optimismo del nuevo cambio politico al que fueron forzados.
La consequencia ha sido desastrosa para la cultura y el campo de las letras en general en cuba,porque no puede haber un pensador o filosofo que exponga un pensamiento o filosofia contraria a la de Jose Marti.Es por esto que todo escritor o pensador en cuba tiene que ser de corte Martiano porque sino es atacado.Existe todo un monopolio politico en cuba basado en la filosofia Martiana.
El peligro de la filosofia Martiana para la democracia en cuba,es que siempre va a haber un "Fidel Castro" que vea semejanza en la doctrina Marxista y Lenilista y la Martiana.Ellos unen un hijo con el otro y tejen todo una ideologia politica manipulando la filosofia de estos ideologos y llegan a crear su propio sistema politico con solo un poco de poder otorgado por el pueblo,usalmente la clase mas pobre.Ya lo vemos con Hugo Chaves.

Saldran muchos Hugos Chaves y Fidel Castros en una Cuba futura.El que lleven a cabo su politica,solo dependera de la experiencia adquirida por el pueblo y la importancia que le den a los valores democraticos.

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