Crée usted de que Cuba estaría mejor como:

miércoles, 16 de septiembre de 2009

Una sola península, un solo Estado.

LA PENÍNSULA Ibérica la conforma un conglomerado de pueblos, con un pasado histórico común, que se afanan hoy en buscar su sitio en el proyecto de la Unión Europea, especialmente tras su ampliación. La unión de todos ellos, ante hechos históricos tan importantes como la conquista de Hispania por Roma o la invasión musulmana, que marcaron el devenir de esos amplios periodos del pasado, fue decisiva para, además de marcar y definir la propia identidad de cada uno, trabar lazos y sentimientos colectivos que, aun hasta hoy, en momentos tan lejanos, quedan guardados en el haber conjunto.

La configuración del Estado-Nación, en la que tanto tuvieron que ver los Reyes Católicos, afianza, ignorando los avatares de la historia, la andadura separada de los reinos de las monarquías hispánica y portuguesa, con proyectos e intereses diferenciados y, en ocasiones, contrapuestos.
La llegada al poder de la dinastía de los Austrias -y sus ambiciones imperiales y hegemónicas en Europa- hicieron que se abriese una profunda distancia entre ambos Estados, alcanzando su cénit cuando Felipe II incorporó a España los territorios del Reino de Portugal. La independencia ganada de nuevo por éste bajo el reinado de Felipe IV hizo precipitarse todavía más al abismo a la ya decadente monarquía hispánica, quebrando la unidad peninsular con anterioridad lograda.

La Guerra de las Naranjas, ya durante el reinado de Carlos IV, abrió todavía más la distancia entre ambos Estados. En la primavera del año 1801, y ante las presiones ejercidas por Napoleón, un ejército español invadió Portugal. La plaza de Olivenza fue la única recompensa que obtuvo España por tan desafortunada decisión, todavía hoy gravada en la memoria de los portugueses. Todo ello hizo que Portugal buscase el amparo y la protección de Inglaterra, frente a las ambiciones territoriales de los Austrias y el hostigamiento de los Borbones, alianza que incluso a día de hoy, en periodos tan alejados a aquellas épocas de conflicto, se mantiene de manera preferencial.

Este distanciamiento político venido de antaño ha consolidado también, y lo que es más grave, un distanciamiento social. Ni la proximidad geográfica, ni los 1.232 kilómetros de frontera compartida -extremo nada despreciable-, ni las buenas relaciones diplomáticas hoy existentes han conseguido superar la situación.

El Tratado de Amistad y Cooperación entre España y Portugal de 22 de noviembre de 1977 -ratificado por Instrumento de fecha 17 de abril de 1978-, aunque supuso un importante avance para la normalización de las relaciones y, sobre todo, para coordinar esfuerzos a la hora de conseguir «un mayor y más armónico desarrollo económico-social de las zonas fronterizas», no ha quebrado, ni mucho menos, el muro levantado. Tampoco el Consejo de Europa ni la Unión Europea, estructuras supranacionales de la que forman parte dichos Estados, han supuesto la superación de todos los obstáculos.

Sin dejar de reconocer los avances experimentados, provenientes de las cada vez más numerosas inversiones públicas compartidas, de las actuaciones de cooperación transfronteriza, de los hermanamientos llevados a cabo, de los crecientes desplazamientos e intercambios universitarios, y de otras tantas actuaciones de interés común, no podemos dejar de ignorar el persistente y enquistado distanciamiento social.

Todos somos responsables de él, desde el más insignificante ciudadano hasta la clase política, pasando, cómo no, por los todopoderosos medios de comunicación social, que no hemos puesto el empeño suficiente para integrar las dos comunidades, tan próximas en el espacio como alejadas en el sentimiento.

Los españoles conocemos más y mejor, por poner un ejemplo, la realidad de Francia, Italia, Alemania, Inglaterra, o incluso otras más lejanas, como Estados Unidos o Cuba, que la de Portugal. Otro tanto ocurre en el país vecino, que no se ha preocupado tampoco por un mayor acercamiento. Vivir de espaldas ha sido la seña de identidad entre ambas comunidades.

Romper esta inercia y conformismo social, anclado en un pasado cada más lejano, es el objetivo a lograr. Un estudio del Centro de Análisis Sociales de la Universidad de Salamanca ha causado cierta sorpresa. Revela que el 39,9% de los portugueses es partidario de la integración política con España a través de una federación, por un 30,3% de los españoles que la apoyaría también. Se aprecia aquí un giro en el sentir colectivo, más partidario hoy, que en otros tiempos, de la unión ibérica.

Este sentir, que empieza a no ser ya despreciable, es el que hay que ir reforzando si queremos alcanzar tan grande aspiración. No pensemos hoy como un impedimento a este reto las tensiones de los nacionalismos periféricos españoles, que responden más a la propia supervivencia política de partidos que la alientan, hasta provocar el hastío y rechazo, que a una verdadero sentir de los ciudadanos de estos territorios, más preocupados del quehacer diario que de seguir la línea marcada por unos líderes cada vez más alejados de los intereses de sus representados. El sentir colectivo español es más fuerte que los que éstos nos quieren hacer creer.

NO SE TRATA de resucitar el pasado imperial español, ni tampoco de reavivar la resistencia ni recelos portugueses, sino de proyectar, desde el consenso y acuerdo, un horizonte compartido. La unión de ambos Estados, a día de hoy una quimera, puede contribuir, además de a enriquecer una Iberia plagada de pueblos y contrastes, a resolver el modelo territorial existente.

Una reforma constitucional, injustificada ahora por ausencia de razones, sería entonces necesaria. La conformación de un Estado federal en Iberia, respetuoso con las lenguas, tradiciones, instituciones y costumbres de sus distintos pueblos, vendría a colmar las aspiraciones de los nacionalismos periféricos a los que aludimos, encontrando todos así el acomodo en una Iberia diversa. La solidaridad interterritorial, en la actualidad en quiebra, cobraría de nuevo vigencia, a la vez que un escenario de oportunidades abrirá sus puertas.

Este reto, que a ambos Estados corresponde resolver, bien puede ser la nueva ilusión, el nuevo reverdecer, la nueva frontera que ahora se necesita para abandonar el oscuro escenario en el que estamos inmersos y para emerger como potencia europea. No dejemos que cunda el desánimo por los numerosos problemas que ahora nos acucian, y que sean tampoco los países centroeuropeos los que sigan marcando el rumbo del inacabado proyecto europeo.

España y Portugal pueden, si así todos lo decidimos, contribuir a su propio relanzamiento económico y a orientar, junto a las potencias centrales, el destino de la vieja Europa. Las cumbres hispano-lusas deben empezar a considerar este nuevo sentir social y a animar a las poblaciones en la senda abierta. En su agenda deberá empezar a figurar ya este asunto. Recuperar la Unión Ibérica sería el objetivo, el reto más ambicioso de los últimos siglos. No renunciemos a tan fantástica aspiración. Luchemos por ella.

Manuel Cebrián Abellán es jurista y escritor. Su último libro es El llanto de Azar: la expulsión de los moriscos en 1609 (Editorial Akrón, 2009).
Publicado por el Diario El Mundo.es
Cortesía de Pedro Escudero Gómez

martes, 15 de septiembre de 2009

EL ASESINATO DE CAMILO CIENFUEGOS

Estimado José Ramón, antes en el video-película que te pedí que colocases en tu blog de Néstor Almendros, sobre las humillaciones vejaciones toleradas y permitidas bajo el régimen de Fidel Castro a la población e incluso a algunos de sus más allegados que lucharon con él desde Sierra Maestra pero que luego se dieron cuenta de que aquello no era lo que ellos esperaban, tambien nos encontramos el hecho de que algunos de esos allegados fueron quitados de enmedio por orden suya para que no le hicieran sombra, como se ha podido ir demostrando a través del paso del tiempo. Es decir Fidel Castro como en cualquier otro régimen dictatorial ha ido eliminando posibles adversarios que hubieran podido cuestionarle en público o "derrocarle" o intentar menoscabar su posición de lider del partido de la revolución, restándole autoridad. No es nada nuevo, ya se había visto antes desgraciadamente y se vuelve a repetir en Cuba nuevamente.

Así te coloco primero un artículo publicado para la revista S. XXI en el que se habla de la extraña desaparición del Comandante Camilo Cienfuegos quién empezaba a tener mayor relevancia entre la población que el propio Fidel, y además había "osado" cuestionarle algunas órdenes como la detención del otro comandante y amigo Huber Matos que también empezaba a mostrarse contrario a las formas con que Fidel hacía y deshacía una vez conseguido el poder.

Por último te pongo un enlace sobre un programa de una de las televisiones de Miami en el que se dan algunas pistas y el propio Huber que saliera en el video de Néstor Almendros, explica también la encerrona en la que el propio Fidel le quiso meter cuando llegara Camilo a detenerle.

Salud2, MAXI

COMENTARIO PARA LA REVISTA “Siglo XXI”, martes 20 de Noviembre del año 2001

El asesinato de Camilo Cienfuegos por órdenes de Fidel Castro es el tema central de un libro sobre el carismático comandante de la Sierra Maestra, que acaba de presentar en la Feria del Libro de Miami, uno de los principales protagonistas de aquellas etapas de la historia de Cuba. Me refiero al escritor Carlos Franqui.El crimen contra Camilo Cienfuegos, como demuestra la reconstrucción histórica que lleva a cabo Franqui en esta obra, se debió a los recelos de Fidel Castro contra un verdadero jefe rebelde, que no se sometía docilmente a las fechorías con las que Castro siempre ha tratado de imponer su dominación. El tema del extraordinario arraigo popular de Camilo Cienfuegos, la simpatía personal que despertaba y su facilidad de comunicación con la mayoría del pueblo cubano, resultaron ser factores intolerables para la frenética egolatría y la soberbía del supremo comandante.

Si a estos elementos se le agrega la oposición al comunismo, que Camilo Cienfuegos trasmitía a las tropas del ejercito rebelde que dirigía entonces, según el libro en cuestión de Carlos Franqui, tenemos los orígenes esenciales de la conspiración para asesinarlo, urdida por Fidel Castro y ejecutada por su hermano Raúl, a través de Osvaldo Sánchez, quien era el jefe del G-2 de esos tiempos.

Como en todo momento ha denunciado nuestro movimiento cubano pro derechos humanos, las violaciones de estas garantías primarias para el ejercicio de la facultad de vivir y ser libre , en Cuba no constituyen una serie de abusos y atrocidades aisladas, sino, por el contrario, bajo Fidel Castro los atentados contra el derecho a la vida y otros fueros inalienables, son parte intrínseca del modus operandi castrista para llegar y perpetuarse en los poderes omnímodos de la nación cubana.
Ahora este Libro de Carlos Franqui sobre Camilo Cienfuegos, como también hace poco demostró la obra “Cómo empezó la noche”, de Húbert Matos, quien conjuntamente fuera unos de los principales líderes del ejercito rebelde que llevó al poder a Castro, aportan con evidencias claras la verdad de que, desde siempre, Fidel Castro no solo ha eliminado a sus oponentes políticos, sino también a todos aquellos de entre sus compañeros de lucha, que sospechara le hacían competencia.
Nada mas elocuente para completar este cuadro de terrorismo castrista, que la manera en que, a su vez, Osvaldo Sánchez, el asesino de Camilo Cienfuegos, fue exterminado aparentando un accidente aereo, como había pasado con el primero.

Pero, además, las historias de horror de Fidel Castro contra su equipo de gobierno no se detienen en estos hechos de sangre. Anibal Escalante, José Abrantes, Manuel Piñeiro Losada, Osvaldo Dorticós, Alberto Mora, Humberto Sorí Marín, Haydeé Santamaría, Arnaldo Ochoa, Antonio de la Guardía y cientos de otros jefes y allegados a Castro, también fueron muertos a manos de la maquinaría de culto a la personalidad y de exterminio castrista.

El enlace del video: http://www.youtube.com/watch?v=nGiGofskx4M&feature=related

(Una cortersía de MAXI)

NADIE ESCUCHABA......... (Nobody Listened.....)


(Una de las carceles de Cuba, Castillo del Principe, La Habana)
Estimado José Ramón, investigando por la red llegué hasta este video que habla sobre la Cuba política, los derechos humanos.....inexistentes......el trato degenerado, salvaje y brutal, las torturas en las cárceles, las condiciones de esas cárceles, los fusilamientos, 2 grabados en este video además............en definitiva el trato hacia los que opinan diferente dirigido por el cineasta Néstor Almendros, va dirigido por una voz en off en inglés, pero para los que no tengan mucho dominio del idioma, tened paciencia porque las entrevistas son en castellano.

Aclaro que este Video fue grabado en 1987, insisto en este dato porque veréis referencias a situaciones y personas como por ejemplo a Pinochet, que en esos momentos tenía el mando en Chile, referencias hacia la todavía Unión Soviética, hacia el senador Edward Kennedy......etc.....e incluso saldrán políticos como el español Felipe González cuando recibió la visita de Castro en España y cuando el mismo Felipe González le devolvió la visita a Castro en La Habana, el video fue posteado a la red íntegro, por lo que poneros cómodos porque dura como 1.56.30 h. es decir casi dos horas.

Es una forma de ver que desde el primer momento el régimen en comparación con Batista sólo fue un ".......quítate tu que me pongo yo.........", una tomadura de pelo, un engaño hacia el pueblo, al que se le prometió cosas que luego no se llevaron a cabo y que por la prolongación del mismo régimen en el tiempo puede afirmarse igualmente que "....fue peor el remedio que la enfermedad........".

ADVIERTO que este video puede herir la sensibilidad de muchas personas por lo que en él se cuenta, y como ya he dicho en otra ocasión, el que avisa no es traidor.

Salu2.
MAXI

La carta de presentación al video es la siguiente:

La complicidad con Fidel Castro y sus maquinarias de desinformación predominaba -- y aun en cierta medida predomina -- en las redacciones de los grandes órganos de la prensa mundial en la década de los años sesenta y en gran parte de los setenta.Por eso la mayoría de las instituciones supranacionales de derechos humanos, cerraban sus puertas ante las denuncias del, "caso Cuba", que llegaban a sus oficinas. Esta fue la reprobable época que el desaparecido cineasta Néstor Almendros resumió en su documental, Nadie Escuchaba ("Nobody Listened")...

Os dejo el enlace:

o este otro, que es el mismo en video Google:

1898, el fin del imperio español. La prensa gallega antes y después del "desastre". Lic. Xurxo Salgado Tejido © (Parte III)



(Continuación y final)

Universidad de Santiago de Compostela. Galicia

5. LA CENSURA Y LA DESINFORMACIÓN

Durante todo el conflicto cubano ejercer la verdadera profesión periodística se convirtió en todo un reto profesional que sólo algunas publicaciones y sus periodistas intentaban alcanzar a duras penas. La censura y el secuestro de publicaciones era normal en esta época y el gobierno argumentaba razones de estado para intervenir y censurar los diarios. Follas Novas publicaba en su primer número: "...desde hoy venimos a compartir los sinsabores que amargan de continuo la vida de los que nos dedicamos a la profesión periodística, haciendo extensivo el saludo a la prensa que ve la luz en nuestra Galicia".

Uno de los semanarios gallegos más perseguidos fue El Corsario. Editado en A Coruña se hizo muy popular en Cuba porque se manifestaba drásticamente contrario al colonialismo (español o yanqui) y contra la guerra. Las autoridades coloniales de la isla prohibieron en diversas ocasiones la difusión de esta publicación, procediendo al registro de la oficina de El Corsario en La Habana. En un artículo este diario se quejaba de la censura impuesta por las autoridades gubernamentales de A Coruña:

"Y nada menos que dos nos han caído en el último número. Los artículos primero y segundo han sido señalados con el lápiz rojo del fiscal. Claro; se conoce que al tachar el primero, se corrió un poco el lápiz, y adelante, que vaya el segundo también. ¡Qué más tiene! Donde cabe una caben dos, y los escribanos que escriban".

A pesar de los continuos acosos, estas publicaciones raramente cedían en su empeño y se mantenían fieles a sus idearios hasta el final. El Corsario afirmaba en el mismo número:
"Aún con mordazas protestaremos contra los déspotas; si no con la lengua, con la mirada, en nuestro fuero interno habrá siempre un grito de repulsivo desprecio para los malandrines farisaicos a quienes tiene que echar otro nuevo Mesías a latigazos del Templo".

Incluso algunos llegaron a desaparecer por la acción del gobierno. En la edición del 18-10-1896, La Tierra Gallega criticaba la varadura del crucero Princesa de Asturias, en un artículo titulado "Responsabilidad ministerial". El gobierno colonial multó al director. La multa fue protestada y se le impuso otra más grande. Curros Enríquez recurriría inútilmente al capitán general. Al final, el semanario dejaría de salir.

Después de la derrota española en Cavite (Filipinas) y Santiago la situación se hace insostenible. Se impone la censura total y se suspenden los derechos constitucionales. Sólo se admite información gubernamental. El Eco de Santiago titulaba "¡Silencio!" el editorial correspondiente a ese día:

"Se han suspendido las garantías constitucionales en todo el territorio de la Monarquía. Hay que callar, bueno (...) Nosotros no tenemos ganas de ir a la cárcel; por eso, callamos y ... callaremos (...) Ojalá que no haya; que no se hubiere presentado ya la causa que produzca el tremendo despertar que alguien temía".
Durante esta etapa de la guerra las informaciones sobre el frente de batalla son sesgadas. El "parte de guerra" publicado por el gobierno no satisface a muchos de las publicaciones gallegas que intentan elaborar sus informaciones desde diversas perspectivas y utilizando fuentes propias (corresponsales), fuentes oficiales (Ministerio de la Guerra u oficiales en el frente) o fuentes procedentes de otros periódicos tanto españoles (El Imparcial, El Heraldo, La Correspondencia de España) o extranjeros incluyendo los diarios enemigos (Journal, World, Journal des Debats, Le Figaro).

Se contrasta también cierto desfase temporal en la lectura de algunas noticias, aunque esto es fruto de los medios técnicos de la época ya que el correo tardaba muchísimo tiempo en llegar y el telegrama era demasiado caro. El Eco de Santiago refleja muy bien esta situación de monopolio informativo por parte del gobierno español:
"No hay manera de evitar esta Babel telegráfica. Si no publicamos otros despachos que los confirmados oficialmente nos exponemos a enterarnos de lo que sucede cuando ya no tenga interés el acontecimiento. Mejor es que el buen sentido del lector depare la información y aplique a ella el indispensable espíritu crítico, único modo de saber algo en estos días de doble censura telegráfica, que nos tienen entregados, salvo contados casos, a lo que dignen decirnos nuestros enemigos".

Otros periodistas, como el corresponsal de El Corsario, en La Habana, optan por sincerarse con el lector como muestra de la objetividad de sus palabras. En uno de sus artículos afirma que la muerte de Maceo no supone el fin de la guerra como lo pintaba la prensa gubernamental y detiene su crónica para decir:
"No inspiro mis palabras ni mis acciones en cálculos ni egoísmos; no las fundo tampoco en apasionamientos estúpidos ni en inventivas denigrantes; no me mueven tampoco los cálculos interesados y de conveniencia a mis intereses -los anarquistas no los tenemos ni los queremos- rindo culto absoluto a la verdad y a ella solo nos atenemos todos los que convencidos procesamos el ideal anárquico. Hecho este paréntesis, continuo mi crónica".
6. EL NUEVO PERIODISMO. ENTRE EL AMARILLISMO Y LA REALIDAD

"Usted facilite las ilustraciones y yo le proporcionaré la guerra". Esta frase pronunciada por W.R. Hearst, director del Journal a su fotógrafo Remington simboliza el inicio de una nueva concepción del periodismo, el llamado periodismo amarillo.

El sensacionalismo invadió la prensa durante esta época. Los cambios formales y de tirada son considerables. En EE UU, el Journal, de Hearst, es el primero en utilizar grandes titulares para llamar la atención y aludir al público como afectado en su primera plana. Las caricaturas, la sátira desaforada o la interpretación de los hechos según el beneficio comercial marcan el carácter de la primera prensa amarilla.
Ese "nuevo periodismo" aprovechaba al máximo los nuevos procedimientos que la técnica ponía a su alcance en impresión -grandes titulares a toda plana- utilización del color, a la vez que las primeras fotografías hacían su aparición en la prensa.
A pesar de todo, hay que tener en cuenta que la prensa en esta época, pasaba por una etapa de propagandismo fundamental en sus planteamiento. No se buscaba la objetividad ni contar los hechos de forma aséptica. Se trataba de influir de manera importante en las conciencias y en las convicciones de los lectores. Sin embargo, hay grandes diferencias entre la prensa yanqui de entonces y la gallega.

6.1. La prensa gallega y la prensa norteamericana
Si bien es característico de ambos estilos de periodismo la exageración desmesurada representada en la difusión de consignas patrióticas y el ataque furibundo contra el enemigo, la prensa gallega se diferencia principalmente de la yanqui en sus fuertes convicciones políticas.
Nuestra prensa nacía siempre aliada con una u otra fuerza política. Muchos de estos periódicos adoptarían una cabecera totalmente identificativa con el partido al que representaban, es el caso de La Unión Republicana o El Socialista. Las publicaciones se convertían muchas veces en meros instrumento del poder llegando, incluso, a difundir mentiras o noticias maliciosas. En otras ocasiones servían como arma arrojadiza contra otro partido político rival. A este respecto publicaba El Eco de Galicia:
"Algunos periódicos de la oposición, a pesar de la tregua que en la lucha política exigen el patriotismo y las circunstancias por que atravesamos, culpan injustamente de estos males al Gobierno y encuentran armas de combate contra el Partido Liberal".
El inicio de hostilidades entre yanquis y españoles supondrá el comienzo de una prensa sensacionalista y tremendamente soez. El honor, la dignidad y el amor a la patria se mezclan con los insultos y las aberraciones contra el pueblo norteamericano. En ambos países la prensa intenta ridiculizar al contrario.
Para los americanos, los españoles eran incultos -representantes de un país atrasado y corrupto bajo una monarquía que era una antigualla-, sanguinarios, sin ningún respeto por las normas civilizadoras de conducta; además, su propia historia estaba plagada de crímenes y atrocidades, y ahora pretendían mantenerse en Cuba mediante el terror y la violencia.
Para los gallegos, los americanos eran un pueblo de piratas y canallas, guarida de escoria arrojada del viejo continente y se los describía como cerdos y salchichas. Este periodismo adulterado de consignas, patriotismo e insultos desorientaba a la opinión pública y los condenaba a un clima de falsa euforia. Muchas de las crónicas que hablaban sobre la guerra engrandecían el poderío del ejército español. La recomendación de no fiarse de esta prensa nos llega de un testigo directo, un soldado gallego destinado en el batallón de ferrocarriles en Cuba y que les escribe a sus familiares:
"Que no crean nada de lo que dicen los periódicos porque muchas cosas que nosotros mismos presenciamos, al verlas en los periódicos nos hacemos cruces, porque nadie conoce el hecho. Me figuro que con otras muchas noticias ocurrirá lo mismo, por lo que es mejor que no crean nada o, por lo menos muy poco".
Desde El Corsario se arremetía contra las mentiras de la prensa oficialista porque "todo el afán de la prensa ha sido y sigue siendo provocar las estúpidas pasiones patrióticas en contra de los Estados Unidos, aunque en forma hipócrita, para que el pueblo enfurecido, y en un momento de lucidez no los barra a ellos por ser verdaderos culpables de todas las desgracias que al pueblo obrero desesperan". En otro artículo vaticinaba el final de esta campaña "quien siembra vientos recoge tempestades".
En el bando americano los periódicos crearon tal ambiente de euforia que los alistamientos se produjeron por lo que habían leído y visto en la prensa. Muchos de los jóvenes americanos no pudieron soportar más la tiranía y la crueldad con que actuaban los españoles en Cuba. Lo veían diariamente en las ilustraciones y las fotografías y lo afirmaban los periódicos. Muchos de ellos decidieron enrolarse en el ejército que partía para la isla a fin de castigar a los desalmados españoles. Era, sin duda, todo un éxito para Hearst y Pulitzer.
La prensa gallega también se hizo eco de las informaciones de los grandes diarios americanos y publicaban de ellos:
"La campaña jingoísta está principalmente sostenida por dos periódicos completamente desacreditados: el Journal y el World, cuyo lenguaje constituye una auténtica vergüenza para los Estados Unidos, vergüenza que más de una vez se ha echado en cara a los gobiernos que lo toleran".
El término "amarillismo" se extendió muy rápido para denominar a un tipo de periodismo demasiado sensacionalista. En EE UU para hacerle frente a los periódicos amarillos estaban los "negros" (black journalism). A Galicia también llegó esta extraña y colorida división de la prensa:
"Teníamos los periódicos amarillos, los rabiosos jingoes, según los cuales los norteamericanos iban a merendarnos crudos en quince días... Pero si en Yankilandia existe la prensa puffista, aquí comienzan a enseñar la oreja los periódicos que podemos llamar blancos. No solamente dan aire a los lamentos de cocodrilo de la prensa extranjera; por su cuenta piden que vayamos a la paz por cualquier camino...".

Esta prensa, tanto gallega como norteamericana, comenzó a desinflarse finalizada la contienda. Sin embargo, desde entonces el término "amarillismo" ha perdurado para referirse a la prensa sensacionalista.
6.2. "La guerra de los periódicos"

La guerra de independencia de Cuba y la posterior guerra hispano-americana sirvieron de lanzadera del "nuevo periodismo". Se trata de unos periodistas y unos periódicos que no se detenían ante nada y ante nadie. No existía la menor sujeción aun código de moralidad profesional. Se ocultaban unos hechos y se ensalzaban otros, y todo ello, con distintos fines; comerciales en el caso de la prensa americana y político-patrióticos en el de la prensa gallega. Esto ha inducido a hablar del conflicto cubano-hispano-americano como "la guerra de los periódicos" ( the Newspaper war).

Entre los autores hay diversidad de opiniones. Algunos historiadores como Fernández Almagro afirman que la participación popular estuvo manejada por la prensa, que llevó a cabo "una función desorientadora de la opinión pública". Sin embargo, Julián Companys reconoce la importancia de la prensa a la hora de adelantar juicios y de crear pareceres debido a su enorme poder de captación "pero igualmente hay que admitir que la Administración republicana de Mckinley mantuvo el timón del Estado en la dirección que se trazara, resistiendo a las presiones del Congreso y de la calle -la prensa- y actuó de forma decisoria cuando le pareció oportuno".
Alguna publicación gallega de la época también emitió su juicio con respecto al papel que la prensa estaba jugando en ese momento. Para El Corsario, la prensa americana había recogido los vientos sembrados por la española e hizo estallar la tempestad en forma de beligerancia, "ahora, la prensa española burguesa ha cogido el negocio de la beligerancia por su cuenta, y ha echado a volar cincuenta mil infundios patrioteros...".

Los estudiosos de la prensa norteamericana también tienen la opinión dividida. John Baker habla directamente de "la guerra de los periódicos" por ser la prensa sensacionalista y amarilla (Yellow Journalism) la más importante en EE UU, "la prensa amarilla compró opiniones. La prensa quiso aumentar la histeria colectiva, creciendo, con ello, más y más. Hearst, Pulitzer y otros fueron ciertamente provocativos en sus periódicos. El Congreso, arrinconado por la presión pública simbolizada en los medio, no tenía otra salida que declarar la guerra (...) La prensa fue responsable del conflicto. Por eso debemos referirnos a la guerra hispano-americana como "la guerra de los periódicos".

Sin embargo, para Jess Giessel los periódicos no presionaron a la gente, al Congreso o al presidente de los Estados Unidos para conseguir lo que querían. Los periódicos ayudaron a crear una opinión pública y tuvieron una gran influencia en la nación, pero no dictaron la política. Para Giessel, "esta guerra con España fue la guerra de los corresponsales de guerra".

En fin, una conflicto que dio mucho que hablar, y, cómo no, que sufrir. Aún retumban en las cabezas de muchos de nuestros abuelos, emocionantes historias de familiares a los que la prensa nunca les dedicó ni una sola palabra, porque en aquel momento lo más importante era hablar de gloria, honor, patria y victoria.

Para esos soldados desconocidos gallegos, españoles, cubanos o yankees que combatieron en una guerra injusta hecha por gobernantes dedico hoy mi trabajo. Un recuerdo para ellos.
Este texto se presentó en el congreso ICOM'98, celebrado en diciembre de 1998 en la
Universidad de La Habana (Cuba), convocado por su Facultad de Comunicación.
FORMA DE CITAR ESTE TRABAJO EN BIBLIOGRAFÍAS:Salgado Tejido, Xurxo (1999): 1898, el fin del imperio español / La prensa gallega antes y después del "desastre". Revista Latina de Comunicación Social, 18. Recuperado el x de xxxx de 200x de: http://www.ull.es/publicaciones/latina/a1999gjn/80haba2.htm

lunes, 14 de septiembre de 2009

Cuba autoriza el uso de internet a toda la población desde las oficinas de Correos

ABC.es MADRID
Actualizado Lunes, 14-09-09 a las 13:46

El Gobierno cubano ha aprobado el acceso a internet para todos los habitantes de la isla, según una resolución firmada por el ministro de Informática y Comunicaciones, Ramiro Valdés de la que informa la BBC Mundo. Esta decisión supone un cambio en la política del Ejecutivo de Cuba, que hasta ahora había limitado la Red a un uso profesional, dando acceso únicamente a instituciones, empresas, intelectuales y científicos.
Hay que recordar que hace unas semanas se autorizó el acceso de los cubanos a los cibercafés de los hoteles, si bien esta medida no venía respaldada legalmente, que es lo que ahora se ha dado con esta norma, según la BBC. Además, los precios de la conexión, unos 7 dólares por hora, hace que este servicio sea para muchos cubanos algo imposible, pues el salario mensual se sitúa en 17 dólares al mes.

La encargada de proveer los servicios para acceder a internet será la Empresa de Correos de Cuba y se usarán sus oficnas para instalar los ordenadores desde los cuales los internautas cubanos podrán navegar.
Trabajadores del Ministerio de Informática han explicado, según recoge la información de la BBC, que en una primera etapa no se utilizarán todas las oficinas postales, de manera que se seleccionará una por cada municipio.
(Articulo enviado por Traianeum)

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